Capítulo II Marco teórico
2.2 Bases teóricas
2.2.1 Las Tecnologías de Información y Comunicación en Manejo responsable del agua
2.2.1.3 Programas para la educación ambiental
Los programas para desarrollar la educación ambiental, son un conjunto de actividades pedagógicas que tiene por objeto desarrollar aprendizajes y formación de actitudes que permiten capacitar al individuo para participar activa y responsablemente en su medio natural y social. Como indicó Subijana (1999):
Un aspecto fundamental de un Programa es su dimensión estratégica, pues no sólo ha de manifestar las intenciones que lo mueven sino que ha de establecer, de forma sistemática, las vías a través de las cuales pretende conseguir sus finalidades en el contexto para el que está diseñado. Esta implicación en el contexto requiere considerar a éste no sólo como un “medio para el aprendizaje” sino también como un “ámbito de vida”, por lo que ha de salir al paso de las necesidades reales y los retos que esa comunidad educativa tiene planteados.
El Programa, para que sea viable, ha de ser coherente con los planteamientos recogidos en el Proyecto Educativo Institucional, tanto en lo relativo al análisis del contexto como a las metas que se proponen y a los aspectos organizativos y de funcionamiento. Además, el Programa es un sistema que puede estar constituido por varios Proyectos que funcionan como subsistemas, por lo que éstos han de cumplir las condiciones mínimas de coherencia (cohesión entre los objetivos, contenidos y actividades, congruencia entre los métodos utilizados, adecuación al nivel del alumnado, etc.) que el Programa como tal requiere.
Así, el Programa cumplirá una función organizativa, favoreciendo la
planificación educativa, mientras que los Proyectos funcionarán como concreciones del Proyecto Curricular referidas a temas específicos (problemas o centros de interés ambientales: pérdida de biodiversidad, energía, residuos, agua, desarrollo, etc.), presentándose frecuentemente como unidades didácticas a desarrollar en determinados cursos. En el desarrollo de los Programas puede intervenir toda la
comunidad educativa, aunque lo más frecuente es que sea el trabajo de un grupo docente de una etapa o ciclo concreto, y pueden requerir la colaboración de agentes externos (asesores o asesoras, agentes sociales diversos, etc.). De cualquier forma, los diseños de los Programas han de contemplarse como hipótesis de trabajo que guiarán la acción educativa, siendo susceptibles de cuantos ajustes y cambios requiera el proceso de su desarrollo (pp. 44-45).
Asimismo, Martínez (1999) indicó que los problemas ambientales ya no aparecen como independientes unos de otros, sino que constituyen elementos que se relacionan entre sí configurando una realidad diferente a la simple acumulación de todos ellos. Por ello, hoy en día podemos hablar de algo más que de simples problemas ambientales, nos enfrentamos a una auténtica crisis ambiental y la gravedad de la crisis se manifiesta en su carácter global.
Esto implica la necesidad de desarrollar Planes de acción de conciencia ambiental en la que tenga una buena planificación con acciones ambientalistas comprometidas en la gestión que realizan. Es por ello que concebimos al programa como un instrumento secuencial de acciones y actividades educativas que nos permite, estar en contacto con los/as estudiantes, en donde ellos participen activamente, orientándolos a desarrollar su conciencia ambiental como parte de su proceso formativo y educativo. Mediante la
aplicación del programa, se busca que los sujetos y los agentes de la educación manejen en su vida diaria conceptos adecuados de Conciencia Ambiental y que las pongan en
práctica reflejadas en las actitudes y normas de comportamiento ambientalistas sin perder esa motivación ambiental permanente. La finalidad de programa es contribuir a la
solución de la problemática institucional y local, en donde los/as estudiantes adquieran una verdadera conciencia ambiental, que posibiliten estilos de vida saludable en la escuela y en su comunidad mediante la sensibilización y participación activa.
Como anotó Martínez (1999) las soluciones no pueden ser solamente tecnológicas, el desafío ambiental supone un reto a los valores de la sociedad contemporánea ya que esos valores, que sustentan las decisiones humanas, están en la raíz de la crisis ambiental. En este contexto, nuestro programa para desarrollar la conciencia ambiental tiene un importante papel que jugar a la hora de afrontar este desafío, promoviendo un “aprendizaje innovador” caracterizado por la anticipación y la participación que permita no sólo
comprender, sino también implicarse en aquello que queremos entender. Otero (2001) afirmó que el medio ambiente, es en realidad un sistema complejo y dinámico, compuesto por un subsistema natural y un subsistema humano que se interrelacionan en forma constante:
El Subsistema natural de una región consta de tres estructuras: el medio físico; el medio biológico; el medio perceptual.
El medio “físico” o inerte se compone de tres factores que se enlazan: el sustrato geológico (suelo), la atmósfera (aire) y los recursos hídricos (agua).
El “biológico” incluye todos los organismos del lugar: las plantas, los animales y los microorganismos que viven dentro de una zona definida. El funcionamiento de ellos en un ecosistema integra lo biológico con lo inerte.
El medio “perceptual” está identificado por lo paisajístico. Está, por tanto, constituido por componentes geográficos, geológicos, biológicos, físicos y químicos.
El subsistema humano se refiere al ambiente construido por el ser humano, a través de sus diversas actividades. Tiene dos componentes:
1) El medio “social”, que incluye a los factores territoriales, infraestructura y humano.
2) El medio “económico”, que abarca las características de la población y de la economía. Está estructurado a partir de unidades sociales tales como:
familia, clase, tribus, comunidades, sociedad civil, naciones, etc., las cuales mediante su acción a través de la ciencia, la tecnología, la industria, la cultura, el arte, la religión, la política, la moral, la economía, el comercio, etc., han configurado un subsistema complejo, de un sinnúmero de interacciones como consecuencia de su funcionalidad.
El hombre interactúa con su ambiente natural y lo convierte en un hábitat ordenado, cambiando el entorno de acuerdo con sus necesidades. Se caracteriza por las
interacciones “sociales y culturales” del hombre (producción, comercio, gobierno, política, etc.) y por las “tecnoestructurales”, también creados por él (carreteras, puentes, ciudades, edificios, obras de ingeniería, instrumentos, materiales, fabricas, transportes, terrenos cultivados, etc.) (p. 27).