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L OS LOGROS DEL GEIN Y EL CONTROL POLÍTICO Y MILITAR

LAS FUERZAS DE SEGURIDAD DEL ESTADO

4.1.4. L OS LOGROS DEL GEIN Y EL CONTROL POLÍTICO Y MILITAR

En los últimos meses del gobierno del PAP se creó en la DIRCOTE el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) que logró lo que parecía imposible: la captura de Abimael Guzmán Reinoso.

Este grupo pertenecía formalmente a la DIRCOTE, pero empezó a trabajar independientemente de las labores cotidianas de dicha dirección. De hecho, el grupo fue constituido para dar una salida a las discrepancias suscitadas entre el nuevo jefe de la DINCOTE, Edgar Suclla Flores, y Benedicto Jiménez, el hábil analista de esa unidad. En los meses siguientes se gestionó la obtención de recursos para el nuevo grupo. El gobierno norteamericano, a través de la CIA, fue uno de sus soportes más importantes. Lo mismo ocurrió con otros grupos de la DIRCOTE más adelante.

El objetivo del grupo suponía un salto en lo hecho hasta el momento para encarar al PCP- SL: pasar de golpear el aparato militar a desbaratar el aparato político. Quedaba a cargo del resto de grupos operativos (Deltas) la labor de contrarrestar las acciones armadas del PCP-SL.

El GEIN inició sus operaciones de inteligencia el 5 de marzo de 1990 utilizando para ello datos —una dirección y un teléfono— guardados por casi cinco años. El primero de junio obtuvo su primer logro al allanar una casa en la urbanización de Monterrico, en Lima, donde hasta pocos días antes estuvo alojado Abimael Guzmán. En dicha casa funcionaba el Departamento de Apoyo Organizativo (DAO), aparato central que tenía como misión principal organizar los eventos partidarios y retrasmitir las directivas de la Dirección Central hacia los comités y aparatos partidarios. En la casa se halló también una lista de contactos con miembros de los aparatos centrales del PCP-SL: seudónimos, teléfonos y direcciones.

El GEIN trabajaba aún con varias limitaciones logísticas; su fortaleza estaba en los conocimientos de lucha contrasubversiva que sus agentes habían acumulado. Así, la información recabada iba siendo aprovechada para averiguar las identidades, funciones y paraderos de los dirigentes del PCP-SL. Era un trabajo meticuloso y que requería gran paciencia. Sólo meses después —en 1991— y luego de un arduo trabajo, llegó a conocer quiénes eran los miembros del Comité Central del PCP–SL.

Mientras se daban estos avances, progresaba también una dura polémica sobre la aparente politización de la policía durante el gobierno del PAP. Basándose en ella, y en medio de investigaciones sobre la vinculación del ex ministro del Interior con el llamado «Comando Rodrigo Franco», el gobierno de Alberto Fujimori adoptó como una de sus primeras decisiones la de hacer una enorme purga en la PNP. Hoy se sabe que esa decisión tenía ya una segunda intención: el asesor Vladimiro Montesinos estaba interesado en poner coto a la investigación sobre la organización de traficantes de drogas de Rodríguez López ya mencionada, la que hubiera echado luces sobre los vínculos de Montesinos con grupos de narcotraficantes.

Con el gobierno de Alberto Fujimori las Fuerzas Armadas regresaron más claramente a la posición de supremacía que se había tratado de contrapesar en los años anteriores. Junto con ello, como se reveló en los años posteriores, se abría paso una extensa red de corrupción organizada desde los más altos niveles del Estado, redes a las que tampoco sería ajeno el manejo de la institución policial. El Ministerio del Interior fue puesto en manos de sucesivos generales del Ejército y ello implicó, naturalmente, el control sobre la Policía Nacional del Perú. Además de ellos, oficiales de las Fuerzas Armadas tomaron posesión de toda la estructura del ministerio,

especialmente de los puestos de alta dirección.

