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1.3. Breve historia de la seguridad nuclear (1942-2012)

1.3.2. La distancia como primera estrategia de seguridad (1946-1950)

El Congreso de los Estados Unidos aprobó, sólo un año después del final de la Segunda Guerra Mundial, la Ley de la Energía Atómica de 1946 [NRC-93]. Esta ley tuvo varios efectos sobre el mundo nuclear de entonces, siendo el más importante de ellos el del aporte de una base legal para el uso pacífico de la energía nuclear. Con el objeto de gestionar los programas de energía atómica nacionales la ley estableció una Comisión de Energía Atómica permanente de cinco miembros (USAEC).

En 1947 la USAEC estableció un Comité de Salvaguardias para Reactores, el predecesor del actual Co- mité de Asesoramiento de Salvaguardias para Reactores (ACRS), con el objeto de determinar si los reactores

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Figura 1.5: El reactor experimental alemán de Haigerloch, siendo desmantelado por los Aliados en 1945. Fuente: [JON-81]

Figura 1.6: Firma de la Ley de la Energía Atómica de 1946 por el presidente de los EEUU, Harry Truman. Fuente: DOE Office of History and Heritage

que estaban siendo diseñados podían ser construidos sin peligro para la seguridad pública. Así pues, su ob- jetivo era la evaluación sistemática de cada nuevo reactor en lo tocante a la seguridad. Para la mayor parte de los pequeños reactores de investigación (. 50 MWt) construidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el comité de Salvaguardias para Reactores continuó con la práctica establecida durante el Proyec- to Manhattan, consistente en el emplazamiento de los mismos en zonas propiedad del gobierno alejadas de cualquier núcleo de población.

En 1949 la USAEC, a petición del ACRS, construyó en el Laboratorio Nacional de Idaho (INL) la Estación Nacional para Pruebas de Reactores (NRTS), cuyo objeto era indagar en la seguridad de los reacto- res mediante el malfuncionamiento intencionado de un reactor experimental. Esta instalación experimental constituye un hito especial en la historia nuclear, dado que es la primera concebida con el objeto exclusivo de desarrollar la incipiente seguridad nuclear.

En 1950 fue publicado el informe WASH-3 [AEC-50], que describía de forma oficial la práctica de construcción de reactores en lugares aislados. Para cada reactor, un accidente era postulado. Dicho accidente implicaba sobrecalentamiento o fusión del combustible, rotura del sistema de refrigerante del reactor y liberación incontrolada de radionucleidos desde el edificio convencional que contenía el reactor. Basándose en la consideración de efectos meteorológicos que permitían la dispersión y el transporte de la radiación, el

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Figura 1.7: Construcción de la NRTS en enero de 1954. Fotografía de Westinghouse

ACRS recomendó un área de exclusión alrededor del reactor, en la cual no debía haber ningún miembro del público en ningún momento, siendo el radio de dicha zona dependiente de la potencia térmica del reactor según la ecuación (1.1) [NRC-97b], pp 1.1-1.

R(km) = 0.016pP (kW t) (1.1)

En el informe WASH-3, se estipulaba específicamente que la dosis más allá de los límites de la zona de exclusión fuera menor de 3 Sv, que es aproximadamente el umbral de una dosis letal para un adulto. Para una planta experimental de 30 MWt, como muchas de las entonces operativas, el radio de la zona de exclusión calculado mediante la ecuación (1.1) era de 3.6 km; mientras que para una planta de 3000 MWt, como muchas de las que operan a día de hoy, tal radio de exclusión sería de 27.8 km.

En lo que respecta al resto de naciones vencedoras de la II Guerra Mundial, muy poco se sabe de sus programas de investigación atómica durante los años siguientes a la guerra, en especial de la URSS. Lo que es seguro es que sus respectivos programas dieron comienzo poco después del final de ésta, ya fuera con la colaboración estadounidense o de forma independientemente. Así, por ejemplo, durante las últimas semanas de la guerra contra Alemania hubo una frenética competencia por tomar Berlín y capturar a los científicos responsables del Proyecto Uranio, y los soviéticos capturaron a dos de las principales mentes alemanas involucradas con la investigación de la fisión: Peter Thiessen y Ludwig Bewilogua.

Ya en 1950, la URSS comenzó la construcción del que sería el primer reactor nuclear destinado a la producción eléctrica: el AM–1, acrónimo del ruso “Atom Mirny”, o “Átomo Pacífico” en castellano. Éste reactor de 30 MWt se convertiría, tras su puesta en marcha en junio de 1954, en la primera central nuclear de la Historia [SEM-83], p 47. No es casual que el empeño soviético por construir plantas nucleares de fisión pusiera a éste país por delante de los EEUU en lo que a la explotación comercial de la energía nuclear se refiere: la realidad soviética, con el 80 % de sus recursos naturales en el este de su territorio y el 75 % de su población en la región más cercana a Europa, tenía un enorme impacto para la estabilidad y la provisión

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energética, que requería soluciones tecnológicas para no poner en peligro el desarrollo del país después de la guerra. Por su parte, sólo un año después de que diera comienzo la construcción del AM–1 en la URSS, en los EEUU se llevó a cabo el primer experimento para producir energía eléctrica a partir de la fisión nuclear. Tal experimento fue llevado a cabo en el reactor rápido EBR–I, a 30 km de Arco (Idaho), y constituye el primer caso de producción eléctrica de la Historia a partir de energía nuclear, aunque el resultado del experimento sólo sirviera inicialmente para encender cuatro bombillas de 200 W6, [MIC-01], p 28.