2. De la lucha por la tierra a la lucha por el territorio
2.2 La capacidad de instituir significaciones sociales
Encadenado en una dinámica de construcción social, de encuentros con los otros en medio de un panorama que permite avizorar aquellos aspectos que une y genera complicidad, enmarcado en un ambiente de intercambio constante, el ser humano se ve enfrentado entre el cuerpo y el alma de acuerdo con Castoriadis (1997) en un entramado en el cual se constituye la psique y el inconsciente. Bajo esta situación, el ser se posiciona en medio de un sí y un para sí.
El sí, es entendido como un proceso de auto referenciación en donde se toma en cuenta las acciones que como ser humano se pueden realizar y aquellas que no, bajo esta dinámica no hay espacio a la representación, si no que prima lo funcional; por otro lado el ser para sí, busca privilegiar el fin en sí mismo, donde aparte de estar presente la auto referenciación se adopta un proceso de reflexividad, de este modo el ser humano se toma a sí mismo como actividad actuante a través de la imaginación y en constante relación con un mundo que siempre es representación.
De esta manera, se hace necesario precisar que en medio de esta ejecución se da paso a la creación, la imaginación y la significación. Este aparataje resulta estar fuertemente alterado por la
psique, de la cual es clave afirmar su capacidad monádica, en la medida que en sus inicios resulta ser egocéntrica y antisocial, se muestra ajena a cualquier tipo de instituciones y significaciones, y al ser ex - nihilo, permite la constitución del sujeto como tal. Éste, haciendo uso de la capacidad de pensar, trasciende las fronteras orgánicas para dar paso a la constitución de una imaginación activa, ya que tiene “la capacidad de hacer aparecer representaciones que proceden de una excitación externa” (Castoriadis, 1997, p.18), invitando con ello al devenir en ser humano, ya que rompe con los preceptos en la separación que se da del estado natural.
Dicho devenir humano, se caracteriza por entrar en relación con otros en medio de un contexto social que propicia la construcción conjunta de significaciones como forma de socializar a las personas. Para que esto pueda darse, la imaginación termina desplazando a la psique y asumiendo un papel de fiel constructor de la base que dará paso a la creación de un mundo propio en el cual situarse, asimilando aquello que le es externo y desarrollando la posibilidad de crear significados, esta capacidad creadora es inherente a la consecución del ser humano y lo dota de una investidura social que se verá reflejada en lo que Castoriadis nombra la imaginación radical, ésta permite la creación de lo nuevo basándose en las condiciones que se presentan y dejando de lado las determinaciones.
En consecuencia, se acude a la existencia de un ser humano que mediado por la fuerza creadora logra poner en juego las diferentes particularidades que encarnan en un contexto determinado, y haciendo con esto que acuda constantemente a esa representación primera con el fin de dar respuesta a las problemáticas que vivencia, esto lo hace en medio de un flujo de representaciones que tiene como particularidad la posibilidad de crear sentido, siendo éste el móvil de las
Visto así, el imaginario social hace presencia como manifestación de las relaciones que se llevan a cabo en el medio social, en donde de acuerdo con Castoriadis (1997) “los individuos socializados son fragmentos que caminan y hablan en una sociedad dada; y son fragmentos totales; es decir ellos encarnan, en parte efectivamente en parte potencialmente, el nudo esencial de las instituciones y las significaciones de su sociedad” (p. 190). Así, la sociedad resulta ser ese escenario en el cual el ser humano como sujeto histórico-social, tiene la posibilidad de seguir sobreviviendo (Castoriadis, 2007), esto, debido a que es allí donde la fuerza creadora tiene posibilidad de desenvolverse.
Dado que esta interacción es llevada a cabo en medio de una lógica mágmatica, en la cual el ser humano tiene una variedad de posibilidades de las cuales escoger para reaccionar frente a una situación, no es posible reducir dicho actuar en una lógica conjuntista identitaria, entendida está a partir de los principios de identidad, contradicción y la organización de un dato en clases, relaciones y propiedades definidas, al contrario, requiere de un proceso más complejo para asumir su realidad y exaltar esa sublimación que vivencio en su devenir humano. El primero asociado al Legein
(Castoriadis, 1997), que tiene como función la designación, en donde se logra hacer referencia a los objetos distintos y definidos, lo cual permite la producción de las relaciones entre signos haciendo el lenguaje como código e institución; y por otro lado el Teuhkein que se encarga de la
instrumentalización, refiriéndose a lo que es, lo que podría y no ser, siendo la dimensión que identifica el hacer social.
