si bien el concepto de alienación había tenido en el plano reli- gioso, en la teoría jusnaturalista del contrato social, en la economía política inglesa y en la obra de Hegel un significado positivo en ge- neral, a partir de Feuerbach y hasta la actualidad se puede considerar que se ha producido una inversión de los signos y este concepto ha adquirido una connotación marcadamente negativa. aun cuando en determinados enfoques, algunas veces intenta recuperar su anterior sentido, nunca logra realmente sobreponerse a este signo negativo, reconocido por la comunidad filosófica internacional e incluso más allá de las fronteras de la filosofía, si es que realmente ésta las tiene.
los jóvenes hegelianos manejaban el concepto de enajenación de manera indistinta, unas veces en el propio sentido que hegel lo em-
mica, 1983, p. 99.
72. Teodor ilich oizerman y otros, Geschichte der Dialektik. Die klassische Deutsche Philo-
pleaba, pero otras con una tonalidad original. Bruno Bauer que lideró el grupo por sus trabajos de crítica a los evangelios presentaba a las religiones y en especial al cristianismo como una forma ya caduca de
alienación de la autoconciencia, que en su caso concebía como toda
la actividad creadora de la humanidad a través de la historia. esta actividad se veía limitada cuando la autoconciencia no comprendía la inmensidad de su poderío para superar la alienación.
en su lugar Feuerbach ponía atención en el hombre. ese an- tropologismo se manifestó desde muy joven, como se muestra en una carta que le escribió a su padre en 1825, explicándole las razones por las cuales abandonaba sus estudios de teología. en ella declaraba:
Mi espíritu ya no se encuentra en los límites del reino sagrado; mi sentido se encuentra en el amplio mundo; mi alma ambiciosa quiere entrelazar todo en sí, yo quiero rescatar a la naturaleza de la pusilánime teología, yo quiero apretar al hombre a mi corazón, pero el hombre total, que sólo puede ser objeto de los filósofos,
no el de los teólogos, los anatomistas o los juristas73.
doce años después algo similar le escribiría también a su padre el joven Marx al confesarle: «una vez más comprendí que sin la filosofía era imposible llegar»74. Tal parece que por suerte para el humanismo
contemporáneo, algunos jóvenes alemanes de esa época, como ellos, no podían ver al hombre si no era a través de los ojos del búho Minerva.
la efervescente discusión sobre las sagradas escrituras que pre- dominaba en aquella época y la reconsideración del valor de la por entonces dominante filosofía hegeliana, motivó a ambos jóvenes a evolucionar desde la teología a la filosofía, desde la alienación hacia su crítica, y desde el idealismo hacia su ruptura y superación. Feuer- bach dio el primer paso en ese sentido. ese fue su mayor mérito his- tórico, aunque trascendió más a través de Marx que de él mismo. de no haberse desplegado la obra de Marx, el pensamiento de Feuerbach hubiese tenido mucho menos reconocimiento posterior que el que ha tenido. Tal vez aprendió de sócrates que el mejor maestro es el que reconoce ser superado por sus discípulos y por eso finalmente se iden- tificó mucho más con Marx.
durante el período de la preparación de sus obras más trascenden- tales, en que despliega su intelecto sobre el asunto de la enajenación
73. l. Feuerbach, “Fragmente zur Charakteristik meines philosophischen Curriculum vitae”,
Philosophische Kritiken und Grundstäze, leipzig, reclam, 1969, p. 295.
