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EL LÍMITE ENTRE FIABILIDAD Y CONFIANZA EXPRESADO EN LAS

3. TRADICIÓN Y REFLEXIVIDAD EN LA VIDA DE JULIÁN URIBE URIBE:

3.4 EL LÍMITE ENTRE FIABILIDAD Y CONFIANZA EXPRESADO EN LAS

MEMORIAS DE JULIÁN URIBE URIBE

Giddens advierte que la modernidad dominada por instituciones que suplen las actividades cotidianas y median las relaciones sociales, lleva al individuo a enfrentar la vida social a partir del binomio “fiabilidad/riesgo”, que viene a ser fiabilidad/contingencia. Y se trata de la elaboración de un sentimiento de confianza en un sistema o persona como parte de un dispositivo institucional. Frente a las decisiones tomadas, existe una serie de probabilidades o posibilidades que implican un abanico de resultados, desde escenarios positivos hasta negativos. Lo característico es que, frente a cualquiera de éstos, es el individuo quien se hace responsable.269

Sin embargo, lo característico del período estudiado en el Cauca, quizá sea la transición que significaría la tensión entre el binomio moderno y el binomio tradicional: “confianza/peligro”. Se trata de una relación mucho más personal en la que el individuo confía en un ser divino o sobrenatural, dotado de un aliento vital asignado por el individuo. Bajo cualquier resultado la actitud de éste es buscar su explicación en la intervención del mencionado ser.270

La familia Uribe Uribe, como lo explica el autor de Memorias, vivió un período de grandes crisis. Éstas implicaron que el padre acostumbrara tomar decisiones que podían traer consecuencias, muchas veces nada positivas, como quedó demostrado en el capítulo anterior. No obstante, es posible comprobar nuevas decisiones, primero de don Tomás Uribe Toro, que pueden definir un carácter de admisión al riesgo que pudo definir a su vez el carácter de Julián Uribe Uribe. Un riesgo que implicaba poner en juego el capital familiar, en este caso para construir el acueducto de Buga. Una obra que estuvo más llena de dificultades y sinsabores que de triunfos. Fue una decisión arriesgada en la que don Tomás Uribe Toro confió en la palabra de los notables bugueños y en la municipalidad que constituyó la construcción en una obra de utilidad pública y urgente. Actores que, en efecto,

269 GIDDENS. Op. Cit., pp. 40-41. 270

se comprometieron a suscribirse y contribuir con pequeños capitales para conseguir el resultado esperado. 271

El señor Uribe Toro demostró un gran conocimiento técnico en temas de construcción y cuando necesitó mayores fortalezas específicas para avanzar en la obra del acueducto no dudó en acudir a expertos en ingeniería. De otro lado, evidencia que, dado el aval del municipio y una demanda de 53 personas que requerían del acueducto, procedió a iniciar la empresa e invertir sus recursos financieros y esperar, entonces, el pago de 200 pesos de cada suscriptor. Sin embargo, es claro que la empresa se encontró con grandes tropiezos, sobre todo de parte de quienes inicialmente manifestaron su respaldo, quizás por diferencias políticas que se expresaron en términos de descalificación del sistema propuesto. Fue una situación en la que la familia Uribe vio comprometido su capital y su futuro, producto además, del incumplimiento de la municipalidad, respecto a los 800 pesos en mulas que debió regresar. 272

Posteriormente, deja ver su decepción con el fracaso de la empresa y decide abandonarla, sin antes declarar que no entendía, por qué si el acueducto era inútil, algunos querían adueñarse de él, desconociendo los 50.000 pesos que invirtió durante 5 años y los 30 años de privilegio a los que tenía derecho por el acuerdo municipal. 273

Y a continuación, al parecer, una comunicación de Julián Uribe, dirigida al presidente del consejo municipal de Buga, sobre el conflicto creado alrededor del acueducto, en la que explica los riesgos asumidos y algunos aspectos técnicos que soportan las decisiones tomadas por su padre en las obras:

Al señor Ramón. Señor presidente del Consejo municipal de Buga.

