A finales del siglo XIX comenzó el gran crecimiento de la «filo- sofía religiosa». Las obras de Vladimir Soloviev (1853-1900) influ- 20. La importancia de Dostoievsky (también transcrito Dostoievski o Dostoevskij) reside en el hecho de que vio con claridad profética lo que estaba pasando en la sociedad rusa de su tiempo. Algunos pensadores de inicios del siglo XX mostraron el pensamiento religioso del escritor. Cfr. N. ZERNOV, Cristianismo oriental (1962) pp. 230s.; M. CODINA, El sigilo de la
memoria: tradición y nihilismo en la narrativa de Dostoyevski, EUNSA, Pamplona 1997.
21. Rápidamente este influjo se desdoblará en dos tendencias: una claramente occiden- talizante (bajo la influencia del liberalismo y de la filosofía idealista alemana) y otra recia- mente eslavófila, conservadora y ortodoxa. Ambas buscaban —influidas por los conceptos hegelianos de Destino y de «esencias nacionales»—, soluciones para el futuro de Rusia, tan- to en el ámbito interno (cómo reformar la estructura social que se veía anacrónica) como también en el ámbito externo (buscando saber cuál era la vocación de Rusia en el mundo). Khomiakov es uno de los padres del eslavofilismo. Cfr. N. ZERNOV, o.c., pp. 215s.
22. También transcrito Xrapovickij.
23. Más adelante veremos su papel en la diáspora. Sus obras fueron utilizadas en las Academias y en el Instituto San Sergio.
yeron en este renacimiento religioso ruso de inicios del siglo XX, provocando la conversión de algunos intelectuales.
Su densidad especulativa —introdujo el tema de la Sophia y el concepto de Teandría en el pensamiento religioso ruso24— sabe sa-
car partido de la vida mística unida a una preocupación por la pre- sencia activa del cristianismo en el mundo. Aquí reside una de sus críticas al eslavofilismo que —según él— opone la Iglesia Católica a una Iglesia Ortodoxa completamente mística, sin expresión con- creta y visible. Para Soloviev, por el contrario, la Iglesia es un orga- nismo teándrico que reúne el Oriente pasivo y el Occidente activo en la «unitotalidad». Aquí aparece su preocupación por la unidad. Su acercamiento a la Iglesia Católica romana proviene de su búsqueda de la universalidad y la unidad que desistió de buscar en la Iglesia rusa. El influjo de Soloviev será considerable entre la emigración rusa y en el Instituto San Sergio, provocando división y polémica. Algunos nutren una especial simpatía por la doctrina sofiológica de Soloviev, por ver en ella fundidos la fe cristiana y un discurso racional que pueda dar razón de la acción cristiana en el mundo, y en los que querían dar más pasos hacia la unidad entre Oriente y Occidente25.
Dentro de la clase culta del momento (muy influenciada por las ideas de corte ateo de los últimos 200 años) había «tendencias que revelaban la ruptura con el materialismo y el positivismo tradiciona- les»26. Desde posturas simplemente culturales, estas corrientes pasa-
ron pronto del materialismo al idealismo, del idealismo a la religión y, de ésta, al cristianismo. Se dieron conversiones de intelectuales ateos a la Ortodoxia, los cuales a su vez enriquecieron el movimiento reli- gioso que despertaba27. Durante los 40 años que precedieron la revo-
lución bolchevique, pequeños grupos activos defiendieron el resurgir 24. Al contrario de otros, Soloviev va más allá de la dicotomía entonces imperante entre occidentalizantes y eslavófilos, transcendiendo estas posturas en busca de la unidad. Critica a los eslavófilos porque confunden la dimensión de los medios de santidad y la santidad de la Iglesia celestial, pero también asume muchas de sus ideas, entre las cuales se encuentra la postura gnoseológica eslavófila. Sobre este autor y su influencia en el pensamiento ortodo- xo ruso vid. N. ZERNOV, o.c., pp. 231s.; también se pueden consultar varios artículos apa- recidos en la revista Ist 37 (1992) sobre la actualidad del personaje y su pensamiento.
25. Sobre la idea de Iglesia de Soloviev, vid. H. DEVISSCHER, Vladimir Soloviev et l’Église
universelle, en «Russie et Chrétienté» 1/1-2 (1949) 17-36, 4e serie; S. JAKI, o.c., pp. 115-118. 26. Cfr. N. BERDIAEV, Autobiografía espiritual, Miracle, Barcelona 1957, p. 136. 27. Son los casos de S. Bulgakov y N. Berdiaev, por citar sólo dos. Sobre esta época de inicios del siglo XX puede consultarse P.C. BORI-P. BETTIOLO, Movimenti religiosi in Russia
prima della rivoluzione (1900-1917), Queriniana, Brescia 1981, pp. 179-185, 220-226; N.