74. K. Marx, Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, la Habana, editora Política, 1966, p. 15.
religiosa, Feuerbach reflexionó con detalle sobre las cualidades huma- nas. su intención era conocer cada vez mejor al hombre. no había, ni hay otro modo, de contribuir a su desalienación.
el profundo amor que sentía por los hombres no empañó la mira- da para descubrir sus imperfecciones, que, según él, sólo el hombre mismo podía erradicar sin necesidad de la custodia divina.
entre los aforismos que escribía en su diario por 1835 se encuen- tra éste que plantea que: “el hombre tiene defectos, solo tiene que reconocerlos como objeto de su virtuosidad y poder educarse”75. esto
significa que Feuerbach no concebía idílicamente al hombre como una consumación de bondad y perfección al estilo de otros moralistas. aun cuando sea válida la crítica de engels a su moral, por resultar abstracta76 y sea necesario considerar como inadecuado el hiperbólico
lugar que le asigna a las ideas religiosas en el desarrollo social, es in- correcto pensar que Feuerbach vio al hombre santificado en una urna de cristal a pesar de su fe en el hombre.
el hombre era, para él, el ser al cual se le debe rendir culto especial, más que a dios, puesto que es “el más real de los seres”77 y porque en
definitiva, a su juicio: «es la religión quien adora al hombre, aunque la religión o más la teología lo niega (…) dios es el hombre, el hombre es dios».78 aparentemente Feuerbach invertía las alienantes relacio-
nes hasta ese momento concebidas entre los ‘hombres y sus deidades; realmente las estaba situando sobre sus verdaderos pies, aun cuando cometía el error de crear prácticamente un nuevo tipo de religiosidad, la del amor entre los hombres.
la inversión que realiza Feuerbach es producto de su observación sobre el hecho evidente de que todas las religiones atribuyen a sus deidades los rasgos más positivos que el hombre añora poseer y en su lugar le atribuyen a éste todos los negativos e imperfecciones posibles. Por eso sostiene que
la religión es la incisión del hombre consigo mismo: porque ella considera a dios como un ser opuesto a él. dios no es lo que es el hombre, el hombre es lo que no es dios. dios es el ser infinito, el hombre el ser finito; dios es perfecto, el hombre imperfecto; dios es eterno, el hombre temporal; dios es omnipotente, el hombre impotente; dios es santo, el hombre pecador. dios y el hombre
75. l. Feuerbach, op. cit., p. 301.
76. F. engels, “ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, Obras escogidas, C. Marx y F. engels, Moscú, editorial Progreso, tomo iii,1974, p. 378.
77. l. Feuerbach, La esencia del cristianismo, la Habana: editorial de Ciencias sociales, 1976, p. 25.
son dos extremos: dios es lo absolutamente positivo, el contenido (Inbregriff) de todas las realidades; el hombre es sencillamente lo
negativo, el concepto de la nada79.
el objetivo de toda su obra era demostrar que “la religión es una discordia entre el hombre y su propia esencia”80. Y en cierto modo
lo logra aunque distorsionando el carácter activo y social del hom- bre, que ya el idealismo alemán de su tiempo había formulado, y que Marx supo aprovechar. Pero, en cambio, el obstinado materialismo de Feuerbach le condujo a posiciones unilaterales en la comprensión de la esencia humana.
Kolakowsky considera con razón que: “la esencia del cristia- nismo fue un intento por aplicar la categoría hegeliana de aliena- ción a la formulación de un punto de vista puramente naturalista y antropocéntrico”81. Pero fue mucho más que eso, fue un intento en-
caminado a que el hombre recuperara su esencia escamoteada por la religión. el hecho de que en Feuerbach no llegase a cumplimentarse tal recuperación por el naturalismo que lo embarga, no le impide figu- rar en la larga lista del pensamiento humanista universal.
