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La difícil construcción de la plurinacionalidad

Pienso que antes de tratar este tema es im- portante saber en qué contexto lo hacemos. Y yo pienso que hay dos aspectos del contex- to del continente latinoamericano que son muy importantes y que realmente dan la ca- racterística propia y única de este continente en el mundo. Yo trabajo mucho en África y en Asia un poco también, en India, y puedo decirles que realmente este continente es el que está más adelantado en la lucha anti imperialista y en la lucha por alternativas al capitalismo. Por eso es un continente que debe ser analizado con mucho cuidado, con mucha serenidad y con mucho entusiasmo porque, realmente, caminamos mucho para llegar aquí y hay que analizar nuestros de- safíos, nuestras posibilidades y nuestros límites, también.

¿Entonces, cuáles son los contextos? Son varios y voy a nombrar dos simplemente. Una de las características más flagrantes de nuestro continente en este momento, es la medida en que se combinan luchas ofensivas con luchas defensivas; o sea, en este conti- nente tenemos luchas ofensivas que no son necesariamente luchas socialistas; pueden tener una vocación socialista, pero son una lucha de un cambio radical y transformador de la sociedad. Y en estas luchas, el Estado es la solución; y la lo vemos aquí, lo vemos en Bolivia, lo vemos en Venezuela; vemos varias instancias de luchas ofensivas y son muchos modelos de sociedad: la Revolución Boliva-

riana, la Revolución Ciudadana, la Revolu- ción Comunitaria; o sea, tenemos diferentes luchas donde podemos decir que hay un cambio estructural que está en curso.

Pero al mismo tiempo no hay que olvidar que también hay luchas defensivas. ¿Cuáles son las luchas defensivas? Son las luchas para defender lo que conquistamos. ¿Por qué? Porque estamos en un continente donde en este momento se está intentado liquidar las conquistas democráticas de la última década. Y se está intentando liquidar de varias formas; no es simplemente el golpismo hon- dureño; es lo que llamo la contrarrevolución jurídica, por ejemplo, en Brasil o en Perú, donde las conquistas populares políticas están siendo anuladas por sentencias de la corte, por ejemplo. Es también el intento, en este continente, de criminalizar la pro- testa social. Una propuesta de la Fiscalía de Rio Grande do Sul, en Brasil, de convertir al MST (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra) —uno de los movimientos más importantes de este continente— en una organización terrorista. Y realmente, en este momento se viene todo el proceso para eli- minar todos los subsidios para la educación producida dentro de los asentamientos del MST, por razones constitucionales. De ahí el paramilitarismo que también está presen- te en Colombia, está presente en Venezue- la, está presente en Bolivia; está presente en varias partes, y este es un golpismo que busca efectivamente, de varias formas, liquidar las conquistas de la década. Entonces, hay aquí un enfrentamiento entre las luchas ofensivas y las luchas defensivas. Y las dos son articu- ladas y hay que notar que cuando luchamos por las luchas ofensivas, no podemos perder de vista también las luchas defensivas.

Y aquí es interesante recordar a uno de los grandes marxistas de este continente: José Mariátegui. Porque Mariátegui dijo muy temprano, en 1929, cuando visitó

La difícil construcción de

la plurinacionalidad

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Italia —estuvo dos años en Europa—, que la democracia representativa liberal tiene dos enemigos que se enfrentan desde fuera de la democracia: el socialismo y el fascismo. Los dos están fuera de la democracia y tentando liquidar a la democracia. Lo que pasa hoy, en nuestro continente, nuestra diferencia en relación a Mariátegui, es que los dos se en- frentan no desde afuera, sino desde adentro de la democracia. O sea, la democracia está siendo radicalizada por las fuerzas socialistas en este país, en varios países del continente, pero no podemos olvidar que las fuerzas fas- cistas están utilizando también la democra- cia para liquidar estas luchas. Miren cómo la bandera de la autonomía indígena en Bolivia fue apropiada por la derecha de Santa Cruz. Es un ejemplo muy fuerte de cómo, real- mente, estos dos enemigos luchan dentro de la democracia y eso muestra que el proceso democrático, se está transformando radical- mente y no es, de ninguna manera, una de- mocracia liberal.

