Tambor, Africanía y Oralidad
M EXICO , CENTROAMERICA Y LOS ANDES L A TERCERA RAIZ
Tratando de establecer un punto de partida para la investigación de la presencia africana en América, particularmente interesados en la dinámica que tuvo el sistema esclavista en el desarrollo del capitalismo en México, los materiales reunidos en la extensa bibliografía existente constituyen un punto de arranque para la investigación en sí, por lo tanto hacemos notar el carácter de ensayo que tienen estas notas de los planteamientos con que en 1974 iniciamos Afroamérica en el INAH, y la naturaleza hipotética de ellas. La intención es, plantear en este Foro algunos conceptos que siguen en debate y por lo mismo son objeto de nuestro interés.
A partir de los estudios de Chayanov sobre algunas formas de organización feudal con las que se encontró la revolución bolchevique en la Rusia de principios de siglo, ha habido una corriente de autores que también se resisten al uso generalizado de categorías capitalistas para otras formas de organización de la vida económica.
Este es el caso con el que nos encontramos en los estudios sobre el sistema esclavista en la América colonial. Dos autores que de la manera más explícita han sintetizado esta posición son Santana Cardoso y Eugene Genovese que proponen, como Chayanov proponía para el trabajo servil en el campo ruso que no existe para el sistema esclavista colonial una teoría económica completa para el estudio de sus estructuras especiales, ya que no se le pueden aplicar los conceptos del pensamiento económico contemporáneo basados en la existencia del trabajo asalariado y la búsqueda de la ganancia máxima. Ausentes estos elementos pierden sentido otras categorías como renta e interés. Por otro lado, se dan para el esclavismo otras categorías como:
Precio del Esclavo, la cual depende de las condiciones del mercado de esclavos y constituye el valor capitalizado de la renta esclavista;
Renta Esclavista, o forma de ingreso gratuíta que el propietario toma por su derecho de propiedad sobre los cautivos, y que es parte del producto bruto de la empresa habiendo deducido de éste el interés sobre el capital fijo y circulante invertido;
Y por último una categoría que comparte el esclavismo con la economía capitalista; que es la;
Renta Diferencial, ya que aquí también importan la calidad de las tierras como espacio económico del esclavo y la relación de su ubicación respecto al mercado.
Por esta razón, por la especificidad de la organización de las fuerzas productivas y las relaciones de producción que les corresponden, el esclavismo colonial americano es visto por esta corriente como un Modo de Producción (MP) que por lo general en América colonial fue dependiente, pero que en algunas regiones particulares logró tal autonomía relativa que se impuso y orbitó a su alrededor al conjunto de la sociedad. De éstos, el caso más estudiado ha sido el del sur de los Estados Unidos antes de 1860, para el cual se habla
de una Formación Social Esclavista que coexistía con otra formación vecina y antagónica constituida por el capitalismo del norte, hasta el enfrentamiento inevitable durante la guerra de secesión.
Sin embargo, fueron bastante claros y además abundantes los análisis de Marx y Engels sobre el esclavismo en el Nuevo Mundo como una forma particular del capitalismo, por ser fundamento de la industria moderna al haber generado la enorme agilización que el comercio mundial adquirió con las colonias. Más aún, creemos que el punto de partida en la concepción del esclavismo como MP trae consigo varias deformaciones teóricas. En primer lugar, el hecho de hacer un MP para cada tipo específico de organización para la producción, acarrearía una verdadera proliferación de MP, que como reacción al dogmatismo stalinista de la teoría de los cinco estadios, incurre en el error de despojar al concepto de MP de su característica de unidad: un MP es una totalidad, no se puede considerar como tal a cada una de las parcelas de una realidad. También esa concepción del esclavismo niega la posibilidad de variación en la forma a como un MP se puede presentar en la realidad, lo que a su vez implica dejar de lado el grado de abstracción para el que Marx creó dicho concepto, grado que más o menos quedó establecido a lo largo de su obra, a pesar de que nunca expuso en forma completa una teoría del mencionado concepto en toda su amplitud.
