Sergio Galarza nace el 3 de agosto de 1976. En ese mismo instante, el exministro madrileño laborista, Harold Wilson, sale en The Times (ctd en Cruz) vociferando su preocupación por el comunismo en el Mediterráneo y lo contagiosa que podría llegar a ser esa enfermedad. “La creciente importancia electoral de los comunistas en Francia e Italia presenta el peligro de convertirse en un fenómeno mediterráneo, que afectaría, entre otros países a España” (Cruz,
“Wilson, preocupado por el comunismo en el Mediterráneo”). Sin haber leído nunca a Marx,
Wilson se opone al comunismo por lo que cree que significa; es el rechazo del otro porque simplemente no es como yo, sin importar si esta individualidad aportaría o no a la construcción de la sociedad. Es en esa visión egoísta del mundo en la que nace Galarza, la cual se reflejará en la ciudad sucia y llena de personas-islas, que tratan de interconectarse a través de su propia reificación, en Paseador de Perros. Pero de eso hablaremos más adelante.
35 Para ese año, en Argentina se arrojaban cuerpos a las vías del tren como si fueran migajas de pan, y en Perú, Morales entregaba en la frontera a trece marchantes para ser ajusticiados. No había dado sus primeros pasos y el mundo ya le olía a podrido.
Temprano en la mañana de ayer, los residentes de la localidad de Fátima, Pilar, provincia de Buenos Aires, escucharon una violenta explosión. Inmediatamente después, trabajadores de una fábrica de ladrillos descubrieron los cuerpos desmembrados de unas 30 personas cerca de unas vías de tren. A las tres de la tarde, el Ministerio del Interior lanzó un comunicado de prensa en donde decía que se trataba de treinta cuerpos. Según los testigos, los cuerpos de las víctimas- que se encontraban en un estado casi irreconocible- correspondían en su mayoría a gente joven, muerta por herida de bala, muchos de los cuales tenían sus manos atadas en la espalda. Esa madrugada, los vecinos de la zona dijeron haber escuchado disparos seguidos de una explosión... Otras personas del lugar dijeron que el jueves por la noche observaron la presencia de dos camiones azules con patentes de la Capital Federal, dando vueltas por la zona.... Según fuentes no confirmadas, los autores de la masacre dejaron un cartel sobre los cuerpos que decía que estas personas habían sido asesinadas por ser «extremistas». (“Manual de Investigación Forense”)
La época de las dictaduras en Latinoamérica fue la más brutal y despiadada. Tan sólo entre 1976 y 1983 la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina tiene registrados más de trece mil desaparecidos, fuera porque no se encontraran sus cuerpos o porque no había modo de reconocerlos en su momento. La Masacre de Fátima tendría como antecedente la Masacre de Las Palomitas (Julio de 1976), y como consiguiente la Masacre de Margarita Belén en diciembre del mismo año. El Perú también viviría el derramamiento de sangre inocente once años después en la Masacre de Accomarca, donde el Ejército del Perú asesinó a sesenta y nueve campesinos (entre
36 ellos treinta niños y veintisiete mujeres) bajo la excusa de atacar a una cuadrilla del Sendero Luminoso (CVR, 65). El horror, la muerte, la desolación, la frialdad, y el desinterés por el otro son los anti-valores que como leitmotiv alimentan la idea de nación de Galarza. Esa violencia en América Latina que el autor vivencia, desata una crisis de valores, donde la normatividad moral y legal ha perdido toda vigencia. Se desvirtúan todos los parámetros que mantiene a la sociedad en convivencia, incluyendo las instituciones básicas como son: la familia, la escuela, los partidos, los sindicatos y la ley (la policía). La juventud está por su cuenta para revelarse contra sí misma (RPP Noticias, “Telmo Hurtado fue trasladado a Sala Penal Nacional por caso
Accomarca”).