El otro contexto muy importante para analizar el continente, es el debate civiliza- torio. Nosotros tenemos en el continente un debate civilizatorio. No es simplemente una transición del capitalismo al socialismo. Es otra cosa, mucho más amplia, o distinta, por lo menos. Este debate civilizatorio está en el continente desde la conquista, solo que con la conquista fue silenciado y suprimido de hecho, destruyendo las diversas culturas indígenas ancestrales de nuestro continente. Pero debido a una lucha tenaz, sobre todo en los últimos treinta años —algunas luchas son mucho más antiguas—, el movimiento indígena, el movimiento afro en este conti- nente, realmente han logrado esta diversidad cultural y eso, para nosotros, ha permitido ampliar un debate que no existe en otros continentes y un debate que, además, es un debate desde diferentes cosmovisiones, de diferentes concepciones del desarrollo, de diferentes concepciones del Estado, pero que están intentando dialogar. Es un diálogo muy difícil, pero no es un choque de civiliza- ciones a la Samuel Huntington; es otra cosa, es la posibilidad de un diálogo nuevo, difici- lísimo, pero que tiene que hacerse, porque

las Constituciones nuevas, este constitucio- nalismo transformador del continente, dan cuenta ya de esta posibilidad del diálogo. Es lo que está en la Constitución de Bolivia, es lo que está en la Constitución de Ecuador.

Cómo podríamos nosotros pensar que los pueblos olvidados, los pobres «ignorantes», «inferiores», como eran considerados los indígenas, tengan una presencia conceptual en nuestra Constitución de Ecuador, una presencia tan fuerte que es un orgullo de los ecuatorianos, que es un orgullo de todos los progresistas del mundo. ¿De dónde viene la palabra Pachamama, de dónde viene el

sumakkawsay que nos apropiamos y apren- demos de ellos? Esa es la gran riqueza de este debate civilizatorio. Y por eso, no hay una transición al socialismo; hay dos transicio- nes. La transición del capitalismo al socia- lismo y la transición del colonialismo a la autodeterminación, al fin del racismo: a la posibilidad que tenemos en este país y en otros países de la convivencia de diferentes nacionalidades, dentro del mismo Estado. Y aquí empiezan los problemas de la soberanía.

Lo que les quería decir, de manera breve, es que este es un argumento muy simple y a la vez muy difícil. Naturalmente, se trata de una cuestión fundamental y después espero que tengamos un debate. La plurinaciona- lidad refuerza el nacionalismo; no hay un concepto de nación; hay dos conceptos de nación y no hay, necesariamente, un con- flicto entre ellos. La concepción de nación cívica de origen liberal, ciudadana: todos somos ecuatorianos, todos somos bolivianos, somos brasileros, somos portugueses. Este es el concepto, digamos, liberal de la ciudada- nía y de la nación cívica, geopolítica. Pero hay un concepto de nación étnico-cultural, que ha sido reivindicado no solamente aquí; ha sido reivindicado en Etiopía, en Nueva Zelandia, en Canadá, en Bélgica, en Suiza, como la posibilidad de otro tipo de nacio- nalidad que es una nacionalidad que tiene raíces étnico-culturales y que no condiciona, no crea un conflicto necesario con el primer concepto de nación porque los pueblos in- dígenas y los pueblos afro descendientes

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nunca por la independencia. Desde hace tiempo, no es independencia lo que quieren, es el reconocimiento de sus nacionalidades; y por eso, voy a decir algo que puede ser muy polémico en este contexto, aquí en Ecuador. Yo he trabajado bastante con el movimiento indígena de Bolivia, de Ecuador, de Perú. No he visto nunca gente tan nacionalista como los indígenas; amantes de su país, lucharon por su país, murieron por sus países en las guerras de independencia y en las luchas después de la independencia. Pero así como son peruanos, son ecuatorianos, son colom- bianos, son también aymaras, son quichuas, son shuaras, y no hay necesariamente un conflicto entre estas maneras de ser. Al con- trario, se refuerza la idea de una nacionalidad más fuerte hecha de la diversidad. Y eso es, a mi juicio, la gran novedad que Ecuador va a traer al mundo.

Son dos grandes revoluciones. La primera, la Revolución Ciudadana de Ecuador, no es la revolución ciudadana liberal, porque hay diferentes formas de ciudadanía: la ciu- dadanía individual y la ciudadanía de los pueblos originarios, de sus organizaciones ancestrales que no son corporativas porque no son un gremio de taxistas. Es otra cosa, son las nacionalidades y identidades que se juntan para un proyecto nacional, que es el proyecto de su país pero con sus reglas de pertenencia, con sus formas ancestrales, con su derecho, con sus autonomías, que de ninguna manera, hacen peligrar la nación. Al contrario, la refuerzan. Entonces, la idea que propongo sobre la soberanía es que sobera- nía se está reforzando y, probablemente, no hay ningún país en el continente que sea hoy un mejor símbolo de la reivindicación de la soberanía que Ecuador. Fue el rechazo a la Base Militar de Manta, fue la auditoría de la Deuda, fue la negativa al TLC, fue el cierre de la negociación con la Unión Europea; o sea, hay en todo el movimiento de este país, por su soberanía, por su nacionalismo. Hay un nacionalismo nuevo, de izquierda, que es plurinacional, y hay que reconocer ese elemento de plurinacionalidad, en la diver- sidad, de la participación ciudadana. Y esa

participación, a mi juicio, es lo que da la riqueza del proceso. ¿Por qué? Porque hay diferentes formas de participación; porque la participación es fundamental para este proceso. Entonces, tenemos que reconocer que hay diferentes formas de participación y que esa participación debe proceder según las reglas de los diferentes pueblos dentro del marco constitucional. Esto nadie lo niega.