El hecho de que el esclavismo proceda, efectivamente, del desarrollo capitalista de las metrópolis europeas, el cual contaba en el S. XVI con muchos elementos feudales en la mayoría del continente, no implica que haya sido una Europa combinada de MP capitalista con MP feudal la que vino a engendrar otra suerte de articulación de MP a sus nuevos territorios. Nuestra proposición va en el mismo sentido que otros autores han propuesto: la presencia de elementos propios de un MP anterior, bajo la hegemonía de uno nuevo, lo que habla de la descomposición del primero que no fue automática, que no se pulverizó de inmediato ni por efecto mágico alguno desaparecieron la totalidad de sus elementos, sino que dejó reminiscencias en el nuevo MP, que bajo éste van a ser refuncionalizadas, cambiadas de contenido manteniéndose temporalmente la contradicción de la forma. Pero lo que se refiere a una formación social dada que corresponde a un sólo sistema, al que se le puede llamar MP, será aquel que de el ritmo de la estructuración, el que defina el funcionamiento de la Formación, o sea de la unidad orgánica de todos los elementos presentes
Se trata entonces de lograr una definición respecto al MP en América colonial, no por las formas locales de explotación sino por el conjunto de las relaciones de producción, y este es un problema fundamental que no se evade limitando el análisis marxista a la situación económica contemporánea tal como se ve en Chayanov, o limitada esa definición a una región geográfica exclusiva.
El otro recurso que adoptan lo teóricos del MP esclavista americano es el de insistir en el carácter precapitalista de la esclavitud colonial. Siendo que la colonización misma fue parte del proceso de expansión comercial, mediante la construcción de sistemas productivos complementarios, de los europeos, la esclavitud que se dio en las colonias fue, consecuentemente, después del triunfo del MP capitalista, y la clase social que dirigía este tipo de explotación correspondía a ese MP aunque se presentaba como anomalía dentro de un mercado mundial basado en el trabajo libre, ¿cómo se puede entonces plantear el precapitalismo de la esclavitud colonial si la colonización misma fue un recurso capitalista?
Este problema se da en directa relación con la pretendida filiación histórica del esclavismo colonial respecto del clásico. Algunos historiógrafos han logrado establecer ciertas líneas de procedencia que dieron pie a tal filiación, pero de esa posible derivación formal queremos brevemente descartar la posibilidad de plantear continuidad alguna. En
cuanto a su génesis, estructura y función, el esclavismo colonial se diferencia del esclavismo clásico por cuestiones esenciales que quizás podríamos resumir en dos grandes apartados:
En cuanto a su génesis el esclavismo colonial no derivó, como el clásico de un largo proceso de evolución social, que llegó a estructurar sociedades basadas en el trabajo de cautivos sometidos a servidumbre, los cuales muchas veces procedían de otras sociedades similares a las de los amos, y aún de sus mismas sociedades o ciudades, por estipulaciones de tipo jurídico-político, las de casos de deudas. El surgimiento del esclavismo colonial en América ocurre en momentos de acumulación capitalista para financiar el impetuoso surgimiento del industrialismo.
El esclavismo colonial se estructura como una organización rápida y violentamente montada con funciones muy precisas: las de producir en gran escala y de la manera más barata posible los alimentos y materias primas requeridos por las metrópolis. No es el caso de un proceso evolutivo autónomo de la América aborigen o del África.
De esta manera la esclavitud se perfila como un elemento al que recurrió el capitalismo para su ampliación, que se dio indisolublemente ligada a la colonización de nuevos territorios y a las exportaciones en éstos, siendo el sistema de la plantación su modalidad más aparente. Insertada en este conjunto la esclavitud fue un elemento dependiente y dinámico a la vez, que generó contradicciones en los diversos momentos de su existencia y estuvo frecuentemente determinada por factores externos y coyunturas de orden internacional. En este sentido, lo que más nos interesa es el papel que tuvo la esclavitud en la formación del capital industrial, lo cual parece estar más o menos claro, así como el papel que cumplió el capitalismo industrial en la posterior destrucción del sistema esclavista.
