Capítulo II Marco teórico
2.2 Bases teóricas
2.2.2 Conciencia ambiental
2.2.2.3 La actitud ambiental
De acuerdo con Corral–Verdugo (1997) no existe una diferencia entre los conceptos de “actitudes” y “motivos”, aunque muchos investigadores las manejan como constructos independientes. Según el autor, las disposiciones reflejan indicaciones a responder favorable o desfavorablemente, a acercarse o alejarse, o preferir o rechazar un objeto o situación. Por otro lado, se reconoce que tanto las actitudes como los motivos
tienen fuente racionales (las lecciones) como irracionales (las preferencias) del proceso de toma de decisiones. Esto significa que algunas veces empleamos elementos de análisis, síntesis, discriminación como razones para decidir, mientras que otras veces actuamos guiados por elementos holísticos de la situación o por la emoción, como guías
“irracionales” del proceso de toma de decisiones. Lo anterior indicaría entonces que no existe una diferencia visible entre actitudes y motivos. En todo caso, si existiese una diferencia, las actitudes serían una variable latente construida por los psicólogos para “describir y explicar los motivos de los individuos, especialmente aquellos que comprenden su vida social” (Corral–Verdugo, 1997).
Las actitudes ambientales constituyen los juicios, sentimientos y pautas de reacción favorables o desfavorables que un sujeto manifiesta hacia un hábitat o ambiente
determinado y que condicionan sus comportamientos dirigidos a la conservación o degradación del ambiente en cualquiera de sus manifestaciones. Los objetivos de la educación ambiental tienen su origen en la Carta de Belgrado, donde fueron resumidos en seis puntos, entre los que se cuenta las actitudes, referidas a ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir valores sociales y un profundo interés por el medio ambiente, que los impulse a participar activamente en su protección y mejoramiento (González, l996).
Entre los diferentes estudios sobre las actitudes ambientales se tiene la de Weigel y Weigel (1978) quienes plantearon la preocupación ambiental como aquella que examina las actitudes hacia temas ambientales específicos como la protección de especies y recursos naturales, la contaminación industrial y la asociada a la energía, el transporte, la producción y el uso de productos de consumo. ISSP (1993), elaboró una encuesta de actitudes hacia el medio ambiente y hacia aspectos concretos como el efecto invernadero, los pesticidas o los residuos urbanos, con objeto de medir la preocupación ambiental en
veinte países y obtener un índice de preocupación global. Estudios recientes sugieren que la actitud ambiental debe medirse en relación con temas específicos que optimicen la predicción de comportamientos particulares (González y Amérigo, 1999).
Moreno, Corraliza y Ruiz (2005) han elaborado una escala multidimensional y específica que atiende tanto a la diversidad de los problemas representativos de la crisis ambiental como a las dimensiones personales y contextuales más relevantes de la actitud hacia el ambiente. Consideran que el reto más importante para la protección ambiental y la gran paradoja de la crisis ecológica está siendo la coexistencia de un alto grado de
preocupación junto con la aparente incapacidad para el necesario cambio social. Además, afirman que se ha confirmado una actitud pro ambiental demostrando la importancia que el individuo concede al ámbito social en la formación de su propia conciencia ecológica, y que se detecta que a pesar de reconocer la gravedad de los problemas ambientales y sentir una cierta obligación moral hacia ellos, las personas opinan que no es fácil actuar en favor del ambiente y que los demás actúan menos pro ambientalmente que uno mismo.
Las actitudes de los educandos del nivel primario para el manejo de residuos sólidos es la disposición de los alumnos a través de una permanente preocupación por el cuidado del medio ambiente, por la reducción de la basura, respeto por su cuerpo, por los demás y por el medio ambiente donde vive, que se manifieste a través del manejo
adecuado de los residuos sólidos. Por su parte, Alcántara (1998, p. 76) plantea que el cambio de actitudes del educando depende del grado de conocimientos que recibe e internaliza durante su formación escolar, las actitudes se forman paralelamente al conocimiento y experiencia que se requiere.
En el Seminario Internacional de Educación Ambiental del nuevo siglo en la Universidad de Lima, sobre la educación ambiental en las Escuelas de Alemania, Strobl (2000) dijo que el tema del medio ambiente en Alemania surge de un movimiento político
de protesta crítica, y que los inicios de la educación ambiental surgieron por iniciativas de abajo y no de arriba. Las autoridades educacionales comenzaron a tratar temas
ambientales en sus clases, en los planes de estudio escolares desde 1980, la educación ecológica o ambiental es una tarea general y obligatoria en el plan de estudios de todas las asignaturas relevantes en las escuelas. Los ministros alemanes de enseñanza primaria y secundaria describen, entre los objetivos, como tarea de la escuela, crear la conciencia de los problemas ecológicos en los niños y jóvenes, fomentar la disposición para un trato responsable del medio ambiente y educar para inducir a un comportamiento consciente que sea efectivo más allá del periodo escolar.
Según Riolo (2003) la educación en los valores en el campo ambiental debe promover un cambio fundamental en las actitudes y en el mejoramiento individual y grupal, que permita adoptar formas de vida sostenibles para mejorar las relaciones entre los seres humanos y las de éstos con la naturaleza. Es importante para la educación ambiental resaltar algunos valores, entre los que se anota: tolerancia, solidaridad, responsabilidad, respeto, equidad, justicia, participación, paz y seguridad, honestidad, conservación, precaución y amor.
Nuestra realidad social muestra con frecuencia una crisis de valores, crisis moral cuya responsabilidad se adjudica muchas veces a la escuela. Problemas actuales como la salud, la no satisfacción de necesidades básicas para un número cada vez mayor de personas y el deterioro ambiental, parecen estar relacionados directamente con la educación “la institución debe responsabilizarse de estos fracasos” es el discurso más generalizado. El creciente deterioro ambiental expone situaciones en las que los valores universalmente reconocidos se ven infringidos en forma constante. La pobreza, por poner un caso, fruto del desequilibrio, viola tanto la igualdad como la libertad y compromete seriamente la calidad de vida de los hombres.
Los objetivos de la educación ambiental postulan el conocimiento de la dinámica que encarna el ambiente y pretenden mantener una fuerte actuación de los individuos a través de la adquisición de conductas responsables, éticas y comprometidas con la conservación, la preservación y la protección de los recursos. Una educación ambiental exige la presencia y tratamiento de contenidos que permitan una nueva conducta de los ciudadanos respecto a la problemática ambiental. Una educación ambiental exige un cambio de actitud respecto al entorno, por lo que es necesario tener un acercamiento y contacto para aprender en y de él.