Las fábricas cooperativas de los trabajadores son, dentro de las viejas formas, la primera fractura de estas, aunque es natural que por doquier reproduzcan y deban reproducir, en su organización real, todos los de- fectos del sistema imperante. Pero en su seno está suprimido el antago- nismo entre capital y trabajo, aunque por ahora sólo lo esté en la forma
ERT Trabajadores/ras PEAN* %
2004 161 6.900 17.450.419 0,04
2010 205 9.362 18.350.012 0,05
de que los trabajadores, en cuanto asociación, constituyen su propio ca- pitalista, es decir, que emplean los medios de producción para valorizar su propio trabajo. Las mismas demuestras cómo, alcanzada cierta fase en el desarrollo de las fuerzas productivas materiales y de las formas sociales de producción que les corresponden, se desarrolla y forma, de manera natural, un nuevo modo de producción a partir de otro modo de producción. Sin el sistema fabril emanado del modo capitalista de produc- ción no podría desarrollarse la fábrica cooperativa, y tampoco podría ha- cerlo sin el sistema crediticio que surge del mismo modo de producción. Este último, así como constituye la base principal para la paulatina trans- formación de las empresas capitalistas privadas en sociedades capitalis- tas por acciones, ofrece asimismo para la paulatina expansión de las em- presas cooperativas en una escala más o menos nacional. Las empresas capitalistas por acciones deben considerarse, al igual que las fábricas coo- perativas, como formas de transición del modo capitalista de producción hacia el modo de producción asociado, sólo que en uno de ellos el anta- gonismo se ha suprimido de una manera negativa, mientras que en el otro se lo ha hecho positivamente.
El capital Karl Marx
Nos permitimos transcribir esta extensa cita de Marx por varios motivos. En primer lugar, las apreciaciones de Marx sobre las cooperativas están atravesa- das por cierta controversia, en el sentido que es posible encontrar lecturas que las condenan como formas propias del capitalismo hasta lecturas, como la cita- da, que señalan otra apreciación. La lectura que privilegiamos es la de un Marx dialéctico, histórico, no esencialista y cuya virtud se encuentra en reconocer la naturaleza de los fenómenos que analiza no por atributos propios, transhistóri- cos que poseerían, sino por el contexto histórico en el que se inscriben, desplie- gan, y las relaciones sociales que sostienen y reproducen. En segundo lugar, porque nos permite analizar las cooperativas de trabajadores en el marco de los procesos de concentración del capital y la mutación del mismo hacia formas de carácter más social, como son las sociedades por acciones. Como se menciona en el encabezado del presente trabajo, el capitalismo se constituye paulatina- mente en un modo de producción social, pero con apropiación privada de la riqueza. Esta característica social de la producción llega a su punto cúlmine con las sociedades por acciones, empresas que dejan de tener un dueño, y que
pasan a estar constituidas por múltiples capitales que participan en el paquete accionario de la misma. Como muy atinadamente expresan Baran y Sweezy en una clásica obra: «el verdadero capitalista actual no es el hombre de negocios individual, sino la empresa […]. La sustitución del capitalista individual por la empresa capitalista constituye una institucionalización de la función capitalis- ta (2006: 40). Así, cuando Marx hacía referencia al capitalista como mera per- sonificación del capital, Baran y Sweezy advierten que esa personalización ya no es necesaria, el capital se encuentra despersonalizado en la empresa, en las sociedades por acciones, en el capital concentrado y en la envergadura que adquiere el capitalismo como modo de producción social.
Marx entiende que el acrecentamiento de la producción viene de la mano de la concentración en una sola gran sociedad por acciones de la producción total de un ramo determinado de actividad. Esto forma parte de la dinámica misma del capital, del desarrollo de las fuerzas productivas y, de esta manera, se socializa cada vez más la producción. En sus propias palabras, se trata de una produc- ción privada pero sin el control de la propiedad privada, la abolición del modo capitalista de producción pero dentro del mismo modo capitalista, ya que en las empresas por acciones «ya existe el antagonismo con la antigua forma en la cual el medio social de producción se manifiesta como propiedad individual; pero la trasmutación en la forma de la acción aún queda prisionera, ella misma, dentro de las barreras capitalistas; por ello, en lugar de superar el antagonismo entre el carácter de la riqueza en cuanto riqueza social y en cuanto riqueza privada, sólo lo perfecciona en una figura nueva» (Marx, 2010: 567).
Quien aporta a esta discusión desde la acción y la práctica misma es el Che con sus intervenciones en el gran debate sobre la economía cubana. La dinámi- ca del capital tiende a la concentración, el Sistema Presupuestario de Financia- miento (SPF) que proclamaba el Che como la manera más óptima de construir el
socialismo en el período de transición, se monta, y es necesario que así lo haga, sobre el proceso de concentración de capital previo y, por lo tanto, existente en la economía cubana, el capital monopólico. En este sentido, no es una comuni- dad de productores libres y autónomos el esquema de organización del socia- lismo, sino que este deviene del análisis del desarrollo de las fuerzas producti- vas existentes. Esto no implica admitir nuevamente la tesis del etapismo, no entendemos que este proceso de concentración del capital deba ser una etapa indefectible por la que se deba pasar, sino que, por el contrario, admitimos que se trata de un momento por el que atraviesa el desarrollo del capitalismo, lo queramos o no, por lo tanto, es sobre el despliegue de este desarrollo que so- brevendrán las contradicciones.