El carácter dependiente de las formaciones coloniales, deformadas por naturaleza, porque fueron creadas en función de Europa como anexos complementarios, hicieron que las estructuras coloniales sufrieran pesadamente las consecuencias de los cambios en las exigencias del mercado internacional sin tener la flexibilidad para adaptarse rápidamente a las nuevas situaciones. Cambios corno estos fueron transformando rápidamente el panorama de las colonias dejando en ocasiones márgenes excedentes de esclavos inactivos que se convertían en lastre económico o esclavitud improductiva, a decir de Mellafe, y estas ocasiones se fueron haciendo cada vez más frecuentes en la medida en que avanzaba el S. XVIII y se aproximaba el S XIX. Representaban transformaciones fundamentales en los sistemas productivos que sometían a la esclavitud a una crisis de la que ya no saldría jamás. La variabilidad de las fechas en las que se presentan estos fenómenos para las diversas partes del continente, representó las diferencias que la colonización había tenido en las distintas regiones dominadas.
Las regiones que más tempranamente respondieron a esa crisis de la esclavitud, cuyas sociedades pronto se orientaron hacia relaciones más libres de trabajo, fueron precisamente las regiones en donde se dieron condiciones previas de una abundante población mestiza de reemplazo de fuerza de trabajo, que también habían logrado un mejor aprovechamiento de los medios de producción, y por su relación con la metrópoli vivían continuamente abastecidas de las técnicas e instrumentos de producción más recientes.
En otras regiones de monocultivos tropicales, absolutamente dependientes del mercado exterior, en las que la esclavitud y la plantación habían sido el pivote de la economía y el conjunto de la sociedad, el esclavismo no decayó sino hasta que se vio ahogado por falta de aprovisionamiento de africanos, que no se podía dar por las presiones políticas de las potencias interesadas en acabar con la trata negrera, especialmente Inglaterra, y no porque en la estructura interna de estas regiones no cupiera una mayor prolongación del esclavismo, ya que carecían de las condiciones necesarias al desarrollo del
trabajo asalariado, y tuvieron que buscar una solución alternativa a sus problemas de abastecimiento de fuerza de trabajo mediante formas de tipo intermedio, anomalías desde el punto de vista capitalista, que representaron una más o menos prolongada sustitución de Ia esclavitud hacia relaciones capitalistas en su forma más acabada.
Esta transición tomó en esas regiones formas variadas de sustitución de la esclavitud que Mellafe describe en sus dos grupos más importantes:
1. Retención o reconversión de esclavos ya libertos, y 2. Conversión disfrazada de hombres libres en esclavos.
Esta segunda forma es la que más nos interesa, fue la utilización de hombres a quienes los mercados locales de trabajadores no consideraban como esclavos, pero que a pesar de su situación legal de asalariados, de hecho su situación dentro del circuito productivo era de esclavos disfrazados.
Presento aquí un primer material de campo obtenido en una práctica preliminar en las costas de los estados de Campeche y Yucatán como punto de partida en la investigación de la presencia africana en el sureste mexicano.
Se trata de varias oleadas de inmigración jamaiquina ligadas a los cambios que mostraron las exigencias del mercado internacional de materias primas.
Una primera época la pudimos establecer para el periodo de explotación cañera y algodonera para la exportación, que se inició en el S. XVIII y logró su auge y posterior decadencia a lo largo de la primera mitad del S. XIX.
Una segunda época fue la de producción de Palo de Tinte, que se venía dando también desde el S. XVIII pero que se fortalece en la segunda mitad del S. XIX y primeros años del presente, hasta el descubrimiento de las anilinas y otros colorantes sintéticos. La producción era principalmente para los mercados de Francia, países bajos y Alemania, en especial para su industria textil, y constituyó una actividad que vertebró toda la economía de esa región del sureste. Implicó también una inmigración de europeos, no muy amplia pero sí significativa, que vinieron a controlar el comercio de exportación al servicio directo de las compradoras. Al tiempo del auge en la extracción del Palo de Tinte se dio la industria chiclera, que alcanzó su mayor producción en los años 1924 -1925 controlada por norteamericanos para su mercado. En esta época se liberalizan un poco las relaciones de producción, aunque se sigue dependiendo del enganchamiento y contratación de negros jamaiquinos.
