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Es una evidencia indudable el hecho de que el fenómeno de la radiactividad es inherente al uso de la energía nuclear, del mismo modo que es innegable que, por el hecho de ser entes biológicos con base heredi- taria, los seres humanos son extremadamente sensibles a dicho fenómeno. Estas dos evidencias constituyen por sí mismas una justificación para la necesidad de una determinada disciplina, anexa al uso de la energía nuclear, y cuyo fin último no es otro que garantizar la seguridad de la explotación industrial de la energía nuclear. Esta seguridad relacionada con el mundo nuclear tiene un solo objetivo: retener los productos ra- diactivos de la fisión concentrados en un volumen pequeño y determinado del espacio; pero persigue ese objetivo a través de una triple perspectiva:

1. La de controlar los vertidos radiactivos propios de la operación normal de una planta. En efecto, el empleo de la fisión nuclear como recurso energético implica la producción de material altamente radiactivo en la forma de productos de fisión, productos de activación y transuránidos. En condiciones de operación normal, aproximadamente el 98 % de todo ese material radiactivo queda retenido en el combustible utilizado en los reactores nucleares, [KNI-92], p 338, con independencia de la tecnología de diseño; pero aún el escaso 2 % que escapa del núcleo constituye un grave peligro para la salud de los seres humanos, por lo que las instalaciones nucleares deben controlar el modo en el que ese material es vertido al exterior de la planta, así como su cuantía y naturaleza. Este ámbito de la seguridad recae en las manos de la Protección Radiológica, que incluye la planificación, evaluación y gestión tanto de los efluentes radiactivos (líquidos y gaseosos) como de los residuos radiactivos (sólidos).

2. La de garantizar la operación normal de una planta. La experiencia ha demostrado que el aban- dono de la operación normal por parte de un reactor puede tener consecuencias trágicas sobre los seres humanos. En este sentido, cabe decir que aunque las condiciones de operación normal son bien conocidas desde el punto de vista empírico y operativo, en situaciones accidentales el coeficiente de retención del combustible nuclear, que era del 98 % en operación normal, puede verse dramáticamen- te reducido a medida que el núcleo se degrada desde el punto de vista estructural. Esta degradación del núcleo (y consecuentemente todos los accidentes nucleares graves) tiene una causa común, con independencia de las múltiples causas que, a su vez, pueden haber conducido a ella: la inadecuada refrigeracióndel núcleo durante un periodo de tiempo lo suficientemente prolongado. El diseño, eva- luación, mantenimiento y funcionalidad de los sistemas de una planta relacionados con evitar en una u otra medida la inadecuada refrigeración del núcleo recaen en el ámbito de la Seguridad Nuclear. 3. La de mitigar las consecuencias de un accidente. Dado que las circunstancias y posibilidades que

pueden provocar la inadecuada refrigeración del núcleo son eventualmente innumerables, garantizar por completo la operación normal de una planta es imposible, aún cuando las principales causas de accidentes hayan sido tenidas en cuenta. Ante esta evidencia han sido impuestos mecanismos y mé- todos cuyo objeto no es otro que mitigar la liberación de productos radiactivos en el caso de que el núcleo llegue a degenerarse lo suficiente como para que se libere un porcentaje significativo de su material radiactivo. Este ámbito de la seguridad relacionado con la mitigación recae sobre las dos disciplinas mencionadas anteriormente: la Protección Radiológica y la Seguridad Nuclear. Dentro del marco de acción de la Seguridad Nuclear se sitúan elementos propios de la planta y su personal de operación, ya sean mecánicos, como por ejemplo los recombinadores de hidrógeno utilizados para minimizar el riesgo de explosiones de hidrógeno en caso de accidente; o procedimentales, como por ejemplo las Guías de Gestión de Accidente Severo que orientan la forma de operar el reactor con vistas a minimizar las consecuencias del accidente. En lo que respecta al ámbito de la Protección Ra- diológica, en sus manos recae tanto el propio análisis de las consecuencias radiológicas del accidente como el diseño, planificación y desempeño de los planes de emergencia puestos en marcha con el fin de mitigar dichas consecuencias.

