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L A MUSICA TRADICIONAL DEL CARIBE

Villancico VI Negro estribillo

L A MUSICA TRADICIONAL DEL CARIBE

Por su parte el musicólogo Eduardo Llerenas resume su experiencia en la recopilación musical de los géneros populares de la forma en que a continuación sintetizamos.

La música popular del Caribe, en particular la propia de los países hispanoparlantes de la región, es y ha sido ampliamente conocida en México. Se cuenta localmente con intérpretes y productores importantes de los diversos géneros musicales de mayor difusión popular, como son el danzón, el bolero, la. guaracha, la cumbia, el merengue, la rumba, la salsa, etcétera. Sin embargo, el origen y las raíces que han dado lugar a estos géneros, así como la cultura tradicional prevaleciente en el Caribe, son prácticamente ignorados, no sólo en México sino virtualmente en todos los países extracaribeños de Latinoamérica.

En forma muy breve se expondrán algunas características generales, aunque inequívocas, de la música tradicional del Caribe, enfatizando sobre los aspectos de su origen, las formas de producción y su evolución contemporánea. Esta visión está en buena parte basada en nuestro trabajo de investigación y recopilación in situ realizado en una docena de países del Caribe durante los últimos doce años.

Puede establecerse que la música del Caribe, a pesar de estar conformada por muchos estilos o formas, así como por variantes regionales, tiene factores comunes que la integran en lo que podría denominarse una perspectiva cultural pancaribeña única.

Históricamente, las diversas manifestaciones culturales del Caribe tienen su origen en la interacción secular de dos grandes grupos culturales provenientes de dos continentes: Europa y África. Desde luego que la interacción no fue nunca balanceada y su desarrollo estuvo dictado por el sistema productivo colonial europeo.

CENTROAMÉRICA

En Centroamérica parece no haber sido necesaria la importación de esclavos africanos en gran escala, porque la mano de obra indígena se conservó a pesar del despoblamiento que causó la explotación de los territorios conquistados por los españoles. Liberado el indio después de su esclavitud, menguada su población por las enfermedades, tuvo que ser reforzado en el trabajo por el africano que se importó para aumentar la producción. Las Leyes Nuevas en las que la Corona establecía la libertad de los indios y la prohibición de utilizarlos en el trabajo de las minas, obligaron a los españoles a explotar los minerales con población africana y europea, aunque no faltaron los indios.

En cumplimiento de los primeros asientos, alrededor de 1540, se recibieron en Honduras los negros destinados al trabajo de las minas, repartiéndose entre Gracias a Dios, Comayagua y San Pedro, para después llegar a Trujillo. El oro reclamaba abundante mano de obra, los caminos para sacarlo también, por lo tanto emplearon esclavos para ambos trabajos, puesto que la minería se había convertido en la fuente principal de economía en Honduras. En 1600, las minas de Tegucigalpa estaban en pleno apogeo de producción; en esos años y en los siguientes se mencionan continuas arribadas de navíos cargados de esclavos, y se dice que el territorio estaba "lleno de negros". Indios y negros sostenían el peso de la producción colonial, pero habiendo leyes a favor de los primeros, los segundos padecían, asimismo, segregación y maltrato; pese a todo se produjo la mezcla de los tres sectores de la sociedad y como resultado de ello apareció el mestizaje, en el que dominaba el elemento africano en la región de Honduras y Belice; en este último se originó la mezcla de caribes aborígenes de la isla de San Vicente con africanos de la costa hondureña, extendiéndose hacia Guatemala y Honduras.

En Guatemala, más que en el resto de los países que formaban la Capitanía General, los negros no llegaron directamente de África ni en las mismas proporciones que en el resto de Centroamérica. Sin embargo, desde la tercera década del siglo XVII en que empezaron a llegar, su presencia es continua hasta los primeros años del siglo actual. Estos negros procedentes de las Antillas y de México eran inmigrantes aculturados que habían absorbido parte de la cultura occidental. Las condiciones en las que ingresaron, les permitieron una adaptación cultural, que a la vez fue factor de integración y dilución biológica con la población receptora predominantemente indígena, siendo indígena el trasfondo cultural con el que, a excepción de un enclave de influencia antillana, se asimilaran los negros que llegaron a Guatemala.

Se sabe que, como en México, los españoles llevaron negros a la conquista de Guatemala, que comenzó en 1524 y se consumó cinco años después al ser vencida la rebelión del pueblo cakchiquel, aunque algunos historiadores la sitúan en 1541, cuando muere el conquistador Pedro de Alvarado, teniendo lugar las primeras organizaciones políticas de la colonia y la promulgación de las Leyes Nuevas en 1542.