A pesar de las dificultades iniciales, la labor del GEIN prosiguió. La información recabada permitió nuevas operaciones de seguimiento de dirigentes senderistas. En diciembre de 1990, el general PNP Héctor Jhon Caro fue nombrado director de la DIRCOTE. En ese puesto, brindó mayor apoyo al conjunto de los grupos operativos y propuso a Javier Palacios conformar un grupo especial similar al GEIN, para fortalecer el trabajo de búsqueda de los dirigentes principales de los grupos subversivos. Dicho grupo sería bautizado por Palacios como Brigada Especial de Detectives (BREDET) en 1991, cuando fue a pedir apoyo económico a representantes del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Palacios fue removido de su puesto en DINCOTE ese mismo año después de que rehusó cumplir una orden de Montesinos: éste pretendía que BREDET elaborara atestados para aprehender por terrorismo a personas que, salvo en un caso, no presentaban antecedentes que justificaran la captura. Por su parte, en enero de 1991 el GEIN seguía trabajando; ya contaba para ello con veinte agentes. Mientras que el comandante Marco Miyashiro dirigía el grupo, el mayor Jiménez estaba a cargo del departamento de operaciones. Poco después el GEIN se incautó de importante material del PCP-SL, incluyendo una videograbación donde se observaba a todo el comité central del PCP-SL. Asimismo, se encontró información detallada sobre el I Congreso Nacional del PCP-SL.

Después de este importante golpe a la organización subversiva, los servicios de inteligencia tomaron mayor interés en el trabajo del GEIN. A la cooperación inicial de la Marina, se sumó la contribución económica del Servicio de Inteligencia Nacional. No obstante, a cambio del apoyo ofrecido, Montesinos solicitó a la DIRCOTE que permitiese que un grupo de analistas del SIN entrasen a trabajar con la documentación incautada. Los analistas del SIN (militares) entrarían supuestamente a apoyar el trabajo de inteligencia del GEIN y BREDET. Pasados unos años, varios de los analistas colocados en el GEIN por Montesinos fueron señalados como miembros del escuadrón de la muerte denominado Grupo Colina.

Desde mediados de 1991, la convivencia en las instalaciones de la DIRCOTE entre policías y militares era fuente de tensiones crecientes. Se evidenciaban celos y una ardua competencia entre los servicios de inteligencia por capturar a los dirigentes subversivos, en especial a Guzmán Reinoso.

A un año de iniciado el nuevo gobierno, era evidente que éste no contaba con una política de Estado clara en materia de seguridad. La decisión de dar de baja a policías no había sido acompañada por otras propuestas integrales. Además de la persistencia de la rivalidad entre los cuerpos policiales unificados en teoría, la opinión pública era testigo de nuevos casos de violaciones de derechos humanos, y actos delictivos y de corrupción.

El único cambio significativo que realizó el gobierno con respecto a la situación de la policía en varios años fue concretar la unificación con un nuevo organigrama en el que, entre otras innovaciones, se eliminaron las direcciones superiores de los institutos policiales, consideradas hasta ese momento como órganos de ejecución de la PNP. Se tendía, más bien, a una estructura centralizada con unidades ejecutivas especializadas en el combate de ciertos delitos como el terrorismo o el tráfico ilícito de drogas. Sin embargo, las identidades de cada cuerpo eran muy fuertes y a lo largo de la década la procedencia institucional continuó gravitando mucho.

En esta corriente de cambios, la DIRCOTE fue elevada de categoría para convertirse en un órgano sistémico de ejecución de la PNP en el ámbito nacional; así, pasó a llamarse Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE). Esto permitió a la DINCOTE conseguir más recursos y mejorar sustantivamente su rendimiento. Junto con el cambio vino la asignación de un nuevo comando. En noviembre de 1991 el jefe de la unidad, Héctor Jhon Caro, fue retirado intempestivamente del cargo, aparentemente por razones políticas. En diciembre se encargó la dirección de DINCOTE al general PNP Antonio Ketín Vidal. Producida la reestructuración, se ejecutaron nuevas operaciones que permitieron la detención de lo que quedaba del aparato de

Socorro Popular y la dirección del órgano de propagana del PCP-SL, El Diario, así como la segunda captura de buena parte de la dirección nacional del MRTA. De singular importancia resultaron las capturas de miembros del PCP-SL vinculados a la academia de preparación preuniversitaria César Vallejo, pues de ellas surgieron las pistas finales que llevarían a la captura de Abimael Guzmán.