Estimado señor nuestro […]para contestar la muy cortés nota de usted de fecha 30 de julio último, ya que una grave enfermedad le impide atender su sutil intención

271

Acuerdo municipal, Buga, noviembre de 1892, Academia de Historia de Buga Leonardo Tascón, Tomo 81, Folio 80.

272 Alegato de Tomás Uribe Toro ante los árbitros del pleito del acueducto de Buga, noviembre1892, Academia de Historia de Buga Leonardo Tascón, Tomo 81, Folios166-167.

273

esperamos poner en comunicado de usted que es del día 30 de octubre de 1888 por escritura pública…

[…]

Después de cinco años de duro trabajo terminó nuestro padre el acueducto mediante un gasto [de] $8000 después que lo terminó porque la falta de la pila es una obra tan costosa de tanta extensión, es apenas un detalle de escasa significación y además en un contrato si una de las partes no muestra siquiera buena voluntad de llevar sus compromisos…

Terminada la obra el gobierno local comisionó [a] dicho caballero para que la examinara quién es sin haber reestudiado minúsculamente le encontraron a juicio de ellos infinidades de defectos, criticaron en primer lugar el sistema de cañería de atanores o tubos de barro cocido con muy poca razón en nuestro sentir porque en un acueducto de esas condiciones dónde para llevar el agua en la plaza dos o 3 m la cañería experimentamos poca presión, […] Ese sistema es de uso común en el país y nadie lo rechaza.

[…]

Si la cañería no está obstruida después de tantos años de abandono, el agua de esas infiltraciones debe lugar a Santo Domingo y si está obstruida, la presión de dichas aguas ha debido […] salir a la superficie, nada de eso ha sucedido, pero supongamos [la] razón [de] los señores de la Comisión [que] no es sumamente reducido el costo de los pequeños Arcos de cal y ladrillo para pasar el "acequión"? Afirmamos con motivo del informe de la Comisión o por los odios que despiertan las guerras civiles, el acueducto tratado como el peor enemigo: se despedazaron las cajas de distribución, se llenaron de piedra los depósitos y hasta se sustrajeron uno de los tubos de la pila que está en construcción.274

Ahora, una misiva de don Tomás Uribe, padre de Julián, dirigida al presidente del concejo alegando, entre otras cosas, los derechos suyos y los de sus hijos en virtud de la inversión hecha en la obra del acueducto de Buga. Es una comunicación que ofrece una mirada moderna de la realización de negocios. Es un hecho que para Tomás Uribe el acueducto de Buga fue una inversión en la que se puso capital y por esto, si la obra fracasó por factores ajenos a él, no podía suceder que su capital y el privilegio de administración y operación extinguiera. Por tal razón nombra como sus sucesores en los recursos adeudados a él por la municipalidad a sus hijos, entre éstos a Julián. Lo anterior ante el riesgo de que el

274 Alegato de Julián Uribe Uribe al presidente del Concejo Municipal por el pleito del acueducto de Buga, 1892, Academia de Historia de Buga Leonardo Tascón, Tomo 81, Folios 170-171.

municipio decidiera apoderarse de los derechos adquiridos como empresario y constructor. Y ante la posición de Uribe Toro, la contraparte decidió retirar una propuesta que tuvo, al parecer, la intención de continuar con la construcción y asumir los privilegios otorgados con anterioridad al inversor inicial. Propuesta que motivó el reclamo de éste.275

¿Pero es posible explicar este interesante pasaje de la vida de la familia Uribe Uribe en el contexto teórico de la relación fiabilidad/contingencia o confianza/peligro? Quizás pueda ayudar a esclarecer esta inquietud la imagen que construyó Julián Uribe respecto al acontecimiento citado...