Entonces, a mi juicio, esta es la primera idea que les quería decir sobre cómo podemos, de hecho, combinar estas dos vi- siones: del capitalismo al socialismo y del co- lonialismo a la autodeterminación. Y esto se puede hacer y se hizo por la mañana. Miren, la diferencia no es trivial entre hablar del socialismo del siglo XXI y el socialismo del Buen Vivir.

El socialismo del Buen Vivir combina las dos transiciones: del capitalismo al socialis- mo, del colonialismo a descolonización; al fin del racismo, al fin del exterminio y de la inferioridad cultural. Y eso conlleva nuevas concepciones de democracia. La Consti- tución de Bolivia dice que hay tres formas de democracia: representativa, participativa y comunitaria. Esto enriquece la teoría que vino del Norte, y que reconoce solamente las dos primeras. Por eso necesitamos teorías del Sur. Diferentes formas democráticas que van a enriquecer las formas de partici- pación que no están en contra de la demo- cracia representativa; por el contrario, están enriqueciendo la democracia representativa. Porque aunque la democracia representativa es liberal, no se defiende de las fuerzas fascis- tas, como hemos visto miles de veces en este continente y en Europa.

Por eso es necesario tener nuevas formas radicales, revolucionarias de democracia que son estas, que surgen de luchas, que nos obligan, además, a diferentes concepciones del tiempo. Porque la transición del capi- talismo al socialismo tiene una duración de 200 años, podríamos decir, en su forma más madura; la transición del colonialismo a la descolonización tiene la larga duración desde la conquista. Y aquí realmente, cuando en- tramos en estas formas de larga duración,

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los pueblos se afirman de manera distinta; yo me he sorprendido de que hasta ahora no se evalúe casi nada de los pueblos indígenas en este continente. De su papel, de su rol protagónico en muchos de estos procesos. Hay que decirlo porque la presencia de los pueblos indígenas no se puede medir por criterios cuantitativos de democracia repre- sentativa, por la simple razón de que cuanto menos son, más valiosos son. Porque cuanto menos son, mayor fue el genocidio, más fueron asesinados. Por eso, más importantes y valiosos hoy, para la justicia histórica. No estamos hablando de justicia racial. Estamos hablando de justicia histórica. Por eso, la riqueza de los procesos constitucionales de Bolivia y Ecuador es este rescate de la justi- cia, que no es solamente la justicia social, es también una justicia histórica.

Y así se hace una transición, mucho más fuerte a mi juicio, para otra forma de vida, esa plenitud de vida a la que se refiere el

sumak kawsay.

El segundo argumento que quiero exponer es un argumento que me encanta, que me entusiasma y que me duele. Es que estamos a punto de cumplir el programa de Alianza País, que muchos de ustedes habrán leído, y que dice esto: Ecuador va a ser la primera potencia ambiental del mundo en el siglo XXI. Estamos a punto de lograrlo, pero hay dificultades. Y aquí tenemos realmente el gran problema del Yasuní-ITT, que está en las noticias. No hay que ocultar estos proble- mas. Estos problemas son muy fuertes para este país, son fuertes e importantes para todo el continente, son importantes para todo el mundo.

Yo les digo que estuve en Ambato para oír al Presidente y me emocionó por muchas razones. Me conmovió cuando Rafael dijo: el Yasuní es un proyecto emblemático de mi gobierno, y va adelante. Y para mí es im- portante ver al Presidente decirlo con esta convicción. ¿Por qué? Porque sabemos las dificultades. Pero las dificultades son difi- cultades en el seno de un grupo que tiene mucho en común todavía. No conozco