Capítulo 1. Introducción

Lo dicho hasta ahora basta para justificar la necesidad de la Seguridad Nuclear y la Protección Radioló- gica como disciplinas inherentes a la explotación nuclear, y garantes de la seguridad requerida del manejo y control de los productos radiactivos asociados a ella. Pero, si bien prescindible, antes de comenzar a hablar de la Seguridad Nuclear2 en sí tal vez lo primero que debiera ser indagado es en qué medida y hasta qué puntoes necesaria la seguridad nuclear. Es evidente que la respuesta a esta pregunta aún no ha sido dada de forma indiscutible, a la vista de la gran cantidad de incidentes acaecidos en las instalaciones nucleares desde la proliferación de éstas, pese a todos los esfuerzos (cada vez mayores) llevados a cabo por los profesionales de la seguridad nuclear. En la Tabla 1.1 se resumen los principales accidentes nucleares catalogados en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES) por la IAEA con una puntuación igual o superior a 43.

INES Accidente nuclear Año País

7 Accidente de Chernobyl 1986 URSS

7 Accidente de Fukushima 2011 Japón

6 Accidente de Mayak 1957 URSS

5 Accidente de Three Mile Island 1979 EEUU 5 Accidente de Windscale 1957 Inglaterra 5 Accidente de Chalk River NRX 1952 Canadá

5 Accidente de Lucens 1969 Suiza

5 Accidente de Chalk River NRU 1957 Canadá 4 Accidente del reactor KS 150 1977 Checoslovaquia 4 Accidente de Saint-Laurent A–1 1980 Francia

4 Accidente de Tokaimura 1999 Japón

4 Accidente de Tomsk 1999 Rusia

4 Accidente del reactor RA–2 1983 Argentina

Tabla 1.1: Accidentes nucleares más graves de la Historia. Fuente: IAEA

Está claro que, desde una perspectiva histórica, los distintos gobiernos han abordado el planteamiento de la seguridad nuclear de muy diferentes formas a medida que desarrollaban su propia y característica tecnología nuclear. A este respecto, parece que históricamente han prevalecido 3 posibles enfoques desde los que los distintos países han tratado de aproximarse y enmarcar la seguridad nuclear:

1. Desde la perspectiva de la seguridad industrial. 2. Desde la perspectiva de la salud pública. 3. Desde la perspectiva de la opinión pública.

Así, por ejemplo, el régimen soviético de la extinta URSS, que constituía un enorme Estado industrial y basaba su desarrollo económico en la explotación de sus propios recursos naturales, abordó la seguridad nuclear desde una perspectiva de base industrial, construyendo inicialmente sus instalaciones nucleares con sistemas de seguridad en línea con los propios de otras industrias pesadas. En efecto, la seguridad de los reactores soviéticos se consideraba garantizada en 1983 por una serie de medidas comunes a las de otras industrias de riesgo, las más importantes de las cuales eran [SEM-83], pp 52-53:

La alta calidad de fabricación e instalación de los componentes.

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Cualquier consideración sobre la disciplina de la Protección Radiológica, ya sea en lo que respecta a sus métodos, principios, herramientas o desempeño, queda fuera y muy lejos del alcance de este trabajo, que se focaliza sobre la Seguridad Nuclear como disciplina garante de lo que se ha denominado operación normal (punto 2 de la lista precedente).

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Históricamente, hay más accidentes nucleares que serían catalogados con 4 o 5 en la escala INES, pero debido a la falta de información como consecuencia del secretismo militar, su escasa repercusión o su antigüedad no han sido estudiados y catalogados por parte de la IAEA.

Capítulo 1. Introducción

La verificación de los componentes en todas las etapas.

La aplicación de medidas técnicas eficaces con objeto de compensar posibles defectos de funciona- miento.

La aplicación de métodos para localizar escapes radiactivos.

La concepción de medidas de gestión para lograr la seguridad en todas las etapas de construcción y explotación de las centrales nucleares.

