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1. MARCO TEÓRICO

1.7 La adolescencia y el apego

La adolescencia es una etapa de transición entre la niñez y la adultez que se ha construido culturalmente y que por lo tanto a diferencia de la pubertad no se puede considerar inmutable dadas las diferencias culturales (Arnett, 2000). A lo largo de las últimas décadas se ha venido produciendo un adelanto gradual en la edad de inicio de la pubertad, de tal forma que algunos de los primeros cambios físicos pueden comienzar a edades tan tempranas como los 8 años. Las mejores condiciones de vida, pero también la influencia de ciertos agentes contaminantes sobre el sistema endocrino pueden tener la responsabilidad de este adelanto (Oliva, 2011). Sin embargo el periodo comprendido entre los 18 y los 25 años, que tradicionalmente suponía la adquisición de responsabilidades y roles que marcaban el inicio de la adultez, se ha transformado en una etapa de prolongación de la adolescencia que Arnett (2000) ha denominado “adultez emergente”.

Uno de los principales debates teóricos en el campo de la psicología evolutiva es el referido a la consideración de la adolescencia, bien como un periodo de frecuentes conflictos familiares y de intensos problemas emocionales y conductuales, bien como una transición evolutiva tranquila y sin especiales dificultades (Sánchez-Queija y Oliva, 2003). El punto de coincidencia entre todos los investigadores es que en esta etapa se producen sustanciales transformaciones en la personalidad, al mismo tiempo que se define una identidad sexual y personal independiente de los padres y se elabora un proyecto de vida.

En esta etapa la búsqueda de la autonomía es de crucial importancia, esto hace que las relaciones afectivas con familiares y pares cobren nuevos significados. Así la adolescencia será una etapa de transición de las dependencias de las relaciones parentales a las de los iguales (Berlin y Cassidy, 1999). El adolescente progresivamente da mayor importancia a la relación con los iguales y modifica la relación con sus padres. El apego por tanto parece tener un papel muy importante en la capacidad de los adolescentes para afrontar los cambios en su propio desarrollo y en otros posibles desafíos relacionados con adquirir una mayor autonomía de sus figuras de apego primarias (Brown y Wright, 2001).

El estilo de apego seguro en la adolescencia, se ha relacionado con la capacidad de mantener referencias, mientras se negocia la autonomía con las figuras de apego, y con el desarrollo de estrategias para regular las emociones asociadas a este proceso. Así el adolescente exploraría la independencia cognitiva y la emocional, a través de la adquisición de autonomía en el pensamiento, dentro de una fuerte relación con los padres, que actúan como base segura. La base segura padre-adolescente parece mostrarse en el respeto mutuo en los desacuerdos, las des-idealización del padre, la sensibilidad y el apoyo parental (Allen et al., 2003)

En la literatura se encuentran diferentes versiones de lo que sucede al final de esta etapa. Muchos estudios indican que existe un debilitamiento en las relaciones con los iguales en la medida que abandonan la adolescencia, simultáneamente, ganan confianza en sí mismo y se implican en relaciones de pareja (McElhaney, Allen, Stephenson y Hare, 2009). Otros estudios, sin embargo, indican que existe un fortalecimiento de las relaciones debido a un aumento de la competencia social (Rubin, Coplan, Nelson y Lagace-Seguin,

1999). Estas discrepancias pueden ser debidas a que dichos estudios han prestado atención a diferentes aspectos o facetas de la relación con los iguales.

Según Gallego, Delgado y Sanchez-Queija (2011) el aumento del apego entre iguales está asociado al paso del tiempo. Aquellos adolescentes que recordaban un alto afecto parental obtuvieron puntuaciones superiores en apego con iguales, apoyando la continuidad entre relaciones afectivas en estos momentos temporales. Estos autores también señalan que la influencia materna en las relaciones con iguales resultó ser superior a la paterna.

En otro estudio realizado con el IPPA (Baiocco, Laghi y Paola, 2009) se realizaron clasificaciones en 4 grupos en función de la calidad del apego a padres y amigos: 1) elevado para ambos 2) bajo en ambos 3) elevado en padres y bajo para amigos 4) elevado en amigos y bajo para padres. Se encontró que el grupo 1 y 3 eran los más optimistas y se mostraron más satisfechos con su vida. Además el grupo 1 y 4 expresaron mayores niveles de regulación y autoeficacia.

En cuanto al género y a la edad se han observado diferencias aunque no se ha llegado a un consenso. Respecto a la edad algunos autores no han observado diferencias significativas (Seiffe-Krenke, 2006). Sin embargo otros autores (Carreras, Brizzio, González, Mele y Gasullo, 2008) indican que existen diferencias entre los adolescentes más jóvenes (12-14 años) y los de edades comprendidas entre 18 y 20 años, siendo los más jóvenes los que presentan mayores indicadores de ansiedad en el estilo de apego a pares como en relaciones de mayor intimidad. Pace, San Martín y Zavattini (2011) refieren que son los adolescentes de 16 años los que muestran menos seguridad del apego a los padres frente al resto de edades.

En cuanto al género se ha observado que no está relacionado con la clasificación global del apego (Allen, 1999). Así en los chicos predominaba el apego resistente y en las chicas el autónomo o preocupado y ansioso o temeroso evitativo. En relación también con esta variable, Peace et al. (2011) indican que los varones tienen puntuaciones más bajas en la escala alienación del IPPA-padres frente a las chicas. Sin embargo las chicas obtienen mayores puntuaciones en seguridad, confianza y comunicación en el IPPA-pares frente a los varones.

Dentro de las principales conclusiones de un meta-análisis recientemente publicado sobre apego a los pares, Gorresse y Rugieri (2012), destacan que el apego a los padres se correlaciona moderadamente con el apego a los pares. Se encontró que las mujeres se encontraban significativamente más unidas a sus compañeros y que la correlación entre la edad y el apego a los pares no fue significativa.

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