A principios de 1875 […] se presentó en casa de mi padre Don Fortunato Cabal, uno de los caballeros más notables de esa ciudad, […] a proponerle que celebraran con el Municipio un contrato para proveer de agua potable a la ciudad. Para decidirlo a entrar en el negocio, le presentó una lista de algo así como 79 individuos

[…] Confiado en esa promesa hecha por un hombre de tantas campanillas

como Don Fortunato…*

[…] La Municipalidad, por su parte, se comprometió a darle a mi padre un auxilio

de $3.000.oo pagaderos en contados de $600.oo, según creo.** […]

La excavación de la zanja en "El Molino" fuéuna verdadera obra de romanos, y de tal la calificación de don Paco Flórez y otras personas imparciales que visitaron el trabajo. El río había corrido antiguamente por todo eso, de manera que no se daba un paso sin tropezar con una gran piedra que era preciso hacer a un lado a fuerza de barras, o reventándolas con fuego y agua…276

Desde el principio del trabajo contrató mi padre los servicios de Enrique Ospina, inteligente artesano de Buga, a quien le costeó el viaje hasta Medellín para que

fuera estudiar prácticamente todo lo concerniente a la construcción de cañerías…277 […]

275 Defensa de Tomás Uribe Toro ante el presidente del Concejo Municipal, Buga, agosto 16 de 1892, Academia de Historia de Buga Leonardo Tascón, Tomo 81, Folio 172; Respuesta anónima de la contraparte ante el presidente del Concejo Municipal, 1892, Academia de Historia de Buga Leonardo Tascón, Tomo 81, Folio 175.

* La negrita es mía. **

La negrita es mía.

276 URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., pp. 127-128. 277

Cumplió mi padre con la obligación de ponerles agua a los dos locales de la Cárcel

y, en una palabra, llenó todos los compromisos que había contraído… La Municipalidad pagó al principio dos o tres contados de $600.oo cada uno, y

cuando estalló la revolución de 1876, el jefe Municipal, Sr. Federico Pizarro, canceló la cuenta dándole veinte y tantos muletos avaluados al precio que

tenían en tiempo de paz* […] Terminada la guerra, Don Rodolfo González

reclamó como de su propiedad tales animales, y mi padre los entregó en virtud de

sentencia judicial** […] de manera que el auxilio decretado por la Municipalidad

quedó reducido a algo menos de la mitad.278

Veamos ahora como cumplieron los particulares sus ofrecimientos verbales. Don Fortunato Cabal, responsable en primera línea de que mi padre se hubiera metido en tan desastroso negocio,*** dijo […] que él "No tomaba agua liberal"; lo que equivalía en castigar en mi padre la participación que tuvieron en la guerra dos de sus hijos: Heraclio y Rafael.279

En la malhadada empresa del acueducto, invirtió mi padre cerca de $10.000 de su peculio, y cinco años de trabajo del suyo, que equivalían a 10 cuando menos de cualquier caucano […] Para concluir […] cualquier otro se habría declarado vencido; pero ya veremos cómo ese hombre de hierro realizó su fortuna en pocos años, merced a su actividad, a su insuperable energía y a su indiscutible talento**** para las labores del campo.280

Este asunto tan interesante demuestra la capacidad del patriarca Uribe Toro en asumir riesgos. Aunque lo hace desde la perspectiva tradicional de la confianza en un ciudadano particular, que, por su posición social y prestigio, es de fiar, don Tomás Uribe Toro es admirado por su hijo Julián en virtud a su capacidad de trabajo, pero sobre todo por el valor para asumir riesgos y sobreponerse a ellos. Pues como fue observado en el capítulo anterior, luego de esta frustrada empresa, asumió un nuevo riesgo, que como tal involucra, según Giddens,281 la contingencia.***** Además, el autor de Memorias, expone el sinnúmero de proyectos productivos y útiles que emprendió, algunos terminados en fracaso, y otros

*

La negrita es mía.

** La negrita es mía.

278 URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., p. 130. ***

La negrita es mía.

