CAPÍTULO III: Los patrones y diferenciaciones de la conciencia y su aplicación en la
3.1. La lógica de las religiones y la posibilidad de comprenderla
Las religiones son un constructo humano que informa y actualiza la experiencia del amor irrestricto hacia Dios en una comunidad. A pesar de esto, ninguna de ellas se considera a sí misma como creada o inventada por el hombre. Todas ellas se ven como “religadas” a una Realidad que se despliega hacia todas las dimensiones de lo existente. En la adhesión a esta Realidad de manera irrestricta, radica su fuerza transformadora y su tenacidad107.
Todas ellas se originan en un acontecimiento de alguna manera revelatorio que es considerado como un hecho radical, fuente de vida y camino de plenitud. Estas vislumbres de la divinidad desvelan contenidos acerca de la verdadera Vida, teniendo también repercusiones acerca del destino del hombre y del cosmos. Los tres elementos: la Vida verdadera, el hombre y el cosmos se entrelazan, “religan”, desde un horizonte de trascendencia.
Las religiones comunican una paradoja que se manifiesta por un lado en el reconocimiento de la sacralidad del hombre y por otro la negación a permanecer dentro de categorías mentales y conductas que nos separan del plano de trascendencia. La paradoja es también, a la vez la aserción del carácter sagrado del cosmos, y un llamado al reconocimiento de los aspectos sutiles, no aprehensibles por los sentidos, que también lo integran.
De esta manera, todas las religiones llaman a un descentramiento frente a los propios paradigmas, tanto personales como grupales en pos de la realidad trascendente, del encuentro con el otro y de la armonía con el cosmos. Esta triple exigencia implica abandonar un centro constituido por el propio ego, para dirigirse hacia una realidad que es superior a nosotros, pero que al mismo tiempo constituye nuestro fundamento más íntimo.
107 MELLON) R)VAS Javier, Vislumbres de lo real, religiones y revelación Editorial (erder. Barcelona, 2007, Introducción p II.
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De esta manera, la revelación es una apertura hacia realidades no percibidas antes: ámbitos de mayor luminosidad y profundidad108.
La forma como esta experiencia es vivida, aprendida y comunicada presenta un reto para el diálogo interreligioso, puesto que los contenidos transformadores de toda revelación suponen una adhesión sin restricciones ni reservas, para que éstos sean eficaces. En efecto la auto-apropiación de lo que es revelado necesita una apertura de espíritu, una transparencia y una entrega como la que encarna, el mediador fundamental o iniciador de cada religión109.
¿En este orden de ideas, podemos hoy aspirar a adherir tan genuinamente al contenido de una revelación con igual entrega e intensidad que sus fundadores y al mismo tiempo ser capaces expandir el ámbito de esta revelación, mediante el encuentro con otras religiones?
Mircea Eliade ofreció una forma: “Sólo hay un medio de comprender cualquier fenómeno ajeno a nuestra coyuntura ideológica actual: consiste en descubrir el centro e instalarse en él
para ahí alcanzar todos los valores que rige”110.
Dado que las experiencias trascendentes que constituyen el núcleo de las religiones se cristalizan dentro de contextos históricos y culturales específicos, su aparición en el escenario histórico se encuentra sujeto a la conciencia polimórfica del hombre. Por lo tanto, ese núcleo constituido por la experiencia revelatoria de cada tradición religiosa puede ser penetrado y comprendido por el teólogo, puesto que su mente polimórfica contiene las herramientas para percibir lo trascendente que hay en esta experiencia. La mente, es en realidad una conciencia secuenciada de diversas maneras, y se puede combinar o mezclar, puede interferir o entrar en conflicto, puede permanecer, colapsarse o distorsionarse, pero también puede perfeccionarse con el fin de ir reconociendo los elementos fundantes de las experiencias revelatorias de otras religiones. Lo importante es, si las teorías de Lonergan
108 Ibídem. pp. 16-18.
109 Ibídem. p. 20.
110EL)ADE Mircea; (erreros y alquimistas Alianza, Madrid, p.13, citado por MELLONI
Javier, Vislumbres de lo real: religiones y revelación , (erber Editorial, S.L. Barcelona,
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son ciertas, que este material revelatorio ha sido comunicado en forma tan diversa como diverso es el hombre, su historia y su cultura y que esta diversidad ha reflejado en cada momento secuencias mentales ordenadas de acuerdo con preocupaciones puntuales del sujeto111.