Con este panorama, la UNESCO, la ONU y todas las organizaciones de defensa de los derechos del hombre, del niño y de la mujer presionaron constantemente a Morales-Bermúdez, quien sin más salida, para mediados de 1978, instala la Asamblea Nacional Constituyente. El 12 de Julio de 1979 se promulgó la Constitución, y en 1980 los peruanos salieron a las urnas. Ello no significaría el fin de la violencia, como pudimos leer en la Masacre de Accomarca; sería el fortalecimiento de los grupos revolucionarios al margen de la ley, paramilitares y pandillas.
Debido a los gobiernos opresores de la Dictadura Militar, nace entonces la contrapropuesta al margen de la ley liderada por un par de estudiosos que compartieron experiencias académicas en países caracterizados por una política izquierdista. Abimael Guzmán, quien recorre la República Popular China, y Victor Polay Campos, quien se gradúa en Francia en estudios Económicos, le darían vida a los movimientos guerrilleros que sacudirán a Perú hasta las entrañas. El Sendero Luminoso (Guzmán) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amarú (Polay) hacen su aparición en Lima para principios de los ochenta en pleno inicio de la democracia. En ausencia de referentes sociales positivos, los grupos revolucionarios se convierten en modelos a seguir, en los
37 héroes de quienes vivieron la confrontación con el gobierno militar. Se apoderan entonces de símbolos sociales de significancia colectiva para apoyar esa imagen; por ejemplo, el Sendero Luminoso toma como fondo insignia la bandera de China y todo lo que ella encierra, y el Movimiento Tupác Amaru en su bandera muestra el rostro del indígena revolucionario peruano del siglo XVIII, Tupác Amaru II, flanqueado por dos armas de guerra. A un lado la porra inca símbolo de la lucha indígena contra el Imperio Español y al otro, el fusil que simboliza la actual lucha contra la opresión.
38 Símbolo del Movimiento Revolucionario Tupác Amaru
El regreso a la democracia vino así acompañado del accionar de los ejércitos al margen de la ley. Vivía Perú una aguda crisis económica, política y social. A pesar de haber dado fin a la dictadura, el conflicto armado se agudizó entre 1980 y el año 2000. Según el Informe de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, el enfrentamiento entre los de izquierda, los de derecha y el pueblo dejaron 70.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos (CVR, 155). Recordemos la Masacre de Accomarca, Ayacucho. Como es evidente, la mayoría de los afectados pertenecían a las zonas deprimidas y rurales del Perú, analfabetas, marginados de los procesos de modernización y excluidos de un Estado nacional que no había sido capaz de integrarlos al tejido social.
Las comunidades indígenas y campesinas de la sierra y la selva se vieron reducidas por la muerte y los desplazamientos masivos que los obligaban a formar parte de los cordones de pobreza en las urbes: Trujillo, Lima, Arequipa, Ayacucho e Iquitos. Se estima que el quechua era la lengua materna del 75% de dichos muertos y desaparecidos (Sánchez, “El desprecio a las víctimas”).
39 3.3. La luz en medio de las llamas
Poco se ha documentado sobre cómo transcurrían los días en el cotidiano interno de Galarza, salvo por las cortas anécdotas que cuenta en las entrevistas que le han realizado. No obstante, la Lima que se revela ante sus ojos durante sus primeros quince años, la conocemos muy bien, y de repente, por eso allí nace su odio. De ese panorama frío, lleno de violencia, desigualdad, donde la ley del más fuerte reinaba, donde una mente cautiva por la literatura, por el conocimiento del mundo circundante, no se podía mover con libertad, pues esa libertad sólo fue lograda al término del gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), quien el pasado 8 de enero de 2015, fue condenado por la compra del CABLE CANAL de Noticias y la línea editorial de noticias del Perú, donde todas las publicaciones, incluidas El Diario Expreso, fueron puestas al servicio de Fujimori luego de su adquisición.
