3. Teoría de la complejidad y sistemas complejos
3.1. Teoría de la complejidad
3.1.3. La complejidad en el marco organizacional
El análisis de las organizaciones encuentra sus límites en la forma tradicional de estudio (mediante el aislamiento de los eventos y el individualismo de los conceptos). La teoría general de las organizaciones complejas es el nuevo paradigma de las fuerzas dominantes que tienen como dogma la maximización del poder y la acumulación. Un ejemplo de la necesidad de un enfoque complejo en las organizaciones es la conclusión a la que llegó el Foro Económico Mundial, en Davos:
Durante los últimos cuatrocientos años, los avances de la ciencia se han debido al reduccionismo. La idea central es que el mundo, la naturaleza, se pueden entender diseccionando la realidad en pequeñas partes. Una vez ensambladas, estas pequeñas piezas pueden explicar el todo. (Global Agenda Council 2013)
Así reconocieron las limitaciones de la ciencia tradicional y la relevancia cada vez mayor del nuevo enfoque científico. Admitieron implícitamente que el enfoque reduccionista o aislador de la ciencia no es suficiente para explicar los asuntos cotidianos globales: pobreza, hambre, uso de la energía, abastecimiento de agua, salud,
cambio climático, seguridad, sostenibilidad, innovación, impacto de la tecnología, entre otros.
No obstante, la principal limitación de la ciencia de la complejidad está en la falta de herramientas analíticas y métodos sistemáticos, que hayan sido establecidos de manera estandarizada; que son imprescindibles para entender completamente las implicaciones que pueda tener en la gobernanza y liderazgo mundial a largo plazo. Si bien esto, para muchos autores, puede considerarse un revés, es también una de las ventajas de la complejidad: que genera para cada ciencia y sistema sus propias herramientas y métodos.
Por lo tanto, los estudiosos de la complejidad reconocen que no hay actualmente una única teoría, sino un amplio abanico de teorías, hipótesis, herramientas, técnicas y especulaciones; así conforma lo que los filósofos de la ciencia denominan un programa más que una teoría unificada (Beinhocker 2006; Mitchell 2009).
Esto no significa infalibilidad en el análisis complejo que se oriente a una organización o fenómeno X, más bien permite el desglose y creación personalizada (si cabe la expresión) de herramientas dentro de cada sistema y hace único a cada análisis complejo, ya que se enfoca en conocer las formas en que los agentes interactúan, cómo influyen estas dinámicas en los cambios estructurales en la sociedad y permite diseñar políticas con mayor garantía de éxito que aquellas que esperan un resultado estático como consecuencia de la aplicación de determinadas fórmulas o modelos.
Por ejemplo, Geyer (2003) examina, desde el punto de vista de la complejidad, los problemas que pueden producirse en la integración europea. Otros autores hacen referencia a los problemas de la complejidad en la globalización (Urry 2003). Autores como Stacey (2002) proponen diversas herramientas que se ajusten a la visión compleja dentro del tema organizacional, como la Matriz de Stacey, que es básicamente –como se aprecia a continuación– un gráfico que examina las relaciones posibles entre el grado de certeza en las decisiones empresariales (eje horizontal) y el nivel de acuerdos que se establezcan en el grupo (eje vertical), en un contexto de complejidad.
Gráfico 1.
Matriz de Stacey
Fuente: Stacey 2002; elaborado por el autor.
En las organizaciones el factor crítico es la incertidumbre, como lo señala Thompson (2011); y su forma de lidiar con ella es la esencia del proceso administrativo, ya que las discrepancias aparecen cuando se trata de definir la incertidumbre y valorar su existencia: si se trata de una peligrosa amenaza a combatir o, por el contrario, de una gran oportunidad a aprovechar; porque en realidad puede convertirse en cualquiera de las dos.
Algunos expertos consideran la incertidumbre como la diferencia entre la cantidad de información que se requiere y la que atesora una organización (Galbraith 1977); puede ser de tres tipos:
1. La incertidumbre generalizada: es aquella que procede de la falta de conocimiento causal.
2. Las contingencias: son el resultado de la dependencia de cualquier organización de un entorno que puede no ser lo suficientemente colaborativo.
3. La incertidumbre interna: que resulta de la interdependencia entre las diferentes partes de una organización.
En esta concepción es la falta de información la que determina la incertidumbre, aunque no se sepa exactamente qué clase de información es la realmente relevante. Pero esta forma de concebir la incertidumbre supone renunciar a controlarla (u obtenerla), puesto que cualquier ejercicio de predicción sobre la información que se necesitará en el futuro es inaccesible.
Con respecto a la incertidumbre Morin (1999) afirma que “existen dos tipos de ignorancia (falta de información): la del que no sabe y quiere aprender y la ignorancia (más peligrosa) de quien cree que el conocimiento es un proceso lineal, acumulativo, que avanza haciendo luz allí donde antes había oscuridad, ignorando que toda luz también produce, como efecto, sombras” (67-8).
Otra forma de abordar el tema de la incertidumbre organizacional, desde la óptica compleja, es la presencia de información inesperada, aquella que es sorprendente, nueva o improbable, con la que a menudo no se sabe qué hacer. Entonces, la información puede estar provista de significado o ser incompresible, tanto su falta como su existencia inesperada; por lo tanto, su interpretación depende siempre del observador, de su conocimiento previo (cuando falta), o de su capacidad de otorgar un nuevo significado e inventar nuevos códigos (cuando emerge) (Tsoukas 1997).
Dentro de una institución las reglas, protocolos y procedimientos son generalidades que conectan conductas con tipos de actores y tipos de situaciones, previa categorización y etiquetado de los eventos o comportamientos, que deben aplicarse localmente, en entornos concretos y específicos, pero al mismo tiempo deben poder ser sujetas de aplicación dentro de la imprevisibilidad, por lo que el protocolo normativo tendrá en consideración los antecedentes de casos semejantes, que servirán para corregir y mejorar la pauta de intervención. Con todo y eso, el conocimiento adquirido en dicha aplicación será insuficiente en el momento en que surja un nuevo problema.
En este contexto, la complejidad llega a personificar muy bien a las ciencias sociales, como la política y la economía, no como determinista, predecible y mecanicista sino como dependiente de los procesos históricos, orgánicos y en continua evolución (Arthur 1999).
La característica común del enfoque complejo es su carácter multidisciplinar basado en los intentos por construir bases científicas a partir de las aportaciones de campos como la cibernética, la ciencia de los sistemas y, más recientemente, la ciencia de los sistemas complejos. En definitiva, los estudiosos de la complejidad se alejan de las partes y miran el todo; observan cómo interactúan las diferentes partes para formar un todo coherente.