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La clínica: Organizar de otro modo lo real

Capítulo III: La clínica transdisciplinaria de intervención social

3.7 La clínica: Organizar de otro modo lo real

El término de clínica suele generar en nuestras latitudes un cierto resquemor pues se lo asocia en principio a la medicina, a la psiquiatría, a la psicología, al psicoanálisis, y se teme en su uso una concesión a poderes hegemónicos que -a través de este concepto y cual caballo de Troya- avanzaría sobre la especificidad y la identidad del trabajo social colonizándolo. En otro sentido se lo asocia al positivismo, a la

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medicina higienista y al viejo case-work. Es decir, al típico caso individual -y por individual- desvinculado de lo

político, económico, social, ideológico. Un caso individual en cuanto problemas de un sujeto que cae en situaciones de miseria o sufrimiento, situaciones de las cuales es el responsable, generalmente causadas por conductas que no aceptan los valores "modernos", "civilizados", "higiénicos", "saludables", carentes - seguramente- de "valores éticos", o reticentes a aceptar las reglas del juego. De cualquier manera, el viejo

case-work se elevaba sobre el pedestal de la ideología dominante y desde esa altura escuchaba a cada uno de los miserables en sus historias privadas, a cada individuo en tanto personaje de la propia película de su vida, aislado, con sus culpas y responsabilidades, un looser, preferentemente caprichoso y obcecado, que -en el mejor de los casos- había que resocializar.

Muy lejos de estas dos interpretaciones para acercarse al concepto de clínica transdisciplinaria hay que comenzar por recordar que clínica no es un concepto patrimonio de los médicos higienistas o psicólogos y psicoanalistas. De hecho cotidianamente escuchamos por los medios anuncios de que -por ejemplo- un gran músico va a realizar una clínica de piano o que cierta estrella del básquetbol llega a tal ciudad para hacer una clínica con adolescentes, etc. Clínica significa observación instruida, dotada de conocimientos; clínica es una observación directa, vivida, experimental y experimentada. Pero no es directa porque observa sino porque sabe observar, es experimental porque le interesa la situación concreta, la práctica concreta (no es que se interese por el individuo, que siempre es un poco abstracto, un poco ideal) se interesa en la práctica en cuanto productora de lo concreto. Una clínica de básquetbol se interesa por cuál fue el giro que el jugador hizo o dejó de hacer en tal o cual momento de la jugada, cómo el movimiento de la muñeca acompañó o no el salto, cómo la vista se retrasó con respecto a tal paso, etc. etc. La clínica es –como ya adelantó Foucault en

Nacimiento de la clínica- “un saber sobre la singularidad” (Birman, 2008, pág. 65).

Pasemos entonces a presentar rápidamente qué es la clínica transdisciplinaria. Más allá del imprescindible trabajo deconstructivo, del trabajo de crítica ideológica, del trabajo de desmitificación y des- moralización que hemos descripto rápidamente en las páginas anteriores la clínica se define por la

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preocupación por lo concreto, más aún, su producto es lo concreto, lo singular de la situación. Éste es su sino.

Saül Karsz ha postulado dos principios clínicos a saber: el "uno por uno" y la "preocupación por lo concreto" y cuatro categorías clínicas: "del caso a la situación", "del beneficiario al destinatario", "de la historia como contexto a la historia como materia de la intervención social" y "del hacerse cargo al tomar en cuenta".

Desde el psicoanálisis se sostiene la regla del "uno por uno" y no es un principio para nada inapropiado. Esto significa que cada situación debe ser considerada y abordada en sus características propias, en su especificidad y singularidad. Muy lejos del "caso individual" cada situación siempre es compleja aunque tengamos frente a nosotros a una sola persona, y siempre es singular aunque estemos analizando a toda una comunidad. La complejidad de una situación remite siempre a un entramado específico, históricamente caracterizable, como condensación precisa de determinaciones múltiples, por eso irrepetible, por histórica y por compleja, no por individual, o por tener una esencia. El "uno por uno" nos impele a comenzar siempre con la menor cantidad posible de supuestos, de evidencias, de sobreentendidos, lo que no significa comenzar como el buen salvaje, en la ignorancia inmaculada; existen series, existen rasgos comunes, constantes, existen clases sociales, colectivos, géneros, existen cohortes, estadísticas, por eso es posible la sociología. Sin embargo no se trata de elegir entre uno u otro, entre el universal y el particular, entre lo individual y lo colectivo, entre la psicología y la sociología, sino de ver cómo cada situación concreta (y en ella cada sujeto, cada niño, cada grupo) realiza las determinaciones de clase, realiza a su manera singular, las series, los universales, las cohortes, cómo cada persona realiza las luchas ideológicas, las dominaciones de clase, las dominaciones de género, de una cierta y particular forma. Dice Karsz:

"Es tan absurdo rechazar los principios estadísticos y los análisis estructurales con el pretexto de que todo comenzaría con cada nueva situación (lo cual, tomado a la letra, es rotundamente falso), como dispensarse de explicar el modo en que cada individuo es personalmente, carnalmente, íntimamente pequeño burgués, y/o psicótico, y/o adolescente..." (Karsz S. , 2007, pág. 160).

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Este primer principio clínico está estrechamente conectado con el segundo: la preocupación por lo

concreto. Existen dos maneras de entender lo concreto. De una manera ingenua creemos que concreto indica aquello que es inmediatamente perceptible, que se presenta de manera espontánea, sin mediaciones, que es objeto de consenso y de diagnóstico compartido, fácil y directo. Es necesario pensarlo –por el contrario- como resultado de una conquista, como el resultado de un trabajo de indagación, como una producción y así lo presenta Karsz siguiendo a Bachelard: "Porque no es un hallazgo, un objeto perdido que se logra recuperar; sino una producción original, insólita, apasionante. Una creación argumentada" (Karsz S. , 2007, pág. 165).

La cuestión es siempre comprender lo real, pero esta comprensión no es producto ni de la simple contemplación ni de una revelación o epifanía sino de un trabajo que implica tres movimientos: primero considerar lo concreto tal como se presenta es decir el relato de una situación en todos sus detalles. Segundo: cuestionar esta presentación a partir de la explicitación de sus supuestos, la definición de sus conceptos, la ubicación espacio-temporal precisa, la identificación de los discursos aferentes, es decir, una decodificación que trata de interpretar de otra manera lo concreto inicial. Tercero: volver al punto inicial, el caso concreto, pero ahora -dialécticamente- de otra manera, lo que transforma al caso concreto, lo enriquece probablemente y lo rectifica seguramente cambiando la perspectiva, el enfoque, viendo problemas que antes no se veían, significaciones de las que no se tenía conciencia, insignificancias muy significativas, es decir, haciendo hablar a lo real que -por cierto- no habla; los que hablamos somos nosotros, en el mejor de los casos con un saber objetivo por situado, efectivo por provisional, valioso por discutible, interesante por perfectible, útil por agujereado y rebatible. En definitiva, se trata de -en lo posible- ordenar lo real de otra manera.