Además de los negros introducidos por Alvarado, que procedían de Sevilla o Cádiz, el conquistador recibió, después de su llegada a tierras americanas, una concesión para introducir 600 esclavos para el trabajo en las minas. La búsqueda de yacimientos de minerales preciosos fue lo que motivó al propio Alvarado para su expedición a América del Sur en 1535; en ella iban, además de los cientos de auxiliares indios, 200 negros de los que algunos fueron entregados a Diego de Almagro como pago de los arreglos que se pactaban entre conquistadores.

La presencia de esclavos negros en Guatemala se comprueba por las ordenanzas que se dictaron para evitar los abusos que se cometían en contra de los indios, en los que se condenaba a los negros a sufrir azotes y destierro en caso de encontrárseles culpables de

abuso, robo o maltrato de indígenas. Las Leyes Nuevas, emitidas en 1542 a instancias de fray Bartolomé de las Casas, ampararon la sustitución de la esclavitud india por la esclavitud de los negros; de esta manera se pretendía poner en práctica la conquista pacífica con nuevos procedimientos de control colonial, en los que quedaba comprendida la esclavitud de los africanos y el respeto a las culturas indígenas, para atraer a los indios a "la verdadera religión", lo que constituye, para algunos autores, un antecedente al Derecho de Gentes, es decir, a los Derechos Humanos. Todo esto implicó, en el caso de Guatemala, la evangelización de los indios y su conversión a súbditos de la Corona española, con el aprovechamiento de su trabajo en las "reducciones", gracias a lo cual las haciendas empleaban el trabajo no sólo de indios sino también de africanos, como en el caso de la hacienda de San Jerónimo, la primera empresa agroindustrial de Centroamérica emprendida por los dominicos en 1540 en la que llegaron a trabajar más de 1.000 esclavos africanos.

La introducción de la esclavitud en la región centroamericana, como en todo el continente, tuvo su origen en algunos factores específicos como las modificaciones al régimen colonial contenidas en las Nuevas Leyes de 1542; en los millares de licencias concedidas a los traficantes de negros en España; en las concesiones otorgadas por la Corona e instituciones y personas diversas; y en el contrabando practicado en todas las colonias americanas por portugueses, franceses, daneses, holandeses e ingleses, así como en los tratados políticos suscritos por las potencias coloniales de la época, que estaban en continua rivalidad. Por todos estos factores, durante la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo de los siglos XVII y XVIII, se intensificó el tráfico de negros en las costas centroamericanas del Atlántico. La Corona había concedido más de 23.000 licencias que hacia 1552 podían obtenerse fácilmente. Los esclavos, pues, llegaban legalmente o de contrabando, principalmente de las Antillas. Entre los primeros puertos de Centroamérica que dan entrada a las remesas de esclavos está Puerto Caballos, en Honduras, desde donde se enviaban a Guatemala. Estos negros trabajaban, como en el Caribe, en el cultivo de la caña de azúcar, en las minas, los obrajes de añil y las tareas en haciendas y casas de españoles que demandaban esfuerzos mayores o que se realizaban en climas malsanos. En 1570, según los demógrafos, la cifra de mestizos y mulatos de la Capitanía General pasaba de 10.000.

Pero el comercio de esclavos rebasó las fronteras de Guatemala, estableciéndose un tráfico entre Nicaragua, Perú y Panamá, en el que participaban religiosos, colonos, traficantes extranjeros y aun las mismas autoridades coloniales. Muchos de esos esclavos llevados a las minas se fugaron internándose en las sierras y dedicándose al bandolerismo; estos cimarrones constituían tal amenaza para las autoridades que, en 1612, llegaron a prohibir el desembarque de las naves cargadas de negros procedentes de Veracruz.

Los jesuitas, como otras órdenes religiosas de las colonias españolas, eran propietarios de esclavos, tanto en Verapaz como en Santa Rosa, Escuintla y Sacatepequez; la mano de obra negra se aprovechaba bajo el mando de las leyes que "se acataban pero no se cumplían". Es digno de mención que, al igual que en el caso de México, el Pacífico era una vía de acceso de esclavos negros y chinos provenientes de las Filipinas. Otros contingentes de negros fueron introducidos por razones políticas más que económicas; en 1796, abolida la esclavitud en las posesiones francesas, más de 300 negros llegaron a Guatemala expulsados de Santo Domingo. Fue precisamente al año siguiente cuando los ingleses expulsaron de la isla San Vicente un contingente de negros caribes mezcla de africanos con indios que, llevados primero a las islas de Roatán, fueron después repartidos en las costas de Belice (después Honduras británica), Guatemala y Honduras; son estos los antepasados de los negros caribes o garífunas, como actualmente se les conoce; sus asentamientos en Guatemala están en Puerto Barrios, Santo Tomás de Castilla y Livingston.