Varias son las razones que le dan un merecido lugar. ante todo, haber situado al hombre como categoría y valor principal de toda con- sideración, en lugar de dios, la naturaleza, la sociedad, etc. Feuerbach se refiere siempre a individuos concretos, finitos, naturales, los porta- dores de esa esencia humana enajenada en la religión.
al hacer un balance temprano de su obra filosófica poco antes de ese retiro que se produce al resguardarse en su pequeña aldea, por el revuelo que tuvieron algunas de sus obras, reflexionaba de este modo: “dios fue mi primer pensamiento, la razón fue el segundo, el hombre ha sido mi tercero y último. el sujeto de la divinidad es la razón, pero el sujeto de la razón es el hombre”82.
la primacía que Feuerbach le otorga al hombre se fundamenta en la concepción de que el hombre por su naturaleza propia ama al hom- bre y sólo puede realizarse como individuo cuando sustituye las falsas divinidades por la verdadera, que es el propio hombre.
el punto de partida que le permitió a Feuerbach arribar a tales con- sideraciones reivindicadoras de lo humano fue su crítica al idealismo filosófico especulativo, en particular al de Hegel. su intención renova-
79. Ibíd, p. 35. 80. Ibidem.
81. l. Kolakowsky, Las principales corrientes del marxismo. Su nacimiento, desarrollo y diso-
lución, Madrid: alianza editorial, 1985, p. 121.
82. l. Feuerbach, “Grundätze der Philosophie”, Philosophische Kritiken und Grundsätze,
dora se apreció en sus Tesis preliminares para la reforma de la filosofía donde sostenía que “el inicio de la filosofía no es dios o lo absoluto, no es lo absoluto, tampoco el ser como predicado de la idea; el inicio de la filosofía es lo finito, lo determinado, lo real. lo finito no puede ser pensado sin lo finito”83. Y eso finito, determinado y real que Feuerbach
buscaba para fundamentar su filosofía era simplemente el hombre. Feuerbach aspiraba a un hombre desalienado en muchos planos y no solamente en lo que respecta a su esencia perdida con la religión. Para lograr tal superación de todo tipo de alienación era importante partir de la consideración fundamental del optimismo epistemológi- co, de la confianza en la capacidad humana para conocer el mundo que le rodea y apropiárselo. el sensualismo que lo caracterizaba le hacía pensar que el hombre disponía de los elementos suficientes con sus sentidos para incrementar paulatinamente sus conocimientos.
“Cuando un hombre –sostenía– esclarece solamente alguna de las cosas más próximas a él, prende a la vez una luz general, que tiene la propiedad de iluminar objetos distantes”84.
de tal modo afianzaba su confianza en que el hombre podía irse abriendo camino ante las fuerzas desconocidas y hacerse más libre al situarlas bajo su dominio.
a su juicio el hombre era un ser libre, que se hacía más libre cuan- do dominaba determinada regularidad de los fenómenos en el mun- do. “Todo supera el hombre –planteaba– pero solamente cuando la superación para él constituye una necesidad; todo lo puede, cuando él tiene que hacerlo. ¡oh! divina necesidad, quisiera ser esclavo cuando
tú me entregas la bendición de tus fuerzas”85.
de manera que el carácter contemplativo qué Marx criticaba en Feuerbach por no comprender la importancia de la actividad práctico- crítica, sólo se entiende si se considera en relación con el viraje filosófico operado por el marxismo al centrar la atención en la actividad práctico- crítica, revolucionaria del hombre, que se sintetiza en su esencia real y no en la hipostasiada de modo naturalista por Feuerbach.
Pero si se toma en consideración el papel de éste en relación con el materialismo, anterior, especialmente el francés, sobresale ante todo por la superación del determinismo mecanicista al concederle al hombre mayores posibilidades de ejecutar su libertad. de no ha- ber desarrollado Feuerbach esas ideas humanistas y desalienadoras en diferentes planos, difícilmente hubiese logrado la recepción que tuvo
83. l. Feuerbach, “Vorläufigen Thesen zur reformation der Philosophie”, Philosophische
Kritiken und Grundsátze. leipzig, Reclam, p. 176.
84. Ibíd, p. 306. 85. Ibíd, p. 308.
en Marx y engels, quienes ya labraban su camino hacia el humanismo
real86 por senderos propios, que fueron iluminados por aquel “torren-
te de fuego” (Feuerbach). si no hubiese existido la unidad orgánica que había entre su materialismo y su humanismo,87 el torrente hubiera
sido apagado rápidamente sin dejar significativa huella.
