Algunos elementos para la discusión
4. Las peculiaridades del tránsito pacífico
en América latina
Diferencia entre acceder al gobierno y conquistar el poder
Primero debemos aclarar que no es lo mismo acceder al gobierno que conquistar el poder. Este fue uno de los errores que algunos sec- tores de la izquierda cometieron en Chile. Se decía que habíamos conquistado el poder y que, por lo tanto, lo que había que hacer era poner en práctica el programa, sin tener en cuenta la correlación de fuerzas existente.
Llegar a ocupar el gobierno era, sin duda, haber adquirido una cuota de poder políti- co, pero no se puede olvidar que, aunque contábamos con partidos de izquierda muy grandes y un movimiento obrero bastan- te fuerte, no contábamos con las fuerzas armadas; éramos minoría en el Parlamento; nunca logramos tener un resultado electoral que fuese mayoritario en forma absoluta. La Democracia Cristiana seguía teniendo un gran peso, y no solo en los sectores medios y altos, sino también entre los obreros y cam- pesinos. Esto explica en parte que la Unidad Popular —coalición política que apoyaba a Allende— nunca propusiera ir a una Asam- blea Constituyente. Lo que se hizo fue usar la legislación vigente, buscando los resqui- cios legales: existían algunas leyes que habían sido decretadas en los años 30 por un gobier- no socialista de 100 días, y con esos elemen- tos pudimos avanzar en la nacionalización de los sectores más estratégicos de la economía que conformaron lo que la Unidad Popular llamó «área de propiedad social» (MH, La lucha de un pueblo sin armas).
Venezuela también ha pretendido transitar al socialismo por la vía pacífica. ¿En qué se diferencia esta vía de la vía chilena al socia- lismo? Chávez lo ha dicho reiteradamente: el primero era un tránsito pacífico desarma- do, y el venezolano es un tránsito pacífico armado, porque, justamente, la gran mayoría de las fuerzas armadas apoya el proceso.
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Una máquina estatal heredada no preparada para recorrer el camino al socialismo
Debemos considerar que nuestros gobiernos heredan un aparato de Estado cuyas caracte- rísticas son funcionales al sistema capitalista, pero no lo son para avanzar hacia una so- ciedad humanista y solidaria que pone a la persona humana no solo en el centro de su desarrollo, sino también como la gran prota- gonista de los cambios.
Sin embargo, la práctica ha demostrado, contra el dogmatismo teórico de algunos sectores de la izquierda radical, que se puede utilizar este Estado para transformarlo en un instrumento que colabore en la construc- ción de la nueva sociedad. El hecho de que las instituciones estatales estén dirigidas por cuadros revolucionarios, conscientes de que deben buscar la colaboración de los sectores organizados del pueblo, para controlar su quehacer y presionar para su transformación, puede permitir —dentro de determinados límites— que estas instituciones se pongan al servicio del proyecto revolucionario.
Esto no significa que debamos limitar- nos a usar el Estado heredado; es necesario que, desde ese mismo Estado, se vayan pro- moviendo los cimientos de la nueva insti- tucionalidad y del nuevo sistema político, creando desde abajo espacios de protagonis- mo popular que vayan preparando a los sec- tores populares para ejercer el poder desde el nivel más simple hasta el más complejo.
5. Tareas económicas en
las que desde el gobierno
se puede avanzar
Por otra parte, el viejo Estado heredado en manos de cuadros comprometidos con el proceso de transformación social y, por lo tanto, con voluntad política para usarlo para la transformación social, puede adoptar una serie de medidas que permitan ir avanzando hacia la sociedad que queremos construir.
Aquí, por razones de tiempo, expondre- mos sólo algunas medidas económicas:
Ir conquistando espacios que hasta entonces eran de dominio del capital
Ir conquistando espacios que hasta entonces eran de dominio del capital. Por ejemplo, la nacionalización de empresas estratégicas, el establecimiento de un sistema de control de cambio que impida la fuga de capitales, la desprivatización de los espacios públicos como playas, parques, estadios.
El caso más claro en Venezuela ha sido la recuperación de PDVSA, la empresa petrole- ra que, aunque formalmente estaba en manos del Estado debido a que había sido naciona- lizada el 29 de agosto de 1975, durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez, no era conducida por el gobierno sino por la alta gerencia, que tenía su agenda propia relacio- nada con los intereses de los grupos econó- micos dominantes. El sabotaje petrolero de fines de 2002 y comienzos de 2003 permitió al gobierno venezolano destituir a esa geren- cia golpista y antinacional, y reemplazarla por una gerencia conformada por cuadros del proceso, lo que permitió que el gobierno recuperase el control de la empresa y pudiese disponer de los excedentes producidos por ella para dedicarlos a uso social.
El gobierno venezolano ha podido, también nacionalizar o renacionalizar im- portantes empresas estratégicas como la empresa siderúrgica SIDOR (Siderurgia del Orinoco); y la industria alimenticia: Con- servas Alimenticias La Gaviota (procesadora de sardinas), Lácteos los Andes, Centrales azucareros, Silos, Torrefactoras, Frigoríficos. También pasó a control del Estado uno de los principales bancos privados, el Banco de Venezuela, antes perteneciente al grupo español Santander.
Se trata de ir avanzando hacia una pro- piedad cada vez más social de los medios de producción, sin negar el papel que puede jugar la pequeña propiedad privada.