Antes de abordar las peculiaridades de los garífunas como enclave afrocentroamericano, cabe apuntar que la trata de esclavos en la región de Guatemala tuvo las mismas características ya descritas en párrafos anteriores; se clasificaban los esclavos en "piezas de indias" si eran adultos y tenían una estatura de 1,73 metros, se les llamaba "muleques" cuando tenían de 14 a 18 años. Por otra parte, el sistema de castas regía la vida social de la colonia, estableciendo categorías asociadas al mestizaje, condición, cualidades y defensa en los distintos grupos. También fueron observadas las mismas disposiciones normativas contenidas en las Cédulas Reales y Decretos y otras relativas a Guatemala dictadas por la Audiencia y el Gobierno locales. En cuanto a la reacción de los esclavos ante el régimen que los oprimía, éstos mantuvieron una resistencia de huida para eludir el control y la violencia de amos y autoridades, o emprendieron acciones más radicales como los motines y las rebeliones. En el momento de la abolición, el delegado de Guatemala ante las Cortes de Cádiz de 1812 la defendió valientemente; como consecuencia de las reformas introducidas en la Universidad de San Carlos, recibió en sus aulas a negros, mulatos y zambos, de la misma manera que tuvieron acceso a las carreras militares y eclesiásticas. De hecho, la abolición de la esclavitud fue declarada en 1804 en el territorio de Guatemala, primer país de Latinoamérica que tomó esta medida; pero el decreto trascendental lleva fecha de abril de 1824. Años después de la independencia de 1821 hasta las tres primeras décadas de este siglo, la entrada de negros en Guatemala no fue significativa, más bien se trataba de establecer, por parte de los Estados Unidos, colonias de negros libertos procedentes de la región sureña de ese país, siguiendo el modelo de la república de Liberia en África cuyo poblamiento se había logrado con la emigración de los libertos norteamericanos. El proyecto fracasó por rechazo de Guatemala, que no pudo, sin embargo, impedir más tarde la entrada de otros inmigrantes que, procedentes de Jamaica, Belice, Santa Lucía, Barbados y otras islas antillanas, se introdujeron legal o clandestinamente para trabajar en las obras del ferrocarril, en los campos de café, en las plantaciones bananeras y en otras empresas norteamericanas del Atlántico. A estos inmigrantes se les llamó "negros ingleses" por proceder, en su mayoría, de las islas anglófonas, aunque también había de habla francesa. Sus descendientes se encuentran en el departamento de Izabal; inicialmente se habían radicado en Barrios, Los Amates, Livingston, Quiriguá y Morales. Las características culturales de estos negros, cuya llegada es relativamente reciente, son todavía visibles y en el grupo, aunque se mantiene su identidad antillana, no se formó un sistema autónomo, que se asimiló gradualmente al mosaico poblacional de Guatemala, donde era dominante el componente indígena. Distinto fue el caso de los garífunas, que conservaron rasgos distintivos y elementos de origen africano. En Guatemala los garífunas se encuentran principalmente en Livingston y Barrios. Es muy posible que estos caribes negros se hayan mantenido como un grupo étnico separado, debido a la distancia cultural, lingüística y social que los separó del resto de las poblaciones mestizas e indias de Centroamérica; ya hemos hecho hincapié en que las relaciones interétnicas fueron particularmente violentas, siendo el negro muchas veces el agresor del indio, por razones de ubicación del primero como capataz del segundo.

Los garífunas proceden de la isla de San Vicente, originalmente habitada por los grupos amerindios del Caribe. Entre 1625 y 1667 llegaron a todas las islas de Barlovento africanos fugitivos de las plantaciones de las islas mayores o sobrevivientes de naufragios de barcos negreros. Después de un débil rechazo de los indios, se produjo el inevitable mestizaje y la resistencia contra el enemigo común: el hombre blanco. Conocidos como caribes negros, fueron llamados después garífunas. En su oposición a la esclavitud, tanto indios como garífunas, lucharon contra los ingleses en la llamada guerra del Caribe de 1795 -1796, que tuvo como consecuencia el desalojo de los caribes negros de la isla de San Vicente por los ingleses, que temían la insurrección organizada de las islas de Barlovento. Deportados a territorio continental, los garífunas se aliaron con los españoles defendiendo

sus intereses. En 1830, la industria maderera tomó impulsó en la zona y los utilizó como mano de obra.