Las secuencias cambiantes de la mente suceden en forma paralela a procesos de auto- afirmación y de unidad de conciencia, de la que se deriva el concepto de una estructura dinámica invariante. Estamos pues frente a una especie de unidad dinámica en tensión. La secuencia de experiencias y los niveles de conciencia conforman la llamada unidad polimórfica. Los procesos de autoafirmación son respuestas a pulsiones esenciales o deseos que todos experimentamos. Ellos están vinculados al efecto producido por la separación, la ausencia o vacío, que caracteriza la vida humana sobre este planeta112.
Las pulsiones que son diversas y variadas desencadenan el drama de nuestra existencia y producen un doble movimiento que es de todo el interés de la teología. Un movimiento hacia afuera definido por la necesidad puntual de satisfacer ese deseo y un movimiento hacia adentro que hace posible la conversión intelectual, moral y religiosa o bien nuestra postración en el caos.
La necesidades puntuales del sujeto se despliegan en distintos planos o niveles de realidad y se asocian a los llamados patrones y diferenciaciones de la conciencia polimórfica. Una conciencia tal, se aplica a la satisfacción frente a carencias puntuales, como el hambre y el deseo de tener, la necesidad de relacionarnos con los demás, los anhelos de amor y poder, la búsqueda de belleza y conocimiento, y el anhelo de una consumación final que es la fuerza que nos lleva a querer ser uno con Dios.
El deseo y la estructura de la conciencia constituyen un binomio que está en un proceso de permanente de transformación. De un deseo que se manifiesta frente a las necesidades primarias de reproducción, alimentación y seguridad nos abrimos paso hacia estadios más elevados de existencia, que nos llevan a descubrir cómo lo que buscamos fuera se halla en
111 WALMSLEY Gerard, Lonergan on Philosophic Pluralism, The Polymorphism of
Consciousness as the Key to Philosophy p. .
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nosotros mismos. De ahí que cada patrón de conciencia, cada disposición de la mente en su proceso de adaptación a circunstancias externas, contenga semillas de lo Trascendente, que es capaz de descubrir la mente altamente diferenciada y orientada hacia lo Uno.
Se trata de la Presencia inmanente que simplemente se va desvelando ante la conciencia polimórfica del hombre que toma para sí la decisión de auto-perfeccionarse, en una indagación infinita, motivada por el deseo irrestricto de conocer, que lo lleva a desprenderse de todo hasta fundirse con la fuente de todo lo que existe.
Esta lívido esencial se manifiesta en forma diversa y abigarrada en la mente polimórfica, que como rasgo propio de su naturaleza, confunde el deseo de eternidad con un proceso temporal y fragmentario. En los estadios iniciales de la conciencia, la ambigüedad y la multiplicidad se experimentan en muchos casos con angustia y sed. Con la evolución de la misma, el ego y su eros se van desvaneciendo y se instala una apacible y alegre quietud capaz de reconocer la unidad dentro de la diversidad.
La unidad es pues el objeto último hacia el que tienden todos los dinamismos de la mente polimórfica: un vertimiento de la diversidad en dirección hacia su propio origen, que es al mismo tiempo su meta113. Vale la pena en este estadio evocar las palabras de Teilhard de Chardin: “Omega, aquel en que todo converge, es recíprocamente, de quien todo irradia. Imposible situarle como un foco en la cumbre del Universo, sin difundir, al mismo tiempo su presencia en lo íntimo del menor paso de la evolución”114.
El desvelamiento paulatino de esta Realidad sucede en etapas que corresponden a un movimiento ascensional del alma. De ahí que los patrones y diferenciaciones de la conciencia, cuyas características nos proponemos a describir en este capítulo tienen una relación con el destino final del hombre. Ellos son la forma como nuestra especie responde a nuestro anhelo eventual por alcanzar el Infinito, que se manifiesta en una multiplicidad de búsquedas de todo tipo.
113 Ibídem p. 24
114 CHARDIN DE Theilhard: La energía humana , Taurus, Madrid 1967, p. 160, citado por
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Son la estructura de la mente pulsando dentro de un entramado de manifestaciones de vida que procede de la única Vida, que es Dios. De esta manera, somos nosotros un receptáculo de formas infinitas que proceden de una misma fuente y que nuestra mente se encarga de ordenar y definir para hacerlas inteligibles.
Por esta razón, la comprensión dinámica de toda religión es un acto de intelección que implica insight, discernimiento y fe de los elementos constitutivos: Experiencia religiosa, Palabra, Fe y Creencia que se manifiestan según diferentes planos de nuestra conciencia polimórfica.