Se puede establecer una tercera y última época con la exportación henequenera durante el porfiriato, que presentó muchas veces trabajo obligatorio y gratuito de prisioneros compulsivamente traídos de diversas regiones del país. Esta producción del henequén ha tenido un desarrollo más complejo en el que se observa un grado mayor de madurez en la transición hacia las relaciones salariales en la que los inmigrantes chinos y coreanos jugaron también un papel importante, hasta que llega el gran estímulo a esta industria con la segunda guerra mundial y la gran demanda europea de fibra, lo cual impulsa a esta producción hacia su fase final de desarrollo capitalista que se puede trazar hasta la actualidad.
Los descendientes jamaiquinos de la antigua población esclava fueron en la industria maderera una clara transición hacia relaciones sociales de producción del más típico perfil capitalista. Estos negros fueron conocidos como "cosgayos" por haber sido inicialmente traídos por una casa fundada por un Juan Santos Cosgaya. En un principio se les acantonaba en una especie de barracón alambrado y resguardado, en el centro del pueblo de Champotón, Campeche, luego surgieron otros centros de acantonamiento en fincas
aledañas como Yoaltun, Ulumal y San Pablo, que para los primeros años de este siglo retenían cada una, aproximadamente quinientos de estos trabajadores. El mecanismo de contratación parece haber sido mediante enganchadores que arreglaban con los propietarios de las plantaciones o las concesiones, sus necesidades de fuerza de trabajo para traerles contingentes de negros que venían bajo contrato, en el que además de ofrecerles un salario y restringirlos geográficamente se les garantizaba el retorno a la isla al cabo del contrato. Otra característica de este sistema fue la del pago del mencionado salario en moneda que no valía sino dentro de los límites de la finca.
Posteriormente, durante la explotación chiclera, se siguió conservando el compromiso de retornarlos, pero no se restringía ya formalmente el consumo, aunque ninguna mercancía podía competir con las que los norteamericanos traían para sus trabajadores, esto fue incluso uno de los puntos de conflicto con los concesionarios mexicanos que no lograban recuperar con la venta de provisión parte del salario que pagaban a los trabajadores. Estos nacionales después de la revolución de 1910 lograron un importante cambio más en el sistema al excluir de la participación directa en la producción chiclera a los norteamericanos, quienes quedaron así limitados a su calidad de compradores. A partir de esto se multiplicaron los pequeños productores dependientes mediatos de las empresas norteamericanas.
Además de la movilización de los colonos descendientes de la antigua población esclava, otras formas sustitutivas de la esclavitud fueron: las levas forzadas de hombres libres en condiciones de prisioneros, confinados a regiones agrícolas que enfrentaban este periodo transicional. Esta modalidad de trabajo forzado ha sido frecuentemente descrita en las historias de México, que se ocupan con relativa extensión del porfiriato, pero vista en su dimensión política como uno de los elementos que manifestaban el avanzado grado de descomposición del sistema jurídico-político del estado porfirista, que condujo luego a su caída. Está por explorar aún la importancia y peso específico de este trabajo forzado, como relaciones anómalas en el desarrollo del capitalismo mexicano.
En el caso de los inmigrantes orientales como hindúes, coreanos y chinos, fueron estos últimos los que representaron la alternativa más eficaz. Además de la importancia numérica que adquirieron estos trabajadores chinos, el fenómeno tuvo especial importancia porque representó para América el tipo de fuerza de trabajo que manifestó una de las mayores posibilidades de conducir de los últimos sistemas esclavistas a las relaciones libremente asalariadas que se opusieron en la medida en que se internó el S. XX.
Creemos que el proceso de disolución de las relaciones esclavistas confirma el carácter capitalista de la esclavitud en América. La esclavitud, así como sirvió de recurso de acumulación capitalista en otro momento del desarrollo del capitalismo mundial fue más bien freno del que hubo que deshacerse, y esta dependencia del sistema esclavista hacia el MP capitalista del que provenía, para el cual producía y por el cual fue finalmente eliminado del panorama, nos evidencia que por su razón de ser y funcionamiento global, la esclavitud en América tuvo una indiscutible naturaleza capitalista.