personalmente a Rafael Correa, pero soy solidario con este liderazgo de Rafael. Pero soy amigo de Fander Falconí, soy amigo de Alberto Acosta. ¿Y quién puede olvidar el papel de Alberto Acosta en la Constituyente? No se puede, de ninguna manera. Entonces, cómo puede haber un conflicto, aparente- mente con tanta violencia verbal, entre gente que son todos nacionalistas, son todos anti imperialistas, están todos a favor del Yasuní. Por favor, únanse. Por favor, háblense. Y esta apelación a la unidad, a mi juicio, es lo que es más importante en este momento porque la derecha se va a aprovechar —se está apro- vechando ya— de la división de las fuerzas progresistas; y por eso es necesario crear condiciones para que la unidad crezca. Y que crezca también con el movimiento in- dígena. Debo decir que hay muchas ideas equivocadas sobre el movimiento indígena en este país, y probablemente también por culpa de ellos, de sus divisiones; pongámoslo clarito. Pero les quiero decir, los indígenas no quieren el petróleo para ellos. Eso está muy claro para todos. Ayer hablaba con un gran líder que conozco desde hace muchos años; lo que quiere es que la propiedad del subsuelo, de los recursos naturales pertenez- ca efectivamente al Estado ecuatoriano. Y punto. Lo mismo en Bolivia, no hay ningún problema para el movimiento indígena a ese respecto. Este problema no existe. Lo que se quiere exactamente es la autonomía indí- gena, pero la circunscripción no se da para echar al Estado; al contrario, es para crear un nexo con el Estado en regiones donde hasta ahora no hubo Estado. ¿Quiénes está ahí? Las Misiones, las ONG, las transnacionales; estos fueran los interlocutores de los indíge- nas durante mucho tiempo. A veces, siglos. Entonces la autonomía es la manera de querer al Estado para adentro, no de echar al Estado para afuera. El Proyecto Yasuní- ITT tiene un valor nacional, que es también un valor regional y un valor mundial. Es bueno para todos los ecuatorianos; porque nada de lo que es bueno para los indígenas puede ser bueno simplemente para los indí- genas; es bueno para los indígenas porque es bueno para el país. ¿De otra manera por qué

153 tendríamos el derecho de la Pachamama?

¿Sumak kawsay simplemente para los indí- genas? No.

Además, estos conceptos se están trans- formando. Miren: esto es algo interesante desde el punto de vista analítico, sin quieren. Cuando nosotros hablamos de derechos de la

Pachamama ¿estamos hablando de algo indí- gena? No; estamos hablando de una mezcla, de lo que yo llamo una «ecología del saber». Es una mezcla de saberes: el saber ancestral con el saber moderno, eurocéntrico, progre- sista. ¿Por qué? Consideremos el lenguaje del derecho y el lenguaje de Pachamama. Pacha- mama proviene de la cosmovisión indígena, no hay ese concepto de derecho; hay un con- cepto más de deber y no tanto un concepto del derecho. Derecho para la Pachamama es una mezcla maravillosa entre pensamiento eurocéntrico y pensamiento ancestral. Y esta es la riqueza que no podemos desperdiciar. Es la riqueza del capital social organizativo de esta diversidad. Y si esta fuerza es desper- diciada ahora, cuando tenemos el apoyo de las nacionalidades en la Constitución, esto va a ser una pérdida de décadas que no se va a recuperar.

Estamos luchando en Bolivia exactamen- te por lo mismo. He trabajado bastante en la Constitución de Bolivia por esa gran novedad a que llamamos el constituciona- lismo transformador. Porque el constitu- cionalismo moderno borró las diferencias en nombre de la igualdad, pero con esto, mataron más indígenas después de la inde- pendencia que antes, durante la Colonia. Esto es una tragedia; por eso, ahora estamos a punto de crear, realmente, esa otra visión y la riqueza de toda esta integración regio- nal, alternativa, que se está creando, con la ALBA, con el Banco del Sur —y aquí el Presidente Correa ha sido muy fuerte en im- pulsar estas alternativas—. Aunque sospecho que, probablemente, por el fideicomiso no vamos a poder tener el Banco del Sur. No sé. ¿Por qué? Por varias razones que son técnicas y no voy discutir eso. Tampoco me gusta el PNUD, porque yo sé que el PNUD no va a hacer nada en contra de la geoestrategia

de los EE.UU., y para los EE.UU. los terri- torios indígenas de Latinoamérica, son un territorio de seguridad nacional norteameri- cana. No lo olvidemos. No podemos decir al Presidente cómo hacer su política, cómo va a defender el Yasuní-ITT; lo que podemos decirle es que sí lo haga… ¿Cómo? Él y su equipo lo sabrán.

Para eso hay que tener reforzado este nuevo nacionalismo, que tiene que atraer a todas las organizaciones de todos los pueblos. No podemos desacreditar a las dirigencias, porque les costó muertes y muchas luchas llegar a ser hoy importantes en el continente. No se puede decir que es un sindicato corpo- rativo como otro. Son realmente la afirma- ción de otra cosa. Y más. Son ellos quienes están trabajando también en un otro aspecto