“Lima es la ciudad donde aprendí a odiar, verbo que conjugo muy bien si de pelear se trata” (Galarza, Paseador de Perros, 103). Ahora bien, sus escritos nacen a partir de esa cultura prefigurativa, aquella donde los jóvenes reemplazan a los padres, donde la aprehensión de mundo se da a partir de la vivencia y la desconexión con lo propio para ir más allá. Tanto la familia como el Estado, era un punto de referencia para cualquier latinoamericano en la década de los setenta, pues aún se nacía cerca a ese ‘seno’, pero bajo esta re-configuración social, los pensamientos y formas de ver el cosmos se alejarán totalmente de sus bases maternales, yendo a veces en contraposición (Mead, 95). La aparición de la comunidad global se hace entonces notoria en la migración de modelos que no tienen realmente una proyección hacia el futuro, seres
40 que se contraponen al sistema a partir de su visión prefigurativa de mundo, tal como lo veremos en los personajes del Matacabros, en Paseador de Perros o en Chinaski.
Durante su niñez, Doris Puente (Lima, 1943-2011), madre de Galarza, juega un papel importante en el narrador debido a su influencia como asidua lectora. Nació en Acobamba, Junín. Licenciada en Derecho (razón por la cual su hijo se enrola en el mismo pregrado) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; ejerció su carrera hasta pensionarse (a diferencia del autor). Paralelo al cumplimiento de las leyes, la Sra. Puente fue finalista de los concursos “Cuento Breve” de La Tortuga Ecuestre y “Crónicas de viaje” del Diario El Comercio. Formó parte del taller literario “Anillo de Moebius” y llegó a publicar en libros colectivos de cuentos, como Con licencia para contar (2001) y Cuentos bajo la manga (2007). En el 2002 publicó Agua en el vacío, antología de poemas de su adolescencia. Ya retirada, dedicó sus últimos años a escribir: muchas narraciones quedaron sin editar. No obstante, y en pro de compartir con el mundo sus escritos, durante la XVIII Feria Internacional del Libro de Lima (2013), Madriguera Editorial presentó su obra póstuma "Al cabo de los sueños" (Galarza y Navarrete, “Feria del
Libro de Lima”).
Al respecto el autor nos afirma que: “La persona que más influyó en esto fue mi madre. Era la
persona que más leía en casa. Se encargó de formar una gran biblioteca. Yo la veía pasarla bien leyendo, pues pensé que la lectura era una actividad interesante. Lo primero que leí fue Un mundo para Julius” (Silva, “Sergio Galarza: En ‘Matacabros’ resaltan los sentimientos de los
personajes”). La influencia se ligaba al hábito de leer más que a la forma en que Galarza iba a
estructurar su existencia, pues ésta ya se encontraba atravesada por una cultura híbrida, absorbente, que lo llevaría a querer ir más allá. A España.
41 Así mismo, cabe resaltar aquí, que la lectura de Un mundo para Julius (1970) a los aproximadamente ocho años, tiene una repercusión evidente en el desencanto de la obra de Galarza. Recordemos que Julius es un niño de la oligarquía limeña, quien pierde a su padre y a su hermana. Está fascinado por todo lo que no es él o no lo representa como parte de esa oligarquía, con todos los objetos y personas fuera de ese círculo social. En esta novela Bryce se encarga de resaltar cada transgresión, primero cuando bebe de una cantimplora de un soldado, y luego cuando busca a un pintor norteamericano urbano: “Claro que la aventura era como para asustar a cualquier niño de su edad, pero Julius, llevado por el ansia de encontrar al pintor Peter del mercado, olvidó el miedo y no se sintió perdido en ningún momento” (Echenique, 228). Por lo mismo, está enamorado de una “chola”, Vilma, y pasa los días entre el mundo glamuroso de la alta sociedad, y la servidumbre. El libro finaliza en el momento en que Julius pierde su inocencia, pues se da cuenta, debido a la crítica situación económica que por esa época se vivía en Lima, que Vilma se ha dedicado a prostituta:
Julius abrió rápido la ventana, asomó bruscamente la cara pero allá afuera, entre el aire oscuro y tibio de la noche, Vilma continuó siendo puta, tan chuchumeca como Nilda contó esta mañana. Y más todavía, eso era lo peor, más todavía. Cerró la ventana, se quedó tranquilito, mudo, como si nada hubiera pasado…no pasa nada, absolutamente nada, sólo que Vilma es puta más grande que hace un instante cuando abrí la ventana, mucho mucho más que esta mañana. (Echenique, 1794-5)
Su amor, su pureza, se esfuman ante sus ojos. En una de las frases más contundentes para referirse a esa constante trasgresión, sufrimiento vivido por Julius, le citan el refrán alemán: “Lo que Juanito no aprende, no lo sabrá nunca Juan” (Echenique, 8). Lo que Galarza no vive, no lo
42 puede contar, y es de esperar que esta sea unos de los lemas que marcará la decisión del autor por salir de Lima.
