• No se han encontrado resultados

La “canopea” humana.

In document Ay-Mis-Ancestros-Anne Ancelin.pdf (página 84-86)

Esta incursión en el genosociograma y lo transgeneracional sólo puede, en el estado actual de los conocimientos y de las investigaciones científicas, desembocar sobre un trabajo clínico que tiende a detectar las repeticiones familiares, para pararlas si necesario, y los daños de los no- dichos para repararlos, y trascenderlos. Este trabajo permite al sujeto plantearse cuestiones vitales.

Y, es evidente que la identidad se forja a partir de la historia propia de cada cual – de su historia familiar como de su historia personal, ambas conectadas con el contexto histórico, y que es mejor conocer en vez de sufrir pasivamente.

La genealogía está de moda en este cambio de siglo. Vivimos un período de transformaciones radicales de nuestro medio y de nuestro modo de pensar, de nuestro marco de vida como de su contexto. Es, como lo dice Toffler, un estrés, una especie de “choque del futuro”, vivido como angustiador por numerosas personas; hay tantas incógnitas, entre las cuales la supervivencia de nuestra cultura, incluso de nuestro planeta.

Cada formador, cada terapeuta, incluso cada médico, de la escuela que sea, se halla confrontado con “casos difíciles” que no explican las teorías clásicas. Halla un “arraigamiento” de la persona en su propia historia, frecuentemente una historia secreta, que aflora en ciertos momentos, momentos de “fulgurancia”, sea a nivel de la palabra o de la representación de la “cosa” por el cuerpo, incluso por la enfermedad, el accidente, la muerte.

El papel del terapeuta es acompañar a su “cliente” o “analizante” ayudándole a encontrar su “historia” por la palabra, a poder representársela de modo coherente, a ver el hilo y el sentido. Y, cuando se trata de una historia personal de un vivido difícil, el reto es sacarlo por fin del caos, de lo impensado, de lo indecible, de lo no- dicho – y de la repetición – y de asumir su historia familiar y su pasado. No se puede “volver a andar del buen pie” y “girar una página” si, antes, no se ha puesto de manifiesto la página y se ha borrado la pizarra, o bien se está a punto de hacerlo o de “metabolizarlo”.

Sólo es a este precio que una mujer o un hombre puede crearse e “inventarse” su vida.

En la primavera 1957, en la selva amazónica, en la cual había ido sola, en exploración etnológica, sin reflexionar demasiado, me había reunido con un grupo de cazadores de tigres y de buscadores de oro. Una avioneta pilotada por “cowboys del aire” debía llevarnos en un lugar, entonces desconocido, la laguna de Canaïma, en un bucle del Orenoco y del Río Carrao. Guiándonos gracias a vestigios de aviones perdidos, aterrizamos en el claro llamado del “salto del ángel” y acampamos cerca de las enormes caídas de agua del Salto del Ángel, que tienen cerca de mil metros de altura, y dormimos en hamacas, en los árboles.

El despertar, temprano por la mañana, fue inolvidable: un milagro de serendipity 101: era como los tres príncipes de Serendip quienes, favorecidos por la “buena suerte”, descubrían con felicidad lo que no buscaban, y que necesitaban y deseaban.

Abajo, una vida inesperada: Indias, salidas del bosque, divirtiéndose con mis cosas: imitándome cuando me lavaba, probando anti- mosquitos, peine, perfume, jabón, vestidos, sin comprender el sentido ni el uso. Más tarde, bajé, nos conocimos y nos invitaron en su pueblo: uno de los encuentros inolvidables de mi vida.

Arriba, muy alto, una vida aún más misteriosa y totalmente desconocida, la vida bajo el follaje de los grandes árboles milenarios, con toda una fauna y una flora desconocida.

Desde entonces, exploradores, botanistas, biólogos, zoólogos, etólogos empezaron a estudiar lo que se ha llamado la “canopea” de los grandes árboles de la selva tropical húmeda (the canopy, the tree

top) usando para ello una “balsa de la copa de los árboles” (the tree top raft) 102 en la cual se hacen depositar por dirigibles o esquifes más pequeños.

101 Serendipity: Expresión de Horace Walpole (1717-1797) sacada de un cuento de la isla de Ceulan, sobre

los tres príncipes de Serendip (The Three Princes of Serendip) que tenían la facultad de hacer descubrimientos felices e inesperados por casualidad; utilizado por los psicólogos existenciales, cf.

Oxford Dictionary, 1964. Ya los Griegos usaban la misma raíz par alcanzar el objetivo y tener una buena

surte (eutychia, de tychè, fortuna): Platón, Euthydeme o eel Disputador, París, La Pleiade, vol. 1, 571, 1950, reed. 1989. [Cf. A; Ancelin Schützenberger, 1996, “la serendipidad”.]

Descubrieron así un nexo y lazos ignorados, toda una vida entre cielo y tierra, en el interface selva- atmósfera, a treinta o cuarenta metros encima del suelo, con una vegetación y animalitos que sólo viven allí.

La canopea constituye una pantalla foliar para los organismos que viven en los niveles inferiores (sobre tierra), y sería la central energética solar que permitiría el crecimiento y el funcionamiento de la selva entera.

