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La difícil la convivencia de padres mayores con hijos postadolescentes

In document Adolescencia Mitos y Enigmas (página 104-110)

2 ¿Cuál es la mentalidad de los adolescentes «Nini»?

4. La difícil la convivencia de padres mayores con hijos postadolescentes

La convivencia diaria entre padres mayores –ya jubilados y que viven de una modesta pensión– con hijos parados de más de treinta años no suele ser fácil, especialmente cuando los hijos no han querido salir del nido por miedo o por comodidad. Una de las dificultades es que padres e hijos logren ponerse de acuerdo acerca cuál es el estatus de estos últimos en esa situación.

Los hijos pueden incurrir en el error de vivir en la casa paterna como si fuera un hotel. Los padres pueden ser tan permisivos como lo fueron en el pasado; en su descargo hay que decir que tienen que afrontar una situación nueva e inesperada sin disponer de modelos ya establecidos y soluciones homologadas en épocas anteriores. Para los padres la situación es desconcertante: ellos esperaban que después de muchos años de sacrifico por el bien de los hijos vendría un tiempo de descanso y tranquilidad. Además, la nueva dependencia les coge ya cansados.

Sobre este tema, la escritora y periodista francesa Christiane Collange, ha publicado un libro en el que reflexiona sobre la experiencia propia y ajena de madre de varios hijos mayores que siguen en casa, pero sin compartir la misma vida. Con estos testimonios disculpa a los padres y responsabiliza a los hijos jóvenes de los frecuentes conflictos:

«Estoy harta de oír hablar a cada momento de jóvenes que sufren debido a las malas relaciones con sus padres. Lo contrario también existe: padres que se sienten rechazados por sus hijos y que no logran comunicarse con ellos. De estos nunca se habla (…) ¡Tened piedad de los padres de los jóvenes de hoy! Se nos acusa de todos sus defectos, se nos hace responsables de todos sus delitos, con grandes

dosis de medios psicológicos de comunicación se abona nuestra culpabilidad, que les sirve de excusa y de coartada para todos sus errores. No, no hemos sido unos padres tan malos. No era fácil llevar el timón educativo en una sociedad en completa transformación, en pleno delirio consumista, en la que todos los valores han envejecido de repente, en la que todo se puede comprar y desechar a voluntad». Una de sus quejas concretas de esta madre se refiere a los horarios anárquicos de los hijos, que impiden la vida en común y dificultan el trabajo doméstico: «Cohabitando bajo el mismo techo, entramos constantemente en conflicto. Dormís mientras nosotros vivimos, coméis cuando estamos trabajando, llegáis cuando estamos levantándonos de la mesa, tenéis hambre justo cuando acabamos de recoger. Este rechazo a adaptaros a costumbres de la vida normal nos preocupa por vuestro futuro. Nosotros, que trabajamos y vivimos según los horarios de la mayoría, sabemos que la noche y el día no nos pertenecen a título individual (…) Para ganarse la vida en esta sociedad, integrarse en un sistema de producción, cualquiera que sea, es necesario poder pronunciar alguna palabra antes del mediodía, es indispensable dormir durante la noche en vez de toda la mañana, se impone consultar el reloj para respetar los compromisos, es inútil adoptar un aire de “sorpresa” cuando se “descubre” que es una hora más tarde de lo que pensábamos, etc.».

El fenómeno actual de la adolescencia ampliada artificialmente hasta bien entrada la adultez tiene diferentes posibles causas. Una de ellas es el excesivo tiempo de tutela al que están sometidos los jóvenes: «Una de las paradojas de las actuales sociedades es que, con más medios que nunca para convertir a los niños en adultos, retrasan ese proceso todo lo que pueden. Esa es justamente la noción de adolescencia ampliada Son, cada vez más, unos años de dependencia forzosa respecto al hogar paterno y su prolongación simbólica a través de las instituciones educativas. El joven podría vivir por sí solo, pero se considera que tiene que

formarse, depender de la tutela de los padres o de las instituciones»[2].

Otra causa de la adolescencia ampliada es el actual paro juvenil, que dificulta la emancipación del hogar. La situación de parado, para quien desea y necesita trabajar, crea una situación de dependencia involuntaria, con sentimientos de inutilidad, baja autoestima, frustración y angustia. Un joven que cree que no es nadie en la edad de ser alguien; que no puede hacer un proyecto vital; que tiene que pasar una y otra vez por la humillación de pedir dinero a sus padres, corre el riesgo de querer olvidarlo todo recurriendo a paraísos artificiales.

Una tercera posible causa es el caso de adolescentes y jóvenes con el síndrome de Peter Pan. Tienen miedo a ser independientes, a valerse por sí mismos y a vivir con menos comodidades que en el hogar familiar, por lo que no buscan trabajo ni siguen formándose para encontrarlo; optan voluntariamente por seguir viviendo con sus padres y a su costa. La casa es así para ellos un refugio permanente. Se trata de una conducta inédita en la evolución de la humanidad, ya que los jóvenes siempre han esperado con impaciencia su mayoría de edad y la emancipación del hogar familiar. Si no cambian de actitud serán eternos adolescentes. El problema no es seguir viviendo durante algún tiempo en la casa paterna (algunos hijos lo hacen, con buen criterio, para acompañar y cuidar a unos padres muy mayores o muy enfermos); lo preocupante es refugiarse allí de forma indefinida y sin justificación alguna.

