La concepción estratégica de Guerra de Todo el Pueblo incluye la defensa de nuestras ciudades y centros urbanos. En el contexto del combate defensivo territorial (CDT), nuestras fuerzas defenderán las ciudades y poblaciones del país con la participación de todos sus dispositivos y con la decisión de hacer pagar muy caro a los invasores de la Patria la intención de ocuparla.
En particular, las urbes de significativa importancia política, social y económica serían defendidas a ultranza en esta concepción. En las ciudades emblemáticas, su simbolismo político y patriótico son factores que también determinan la decisión de defenderlas hasta las últimas consecuencias. Hay igualmente centros urbanos que, por su carácter estratégico general, entran también en esta categoría defensiva.
Dadas las contingencias de la guerra en las condiciones que impone la alternativa de GTP, puede ser necesario un repliegue táctico que interese el casco urbano en una población determinada, con el propósito de reagrupar fuerzas y medios con el fin de recuperar ulteriormente el lugar objeto de ese repliegue, a partir del cual se pasará a hostigar al enemigo desde el entorno circundante sin darle reposo, y a la permanente resistencia vinculada a la población urbana de que se trate con el objetivo de recuperar cuanto antes la ciudad involucrada.
En todos los casos, en una población urbana que caiga temporalmente bajo el control, mayor o menor, del enemigo, se estructurará de inmediato la lucha clandestina, la cual no se detendrá hasta el aniquilamiento o la expulsión de los invasores con el concurso de todas las fuerzas disponibles.
Esta proyección conceptual es consecuente y coherente con la no existencia del término rendición en la Doctrina militar de la Revolución Cubana. Se corresponde con la decisión irrenunciable de que incluso en el caso extremo de que determinada zona del país llegue a ser ocupada por el enemigo, la fuerza invasora tendrá que experimentar que, aun ocupándola, no habrá conquistado jamás ese lugar.
El hostigamiento y la resistencia permanentes harán que el enemigo se sienta prisionero en la localidad que pudo ocupar. Sentirá la dura realidad de que salir de sus enclaves, campamentos o cuarteles eventuales, significa un riesgo mortal para sus tropas.
En pocas palabras: en relación con una localidad o zona dada, puede ocurrir, según las circunstancias, un repliegue momentáneo o temporal de nuestros combatientes; un repliegue táctico u operacional, nunca estratégico. Pero ese repliegue excluye la posibilidad de rendición. En el peor caso, puede producirse una ocupación momentánea enemiga, pero nunca la conquista.
Este es el más completo sentido de invulnerabilidad en nuestra Doctrina militar , aun en presencia de la más adversa circunstancia temporal.
Es natural entonces que toda la experiencia combativa de la historia militar interna y externa, en relación con la lucha armada y clandestina en los centros urbanos, sea susceptible de incorporación, adaptación, modificación y nuevas variantes, de acuerdo con las circunstancias que estén presentes en las condiciones de guerra contra la Nación cubana, en la conceptualización de nuestra Doctrina militar.
En este estudio, cabe obviamente pasar revista a esa experiencia combativa, de manera especial la vinculada a la lucha de los pueblos contra quienes han pretendido sojuzgarlos.
Es conocido que la defensa de los centros urbanos adquiere cada vez mayor peso. Su importancia se acentúa en la medida en que las ciudades, en particular las de mayor magnitud, concentran los principales componentes de los órganos de dirección política, las más relevantes instituciones científicas, el diseño y control del desarrollo tecnológico, el mayor volumen de la producción industrial y, como tendencia creciente en la actualidad, el más elevado porcentaje poblacional.
La importancia de las ciudades queda expuesta también en las contiendas bélicas del siglo XX y, de manera significativa, en las más
recientes agresiones del imperialismo. El enfrentamiento popular a estas últimas reafirma la efectividad de las formas irregulares de lucha y de las nuevas concepciones vinculadas a las acciones defensivas en el medio urbano.
Esto último impone, entre otras cuestiones, una orientación específica a la preparación de los cuadros de mando de las pequeñas unidades (P/U). Sin descuidar la preparación para la lucha armada regular, se trata de tampoco descuidar el adiestramiento para emplear el método irregular de lucha aplicado al combate en las ciudades.
Las condiciones de las ciudades dan determinadas ventajas a quienes emplean armamento ligero o de baja tecnología en su defensa, como generalmente ocurre a las fuerzas populares. Este balance favorable se acentúa si la defensa se basa en el método irregular de lucha. Las potencias agresoras dependen de una compleja tecnología que alcanza la máxima eficacia en espacios abiertos, pero sus posibilidades se reducen notablemente en la intrincada configuración urbana.