Estos buscadores, etólogos en el sentido amplio, estudian a partir de ahí, los orígenes de la vida y del hombre, y emiten hipótesis sobre el porvenir de nuestra tierra (cf. note 2).

Me pareció que, del mismo modo, es hundiéndose en las cimas de nuestro árbol genealógico y de su “psicogenealogía”, comprendiendo sus diversos interfaces, y nexos, que podríamos deshilvanar el hilo rojo de nuestra vida familiar y personal (nuestro genosociograma) y comprenderla. Es una perspectiva de

canopea humana.

Volvamos a leer a Freud. En la interpretación de los sueños, habla de “espectros”: “Sus nombres [el de los hijos] deberían ser determinados por el recuerdo de personas queridas. Sus nombres fabrican hijos de espectros.”

Recojamos algunas de las raíces psicoanalíticas de este trabajo, en la herencia de Freud y de Ferenczi. Se observaron “repeticiones familiares” (buenas y trágicas), sincronías de edad y de fecha, “síndromes de aniversario”.

Hace unos veinte años, Ivan Boszormenyi-Nagy encontró nexos “invisibles”, “lealtades” (familiares) “invisibles” (1975) que vinculan a cada cual con su familia, con una cáscara de moral (sobre la justicia y el equilibrio de las cuentas familiares).

Nicolás Abraham y María Török (1975) se vieron confrontados como a “fantasmas” encriptados que saldrían en ciertos momentos de “criptas” familiares secretas y que obsesionarían a veces el cuerpo y la mente, como en los cuentos de casas encantadas (o ciertos relatos de Agatha Christie).

Pero, ¿Cómo es esto posible??

¿Se trataría de una engramación 103 , más psicológica que fisiológica?

Digamos, para simplificar, que al nacer – e incluso ya en el útero- el niño, la persona recibe cierto número de mensajes: se le transmite un apellido y un nombre de pila, una espera-referente- a –los- papeles que deberá llevar o evitar. Esto puede ser positivo y/o negativo. Se proyecta sobre él por ejemplo que es “el vivo retrato del tío Julio” y por lo tanto se piensa que será explorador, aventurero, “mala persona” como él – y haremos de él una “cabeza de turco” – o bien se le hará llevar el vestido de un muerto que va a sustituir. Como las hadas alrededor de la cuna de la Bella del Bosque durmiente, se dirán y por lo tanto predecirán cosas, ordenes, guiones, un futuro – decir las cosas o callarlas – en un no- dicho secreto y pesado: lo cual las volverá a “programar”.

Después la familia, el entorno engramará este programa en la psique del niño, cuya vida y muerte, el casamiento o la soltería, la profesión o la vocación, el futuro, serán así función del conjunto del contexto familiar dicho y no- dicho.

No se sabe. Cada cual elabora según su propio sistema de pensamiento y la escuela a la cual pertenece.

Entre las cosas ciertas, hay las investigaciones de Josefina Hilgard, que probó que el síndrome de aniversario era estadísticamente significativo. Hay la constatación clínica de sincronías de fechas nacimiento – muerte significativas en numerosas familias, y repeticiones familiares incontestadas.

Una cosa parece más que probable: es que estamos en el campo de lo originario que sería, en

términos psicoanalíticos, un olvido fundador del sujeto.

Para ser más explícito, volvamos a un caso citado por una psicoanalista, Silvana Olindo-Weber, cuyas investigaciones están centradas sobre las somatizaciones, es decir sobre el “papel que el inconsciente hace jugar al cuerpo” 104. Relata la historia de una mujer cuyo cuarto hijo, un niño, se despertaba, noche tras noche, chillando. Y luego, en el curso de su terapia, esta paciente se acordó que en la edad de dos años, su hermano pequeño había muerto, una noche de la “muerte repentina del recién nacido”; sus dos otros hermanos tuvieron el mismo fin trágico.

102

La canopea (the canopy) fue descubierta por algunos buscadores después de la guerra, al final de los años cuarenta, e investigaciones más importantes se hicieron en Amazonia, Guyana y Camerún entre 1986-1989; Cf. el artículo gran público (no firmado) de Atlas, junio 1992, 145-148.

103

Engrama: huella dejada en la memoria por todos los sucesos, en el funcionamiento bioeléctrico del cerebro (Larousse).

104 Olindo-Weber S. y Mazeran V. (1991), “A la escucha del cuerpo que padece” in Journal des Psychologues, sept. 1991.

Después de haber dicho al analista este recuerdo de los muertos, la misma noche, su propio hijo se puso a dormir tranquilamente, lo cual recuerda numerosos casos clínicos citados por Françoise Dolto, en su seminario, y su modo de actuar con los bebés y los niños.

Todo lo que sucede en terapia transgeneracional es, en mi opinión, de misma naturaleza.

Freud, desde luego, había tenido la intuición, en Totem y Tabú, de la importancia de la transmisión transgeneracional:

Si los procesos psíquicos de una generación no se transmitiesen a otra, no se

continuasen en otra, cada cual tendría la obligación de volver a empezar su aprendizaje

In document Ay-Mis-Ancestros-Anne Ancelin.pdf (página 84-86)