Quizás entre los factores que contribuyeron a su retiro intelectual, además de su expulsión como docente de la universidad de erlangen y el rechazo que produjeron sus ideas entre los sectores más recalci- trantes de la conservadora sociedad alemana de su época, estuvo ante todo el sentirse incapaz de realizar su proyecto de que “la verdadera filosofía consiste no en hacer libros, sino hombres”88. esto pudo in-
cidir en su decisión de militar en el partido socialdemócrata, que se inspiraba en las ideas y en la praxis de su mejor discípulo.
el papel de Marx en la inicial desalienación del espíritu absoluto hegeliano fue tan decisivo que le posibilitó superar tanto a Hegel89
como a su crítico, Feuerbach, como sostiene Mezarov: “la clave para comprender la teoría marxista de la enajenación es el concepto de
Aufhebung y no al contrario”.90 Todo lo que ‘se planteó Marx desde
un inicio fue revelar los mecanismos reales de la enajenación huma- na, precisamente para superarlos de forma práctica, revolucionaria. Y para realizar esa labor lo primero que tuvo Marx que hacer fue comprender las limitaciones de la concepción de la enajenación, en sus antecesores.
a juicio de Marx:
86. P. Guadarrama González. “Humanismo y marxismo”. Marx Vive. IV. universidad na- cional de Colombia. Bogotá. 2006. p. 209-226.
87. “Materialismo y humanismo conforman en la filosofía de este pensador una unidad in- separable”, G. schróter, “Feuerbach”, Philosophisches Lexikon, Berlin, dietz Verlag, 1982, p. 259.
88. l. Feuerbach, Grundsätze del Philosophie, od. cit., p. 323. según M. Thom: “la com- prensión de la filosofía de Feuerbach es completamente distinta a las escuelas filosóficas habituales (que operaban en alemania, hasta la filosofía hegeliana). FeUerBach quería una
nueva filosofía, sanguínea, una filosofía conceptualizadora del hombre en su totalidad, una filosofía genético-crítica, que reconciliara de nuevo al hombre con la naturaleza y de nuevo superara el abismo con la contemplación, como era habitual en la nueva filosofía de spinoza”. M. Thom: Dr Karl Marx, Das Werden der neuen Weltanschauung 1835-1843, Berlin,dietz Verlag, 1986, pp. 238-239.
89. “Para Hegel la esencia del hombre –el hombre– equivale a la autoconciencia. Toda enaje- nación de la esencia humana no es, pues, sino la enajenación de la autoconciencia. la enaje- nación de la autoconciencia no es considerada como expresión de la verdadera enajenación del ser humano, su expresión reflejada en el reino del conocimiento y del pensamiento. en su lugar, el verdadero enajenamiento –el que aparece real– procede de su naturaleza íntima, oculta (una naturaleza traída a la luz sólo por la filosofía) no otra cosa que la manifestación de la enajenación de la esencia real del hombre, de la autoconciencia”. K. Marx: Manuscritos
económicos y filosóficos de 1844, la Habana, editora Política, 1965, pp. 162-163.
Feuerbach arranca de la autoenajenación religiosa, del desdobla- miento del mundo en un mundo religioso, imaginario y otro real. su cometido consiste en disolver el mundo religioso, reducién- dolo a su base terrenal., no advierte que después de realizada esta labor, queda por hacer lo principal. en efecto, el que la base terrenal se separe de sí misma y se plasme en las nubes como reino independiente, sólo puede explicarse por el propio desga- rramiento y la contradicción de esta base terrenal consigo misma. Por tanto lo primero que hay que hacer es comprender ésta en su contradicción y luego revolucionarla prácticamente eliminando la contradicción. Por consiguiente después de descubrir, v. gr. en la familia terrenal el secreto de la sagrada familia, hay que criticar
teóricamente y revolucionar prácticamente aquella91.