Es un hecho comprobado que «[...] los defensores con pobre tecnología disfrutan de diferentes ventajas sobre los atacantes en las áreas urbanas, en particular, cuando combaten con métodos irregulares en su territorio.» (36, p. 5). Asimismo, «[...] la tecnología militar estadounidense diseñada para la guerra en gran escala en áreas abiertas [...] asociada con el largo alcance y la movilidad, está significativamente limitada en el combate urbano». (ídem).
La necesidad de preparar a los cuadros de mando de las P/U para dirigir acciones en composición de grupos reducidos en las condiciones de la ciudad, así como al personal para ello, tiene un ejemplo relativamente reciente en la lucha de la resistencia iraquí contra la ocupación extranjera de su país, ocurrida en 2003.
Esta necesidad se ve mayor cuando se toma en cuenta una muestra amplia de la experiencia combativa, caracterizada tanto por su importancia histórica como por la diversidad de época, de circunstancias y de condiciones de lucha.
En la guerra contra las tropas de Estados Unidos en Irak, en lo que fue una versión urbana de guerra de guerrillas, estos grupos pequeños se distinguieron por asestar golpes súbitos a patrullas y convoyes, con un elevado costo en bajas y la caída de la moral del enemigo.
Los insurgentes iraquíes mostraron habilidades en el uso no convencional de lanzacohetes, lanzagranadas y morteros. Es apreciable su empleo de francotiradores en emboscadas callejeras, tanto en grupos de ataque como de apoyo.
Ejemplo de ello fue el alzamiento chiíta en varias ciudades iraquíes, ocurrido en abril de 2004, cuando la resistencia combinó diferentes medios de combate, diversificando el fuego de morteros y atacando mediante grupos pequeños con armamento ligero. El conocimiento del escenario y de las vías de acceso facilitó la sorpresa a los insurgentes, así como su movilidad en la ejecución de las acciones.
Después de la ocupación imperialista de su territorio, la resistencia iraquí pudo controlar temporalmente centros urbanos de importancia, pese a su enorme desventaja en medios de combate y poder de fuego, la cual contrarrestó con la aplicación de distintas variantes de la lucha de guerrillas.
La lucha irregular en las ciudades tuvo el peso principal en las más de 3 000 bajas fatales norteamericanas, reportadas en los primeros días de 2007.
El empleo por la resistencia de diferentes medios explosivos, mediante distintos procedimientos, confirma que las minas son el arma de los pobres, con el significado que los combatientes revolucionarios dan a esta expresión. Esto ratifica la necesidad del adiestramiento para el uso de estos medios en el combate defensivo urbano.
Si se trata de flexibilidad y versatilidad en la combinación del armamento ligero por parte de grupos reducidos, vinculada a procedimientos irregulares, además de la experiencia iraquí cabe mencionar a los grupos de combate de los rebeldes chechenos, en el conflicto armado de 1994 a 1996.
Estos grupos de combate se subdividían en células de tres a cuatro hombres, que combinaban el fuego de lanzacohetes, ametralladora y francotirador de manera tan atípica como efectiva.
«Los procedimientos tácticos de las fuerzas irregulares chechenas eran simples pero efectivos. Su ventaja fundamental era el conocimiento excelente de la ciudad y el armamento ligero (armas automáticas, lanzagranadas, lanzacohetes y granadas antitanque), lo que les permitía maniobrar fácil y rápidamente.» (p.19).
También se vio la viabilidad de una combinación y un vínculo análogo al empleado por los rebeldes chechenos en las acciones de combatientes somalíes contra fuerzas de operaciones especiales de EE.UU. en Mogadiscio, en 1993. Se demostró que con la lucha irregular, apoyada en el conocimiento del terreno, la movilidad, el engaño y la estratagema, junto al empleo hábil y no convencional de armamento ligero, es posible compensar la superioridad tecnológica enemiga, que fue muy desproporcionada allí.
En la medida de las posibilidades, es lógico que en la preparación de tiro se tome en cuenta que en las áreas urbanas el fuego se realiza de un edificio a otro, siguiendo la dirección de las calles y atravesando plazoletas y parques.
De manera peculiar, se hace sorpresivamente y a corta distancia. Asimismo, el sistema de fuego en la defensa de la ciudad incluye el fuego contra el enemigo aéreo, con empleo del armamento de infantería contra medios aéreos que vuelan a bajas y muy bajas alturas, en las condiciones particulares del entorno urbano.