La crítica que le cae al SPF que defiende el Che, refiere a la relación entre
fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, es decir, no se puede avanzar en modificar las relaciones sociales de producción, en transformar de un golpe toda forma de propiedad privada en propiedad social, si las fuerzas productivas no están lo suficientemente desarrolladas. Esto significa que el capitalismo es un modo de producción que por su desarrollo y dinámica tiende
hacia un proceso de producción de carácter cada vez más social, cada vez más interrelacionado e interconectado, pero sus relaciones sociales de producción de apropiación privada van constituyéndose cada vez con mayor fuerza en obstáculos a aquella tendencia y, por tal motivo, la tendencia es hacia la so- cialización de los medios de producción como necesidad objetiva. El Che señala esto citando a Lenin, quien advirtió sobre esta situación y tuvieron que dar un paso atrás con la NEP (Guevara, 2006a: 73).
En este punto, el Che debate con el intelectual francés Charles Bettelheim, ya que este considera que los procesos de producción elementales en Cuba recién están comenzando y, por lo tanto, se les debe asegurar un desarrollo relativamente autónomo, cierta libertad, es decir, asegurar cierto juego de la ley del valor. Admitiendo esto, transforma en evidencia lo que no es más que el resultado de aquella autonomía, es decir, la existencia de múltiples proce- sos, fragmentados, divididos en diferentes centros de actividades y que, por ello, requiere de los intercambios entre todos ellos a través de la moneda como medio de cambio. No se trata de un proceso dominado por la sociedad sino de la existencia de múltiples formas de propiedad, de actividades diver- sas y dispersas y que requieren de cierto margen de la ley del valor para hacerlas funcionar. De aquí se desprende la necesidad del Sistema de Cálculo Económico como modo opuesto de organizar la producción.
Es sobre este marco que el Che señala que se encuentran dadas las condicio- nes en Cuba para la centralización: «Las condiciones de la sociedad cubana de aquella época permitían el control centralizado de algunas empresas, cuyas sedes eran La Habana o Nueva York» (2006a: 74), ello por una enriquecedora lectura marxista de las condiciones cubanas. Mientras en la Rusia inmediata- mente posrevolución existían diversos elementos económicos (agricultura pa- triarcal primitiva, pequeña producción mercantil, capitalismo privado, capita- lismo de Estado y socialismo), en Cuba predominaba el monopolio imperialis- ta de la mano de las grandes y conocidas firmas como, por ejemplo, Esso, Texaco y Shell en el petróleo. De esta manera, el Che señala:
Un análisis de las técnicas contables utilizadas hoy habitualmente en los países socialistas, nos muestra que entre ellas y las nuestras media
un concepto diferencial, que podría equivaler al que existe en el cam- po capitalista, entre capitalismo de competencia y monopolio. Al fin, las técnicas anteriores sirvieron de base para el desarrollo de ambos sistemas, puestas sobre los pies, de ahí en adelante se separan los ca- minos, ya que el socialismo tiene sus propias relaciones de producción y, por ende, sus propias exigencias (2006a: 75).
Lo que quiere decir que el SCE se desprendería de las condiciones que ofrece
una organización social donde ha predominado el capitalismo competitivo y se inscribe en esa perspectiva etapista donde se deben pasar y resolver determina- das etapas; el SPF se inscribe en una organización social donde existe las condi-
ciones creadas por el capitalismo monopólico. Es decir, existen condiciones para llevar adelante esta forma de organización económica y, al mismo tiempo, reconocer que esas condiciones son, en conjunto con otras, las que dieron lugar a una revolución y de carácter socialista en Cuba.
En todo caso, las particularidades históricas de Cuba, como país del capita- lismo periférico y semicolonial, supone la posibilidad de «quemar etapas», como dice el propio Che. Quemar etapas en términos de reconocer las particu- laridades e intervenir sobre las mismas. El Che indica:
Si se produce el hecho concreto del nacimiento del socialismo en estas nuevas condiciones, es que el desarrollo de las fuerzas productivas ha chocado con las relaciones de producción antes de lo racionalmente esperado para un país capitalista aislado. ¿Qué sucede? Que la van- guardia de los movimientos revolucionarios, influidos cada vez más por la ideología marxista-leninista, es capaz de prever en su concien- cia toda una serie de pasos que se han de realizar y forzar la marcha de los acontecimientos, pero forzarlos dentro de lo objetivamente posible (2006b:100).
Lo objetivamente posible es el reconocimiento de la socialización creciente del trabajo que el capitalismo monopólico produce, por lo tanto, no hay resa- bios de feudalismo en la economía cubana, sino creciente socialización del trabajo en un país inscripto en el esquema global del capital. Si se tratara de un país capitalista aislado, sería racional esperar el pleno desarrollo de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, pero Cuba no se encuentra en esta situación, se encuentra inscripto en el sistema-mundo capitalista desde la subalternidad. Por ello, «el desarrollo de las contradic- ciones entre dos sistemas mundiales permitió el establecimiento del carácter
socialista de la Revolución» (Guevara 2006a: 80) en Cuba, la contradicción entre imperialismo y colonia.
De esta manera se hace posible pensar la potencialidad emancipatoria de las experiencias de recuperación de empresas en clave marxiana, no ha- ciendo recaer la misma en anhelos y en lo que hemos denominado solida- rismo utópico, sino en las condiciones en las que se desenvuelven, en las condiciones que materialmente producen y crean, y las relaciones sociales que van alumbrando.