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CAPÍTULO SEGUNDO EL MARCO TEÓRICO

4.2 E L PAPEL DE LA MUJER EN LAS MIGRACIONES CONTEMPORÁNEAS

Uno de los debates que más repercusión ha tenido dentro de la perspectiva transnacional es el que se refiere al papel de la mujer en las migraciones contemporáneas, la denominada “feminización de las migraciones”, así como el énfasis que se pone en las cuestiones de género en estos análisis.

En algunos contextos, especialmente en América Latina, el aumento que se ha producido en el número de mujeres migrantes ha hecho que se hable en ocasiones de una feminización de las migraciones. Sin embargo, el peso numérico que tienen las mujeres dentro de las migraciones debe ser relativizado dado que como muestra Zlotnik (2003), el crecimiento porcentual del número de mujeres migrantes ha sido bastante bajo, puesto que las mujeres han pasado de representar el 46,6% del total de migrantes internacionales a nivel mundial en 1960 a representar el 48,8% en el año 2000, aunque existen casos como el de América Latina donde el crecimiento porcentual ha sido mayor pasando de representar del 44,7% de las migraciones internacionales en 1960 al 50,5% en el año 2000.

Con ello, más que hablar de una feminización de la migración se debe hablar de una feminización del discurso migratorio, dado que lo que más ha cambiado ha sido la forma de representar a la mujer en el marco del análisis de los movimientos migratorios, en buena medida como consecuencia del cambio que la mujer ha tenido dentro de los procesos migratorios (Oso, 2007). Como señala Gregorio, la literatura sobre migraciones tradicionalmente ha presentado el eventual desplazamiento de la migración femenina como parte de la reagrupación realizada por el varón (Gregorio, 1998). Un rol, que no se ajusta a la situación actual donde cada vez hay más investigaciones que resaltan el papel de las mujeres migrantes no sólo en su rol de esposas “dependientes” de sus maridos (García y Paiewonsky, 2006), sino como migrantes autónomas con proyectos

migratorios independientes en el que ellas aparecen como proveedoras económicas y cabezas del hogar (Ramírez , García y Míguez, 2005).

A su vez, esta cuestión se relaciona con la nueva división internacional del trabajo reproductivo que se produce en el contexto de globalización, donde la migración laboral de mujeres para asumir tareas de reproducción social en los países de destino ha dado lugar al surgimiento de las denominadas “cadenas globales de cuidado” (care drains) (Ehrenreich y Horschfild, 2003), expresión con la que se hace mención a las transferencias en torno a los cuidados que se da entre el sur y el norte a partir de la crisis de reproducción y los procesos de mercantilización de los mismos. Así, la formación de estas cadenas se ve favorecida por el ensanchamiento de las brechas económicas y sociales en los países pobres y la crisis del esquema reproductivo establecido en los países desarrollados, como consecuencia del envejecimiento de la población, la incorporación de las mujeres al mercado laboral y la carencia de servicios públicos para el cuidado de personas dependientes (García y Paiewonsky, 2006). Un enfoque el del care drain, que es criticado por Wagner (2008) al señalar esta autora que dicho enfoque argumenta desde el sufrimiento de los hijos e hijas de madres transnacionales, y no tiene en cuenta la pluralidad de formas familiares existentes con las que los migrantes y sus familiares pueden cubrir sus necesidades de cuidado.

Por otro lado, la centralidad del género como variable clave para entender todo el proceso migratorio ha sido puesta en relevancia por algunas autoras. Sassen (1998, 2004) presenta la feminización de la migración como una consecuencia de las ciudades globales de contar con mano de obra a bajo costo en algunas actividades relacionadas con la reproducción social y los cuidados mientras que otras autoras han relacionado la migración de mano de obra femenina con factores como el mercado, el Estado y la reproducción social en la globalización (Herrera y Carrillo, 2005). Por su parte, dentro del énfasis que el género juega como variable configuradora de los procesos migratorios, autoras como Hondagneu- Sotelo (1997), Pedone (2004) o Herrera (2005a) han destacado el papel central y vertebrador que tienen las mujeres dentro de las redes migratorias, mientras que Ramírez, García y Míguez (2005) señalan el papel que el género juega en aspectos como las formas de asentamiento en el país receptor o las relaciones mantenidas con las personas en el país de origen.

No obstante, son muchas las cuestiones que todavía quedan por abordar dentro de los estudios sobre las prácticas transnacionales y la perspectiva de género. Como señala Oso (2007), la mayor parte de los trabajos que se han interesado por esta cuestión han abordado aspectos como la maternidad, las transformaciones en el seno del hogar u otros aspectos relacionados con la reproducción social, siendo mucho más escasos los trabajos que han abordado aspectos relacionados con la producción. De este modo, la literatura sobre género y migración en muchas ocasiones ha seguido enclaustrando a las mujeres en el rol reproductivo, poniendo escasamente de manifiesto su contribución en la esfera productiva y en el ámbito económico. Todo ello sería el resultado de un viejo problema existente en la literatura sobre género y migraciones, en el que “en lugar de estudiar tanto a los hombres, como a las mujeres, y llevar a cabo un análisis de género”, a menudo se siguen “enfocando los trabajos desde una perspectiva un tanto “miope”, como una cuestión “entre mujeres” o “entre inmigrantes” (Oso, 2007:18).

Así, es evidente que se han realizado muchos menos trabajos que se fijen en el ámbito productivo y que profundice desde una perspectiva de género en las diferencias que se pueden producir en cuestiones como las diferentes pautas de envío de dinero entre hombres y mujeres, o en la existencia de estrategias productivas distintas y su articulación respecto a las estrategias reproductivas en función del género.