¿Cómo pueden ayudar lo padres a los hijos con una postadolescencia prolongada? Conviene favorecer en ellos el desarrollo de una actitud de tolerancia y resi​liencia frente situaciones de problemáticas; acompañarle en su búsqueda existencial; fomentar actividades creativas y la formulación de un proyecto vital a medida que se va conociendo mejor a sí mismo y conociendo las posibilidades que le ofrece la sociedad.

desesperación ante la idea de que son una generación sin futuro. Pero eso no debe entenderse como sobreprotección, sino como exigencia: que asuman las consecuencias de su conducta. Por ejemplo, la familia no debe seguir fin pagando sus caprichos; si quieren lujos que se los paguen.

Es muy importante que los adolescentes y jóvenes no aplacen indefinidamente sus elecciones personales por miedo a nuevos compromisos o por comodidad, ya que ello retrasaría mucho la llegada de la madurez personal:

«Hay que decidir en qué vamos a gastar fundamentalmente el tiempo de nuestra vida y sus energías. Y hay que hacer las elecciones en su momento, porque el tiempo vuela. Son instantes de gran belleza los momentos en los que se compromete el futuro. No hay que tenerles miedo: si se deja pasar el tiempo se come la vida. Cronos devora a sus hijos, como supo pintar genial y desgarradamente Goya. Es una pena vivir como eternos adolescentes, sin acabarse de comprometer en ningún trabajo, en ninguna dedicación. La vida de un hombre maduro debe emplearse en algo que valga la pena»[3].

En su libro Memoria y esperanza: un mensaje a los jóvenes, un Mario Benedetti octogenario invita a los adolescentes y jóvenes conformistas y descomprometidos a rectificar, reencontrándose con los valores de la auténtica juventud. Les habla de la necesidad de luchar contra el conformismo, de no dejarse vencer por el derrotismo y de mantener los sueños, la esperanza, el idealismo y la rebeldía[4].

Veamos un fragmento del poema de Benedetti «¿Qué les queda a los jóvenes?»: ¿Qué les queda por probar a los jóvenes/en este mundo de paciencia y asco?/ ¿solo graffti? ¿rock? ¿escepticismo?)/ también les queda no decir amén/ no dejar que les maten el amor/ recuperar el habla y la utopía/ ser jóvenes sin prisa y con memoria /situarse en una historia que es la suya/ no convertirse en viejos prematuros/ ¿qué les queda por probar a los jóvenes/ en este mundo de rutina y ruina/ ¿cocaína?

¿cerveza? ¿barras bravas?/ les queda respirar/ abrir los ojos/ descubrir las raíces del horror/ inventar paz así sea a ponchazos.

4. Adenda

Rasgos personales del adolescente y del joven sin capacidad de proyecto vital:

Vive para disfrutar de lo instantáneo. Cada instante es considerado como algo suelto, separado del pasado y del futuro. Así no percibe el tiempo como duración ni la vida como continuidad; es conformista; no tiende a la superación personal; vive solo para sí mismo. Si pertenece a un grupo es porque lo necesita como refugio de su inseguridad, no porque aprecie la solidaridad. Rehuye cualquier tipo de compromiso por entender –erróneamente– que le quita libertad y porque conlleva deberes que no está dispuesto a asumir.

La incapacidad de algunos adolescentes y jóvenes para anticipar su vida futura suele estar relacionada con algunos errores en la educación familiar. Esos errores tienen una raíz común: un amor equivocado a los hijos, en el que el bien deseado a la persona amada se reduce a que disfrute de la vida y tenga éxito en lo material.. Al no estar habituados ni preparados para afrontar problemas por sí mismos, con iniciativa y esfuerzo personal, los hijos tenderán a rehuir cualquier tipo de vida futura autónoma. Tendrán miedo a vivir por su cuenta, sin el paraguas protector de sus padres.

Algunos de estos padres pudieron comprobar con mucho retraso los efectos negativos de ese método educativo. Lo podemos ver en el testimonio de uno de ellos: «Estábamos satisfechos porque les habíamos dado a los hijos todo lo que nosotros no tuvimos: buenos alimentos, juguetes, caprichos, vacaciones, colegios caros, televisión, diversiones. Les solucionábamos los problemas antes de que les afectaran. Todo fue bien hasta el día que tuvieron que afrontar dificultades por sí mismos, sin la presencia de sus padres. Uno de nuestros hijos está en un mar de confusiones, en un pozo; no sabe salir de él ni nosotros sabemos ayudarle.

1. Cfr. Revista La familia hoy. Nº 136, agosto 2014. Gualeguay, Entre Ríos, Argentina.

2. DE MIGUEL, A.: «Los jóvenes y los valores». En Vela Mayor, Rev. Anaya Educación, nº 2, Madrid, 1994, p. 43.

3. LORDA, J. L.: Moral. El arte de vivir. Palabra. Madrid, 1993, p. 106.

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