ZERNOV, Russian Religious Renaissance of the Twentieth Century, Darton, Longman and Todd, London 1963, pp. 35-164 (en adelante «Russian Religious Renaissance»); ID., Cris-
cultural, la reforma social y el cambio de postura intelectual. Unos es- taban directamente conectados con la Iglesia Ortodoxa; otros surgie- ron en las Universidades y centros de enseñanza; algunos estaban más orientados al renacimiento literario, y otros tenían un talante más po- lítico y social; los había cercanos al idealismo alemán, al secularismo, a la teosofía, a la Ortodoxia o a la religión en general.
A inicios del siglo XX se realizaron los primeros contactos públi- cos entre representantes de la intelligentsia atea con miembros de las Academias de Teología28, entonces en plena renovación, aunque las-
tradas de escolasticismo. Creció el interés por conocer la religión y la Iglesia Ortodoxa (entonces vista como un Departamento del Estado zarista burocrático y conservador). Se generalizaron los contactos en- tre personas tradicionalmente conectadas a la Iglesia e intelectuales con inquietudes. Buscaban resolver una cuestión: ¿cómo dar al cris- tianismo su eficacia y capacidad para influir en la vida de la sociedad donde está llamado a vivir? Aparecieron sociedades religioso-filosófi- cas, y algunas emprendieron el proyecto de crear revistas que difun- dieran sus ideas en la sociedad29. En este ambiente se encontraban
S. Bulgakov (1873-1944), P. Florensky (1882-1937)30, N. Berdiaev,
A.V. Kartaschev (1875-1961)31, N.O. Lossky32, P. Struve, el príncipe
Trubetskoy33y muchos otros. Gentes muy distintas y con intereses
no siempre conciliables con los proyectos que se proponían.
28. La Intelligentsia es un movimiento constituido por personas pertenecientes a una parte de la clase intelectual-atea de la Rusia de mediados del siglo XIX. Este movimiento duró hasta poco después de la revolución bolchevique. Defendía el liberalismo moral a ultranza para los demás, mientras sus miembros vivían un puritanismo personal. Otra peculiaridad era su vi- sión societaria o «comunional» de la sociedad, que echaban en falta en los sistemas idealistas alemanes que recibían de Occidente. No representaban una clase social, más bien eran como una orden laica que dedicaba toda su vida a la liberalización y modernización de Rusia.
29. A lo largo de estos años asistimos a la fundación de «Novij Put’», que pretende repre- sentar una nueva conciencia religiosa y libre (ahí estuvieron Berdiaev y Bulgakov). La revista se editó de 1903 a 1907 y recoge las conferencias tenidas en San Petersburgo entre miembros de la intelligentsia y representantes de la Iglesia Ortodoxa. Otra publicación en que estuvie- ron trabajando Berdiaev y Bulgakov fue «Voprosï Jizni» (cuestiones de vida), que sólo duró un año. Poco más tarde aparece la revista «Logos» (1910-1915) impulsada por los seguidores de Soloviev. También la Academia de Moscú publicó un periódico «Bogoslovskij Viestnik», entre 1892 y 1917, donde escribieron muchos de los grandes pensadores religiosos de la épo- ca, entre los que no faltan artículos tomados de Khomiakov, Soloviev, etc. Este periódico muestra el amplio dinamismo y vitalidad de la Iglesia rusa en vísperas de la revolución, y la apertura del debate sobre la reforma de la Iglesia. Un estudio muy completo sobre este perió- dico puede encontrarse en B. GEFFERT, The Era of the Bogoslovskij Viestnik, en SVTQ 41 (1997) 273-336, con índices de autores y de asuntos tratados en el periódico.
30. También transcrito Florenskij, o Florenski. 31. También transcrito Kartashev, Kartasev o Kartachov. 32. También transcrito Losskij.
