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La emboscada en el pensamiento militar de Fidel

El engaño y la estratagema son instrumentos de uno de los principios del combate de mayor importancia en la lucha irregular: la sorpresa. No solo en este método de lucha la sorpresa es una directriz fundamental para la organización y realización de las acciones combativas. El estudio de las contiendas bélicas de los siglos XVIII y XIX condujo a la afirmación de que sin la sorpresa no es concebible la superioridad en el punto decisivo (9, p.166). El pensamiento militar del Comandante en Jefe determinó la aplicación de este principio desde las primeras acciones de las fuerzas rebeldes en la Sierra Maestra.

El análisis hecho con antelación en el decurso de este trabajo, y el conjunto de citas incluidos en partes anteriores asociados al principio combativo de la sorpresa, de manera particular en la guerra de guerillas, han matizado la descripción y valoración del empleo de este muy importante principio en nuestra Guerra de Liberación Nacional. Igualmente debe haberse hecho evidente que la sorpresa es un recurso de aplicación en todo tipo de guerra.

En la Guerra de Liberación, caracterizada precisamente por la lucha guerrillera, el principio de la sorpresa, con sus indispensables componentes del engaño y la estratagema, resultaron objeto en esta, nuestra última

contienda de independencia nacional, de especial tratamiento en la realización de emboscadas.

Como también ha sido explicitado, y siempre quedó implícito en este ensayo, la concepción de la emboscada en el Comandante en Jefe de la Revolución, en el contexto de la insurrección armada contra la tiranía de Batista, lleva en sí significativos aportes en el método irregular de lucha en relación con la puesta en práctica de esta acción combativa en conflictos bélicos anteriores.

Con el propósito de sintetizar aquí la idea de la emboscada en el pensamiento de Fidel, empecemos identificando una cualidad del máximo de efectividad en esta forma del combate que fue una absoluta constante de la lucha armada del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra: escoger el lugar de la acción para la ejecución de la emboscada.

En efecto, esta selección fue virtualmente invariable en las montañas orientales en toda la guerra. Pero además, en la generalidad de las emboscadas que fueron el resultado de una planificación y análisis cuidadoso previo, el sitio escogido puede calificarse como el mejor posible.

El lugar óptimo para una emboscada debe significar, si esta se lleva a cabo con la observación de sus demás reglas, causar la mayor cantidad posible de bajas al enemigo sorprendido en ella, requisar importantes cantidades de armas, municiones y otros medios de combate y avituallamiento del adversario y, en dependencia del tipo y objetivo de la emboscada, capturar la mayor cantidad posible de soldados de la fuerza atacada.

Es por la optimización de lo expresado en el párrafo precedente que en la Sierra Maestra se cumplió en gran medida la sentencia de que las armas de la guerrilla las tiene y provee el enemigo. Es por ello también que, en una muy alta proporción, las emboscadas contribuyeran al triunfo justamente impactante del Ejército Rebelde sobre la ofensiva del verano de 1958, emprendida por la tiranía contra el bastión de la insurgencia armada en la serranía oriental.

Es por la misma razón que se generalizara tanto entre los soldados de Batista la certidumbre de que la guerrilla liberaba a muchos de los prisioneros que hacía, lo que provocaba una reacción de tendencia favorable para la

Revolución entre los propios soldados enemigos, especialmente entre los más jóvenes y de extracción social más humilde.

Como resultado directo de la idea de Fidel, o de la influencia del magisterio guerrillero de Fidel en sus subordinados, siempre que hubo la ocasión, el lugar escogido para la emboscada era preparado con completo rigor conceptual y cuidado práctico para su realización. La planificación era completa. La selección para la ubicación del personal y de las armas, de acuerdo con las propiedades de estas últimas, eran impecables.

En la efectividad de las emboscadas rebeldes estaba igualmente el reflejo del rigor con el cual eran preparados los nuevos refuerzos que llegaban a las montañas antes de entrar en combate. En partes anteriores de este estudio hemos reiterado la permanente preocupación y exigencia del Comandante en Jefe por ese entrenamiento previo.

Con frecuencia también, y como otro aporte importante en el empleo de las emboscadas, la guerrilla se las arregló para cercar a la fuerza enemiga, a pesar de la enorme diferencia en hombres, armas y recursos en general, la que favorecía por completo al ejército de la tiranía. En este plano, desempeñó un muy importante papel el riguroso empleo de otras reglas y principios generales de la lucha armada irregular, tales como la actuación táctica para lograr el fraccionamiento de la fuerza enemiga.