Por eso Marx y engels no se limitaron a la crítica de la enajenación religiosa como hizo Feuerbach, sino que emprendieron la crítica de la sociedad real, en particular, de la sociedad capitalista, que producía las diversas formas de alienación. no se enfrentaron a los fantasmas, sino a los fenómenos reales que producían las fantasiosas imágenes.
desde su primera obra conjunta La sagrada familia, revelaron la inver- sión producida por los sutiles mecanismos alienantes cuando señalaban:
Precisamente la esclavitud de la sociedad burguesa es, en aparien- cia, la más grande libertad, por ser la independencia aparentemente perfecta del individuo, que toma el movimiento desenfrenado de los elementos enajenados de su vida, no vinculados ya por los nexos ge- nerales ni por el hombre, por ejemplo, el movimiento de la propie- dad, de la industria, de la religión etc.,.por su propia libertad, cuando
es más bien su servidumbre y su falta de humanidad acabadas92.
desgraciadamente la sociedad burguesa contemporánea, no obs- tante los significativos cambios en muchos de sus mecanismos a fin de evitar el colapso y propiciar formas alternativas al socialismo, no ha podido modificar sustancialmente esa gran apariencia de libertad. en su nombre y en el de los derechos humanos se cometen las mayores atrocidades, que motivan el fundado cuestionamiento de la progresiva perfección humana.
la aspiración fundamental de Marx desde que da comienzo a su prolífica vida intelectual y revolucionaria, fue restituir en el hombre la
91. K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, Obras escogidas, K. Marx, y F. engels Moscú, edi- torial Progreso, 1973, p. s.
confianza en su real liberación a través de sus fuerzas propias, que le ha- bían sido enajenadas por distintos poderes dominantes. así lo expresa en una carta a ruge de 1843, cuando se lamenta del carácter vacilante de los alemanes de su época que no se decidían, como sus vecinos fran- ceses, a emprender transformaciones revolucionarias. “Primero –escri- bía– habría que despertar de nuevo en el pecho de estos hombres la conciencia de sí del hombre, la libertad. sólo, este sentimiento, desapa- recido del mundo con los griegos y sublimado por el cristianismo con el vaho azul del cielo, puede volver a hacer de la sociedad una comunidad de hombres para sus altos fines: un estado democrático”93.
su labor científica, filosófica y política estuvo dirigida durante toda su vida a cultivar ese sentimiento entre los hombres que, en pri- mer lugar, eran las mayores víctimas de esa pérdida de conciencia li- bertaria: el proletariado. Pero pensar que Marx sólo elaboró su teoría para emancipar a la clase obrera sería nefasto. su idea fue realmente comenzar la emancipación humana por su sector más urgido, a dife- rencia de los moralistas abstractos, que como Feuerbach, propugna- ban la libertad del hombre en general, pero sólo como primer peldaño de la paulatina desalienación de toda la humanidad, que aguardaba por la real humanización.
aunque en los primeros trabajos Marx revela la marcada influen- cia feuerbaquiana en lo que respecta a la crítica de la enajenación reli- giosa, su visión ya desde entonces sobrepasaba esos límites y trascen- día a otros planos de la enajenación humana.
en ese mismo año de 1843, cuando aún no se había detenido en los mecanismos enajenantes de la economía capitalista, parece quedarse al mismo nivel de Feuerbach cuando sostiene que: “el hombre, que buscaba un superhombre en la realidad fantástica del cielo y sólo en- contró en él el reflejo de sí mismo, no se sentirá ya inclinado a encon- trar solamente la apariencia de sí mismo, el no-hombre (Unmensch), allí donde lo que busca y debe buscar es su verdadera realidad”94.
Pero es evidente que sus pretensiones son superiores cuando plantea después que: “Y la tarea inmediata de la filosofía, que se encuentra al servicio de la historia, consiste –una vez que– se ha desenmascarado la