No todos los miembros de la intelligentsia se mostraban abiertos. Este despertar espiritual sólo afectó a algunos de sus miembros. La mayoría seguía influenciada por las obras decimonónicas de caracter positivista, ateo y materialista, con una actitud negativa ante el cristia- nismo. Sólo en 1909 un grupo de sus líderes lanzó un ataque abierto a sus creencias ateas al publicar una colección de artículos titulada Vekhi (mojones). Sus autores, que entonces mostraron tener una visión agu- da de la situación, criticaron los «dogmas» de la intelligentsia desde una postura autocrítica, postulando la necesidad de un acercamiento cris- tiano a los problemas para solucionar la situación34. Todo ello fue ob-
jeto de gran polémica. Su tiro había dado en el blanco. Resultó ser profética, al indicar lo que ocurriría si la intelligentsia no cambiaba de orientación35. Bulgakov era una de las figuras centrales de este renaci-
miento religioso. Su evolución muestra el típico recorrido de muchos intelectuales del momento36. Junto a Bulgakov está la figura de Pavel
Florensky, que influyó en él y en otros autores fuera de Rusia37.
34. Los autores de esta obra fueron S. Frank, P. Struve, S. Bulgakov, N. Berdiaev, Gershen- son, Izgoev y Kistyakovsky. Struve se pronunciaba, en su artículo, contra el anarquismo y la negación de la responsabilidad personal inherente al marxismo. S. Frank denunciaba la contra- dicción de la postura nihilista y moralista de la intelligentsia. Berdiaev se pronunciaba contra el utilitarismo negador de la verdad. Bulgakov, después de mostrar las contradicciones de la doc- trina de la intelligentsia, indicaba la solución en la reconciliación de ésta con la Iglesia. Los otros tres autores enfocaban aspectos más concretos dentro de este mismo contexto general.
35. Esta obra ayudó a muchos de los representantes de la última generación de la inte-
lligentsia a liberarse de su utopismo y ateísmo tradicionales, aunque no consiguió cambiar
el rumbo de los acontecimientos. Struve, Bulgakov, Frank y Berdiaev son el ejemplo vivo de lo que fue el renacimiento ruso del siglo XX. Sus vidas reflejan lo que pasó a este movi- miento y encierran en si cuestiones abiertas que pueden orientar a muchos en los tiempos que corren. Los cuatro habían llegado a la Ortodoxia desde el ateísmo marxista o idealista de distintos grupos de la intelligentsia, los cuatro van a apoyar y contribuir a la fundación del Instituto de Teología Ortodoxa de París, dejando en él una impronta característica. Es curioso observar que antes de la revolución, estos hombres defienden la libertad contra los comunistas y contra los defensores de la monarquía absoluta; propugnan un «nacionalismo ecuménico» como respuesta a los occidentalizantes y a los ultraconservadores. Estas carac- terísticas se van a manifestar unos años después en París. Cfr. N. ZERNOV, The Russian Re-
ligious Renaissance (1963) pp. 131-164.
36. Se podrían definir dos tendencias entre los intelectuales: una «neo-occidental» (para distinguirla de la anterior, que era atea y pragmática), en la que cabe contar a Bulgakov, y otra más tradicional, ortodoxa y rusa —venida del ambiente de las Academias de Teolo- gía—, en el sentido de la gran tradición de los Padres. Estas dos tendencias, ya adultas en los años prerrevolucionarios, van a tener relieve en el siglo XX y en el Instituto San Sergio. 37. FLORENSKY(1882-1937), vivió toda su vida en Rusia. Profesor de la Academia de Moscú, publica su obra más conocida en 1914: La columna y el fundamento de la verdad, tí- tulo tomado de la conocida cita bíblica de 1 Tim 3, 15. Este libro revolucionó el pensamien- to teológico y el estilo de presentar las obras teológicas. Marcó el inicio de una nueva era en la Teología rusa por su acento en la experiencia religiosa para conocer la verdad, su difusión de las ideas de Soloviev (la teandría y la Sophia) y el recurso a ejemplos sacados de sus co-
Con la revolución de 1917, el inicio de la guerra civil y el enor- me cambio político, social, cultural y eclesiástico, terminó drástica- mente el renacimiento intelectual38. Pero no todo fue negativo en
1917. El despertar teológico también estaba motivado por la bús- queda de la forma en que el cristianismo se revelara creador en el ámbito cultural y social. En este contexto, la necesidad de reformar el estatuto de la Iglesia dentro del Estado era apremiante y tomó for- ma la idea de convocar un concilio de la Iglesia rusa, a pesar de la re- sistencia estatal. Hasta la revolución sólo pudieron realizarse algunas pequeñas remodelaciones. Con la caída del Zar Nicolás II y del siste- ma heredado de Pedro el Grande, la Iglesia se separó del Estado y, gracias a los fermentos teológicos y espirituales que poseía, convocó el concilio de Moscú, que abrió sus puertas al final de la época menche- vique, con Kerensky presidiendo los destinos de Rusia.
II. LA DIÁSPORA Y LAORTODOXIA