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Kevin Padian y Luis M Chiappe

In document TEMAS 30 Los Dinosaurios (página 67-69)

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asta hace poco, el origen de las aves constituía uno de los grandes misterios de la bio- logía. Difieren manifiestamente del resto de los organismos. Plumas, picos sin dientes, huesos huecos, pies pren- siles, huesos del deseo, esternón vi- goroso y espolones son componentes de una combinación de caracteres esqueléticos que ningún otro animal vivo comparte. Pues bien, más difí- cil resulta incluso hacerse una idea de los mecanismos evolutivos del plu- maje y el vuelo.

Ello no ha impedido, sin embargo, que los hallazgos de nuevos fósiles y métodos de investigación de los últi- mos 25 años permitieran a los paleon- tólogos establecer que las aves des- cienden de los terópodos, dinosaurios carnívoros moradores del suelo. De la investigación ha derivado también una explicación coherente acerca de la conquista del aire por las aves pri- mitivas.

En 1859 Charles Darwin proponía su teoría de la evolución en El orige n

de las especies. Un año después, zoólo-

gos y paleontólogos comenzaron ya a plantearse la historia evolutiva de las aves, a raíz del hallazgo de una pluma solitaria de un ave en depósitos ca- lizos de Baviera. Tenían éstos unos 150 millones de años (justo antes de que el período Jurásico dejara paso al Cretácico). En 1861, en la misma región, se encontró el esqueleto de un animal que tenía plumas y alas como las de un ave, aunque contaba tam- bién con una cola muy larga y dientes. Se trataba de los dos primeros ejem- plares de Archa eop ter yx lit hograp - hica, la especie más arcaica y basal

de cuantas se conocen de las aves. La anatomía esquelética de Ar -

chaeopteryxofrece una demostración

clara del origen dinosaurio de las aves. Pero en 1861 los expertos no es- taban todavía en condiciones de esta- blecer esa relación de descendencia.

Pocos años después, Thomas Henry Huxley, tenaz defensor de Darwin, vinculaba las aves con los dinosau- rios. Comparando las extremidades posteriores de Megalosaurus, un teró-

podo gigante, con las de los avestru- ces, observó que ambos compartían 35 caracteres, lo que no acontecía con ningún otro animal. De ello extrajo la conclusión de que las aves y los dinosaurios podían estar estrecha- mente emparentados, aunque igno- ramos si pensaba que fueran primos —dos linajes descendientes de un pre- cursor común— o si las aves proce- dían de los dinosaurios.

Huxley presentó sus resultados a la Sociedad Geológica de Londres en 1870. Pero Harry Govier Seeley, pa- leontólogo, rechazó el parentesco en- tre terópodos y aves. Seeley pensaba que la similaridad de los miembros posteriores de avestruces y Mega-

losaurus debíase verosímilmente a

que ambos, grandes bípedos, utili- zarían las extremidades de un modo parecido. Aducía, además, que los dinosaurios eran mayores que las aves y ninguno de ellos p odría volar; ¿cómo iban, pues, a descender de los dinosaurios las aves voladoras?

El misterio del origen de las aves ganó renovada atención medio siglo después. En 1916 Gerhard Heilmann publicó un libro brillante sobre el ori- gen de las aves. Sostenía que, por su anatomía, las aves se aproximaban más a los terópodos que a cualquier otro grupo fósil; con una inexcusable discrepancia, sin embargo: estos dino- saurios carecían de clavículas, los dos huesos que en las aves se fusionan formando el hueso del deseo o fúrcula. Puesto que otros reptiles sí presen- taban clavículas, Heilmann dedujo que los terópodos las habían perdido.

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1. LAS AVES PRIMITIVAS que vivieron hace más de 100 millones de años diferían de las actuales. Como reflejan estas reconstruc- ciones artísticas, algunas presentaban garras en los dedos de las manos y mandíbulas con dientes, típicas de los di- nosaurios no avianos. Sinornis (izquierda) se halló en China; Iberomesornis  y Eoalu- 

lavis , en España. Estos tres pájaros ve-

nían a ser de la talla de un gorrión. Eoalula- 

vis es el primer caso conocido de álula o “ala

del pulgar”, una adaptación que les facilita la navegación lenta.

Iberomesornís 

Para él, esta pérdida significaba que las aves no habían evolucionado de los terópodos, convencido como estaba (erróneamente según veremos des- pués) de que un carácter perdido du- rante la evolución no podía recupe- rarse. Las aves, decía, evolucionarían de un grupo reptiliano más antiguo que poseyera clavículas. Igual que se expresara Seeley, Heilmann atribuía

las semejanzas entre aves y dinosau- rios al bipedismo de ambos grupos.

Las tesis de Heilmann calaron, pese a nuevos indicios que reclamaban una explicación diferente. Dos hallaz- gos independientes demostraron que los terópodos poseían clavículas. En 1924 se publicó un dibujo anatómi- co deOviraptor, terópodo con cabeza

de loro, que mostraba la presencia de fúrcula, pero la estructura no se iden- tificó acertadamente. Más tarde, en 1936, Charles Camp encontró los res- tos de un pequeño terópodo del Ju- rásico inferior, con clavículas inclui-

das. Se había desvanecido la objeción letal de Heilmann, por más que fue- ran pocos los que lo reconocieran. En los últimos tiempos se han recuperado clavículas de terópodos muy diver- sos, emparentados con las aves.

Un siglo después de la polémica pre- sentación de Huxley ante la Sociedad Geológica de Londres, John H. Ostrom recuperaba la idea del parentesco de las aves con los dinosaurios terópo- dos: las aves descendían por vía di- recta de los terópodos, sin más rodeos.  A finales de los sesenta Ostrom había descrito el esqueleto del terópodo Dei-

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l dendrograma representado traza el linaje de las aves desde sus an- tepasados dinosaurianos. Este árbol, conocido también como cladograma, es resultado de la aplicación del método que se toma por canónico hoy para el paren- tesco evolutivo entre animales, la cladística.

Los cladistas determinan la historia evolutiva de un grupo a partir del examen de ciertos tipos de caracteres. Durante la evolución, alguien adquirirá un nuevo carácter que transmitirá a sus descendientes. Dos

grupos que compartan esas novedades o caracteres derivados guardarán, para los paleontólogos, un parentesco más estrecho entre sí que con otro grupo que carezca de ellos.

Los nodos o puntos de ramificación de un cladograma señalan la aparición de una línea que reúne una nueva serie de caracte- res derivados. En este cladograma, los terópodos proceden de un precursor dinosaurio que poseía ya huesos huecos y sólo tres dedos. Los terópodos siguen siendo, vale decir, un subgrupo dentro de los dinosaurios saurisquios. Cada línea o clado se incluye en otro mayor (rectángulos de color ). Por lo mismo, las Aves son ma-

nirraptores, tetanuros y dinosaurios terópodos.

—K. P. y L. M. C. DINOSAURIA SAURISCHIA

Titanosaurus 

LINAJES DE DINOSAURIOS QUE NO DESEMBOCARON

EN LAS AVES

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