Por tanto, la construcción social imaginaria de las instituciones termina siendo una experiencia conjunta del ser humano, que logra desarrollar ese proceso de desfuncionalización donde no se tiene una característica biológica que lo ate, permitiendo que la psique humana devenga en objetos psíquicos, la cual es condición de la simbolización; bajo esta premisa se crean diferentes formas de significar el contexto, y se hace bajo la lógica conjuntista identitaria. Esta acción encierra un
carácter particular que mueve las dinámicas sociales cotidianas, en la que está involucrada las instituciones sociales creadas, ya que terminan por organizar las formas de actuar y pueden llegar a delimitar la fuerza creadora en las personas. Esto, debido también a que se inserta en un proceso de socialización, en donde la psique es forzada a dejar de lado el sentido monadico original por el sentido suministrado en la sociedad, subordinando creaciones y producciones a la vida social en la que se ha insertado el ser humano (Castoriadis, 1997).
Lo anterior puede ligarse al impacto que tienen los regímenes de representación nombrados por Escobar (2007), que terminan por validar las formas de organización presentes en los grupos sociales; esto es reforzado a partir de la acción de instituir, un proceso a partir del cual se
normaliza el accionar social e inhibe de esta forma la posibilidad de cuestionar lo que dentro de la misma institución acontece, dando prioridad a lo que se presenta como inamovible y permanente, presente en cada cultura, con sus particularidades y estructuras específicas.
Dicho carácter se manifiesta como prolegómeno al posicionamiento de la sociedad instituyente. Ésta, combina aspectos del imaginario radical que puesto en el proceso de socialización suele ser acallado, sin embargo, es lo que da vida a la sociedad en tanto que permanece como una capa “debajo” de lo instituido, donde constantemente está en un proceso de alteración que lleva a
trasformaciones constantes en un ámbito social, movidas por las personas, en relación a la situación que se presenta en su contexto. Este proceso suele realizarse de manera colectiva, como un proceso de auto creación y autodestrucción de forma simultánea.
Tal accionar se realiza en el escenario de lo histórico – social, con lo cual se entiende que el ser humano construye sus relaciones sociales haciendo uso de los acontecimientos que a nivel histórico han sucedido, tal camino abre la posibilidad del cambio entre lo instituido y lo instituyente, gracias a las creaciones llevadas a cabo por el imaginario social instituyente, debido al magma de
significaciones del que hace uso. Bajo este proceso el imaginario social instituyente, abre la posibilidad al ser humano de construir un camino hacia la autonomía. Así, convierte el placer de representar en placer de pensar y en la libertad de hacer. Esta dinámica lleva a que la sociedad autónoma y el sujeto autónomo, busquen nuevas preguntas, no se deje contener por las
certidumbres socialmente instituidas (Castoriadis, 1997).
Esta capacidad del ser humano de modificar los preceptos que se han instituido en las relaciones que lleva a cabo, esta investido por un entramado de representaciones, afectos y acciones que son creadas por los grupos sociales, socializando al individuo en un mundo en el cual la lógica conjuntista identitaria coadyuva en dicho proceso, presentes en un escenario donde lo histórico- social está actuando constantemente. Tal en tramado permite la expresión del imaginario radical concretado en las significaciones imaginarias sociales, que terminan siendo creaciones encarnadas en las instituciones durante el camino que se han transitado.
Dichas significaciones sociales crean un mundo propio para la sociedad (Castoriadis, 1997). Se caracterizan por dar sentido a las formas de vida de una comunidad específica, siendo resultado del imaginario social instituyente, y son creadas de manera inmotivada por un colectivo humano, así mismo, son coherentes con las instituciones ya que responden a las características e impulsos que se construyen en conjunto. Dichas significaciones tienen como característica fundamental la capacidad de construir relaciones de identidad colectiva, entendida desde Cabrera (2004) como significados aceptados e incuestionables para una sociedad, ya que se constituye como la matriz de esos significados.
Del mismo modo intervienen el hacer de los individuos y de la sociedad, a partir de esto logra instituirse, y consigo instituye para las personas un mundo de significaciones. Ellas se encuentran en una interrelación y construcción constante, ya que como precisa Castoriadis (1997) “el individuo
y la historia son siempre sociales; lo social es auto alteración, historia y temporalidad especifica de la sociedad, la cual se constituye como tal al instituirse como un magma de significaciones
imaginarias sociales” (pág. 30). En ello resulta importante el papel que cumple la creación se sentido alrededor de la construcción social que se realice, ya que en aras de un mundo construido para sí, se satisface la exigencias de significados que respondan a los intereses del grupo en el cual hagan presencia.
Visto de esta manera, el interés de esta investigación se encamina hacia la indagación de los modos alrededor de los cuales una comunidad ubicada en barrios periféricos de la ciudad, ha ido construyendo su territorio a lo largo de la conformación del barrio, entendiendo que las personas que se asientan en este lugar tienen consigo una lógica conjuntista identitaria que se pone en relación con el de las otras personas, y ha llevado a la construcción de significaciones sociales, lo cual ha permitido que construyan de manera conjunta lo que es actualmente el barrio.