En el bloque de los países Occidentales, sin embargo, la seguridad nuclear comenzó abordándose desde la perspectiva de la salud pública, tal y como se tendrá oportunidad de ver más adelante y como demuestra, por ejemplo, el hecho de que en 1950 se aprobara en EEUU una normativa que imponía un radio de exclusión de la población en torno a los reactores nucleares [AEC-50]. Esta perspectiva, sin embargo, fue mutando en otra más restrictiva y crítica (aunque menos científica) enfocada en la opinión pública, como no podía ser menos en los Estados de base democrática, en los que la seguridad nuclear, lejos de responder a requisitos meramente industriales o sanitarios (de sobra cumplidos), parece que se ha desarrollado hasta su estado presente con el objeto de mitigar un temor colectivo que ha ido creciendo con el paso de los años en la misma fibra del tejido social.

A día de hoy, y tal vez porque las comunicaciones y el tan mentado como impredecible fenómeno glo- balizador han hecho del mundo un lugar muy pequeño, dicho miedo forma una parte latente de la sociedad de todas las naciones nucleares sin excepción, que, paradójicamente, ha resultado ser más sensible a la energía nuclear que a otros variados y más merecedores objetos de temor en los países desarrollados, como por ejemplo el uso incontrolado o ilegal de productos químicos, los vertidos medioambientales o incluso el alarmante aumento de la delincuencia o la participación en una guerra4. En este sentido, resulta revelador el documento [HSE-92], publicado en 1992 por el Ejecutivo de Salud y Seguridad británico (HSE), donde se menciona que el temor de la población civil en Inglaterra a las consecuencias de un hipotético accidente nuclear que incluya la fusión del nucleo es mucho mayor al de los otros riesgos de la Tabla 1.2 que, pese a ser más frecuentes y de consecuencias fatales, no Figuran entre los principales miedos sociales.

EVENTO FRECUENCIA APROXIMADA

Incendio con 10 o más víctimas mortales 1 vez cada año. Accidente de tren con 100 o más heridos graves 1 vez cada 20 años.

Accidente aéreo con 500 víctimas mortales 1 vez cada 1000 años. Accidente industrial no nuclear con 1500 muertos 1 vez cada 5000 años. Accidente industrial no nuclear con 18000 muertos 1 vez cada 100000 años. Accidente nuclear con fusión de nucleo sin víctimas 1 vez cada millón de años.

Tabla 1.2: Frecuencia estimada de eventos de riesgo en Gran Bretaña. Fuente: [HSE-92]

Los motivos por los que la percepción del riesgo nuclear está tan deformado en las sociedades desa- rrolladas no están del todo claros, si bien está fuera de toda duda el indiscutible hecho de que, de todas las tecnologías utilizadas hoy en día en aplicaciones industriales, la nuclear es la más temida y rechazada o, cuando menos, la que despierta más suspicacia en todos los niveles sociales. El uso destructivo que se ha hecho de esta tecnología a lo largo del siglo XX, unido a las consecuencias radiológicas de los escasos aunque renombrados accidentes acaecidos en la industria nuclear, parece apuntalar el temor público y justi- ficar la alarmada visión que los ciudadanos de los países desarrollados mantienen de esta fuente de energía. Cabe reseñar que, pese al disgusto de muchos profesionales del sector, como parte indisoluble del ámbito democrático que por norma general prevalece en estos países, la ciudadanía tiene el inalienable derecho de

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No deja de resultar verdaderamente paradójico el hecho de que existan personas firmemente concienciadas en contra de la energía nuclear, con una probabilidad de accidente grave del orden de 10−6por reactor y año, que practiquen de forma voluntaria, sin embargo, actividades de alto riesgo que pueden causar la muerte con una probabilidad de 10−2por persona y año, [HSE-92].

Capítulo 1. Introducción

juzgar y opinar libremente sobre el uso de la tecnología nuclear en su sociedad, independientemente de su nivel formativo y experiencia en el ámbito de la seguridad nuclear.

Sin embargo, no debe ser pasado por alto el hecho de que la energía nuclear no es pionera en el campo de las tecnologías que, una vez insertas en el entretejido social, han sido temidas y rechazadas por gran parte del público. Así, por ejemplo, la electrificación de los hogares, sin necesidad ir más lejos, fue vista en un primer momento con recelo y miedo por parte de sus beneficiarios, merced al poder mortífero de la electricidad y la extendida incomprensión del fenómeno eléctrico.

Capítulo 1. Introducción