279 URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., p. 130. **** La negrita es mía.

280 URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., p. 133. 281 GIDDENS. Op.cit., p. 39.

con algún éxito, pero abandonados para iniciar otros.* Pero es innegable que Julián Uribe Uribe destaca con mayor fuerza la voluntad modernizante de su padre en las obras del canal del río y el acueducto en Buga. Actitud que evidencia, desde Touraine,282 la modernidad económica como voluntad, como fuerza que se impone. Sin embargo, frente a esta frenética energía del padre, ¿cómo asume su hijo el riesgo?

3.5 ¿CÓMO ASUME EL RIESGO JULIÁN URIBE URIBE?

Para evaluar como asumía el riesgo Julián Uribe Uribe es útil abordar la noción de valor viril o del hombre aventurero. Y al respecto no debe perderse de vista que se ha sostenido en esta reflexión la idea de que se trata de un período de transición hacia la modernidad. Y como tal el protagonista del análisis es un fiel exponente del carácter de esta sociedad. Para entender primero este carácter Elias puede dar elementos que contribuyan a su comprensión. Este autor sostiene que, en sociedades dominadas por caballeros y guerreros, como puede ser la Colombia de finales del siglo XIX, a las que corresponde estructuras sociales en las que guerra, violencia, saqueo se hacen fenómenos naturales, que no representan nada que sea indigno o sorprendente, que se constituya en escandaloso u odioso, es el derecho del noble caballero a hacer la guerra contra sus enemigos y disponer de la vida del otro.283

Lo anterior para argumentar que el asumir riesgos en sociedades como la que se estudia en esta investigación tiene una fuerte relación con el valor en sentido viril, o quizás la emoción que produce la aventura al disfrutar la guerra, de participar en ella con satisfacción y seguridad. De tomar lo que se quiere, ya sea la propiedad, el trabajo o la vida de otros, considerados inferiores por derecho del señor, del caballero, del guerrero, del noble, del príncipe. Es una etapa de la civilización humana en la que está aún en un estado primigenio

*

Véase URIBE URIBE, “Memorias”, Op. Cit., pp. 67-68, donde es posible observar este rasgo de carácter del padre.

282 TOURAINE. Op. Cit., p.65. 283

la “modelación de los aparatos psíquicos”, que consiste en la debilidad existente de la regulación del comportamiento de los individuos.284

Carlos Alberto Murgueitio ofrece pistas para develar el deteriorado tejido social de la segunda mitad del siglo XIX. Este autor se refiere a las políticas abolicionistas y de libre cambio que contribuyeron en generar una serie de circunstancias adversas para las relaciones sociales y la economía del país y en especial para la región del suroeste. Dirá que la abolición al centrarse en reducir los perjuicios para los antiguos esclavistas y olvidarse de los manumisos, dejó a éstos expuestos a resolver su nueva y cruda situación de la manera más expedita y ésta era el bandidaje y el pillaje. Sumado a esto, la liberalización de la tierra en el mercado fortaleció el latifundio y redujo las posibilidades para los indígenas y antiguos esclavizados de acceder a tierras de labranza. Este contexto se hizo cada vez más complejo con las luchas políticas entre liberales y conservadores que, no pocas veces terminaban en insurrecciones en las que se instrumentalizaba a estas poblaciones subalternas. De hecho, el narrador de Memorias nos da luces acerca de su participación en la guerra de 1876.285

Gravísima falta cometió el General Trujillo al licenciar los batallones de negros caucanos y permitirles el regreso con armas y municiones. Es verdad que libró en parte a Antioquia de una irrupción de esos bárbaros, pero en cambio dejó expuestos

a los moradores del Valle a sus depredaciones. La disciplina, si es que ella existió en el ejército liberal, desapareció del todo con la

ira que les produjo a los negros la orden de regreso al Cauca, viendo así frustradas sus esperanzas del rico botín que pensaban traer de Antioquia, y cada cual tomó por su lado sin prestar la menor obediencia a sus jefes.286

