5.1 LAS OPORTUNIDADES DE EMPLEO
5.1.1. La demanda agregada: desindustrialización temprana
Desde la década de los años ochenta, la economía colombiana viene sufriendo un proceso de desindustrialización con efectos negativos en cuanto a la capacidad de la industria para vincular importantes contingentes de mano de obra, tendencia que se agudiza en la década del noventa, asociada al crecimiento económico. Ocampo et al (2000) señalan que las caídas más fuertes de la tasa de ocupación han coincidido con los períodos de desaceleración y recesión (1996 y 1999) y que, en general, desde 1996 existe una clara asociación entre el comportamiento del empleo en las principales ciudades y la evolución del PIB (ver cuadro 7). Además, añaden, “… la pérdida de empleo en los sectores transables ha sido
persistente a lo largo de la década y debe asociarse, por lo tanto, por su severidad, a los efectos de las reformas estructurales (Ocampo et al 2000: 86).
El fuerte deterioro de la producción por habitante de la agricultura y la industria manufacturera se combina con aumentos significativos de la productividad como muestra el cuadro 9. Entre 1991 y 1997 la producción industrial cae 1,1 y la ocupación 2,1 mientras la productividad crece en 15,2. Los incrementos de productividad no están asociados con el crecimiento del empleo ni con la producción industrial. Esta conclusión parece reafirmar la hipótesis que los procesos de reestructuración empresarial adelantados con cierta continuidad desde hace dos décadas no han sido compensados con mejoras en el crecimiento del producto industrial y menos con el del empleo. Las condiciones estructurales del país opacan los esfuerzos realizados a nivel micro en el contexto empresarial.
Aunque los datos no corresponden con exactitud -debido al espectro muestral diferente- lo importante a resaltar aquí es la poca capacidad de absorción de mano de obra que tiene la industria y su disminución en el sector. Según los análisis de Garay, la industria manufacturera en 1991 ocupó al 15% del total de la población ocupada y en 1997, el 13%, lo que supone alrededor de dos millones de personas ocupadas en este sector. Mientras el Censo Económico de 1991, reportaba menos de un millón de ocupados, de los cuales el 24,6% se encontraba en empresas con menos de 10 trabajadores, las cuales representaban el 87,3% del total de establecimientos; y el 44,1% se encontraba laborando en empresas de más de 100 trabajadores que representaban el 1,4% de los establecimientos (Weiss, 1997: 11).
Cuadro 9
Descomposición sectorial de la productividad laboral, el producto percápita y los cambios del empleo
Sectores Económicos Crecimiento de la productividad laboral Crecimiento de la producción per-cápita Variación del empleo 91-95 95-97 91-97 91-95 95-97 91-97 91-95 95-97 91-97 Agricultura 18,7 -4,1 13,8 -0,7 -3,9 -4,6 -4,4 0,00 -4,3 Minería 65,6 22,7 103,2 9,0 8,5 18,3 -0,4 -0,1 -0,5 Industria -2,8 18,4 15,2 2,7 -3,7 -1,1 0,8 .2,9 -2,1 Electricidad/gas/agua 34,1 -38,6 17,6 11,7 2,6 14,6 -0,1 0,3 0,2 Construcción 7,2 14,1 22,3 46,9 -4,1 40,8 1,7 -1,0 0,7 Comercio 13,2 1,1 14,5 19,8 -0,9 18,7 1,2 -0,4 0,8 Transporte 2,5 10,6 13,3 13,6 6,1 20,4 0,5 -0,2 0,3 Servicios financieros -3,0 0,1 -2,9 24,4 4,4 29,9 1,0 0,2 1,2 Otros servicios 11,7 4,4 16,6 13,4 9,9 24,6 0,3 1,2 1,5 Total 10,4 4,2 15,0 11,2 1,2 12,5 0,7 -2,9 -2,2 Bienes transables 12,0 5,6 18,3 1,7 -2,6 -0,9 -3,9 -3,0 -7,0 Bienes no transables 10,8 4,0 15,2 19,8 4,2 24,8 4,7 0,1 4,8 Los totales de las tres descomposiciones no coinciden exactamente porque en las estimaciones discretas se excluye el efecto conjunto de los cambios en cada uno de los dos componentes.
Fuente: Cálculos de los autores con base en Encuesta Nacional de Hogares (Ocampo, Sánchez y Tovar, 2000: 87).
La expulsión en términos relativos y absolutos de trabajadores de la industria manufacturera y del sector estatal, ha contribuido a elevar las tasas de desempleo las cuales están asociadas también al alarmante crecimiento de la población víctima de desplazamiento forzado. Históricamente, las migraciones internas en Colombia han obedecido más a factores de expulsión que de atracción. La violencia continua ensañándose con los sectores más desprotegidos, los campos son abandonados como resultado del enfrentamiento entre guerrilla-militares y guerrilla-paramilitares. Los combates se recrudecen por los intereses del narcotráfico que aceleran los procesos de concentración de tierras y expulsión violenta de campesinos. “Hasta 1995 los narcotraficantes habían comprado
fincas rurales en 45% de los municipios, concentrando la definición de pautas de inversión rural, la seguridad alimentaria y ejércitos privados” (Sarmiento,
1998: 11).
Cuadro 10
Descomposición sectorial del empleo (en miles)
1991 1995 1997
Sectores económicos # % # % # %
Agricultura 3.756 26,7 3.372 22,2 3.497 22,9
Minería 173 1,2 122 0,8 112 0,7
Industria 2.104 15.0 2.383 15.7 2.007 13.2
Electricidad, gas y agua 87 0,6 77 0,5 134 0,9
Construcción 628 4,5 923 6,1 803 5,3 Comercio 2.906 20,7 3.298 21,7 3.348 21,9 Transporte 708 5,0 841 5,5 836 5,5 Servicios financieros 510 3,6 702 4,6 758 5,0 Otros servicios 3.171 22,6 3.452 22,8 3.765 24,7 Total 14.042 100,0 15.170 100,0 15.259 100,0 Bienes transables 6.033 43,0 5.876 38,7 5.616 36,8 Bienes no transables 8.010 57,0 9.293 61,3 9.643 63,2 Fuente: Cálculos propios de los autores con base en Encuesta Nacional de Hogares (Ocampo, Sánchez y Tovar, 2000: 88).
Con el colapso de la economía, las políticas de privatización adelantadas por el Estado, la violencia y las medidas en el campo laboral, el empleo productivo y formal tienden a decrecer. De la fuerza laboral del país menos de una tercera parte se encuentra en el sector formal, el resto esta en el desempleo (20%) o en actividades de rebusque (54%). Actualmente “solo el 10% de la PEA se
encuentra bajo relaciones salariales y cuenta a la vez con un contrato de trabajo estable y a término indefinido” (Sarmiento, 1998: 23).
La contracción de la demanda, concomitante con una oferta de trabajo cuantitativamente mayor y cualitativamente más heterogénea, crea espacios para que los empresarios adelanten las estrategias que les convengan sin mayores cortapisas, debido a la poca regulación del mercado de trabajo; su margen de libertad se amplía por la debilidad del movimiento sindical colombiano.
Las oportunidades de empleo no dependen sólo de la demanda agregada sino de las estrategias de gestión de la mano de obra y del espacio legal que brinde el Estado para adelantar determinadas estrategias, como se mostrará a continuación. Hoy la industria recluta menos trabajadores y, además, exige de ellos nuevas conductas y cualidades, eso determina la erosión de la estabilidad de un grupo importante de trabajadores y disminuye sus probabilidades de realizar una carrera dentro de las empresas.