Para el autor la literatura se convirtió en un mundo que le permitía escapar, pero en el cual no podría vivir para siempre pues no tenía dinero extra y su biblioteca tenía un límite. Empezó a escribir, y esa realidad oscura, temerosa, desgarradora de la revolución, de lo que leía, de lo que veía, la opresión salen a la luz en la colección de cuentos Matacabros (1996). Un libro que ha sido casi imposible de conseguir, en tanto en Colombia, ésta literatura no hace parte de la cultura oficial. Se trata de una colección de ocho cuentos: “Matacabros”, “El día de mi suerte”, “Esperando a Alice”, “Domingo sin Ruth”, “Historia para tres”, “Cruzando la frontera”,
“Perdidos en la noche”y “Ruta al centro”.
En el “Día de mi suerte” por ejemplo, se cuenta la historia de una pandilla17, donde Rocky y El
Apeligrado terminan peleando a cuchillo en un cine abandonado debido al “honor” entre pandillas.
Afirmar que las pandillas, bandas o maras en los barrios marginales latinoamericanos son una construcción social, sería minimizar el fenómeno a un absoluto cliché. Hacking, sostiene que cuando nos referimos a la construcción social de la pandilla no nos referimos sólo al producto sino también al proceso que explica a este producto y la manera en que éste ha sido construido a través de distintos procesos históricos, socioculturales y de interacción entre lo imaginado y lo real. (Cerna, “Identidad, Cultura y Violencia” 5)
17 La pandilla es una asociación juvenil sumamente flexible, tan flexible que dos pandillas pueden exhibir
personalidades opuestas y acciones diferentes que sirven propósitos distintos. No todas las pandillas comenten actos delincuenciales, no todas usan drogas y, sobretodo, no todas son violentas . Ver en Cerna.
43 Así, no podríamos decir que todas las pandillas de la época devinieron del proceso de des- articulación del Sendero Luminoso, en tanto éste movimiento nunca se consolidó en Lima. Tuvo incursiones pero su fuerza era rural. No obstante, la desigualdad económica, el aislamiento, el desplazamiento de esos excombatientes, la migración proveniente de otros países de Latinoamérica (especialmente El Salvador), esa mixtura sí es considerada centro de nacimiento de las maras hoy día.
Rocky espera el momento de defender su honor. La palabra empeñada.
Nadie parecía saber la verdadera razón por la que se había pactado. Tenían tantas cosas en qué pensar. Pero eso no importaba, porque a la hora de defender el honor cualquier razón era válida. Y Rocky, a sus quince años, lo sabía mejor que todos. El Apeligrado inició la pelea con Rocky a quien atacó con su navaja a la altura del pecho, Rocky intentó defenderse y también usó un cuchillo y procuró no fallar; envió una patada, pero esta no alcanzó a su rival, luego intentó otra táctica y cayó al suelo y encima de él Rocky quien alzó el brazo derecho empuñando el cuchillo mientras el Apeligrado cerrando los ojos pensó que se trataba de un mal sueño pero el día de su suerte no estaba muy lejano. (Galarza, Matacabros, 20)
Se ve aquí que no es el actuar entonces de una pandilla de combatientes del Túpac Amaru o del Sendero Luminoso; se trata de un grupo de jóvenes que debido a su condición social, a que pertenecen a una periferia, se han unido por una idea de cohesión. Una muerte sin razón aparente, sólo por el hecho de querer ser parte de algo, de mantener esa pertenencia. Es una historia sin testigos, en un lugar oscuro dedicado a eventos religiosos que se utiliza como teatro para una batalla. “ElDía de Mí Suerte”, es el reflejo de una sociedad limeña que para la época se
44 canibalizaba, y que llegó a su punto crítico para finales de los noventa; de allí surge, a principios de 1999, la Ley contra el Pandillaje Pernicioso (Villegas, “Las Pandillas Juveniles de Lima”).