Otro aporte novedoso en aquella etapa fue el empleo inusual de armas mediante asignarles funciones para las cuales no estaban concebidas. En un espacio anterior citamos el uso de la escopeta para diezmar al enemigo en la ejecución de emboscadas y otras acciones de la guerrilla.

Es muy significativo además la rapidez y precisión en el desarrollo de las emboscadas, así como la movilidad de maniobra y desplazamiento con que el Ejército Rebelde las llevaba a la práctica. Asimismo, la disciplina y rigor en el cumplimiento de las misiones a cargo de los grupos de apoyo y complemento respecto a la fuerza principal encargada de su ejecución.

Tal como hemos puesto de relieve en nuestro estudio, la historiografía de los conflictos armados hace manifiesto el carácter principal de las emboscadas como acción combativa. Enfatizamos de igual modo la significación especial del empleo de la emboscada en la guerra de los

pueblos ante la gigantesca desproporción en fuerzas y medios de todo tipo que el usual poderío de los agresores les ha permitido emplear.

En este sentido, hicimos uso de una importante cita que traemos otra vez, en referencia a las luchas populares de liberación contra los gobiernos opresores de una u otra naturaleza: «[...] la situación más característica de la lucha guerrillera: la emboscada sobre una tropa en marcha» (10, p.1).

Es decir, en la idea de Fidel que pone de manifiesto su reflexión basada en el estudio de las guerras provocadas por la agresión de las potencias militares para adueñarse de naciones y sojuzgar pueblos, las emboscadas bien concebidas y preparadas con el mayor rigor en los detalles, rinden los mejores resultados contra las fuerzas y medios del agresor que ha hollado el suelo que pretende conquistar, cuando esas fuerzas y medios están en marcha.

En esas circunstancias, unas y otros son relativamente más vulnerables, por cuanto su protección presenta relativamente más fisuras que en otras muchas condiciones asociadas a la contienda.

El análisis del desarrollo de la ofensiva de verano de las fuerzas militares de la tiranía de Batista contra la Sierra Maestra, derrotadas por el Ejército Rebelde pese a su abrumadora superioridad en medios de combate y tropas involucradas, es coherente con los resultados cuya descripción ha sido abordada en este estudio en términos fundamentales de los diferentes niveles de decisión, y cuyos resultados cuantitativos más impactantes han sido expuestos, desde el punto de vista de la reflexión del Comandante en Jefe expresada en el párrafo anterior.

Sin exageraciones de cualquier índole puede decirse que Fidel interpretó como ningún antecesor del hemisferio occidental las muy disímiles variantes de la emboscada, en virtud de las cuales el potencial inmanente en esta forma del combate permite dar resultados que pudieran calificarse de espectaculares en el plano noticioso.

En la sobriedad propia del análisis estrictamente militar de los hechos, el Comandante en Jefe Fidel Castro es un ejemplo singular, en capacidad de apreciación e inteligencia, para la preparación y ejecución de la estructura combativa que define la emboscada.

La valoración cuantitativa de los resultados de la ofensiva de verano, expuesta en el apartado inmediato anterior, se corresponde con lo dicho en los dos párrafos precedentes: diez mil efectivos de la tiranía contra trescientos combatientes rebeldes, quienes a pesar de tal desproporción fueron capaces de causarle al enemigo más de la décima parte en bajas respecto a la cantidad total lanzada con el objetivo principal de aniquilar el bastión insurgente de la Sierra Maestra.

A las tropas atacantes hay que agregarles el enorme apoyo en los más modernos (para la época) medios terrestres de combate, así como aéreos y hasta navales, abastecidos por la mayor potencia militar del planeta: el gobierno de los Estados Unidos.

En el apartado que antecede también fue descrita la idea de Fidel para enfrentar la ofensiva. Quedó expresada igualmente su aparentemente dramática pero exactamente real afirmación de que las armas de la guerrilla las tiene el enemigo. El propio enemigo es el primer abastecedor de armas del destacamento guerrillero.

Es emblemático el hecho también destacado en este ensayo de que la Batalla de Santo Domingo, ocurrida en el marco de la ofensiva del ejército de la tiranía en el verano de 1958, se iniciara precisamente con una emboscada de contención a cargo de combatientes rebeldes, y se transformara en una emboscada de aniquilamiento, en el contexto de acciones que aportaron una importante dotación de armas, las que a su vez reforzaron a los efectivos del Ejército Rebelde participantes en la batalla, y posibilitaron introducir a otros combatientes.

Fue descrito de igual modo el empleo de la emboscada en el combate de Meriño bajo el mando directo de Fidel, en la segunda etapa de la ofensiva. En el pensamiento militar del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, la concepción de la emboscada deviene en un paradigma para las futuras legiones de combatientes contra los opresores de pueblos y naciones.