En general sus patrones de asentamiento, desde las costas de Honduras hasta Belice, se repitieron a lo largo del litoral, fundando sus núcleos poblacionales cerca de los ríos o en las puntas costeras: Tela, Puerto Barrios, Trujillo, La Celba, Barranco, Punta Gorda, Dandriga, Livingston. Más tarde, su unidad étnica quedó fraccionada, debido a su dispersión en los distintos estados nacionales nacientes del siglo XIX. Las fronteras políticas afectaron la vida de las diferentes etnias de la región y fraccionaron sus instituciones, sus relaciones económicas y sus alianzas de parentesco con las que sostenían la unidad interna.

Pese a todo, hasta hace poco tiempo, los garífunas mantuvieron la cohesión como modelo de cultura marítima caribeña, con una economía basada en la pesca y complementada con otros trabajos en la agricultura; también conservaron su organización social matrilineal, a pesar de estar extendidos por la costa sin tener un territorio propio y con sus costumbres, hábitos alimenticios, técnicas de navegación y pesca, hicieron aportaciones a las culturas locales. En la tradición oral mantuvieron los mitos de origen, así como un cuerpo de leyendas, cuentos y otras tradiciones como bailes y música en los que persistieron rasgos culturales de origen africano. Inclinados por tradición a la solidaridad comunitaria, tenían clubes y asociaciones masculinas semejantes a las de sus antepasados africanos; en sus fiestas y ritos había un alto grado de sincretismo afrocristiano, en el que todavía se observa, como en la tradición oral, el culto a la naturaleza. El movimiento rastafari y la masonería se han introducido entre los garífunas, debido a la afinidad de este grupo con todo lo que sea religiosidad y reivindicación étnica. En el campo de la creatividad destaca la escultura y la talla de madera, así como la pintura, dos actividades muy extendidas en todo el Caribe.

Otra aportación cultural de los garífunas a la cultura local, que se ha difundido más allá de sus fronteras, es la marimba que, según los especialistas, proviene de África, evidentemente este instrumento musical ha pasado por innumerables adaptaciones, al ser adoptado por otros pueblos de la zona centroamericana y del resto de Latinoamérica. En el dominio musical, los garífunas se han mantenido muy africanos, practicando géneros como los cantos ancestrales religiosos, los cantos de inscripción cristiana, los cantos de trabajo, la música festiva que acompaña a los bailes, la música de las bandas procesionales para marchas fúnebres o religiosas, etc. Diversos factores condicionaron la conservación o el cambio de la cultura de estos grupos, el principal de ellos el de las fronteras políticas que limitaron el contacto intraétnico, causando con ello la decadencia de algunas actividades como la artesanía; otro factor que supuso un desmembramiento social es el de la migración recurrente, en la que los garífunas perseguían el mejoramiento de su nivel de vida y la supervivencia de sus comunidades. Esta migración no sólo se dirigió hacia el interior, abandonando las costas, sino que, también, siguiendo el flujo migratorio general de los países centroamericanos, tenía como meta Estados Unidos. Es particularmente notable el hecho de que los emigrantes sostenían con sus ingresos a las comunidades de origen, signo de lealtad y de voluntad por mantener su cohesión aun fuera de su nicho social y conservar a todo precio viva su cultura.

Otro grupo, producto de la mezcla indígena-africana, es el de los miskitos de Nicaragua, localizados en la costa atlántica. Su origen está relacionado con la historia de la región de la Moskitia, cuando un capitán inglés llegó a la zona procedente de la isla Providence, le siguieron otros ingleses para establecer colonias comerciales en la costa; al introducir la caña de azúcar y el añil, llevaron negros para su cultivo en las regiones de los ríos Coco y Escondido. Esto quiere decir que el elemento negro ya estaba en esa región antes de que en 1641 un barco portugués cargado de esclavos naufragara en los Cayos

Miskitos; algunos historiadores piensan que estos negros se mezclaron con los que ya había y con los sumo, grupo indígena de la costa, dando como resultado una población llamada zambo-miskito.

Se sabe que piratas, bucaneros y filibusteros frecuentaban las costas orientales de Nicaragua en busca de refugio y provisiones, proporcionando a sus habitantes armas y municiones, con las que pudieron dominar a los grupos circunvecinos, teniendo como aliados a los europeos, principalmente a los ingleses, que aprovecharon la agitación de los miskitos para cometer tropelías contra las poblaciones dominadas por los españoles. Con el fin de usurpar este territorio, los ingleses le dieron forma legal a su presencia, nombrando a un miskito rey de la Moskitia, en 1687. Estas acciones convirtieron a los miskitos en intermediarios de los ingleses con los demás grupos étnicos del interior de Nicaragua, y en cierta forma también con los españoles en pugna. En el período comprendido entre 1740 y 1763, los ingleses establecieron fuertes militares y llevaron adelante proyectos de colonización en la costa miskitia, abandonándola en virtud del convenio anglo-hispano de 1786, a pesar de lo cual los españoles no pudieron hacerse cargo del control de la zona. En