Por otro lado, en el cuento que le da el nombre a la compilación, “Matacabros”, se explicita la homofobia en los personajes de Kurt, Lagarto, Apache y Polo, quienes también actuaban como una pandilla dedicada a salir todas las noches a matar “cabros”. Cabe la pena aclarar que “cabro” en la cultura peruana significa homosexual (“Significado de Cabro en Latinoamérica”).
No importaba el día que fuera, pero mejor si era viernes o sábado. El grupo se reunía en la misma esquina de siempre, a esperar a que Polo, el único con carro, pasara a recogerlos. ¿Para qué? ¿Para ir a huevear a Barranco o a Miraflores, dando vueltas como unos fracasados? ¿Para ruquear? No, muy pasado de moda. ¿Para hacer alarde de que ellos ya andaban sobre cuatro ruedas, mientras que los demás seguían a pie? Menos. ¿Entonces? Pues para levantar cabros, ¿y culeárselos?, nada que ver, ni que fueran unos degenerados. Ellos se los levantaban para darles un escarmiento. (Galarza, Matacabros 35)
Al final, cuando secuestran a un travesti llamado Lucy, lo matan a golpes producto de la euforia de tener en sus manos a un cabro, y ya no es sólo el repudio o escarnio público, ahora es la desaparición total lo que se busca. Ya no son como nosotros, son los otros que deben ser aniquilados.
Historias de suicidios, incomprensiones familiares, homofobia, la sexualidad adolescente, la disparidad económica, abuso de drogas y discriminación a la mujer, son los temas centrales en todos estos cuentos. Cuentos escritos bajo el abandono descriptivoimplícito en la corriente del realismo sucio, y atravesados por la verdad sin tapujos, una juventud que se ahoga en alcohol,
45 que asesina para sentirse menos sola. Una juventud que se refleja en el libro más influyente para Galarza de la época, Los Inocentes (1961) de Oswaldo Reynoso.
Los Inocentes son cinco historias breves de cinco chicos que viven en el mismo barrio. Cara de Ángel, el Príncipe, Carambola, Colorete y El Rosquita. El primero, vive en conflicto constante con su madre, su proveedora y su verdugo, “…mi vieja cree que ya estoy con uno de esos y, sin
averiguar nada, me pega. Hoy me ha pegado. No me quiere” (Reynoso, 21). Cara de Ángel
quiere ser reconocido, crear su mito, pero termina siendo golpeado por Colorete, el gañán del grupo, quien lo obliga a masturbarse frente a todos. El Príncipe, obtiene su apodo por un homosexual, y es un “rock star” del barrio, irreverente, que llega a salir en los periódicos. Los jóvenes lo admiran, pero los mayores como don Lucho se apenan por él; al fin y al cabo es el príncipe del barrio, de la comuna. “Y cómo, en la Ciudad de los Reyes, un Príncipe sin auto y sin plata!: la hueva, compadre”. (Reynoso, 54-5)
Carambola es un muchacho que admira y quiere ser como “Choro Plantado”, un experto en jugar billar, ex convicto quien de hecho es el responsable del apodo de este chico y de asesinar a su esposa. Al igual que los anteriores, Carambola no tiene una relación real con su familia, leitmotiv