En la nueva estructura, se dispuso que el GEIN y las BREDET continuaran su plan de trabajo existente, aunque con nuevos nombres: DIVICOTE-1 y DIVICOTE-2,170 respectivamente.

El 12 de septiembre la DIVICOTE-1 inició la fase final de la Operación Capitán Carlos Verau Asmat que concluyó con el allanamiento de una vivienda en el distrito limeño de Surquillo, dentro de la cual fueron detenidos Abimael Guzmán Reinoso, Elena Iparraguirre Revoredo, Laura Zambrano Padilla y María Pantoja Sánchez, miembros de la dirección del Comité Central del PCP-SL. Concluida la exitosa operación, el director de la DINCOTE, general Vidal, trasladó personalmente a Guzmán y a los demás detenidos a las instalaciones de la unidad policial.

La CVR considera fundamental resaltar que detrás de este rotundo éxito hubo un largo proceso de trabajo y aprendizaje de la labor policial. En especial, en el caso de la DINCOTE, se debe destacar que ella siguió desde su formación como división (Dicote, en 1981) un aprendizaje empírico progresivo y acumulativo, antes que el desarrollo de un plan diseñado previamente. Fue sobre la marcha y al compás de los avances en las investigaciones como se definieron los pasos que debían dar.

Las capturas realizadas por los distintos grupos especiales de inteligencia de la DINCOTE fueron resultado, además, de un dedicado trabajo exclusivamente policial. El desempeño de la labor policial de la DIRCOTE (y, después, de la DINCOTE), fue fruto de decisiones sucesivas de los jefes de los distintos grupos operativos y especiales con los que esta unidad ha contado a lo largo de su existencia.

La CVR considera, a la luz de sus investigaciones, que estos logros se dieron a contracorriente de la tendencia elegida por el gobierno de Alberto Fujimori. Como se verá en el siguiente capítulo, éste había situado su principal base de poder en las Fuerzas Armadas —o, más precisamente, en la cúpula de mando de éstas— y había optado, en política contrasubversiva, por una vía claramente militar. El presidente Fujimori había entregado el mando absoluto del conflicto al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y los decretos en materia contrasubversiva que emitió en el contexto del golpe de Estado de 1992 habían traspasado gran parte de las funciones policiales al Ejército. De ahí que la captura de Guzmán sorprendiera a las altas esferas del gobierno, que no se encontraban al tanto de la operación.

Las capturas de septiembre de 1992 —no sólo la de Guzmán sino también la de numerosos dirigentes de la organización subversiva— determinaron la derrota estratégica de la subversión. Pero, al mismo tiempo, fueron motivo de malestar entre los institutos armados y sus servicios de inteligencia, que no perdonaban a los agentes de la policía la osadía de dar el golpe definitivo sin previa consulta y, además, el haber propalado la noticia por cuenta propia. El gobierno de Alberto Fujimori llegó al extremo de desarticular la DINCOTE, en lugar de brindarle los esperados apoyos para una labor que todavía estaba por ser concluida definitivamente.

En el nuevo contexto autoritario, el SIN, bajo la conducción real, si no oficial, de Vladimiro Montesinos, era el órgano privilegiado por el gobierno. De hecho, el SIN había sido fortalecido por los decretos para la pacificación nacional. De esta manera, el SIN, que hasta 1990 era un organismo pequeño y burocrático, se convirtió en el aparato político del gobierno y asumó progresivamente múltiples funciones ilegales.

A ello se añadió la elaboración de una versión oficial, y alejada de la realidad, sobre la

«pacificación». Según ésta, el mérito de la derrota del PCP-SL correspondió a las Fuerzas Armadas, gracias a supuestas decisiones del Presidente del Comando Conjunto, Nicolás Hermoza Ríos, y a las investigaciones y operaciones del SIN. Esa versión de los hechos fue una de las banderas agitadas por el presidente Fujimori durante su campaña por la reelección en 1995.

Con el paso de los años se acentuó el desinterés y, por consiguiente, el descuido del financiamiento de la DINCOTE. Hacia 1996, una ola de atentados perpetrados por la facción del PCP-SL dirigida por Feliciano (Óscar Ramírez Durand) haría recordar la eficiencia del GEIN y pondría en evidencia lo errónea que fue la decisión de desarticular ese grupo.

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