No sé si fue invención conservadora, o un hecho cierto, pero corrió como muy válida la siguiente orden del General Peña: "Muchachos! - hasta casas de balcón hay que traer de Antioquia en el guarniel, y el que no lo haga así lo fusiló! Dicho General sí sabía hacerse entender de los negros y halagar sus malos instintos, de manera que nada tiene de raro que empleara tan despiadadas palabras. Ya en otra ocasión les había dicho desde la tribuna, llevándose las manos al vientre:

284 Ibíd., pp. 305 y 538.

285 MURGUEITIO M., Carlos Alberto. Las reformas liberales en el Cauca: abolición y federalismo 1849- 1863. 1 ed. Cali: Universidad del Valle, 2011. pp. 17-19.

286

"Muchachos! -esta es cuestión de estómago, cuestión de sancocho. Si nos derrotan los godos, nos condenarán a morir de hambre", y, por último, ninguna imputación es demasiado cruel para quien toleró la sangrienta hecatombe del 24 de diciembre en Cali, baldón eterno de nuestro partido, si es que a él pueden imputarse los actos particulares o personales de sus miembros. A pesar de lo que dejo dicho acerca del General Peña, se afirma generalmente, aún por muchos conservadores, que era un hombre bueno en el fondo, muy caritativo, pulcro, en el manejo de lo ajeno, profesor ilustrado en varias materias, y que todos sus desmanes se debían al abuso del licor. Que así sea.287

Pero Julián Uribe Uribe, presenta su imaginario sobre la población subalterna de la región que participaba en el ejército liberal, también en virtud de hechos que debió vivir de primera mano y que podrían hablar de lo doloroso que significa elegir un camino distinto a la violencia…

Yo fui víctima de los negros licenciados por Trujillo en tres ocasiones: 1a. Estando ausente de Morillo, quemaron la cocina que había construido mi padre (…) Segunda. Habiendo puesto en el potrero de D. Ignacio Caicedo, en El Arenal, los muletos que Pizarro le había dado a mi padre en parte de pago del auxilio decretado por la municipalidad de Buga en favor del acueducto, y dos más de las yeguas de la casa, al tener noticia de la subida de los negros, quise quitarles esa tentación, y me fui para el potrero con Jesús María Silva. Tratando de encerrarlos en la corraleja nos hallábamos, cuando saltaron al cerco del potrero unos negros armados [...] Silva corrió unas cuantas trancas de las de abajo y como conejos nos escurrimos por debajo de los superiores [...] Cosa de cuatro horas permanecimos en acecho de una oportunidad para cruzar el camino real, ocultos en el rastrojo, hasta que al fin pudimos hacerlo por el Monte de Morillo, en un momento en que se interrumpió la interminable fila de soldados que subían. Llegados a la casa, cambié de bestia y de indumentarios y me dirigí rápidamente a Tuluá, en donde actuaba como Jefe Municipal mi tío Gabriel, a suplicarle que hiciera lo posible por rescatar los

muletos, pues todos 40 se los había sacado del Arenal. Recuerdo todavía las ásperas reconvenciones de mi tío por la tontería de haber

puesto en pleno camino una presa tan codiciable. Llamó enseguida los pocos hombres armados de que disponía, y empezó a recuperar muletos [...] Tanta actividad desplegó Gabriel en el asunto, que sólo se perdió una bella muleta alazana de las yeguas finas de Morillo. Tanto la estimaba mi padre que ofreció $100 de gratificación al que la entregara, pero todo fuéinútil...288

287 Ibíd., p. 176. 288

Y en el siguiente caso, una expresión concreta de lo que para la sociedad significaba la relación peligro y cobardía…

Temeroso de que los negros se llevaran yeguas también, resolví trastear con ellas para Buga; y me sucedió que un poco adelante del río Bugalagrande, alcancé a unos oficiales que llevaban unas cargas de parque muy pesadas y en malos bagajes, por lo que andaban con suma lentitud. Viendo eso, intenté pasar por un lado, pero el negro que hacía de jefe me cerró el paso diciendo: "Es mucho atrevimiento que un