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Elaborar una estrategia coherente para ir cambiando las relaciones de producción
Pero estos cambios no pueden ser realizados de un día para otro. Se trata de un proceso complejo que requiere tiempo. Como dice Michael Lebowitz: «No se trata simplemente de un cambio en la propiedad de las cosas. Esta es la parte más fácil de construir, lo que es mucho más difícil es cambiar las relacio- nes de producción, las relaciones sociales en general —y cambiar las actitudes y las ideas» (Lebowitz, 2006a).12
Es necesario, por lo tanto, elaborar una estrategia coherente para ir transformando las relaciones de producción existentes en las nuevas relaciones que caracterizan al socialis- mo del siglo XXI.
Los pasos, y la rapidez con la que estos pueden implementarse, dependen del punto de partida y de la correlación de fuerzas con la que se cuente.
Aclarando esto, menciono a continuación algunos de los pasos que sería necesario dar: primero, en el caso de las empresas de pro- piedad estatal; segundo, en el caso de las cooperativas; y tercero, en el caso de las em- presas capitalistas.
Empresas estatales
Sin lugar a dudas, la transición más fácil es la que se puede emprender dentro de las empresas estatales, ya que estas son formal- mente propiedad de la sociedad en general, y tienen como directiva explícita actuar en función de los intereses de esa misma socie- dad.
En estas empresas se podría ir avanzando de la propiedad formal a la apropiación real mediante:
12 La mayor parte de las ideas que expongo a continua-
ción son desarrolladas con mayor profundidad en este trabajo de Lebowitz.
a) la creación de consejos de los trabaja- dores que permitan la participación de los trabajadores en la gestión de la empresa;
b) la orientación de su producción a sa- tisfacer las necesidades de las comunidades;
c) la apertura de libros y la total transpa- rencia que nos permite a los trabajadores la contraloría social y combatir el despilfarro, la corrupción y el interés burocrático;
d) la elección de gerentes que compartan esta a visión y que cuenten con la confianza los trabajadores;
e) el logro de una eficiencia de nuevo tipo, que al mismo tiempo que mejore la productividad, permita un cada vez mayor desarrollo humano de los trabajadores (la puesta en práctica de una jornada laboral que incluya formación de los trabajadores para que su participación en la gestión sea realmente efectiva y no puramente formal) y que respete el medio ambiente.
Según Michael Lebowitz es posible que em- presas específicas que se guían por este tipo de políticas sociales puedan ser inicialmente «no rentables»; pero como se trata de políti- cas que pueden ser consideradas como una inversión social, toda la sociedad debería sol- ventar su costo.
Cooperativas
Es necesario estimular a las cooperativas a superar su orientación estrecha hacia el sólo interés del grupo de cooperativistas, desarro- llando vínculos orgánicos con la sociedad.
Para ello es importante estimular:
a) el establecimiento de vínculos entre cooperativas para establecer relaciones de cooperación en lugar de relaciones de com- petencia. En algunos casos se podría inten- tar integrar sus actividades directamente sin que estas estén separadas por las operaciones mercantiles.
87 b) Pero también es muy importante esta-
blecer vínculos entre las cooperativas y las comunidades. Esta es la mejor forma de irse apartando de los intereses particulares de cada cooperativa y enfocarse en los intereses y necesidades de la gente.
Empresas capitalistas
Se podría ir transformando gradualmente las empresas capitalistas buscando diversas fórmulas para que la actividad económica de estas se subordine a los intereses del plan económico nacional.
Entre estas medidas podrían figurar: a) la exigencia de transparencia, de libros abiertos para hacer posible la inspección de los trabajadores y las comunidades;
b) la utilización de un sistema de precios e impuestos que obligue a transferir parte de los excedentes a otros sectores de la eco- nomía, permitiendo la creación de nuevas empresas, o el mejoramiento de los servicios sociales para la población;
c) la competencia con empresas estatales o cooperativas subvencionadas, para obligar a bajar los precios y reducir el monto de ga- nancias;
d) la utilización de directivas guberna- mentales que exijan que las empresas capi- talistas transformen la jornada laboral para que incluya la formación de los trabajadores y formas específicas de participación de los trabajadores en la toma de decisiones respec- to a la marcha de la empresa.
Pero, ¿por qué las empresas capitalistas acep- tarían tales imposiciones si pueden trasladar- se a otros lugares en el mundo donde estos
costos no existen? Podrían estar dispuestas a hacerlo si en sus dueños primara la concien- cia patriótica, y si el gobierno revoluciona- rio premiara su actitud de colaboración en el plan de desarrollo nacional facilitándoles el acceso al crédito de los bancos estatales, y asegurando la compra de sus productos a precios convenientes por las empresas estata- les o el propio Estado. O sea, el Estado puede utilizar su poder para cambiar las reglas del juego bajo las cuales sería posible la supervi- vencia de las empresas capitalistas.
Pero, si el objetivo del gobierno revolucio- nario es ir avanzando hacia una sociedad sin explotadores y explotados, ¿por qué, enton- ces, realizar una estrategia para incorporar a las empresas capitalistas al plan nacional, si estas siguen explotando a los trabajadores?
La razón es muy sencilla: porque el Estado no es capaz, de un día para otro, de asumir toda la producción de dichas empresas. No tiene ni los recursos económicos, ni la expe- riencia empresarial requeridas.
Jamás debemos perder de vista, sin embargo, que las empresas capitalistas puestas en esta situación van a intentar, constantemente, reducir el peso de lo que Michael Lebowitz a llamado «la condicio- nalidad socialista». A su vez, el gobierno revolucionario, con la cooperación de los trabajadores y las comunidades, va a tratar de introducir más y más características so- cialistas en esas empresas. Existirá, por lo tanto, un proceso de lucha de clases en el que unos intentarán recuperar el terreno perdido volviendo al pasado capitalista y otros avanzar en la sustitución de la lógica del capital por una lógica humanista y soli- daria que permita a todos los seres humanos su pleno desarrollo.
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