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La coronación del moho/antibiótico: el moho laureado

Capítulo 2: La topografía de lo “alto” y lo “bajo” a nivel terrenal: la faz intercorporal de lo

2.11 La coronación del moho/antibiótico: el moho laureado

La mencionada asociación del polen con el moho evoca nuevamente a “el aura”, dado que, como indicaba, el polen es transportado a través del aire. Si la valoración del “aura” era sumamente positiva –no solo en el poema, sino también por el peso de la tradición– el que interactúe con el moho y las plantas supone su injerencia en el proceso de fecundación de las flores. En otras palabras, el reino vegetal y el fungi se ven unidos por “el aura”, en su sentido de viento suave y apacible de la lírica culta.

Asimismo, la frase “todas partes” (14) subvierte las mismas bases del orden oficial por- que uno de los múltiples criterios honrados para minusvalorar al moho era su simpleza ce- lular en la escala evolutiva, por contraposición a la plantas, por ejemplo, ubicadas un pel- daño arriba en la evolución. Esta verdad –como las otras ya señaladas– se ha vuelto aparen- te y se ha relativizado con la instalación del ambiente lúdico y festivo del poema. Así, si otro criterio para marginar al moho era el de la complejidad celular, ahora el criterio para alzarlo carnavalescamente entre los otros seres es el ser infinitamente más numeroso que todas las especies que se ubican por encima de él según el criterio evolutivo.

Dicha crítica se dirige especialmente a las plantas: el reino vegetal es menos numeroso que el inconmensurable número de especies de hongos que existen138. El criterio ya no es, pues, la calidad de los seres –cosa que se anula para dar paso al cuerpo cósmico que parti- cipa en pleno de la fiesta– sino la cantidad, lo cual es coherente en el contexto del realismo grotesco si consideramos que en sus imágenes prima lo superabundante y la hiperbolización de los cuerpos.

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Existe una variedad de “50,000 organismos del reino Fungi” (Britannica. Micropaedia, t. 5, 54, mi traduc- ción)

Además, el que el moho/antibiótico esté en “todas partes” no solo se comprende por su numerosísima presencia en el orbe poético; también por el efecto producido por su reciente unión con el aire/ aura. Esta dualidad es la que posibilita la acción benéfica del moho/antibiótico y constituye el signo de su coronación.

Precisamente, el moho es coronado por el aura/laurel: es un moho laureado. La escena es bastante cómica y concilia en una mezcla extrañísima y sorprendente –donde destaca la suma originalidad belliana– las diversas tradiciones literarias que he estado señalando a lo largo de este capítulo.

Con la constatación del moho/antibiótico transportándose por el aire/aura destaca el pre- fijo “sobre”, que se emparenta por oposición con el sufijo “zuelo” de “pobrezuelo”: el moho ya no se arrastra por el “suelo”, sino que se eleva por el aura, por “sobre” las plantas incluso. La representación de “el aura” como entidad aérea que viaja por sobre la yedra y el olmo tampoco es gratuita: alude formidablemente a la deuda que un incomparable poeta como Garcilaso tiene con un clásico universal como Petrarca.

Analicemos, ahora, el último segmento del poema, el que fundamentalmente tiene como referente temporal el pretérito en que el moho estaba postergado:

Cuando espejo ayer del Leteo oscuro o deleznable en lo montés tú eras; y qué dirán la yedra y olmo entonces, que de ti se iban a otro punto ufanos, a más entremezclarse para siempre bajo su feliz preferido polen, éste que como tú quisiera ser

en antibiótico ahora convertido. (17-24)

La revaloración del moho está dotada de tanta fuerza y expresividad dado que era “espe- jo ayer del Leteo oscuro / o deleznable en lo montés tú eras” (18-9). La acumulación de tres acentos consecutivos en el último verso citado no solo lo vuelve aún más expresivo, además refrenda la idea de que el moho ya no es más ese ser “montés” y “rastrero”:

o deleznable en lo montés tú eras (19) UUU / U U U / / / U

8 9 10

Se insiste, entonces, en el cambio de estado del moho, hecho de vital importancia –como he venido señalando– en la inversión de las jerarquías iniciales del cosmos poético, en la instauración de un “mundo al revés”. Así, El moho “era” “montés”, reflejo de los olvida- dos, en el sentido de los elementos relegados en el orden oficial por ser considerados gr o- tescos y mortalmente improductivos. Esa marginación en la escala evolutiva lo tenía como ser despreciable y rastrero. Por eso, ante la evidencia de ese cambio, la voz poética se hace cómplice solidario con su interlocutor antibiótico: “y qué dirán la yedra y olmo entonces” (20).

Ahora bien, si antes la yedra y el olmo se iban ufanos era debido a que eran arrogantes y poseían, de un lado, el prestigio de la tradición poética culta y, de otro, la cualidad de lo- zanía de las plantas, vale decir, que se jactaban de ser parte del canon clásico además de su condición de vigorosas y frondosas, cualidades de las que el moho carece. Nuevamente, ello ya no es relevante en este mundo invertido porque el criterio ha dejado de ser cualitati- vo para dar paso al cuantitativo: no es relevante la elevación individual del olmo, de la ye-

dra o el laurel, sino la formación de un solo cuerpo que, desde la exaltación de la materia y lo corpóreo, incluya lo grotesco y sublime: la dualidad formada por “el aura” y el antibióti- co.

En el tiempo pretérito del poema, la yedra y el olmo iban “a más entremezclarse para siempre / bajo su feliz preferido polen” (21-2). Ahora, el moho posee una condición aun superior a la del polen, el que además ya quisiera ser “en antibiótico ahora convertido” (24). Esta presente condición del moho –varias veces señalada–, en que ya no es más “montés” ni “rastrero” sino antibiótico, es nuevamente destacada por una sinalefa compues- ta por tres vocales:

en antibiótico ahora convertido (24)

Como indicaba, es el polen quien ahora anhela también convertirse en antibiótico. Dicha aspiración del polen obedece a que, junto con otras sustancias y elementos, puede producir otro tipo de antibiótico: el propóleos139. Entonces, el polen, consciente del poder benéfico que tienen los antibióticos como el propóleos, anhela ahora ser más que el polvillo que fe- cunda las flores y gozar de las amplias capacidades con que cuentan los antibióticos.

De modo que si el mismo polen, la sustancia que permite la vida de las plantas, desea te- ner una condición como la del moho, este último ha terminado de coronarse: se ha conver- tido en el ser más encumbrado del microcosmos poético y se entiende que sus antiguos de- tractores lo contemplarán con adoración al constatar que el tan valorado polen aspira a tener sus propiedades, tan benéficas para la preservación de la vida.

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"Las abejas también recolectan propóleos, un material resinoso de los brotes de los árboles, para el sellado de grietas en la colmena o para la cobertura de objetos extraños en la colmena que no se pueden qui- tar" (Britannica. Macropaedia, t. 19, 151). Los árboles de los que las abejas recogen esta sustancia son “el abedul, pino, álamo, olmo” (Enciclopedia Visor, t.20) El propóleo se convierte en antibiótico al ser sometido “a ciertos procesos de digestión y regurgitación por parte de la abeja” (t.20).

2.12 La unión carnal de “el aura” y el moho/antibiótico: parodia de un verso sanjuanino

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