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La compresión alpina

3.1 LA OROGENIA HERCÍNICA

3.2. LA OROGENIA ALPINA

3.2.2. La compresión alpina

A tenor de la homogeneidad de la facies Garum a uno y otro lado del Sistema Central es de su- poner que el levantamiento de éste comenzara ya entrado el Paleógeno (finales del Eoceno, POR- TERO y OLIVE , 1983; PORTERO y AZNAR, 1984) y continuara de forma progresiva durante el Oligoceno y Mioceno inferior, configurando poco a poco la individualización definitiva de la Cuenca del Tajo. En el tránsito Oligoceno-Mioceno es el margen oriental de esta cuenca el que se muestra más activo, produciéndose el cabalgamiento de la Sierra de Altomira y del margen SO de la Cordillera Ibérica sobre la misma en respuesta a un acortamiento regional en el sentido NE-SO a E-O.

Es durante el Aragoniense (etapa Guadarrama" DE VICENTE et al., 1991) cuando se produce la configuración prácticamente definitiva del Sistema Central en forma de "estructura levantada" o upliftcabalgante sobre las cuencas limítrofes, estructura que se ha explicado recientemente co- mo un mega pop-up(BUTLER, 1982) intracratónico, emergente por encima de una superficie in- tracrustal de despegue, situada a unos 8 kms de profundidad que, procedente de las Cordilleras Béticas, transmitiría hacia el antepaís los esfuerzos derivados de la formación de esta última ca- dena (fig. 3.8) (BANKS y WARBURTON 1991; WARBURTON y ALVAREZ 1989).

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Figura 3.8. Corte esquemático a escala cortical de los sectores central y meridional de la Península Ibérica, que interpreta la estructura del Sistema Central por primera vez como un “pop up” cabalgante sobre las cuencas limítrofes. (Según Banks y Warburton 1991).

Aproximándose a esta idea, pero perfilando detalles de la geología de superficie e integrando da- tos de paleoesfuerzos y gravimétricos, DE VICENTE et al., (1991, 1992 en prensa) han propues- to un modelo general para la evolución alpina del Sistema Central cuya representación en plan- ta y perfil se recoge en las figuras 3.9 y 3.10. Las estructuras compresivas principales correspon- den a cabalgamientos de dirección N45º a N80º cuyo movimiento diferencial está regulado por fallas de transferencia con direcciones N130º (desgarres dextrales) y N20º (desgarres sinestrales). Estos cabalgamientos enraizarían en una superficie intracrustal de despegue que, con un perfil escalonado, estaría localizada a unos 9 km de profundidad en el sector septentrional de la cade- na y a unos 16 km en el sector meridional. Los pliegues que dibuja la cobertera mesozoica y, en su ausencia, el techo del basamento se interpretan en su mayoría como "pliegues de acomoda- ción (fault bend foldsde SUPPE 1985; JAMISON 1987) ya que se producen por la acomodación de los bloques de techo a la geometría de las rampas sobre las que deslizan. Los autores men- cionados deducen una dirección de acortamiento máximo en torno a los N150º.

El perfil escalonado de la superficie intracrustal de despegue podría justificar la asimetría de la cadena, cuya vertiente septentrional es más escalonada, con presencia de numerosos cabalga- mientos de bajo o medio ángulo y un cabalgamiento frontal con menor salto que en la vertien- te meridional; en ésta existen menos cabalgamientos, pero con mayor ángulo de buzamiento, permitiendo una imbricación rápida sobre la Cuenca del Tajo. Esta asimetría se pone también de manifiesto en la morfología actual de la cadena cuya zona axial, más elevada, está claramente desplazada hacia el margen meridional.

Dentro del esquema general de vergencias al sur en el margen meridional y al norte en el sep- tentrional, es frecuente, especialmente en este último la individualización de bloques a favor de retrocabalgamientos y cabalgamientos mayores como es el caso de los macizos de Sta. María la Real de Nieva, Sepúlveda y de la Sierra de Pradales, situados al O y NO de la presente hoja. En este contexto, las principales estructuras relacionadas con la compresión alpina en la hoja de Riaza son las fallas de Somolinos y de Grado del Pico, que limitan por el norte y oeste respecti- vamente al sinclinal de Villacadima. Esta última estructura tiene una dirección NO-SE claramen- te influenciada por la compresión ibérica durante la cual la falla de Somolinos seguramente fun- cionó con un movimiento esencialmente inverso. Consecuencia de esta compresión y de este movimiento se debió producir el depósito de los conglomerados que afloran en el núcleo del sin- clinal de Villacadina (unidad cartográfica nº 34) que por esta razón y ante la ausencia de data- ciones, se han atribuido al Oligoceno-Ageniense.

En el flanco norte del mencionado sinclinal, estos conglomerados y su sustrato mesozoico apare- cen biselados por la falla de Somolinos cuya traza y geometría actual responde a su posterior mo- vimiento como falla de desgarre dextral, funcionando como una articulación mayor por el oeste del levantamiento del Sistema Central. Esta circunstancia ha determinado el carácter de esta falla como límite estructural entre las directrices ibéricas y las del Sistema Central. El resultado del mo- vimiento en dirección de la falla de Somolinos en la hoja de Riaza es la alineación a favor de su traza de esquirlas formadas por series incompletas del Triásico, Jurásico y Cretácico superior, e in- cluso del Silúrico. Su geometría y relaciones entre sí de estas esquirlas, con predominio de fallas inversas y pliegues muy apretados, permite catalogar a este tramo de la falla como una "inflexión contractiva" según la terminología al uso (BALANCE y READING 1980; BIDDLE y CHISTIE-BLICK 1985; WOODCOCK y FISHER 1986) producida por la aproximación relativa y puntual de los blo- que situados a uno y otro lado de la falla. En corte, se trata de una estructura "en flor" positiva.

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La falla de Grado del Pico, se explica como una falla esencialmente inversa que pone en contac- to los materiales pizarrosos del flanco oriental del sinclinal de Majaelrayo con las series del Buntsandstein y Cretácico superior. Su movimiento se debió producir simultáneamente al movi- miento en dirección de de la falla de Somolinos.

Respecto a la edad de los movimientos alpinos, existe una mayor imprecisión en el margen sep- tentrional que en el meridional dada la mala correlación que todavía existe entre buena parte de los depósitos terciarios de ambas márgenes del Sistema Central y a su vez, entre las del margen septentrional y la Cuenca del Duero. En este último, los depósitos aragonienses no se ven invo- lucrados en la deformación con la misma intensidad que en el margen meridional; de hecho só- lo aparecen cobijados por los cabalgamientos muy localmente. En las hojas contiguas de Sepúlveda y Cantalejo estos materiales parecen fosilizar la estructura alpina que, sin embargo, afecta claramente a la unidad de conglomerados calcáreos del Oligoceno superior-Mioceno infe- rior. Esta circunstancia se podría explicar por una heterocronia de las deformaciones a uno y otro margen del Sistema Central o bien simplemente se trate de una imprecisión en la datación de las series terciarias del margen septentrional.