Las experiencias descritas en los párrafos anteriores corroboran la importancia de la instrucción práctica de los procedimientos irregulares en acciones defensivas de este carácter, la habilidad en los movimientos y desplazamientos para ello, el adiestramiento en el empleo de métodos y recursos básicos para engañar y confundir al enemigo, en todas las categorías de tropas y formaciones de cualquier tipo cuya participación en el combate defensivo territorial esté prevista en la concepción de GTP.
La resistencia del pueblo y las fuerzas armadas soviéticas contra la agresión fascista tuvo una de sus más altas expresiones en la Batalla de Leningrado. En la cuna de la revolución proletaria, los combatientes y la población resistieron al enemigo y al hambre durante 900 días.
A la importancia política, ideológica y cultural de Leningrado se sumaba su condición de gran centro industrial y portuario. Su caída y
ocupación tendría un invaluable significado moral, estratégico y político para el mando nazi. Le permitiría recuperar en buena parte su credibilidad como potencia, después de numerosos fracasos en el frente oriental.
Además, la pérdida de la ciudad tendría consecuencias muy severas para el mando soviético y comprometería su situación estratégica hasta un alcance difícil de predecir. Esto explica que los nazis no escatimaran el empleo masivo de sus diferentes categorías de tropas con el objetivo de ocupar Leningrado.
«El mando nazi había empeñado una gran cantidad de tropas: la Agrupación Norte bajo el mando del Mariscal de Campo von Leeb, con el propósito de ocupar las repúblicas del Báltico y Leningrado. En julio y agosto de 1941, von Leeb había logrado capturar una porción sustancial de territorio alrededor de Leningrado.» (Traducción) (37, pp. 416-417).
El alto mando soviético decidió defender la ciudad hasta las últimas consecuencias. En el Consejo Militar del Frente la voluntad de la defensa a ultranza de Leningrado fue unánime: «La discusión finalizó con la expresión unánime de decidirse a defender Leningrado hasta la última gota de sangre.» (Traducción) (p. 418).
Las posibilidades de la lucha irregular a cargo de destacamentos guerrilleros en la defensa de Leningrado, frente a una agresión de tal envergadura y carácter, fue reconocida por el mando.
En septiembre de 1941, entre las medidas para asegurar la defensa, fue previsto el cumplimiento de nuevas misiones combativas asignadas a las guerrillas soviéticas al sur de Leningrado.
Estas misiones fueron asignadas de manera simultánea a las encomendadas, por ejemplo, al Octavo Ejército en interés de continuar golpeando a las tropas nazis en flanco y retaguardia, para alejarlas de la ciudad, o al 54 Ejército, respecto a la coordinación de acciones con unidades del Frente en un sector dado.
Incidentalmente, en vista de la necesidad de incorporar hombres en septiembre del 41 para enfrentar las embestidas de las tropas hitlerianas contra Leningrado, el mando soviético recomendó a la jefatura encargada de defender la ciudad que acudiera a varios establecimientos de educación superior, en tácito reconocimiento de las posibilidades de los estudiantes. En
conversación telegráfica con Zhukov, de septiembre 14, Shaposhnikov le dijo: «Pienso que Ud. todavía encontrará gente y brazos [¿armas?] en su propio patio interior y en varios establecimientos de educación superior.» (Traducción) (p. 427). La efectividad de las guerrillas durante esta batalla estuvo en correspondencia con esa confianza.
Lo que significa la lucha en los accesos de las ciudades se reitera en la batalla por la liberación de Belgrado (1944), que fue lograda después de reñidos combates, mediante fuerzas combinadas del Ejército Rojo y del Ejército de Liberación Popular de Yugoslavia (ELPY). A esta victoria contribuyeron las acciones libradas al sudeste de la ciudad, gracias en gran parte a las guerrillas soviéticas. El ELPY apeló también a la lucha irregular en el marco de estos combates.
En 1944, las fuerzas combinadas del Ejército Rojo y del Ejército de Liberación Popular de Yugoslavia (ELPY) emprendieron la batalla por la liberación de Belgrado de la ocupación fascista, la cual fue lograda después de muy duros combates. En la derrota nazi pesó notablemente la imposibilidad de sacar de la ciudad una agrupación de más de 20 000 efectivos, por lo que no pudieron dirigirla hacia el sudeste y el sur de la capital.
Este hecho contribuyó a que las fuerzas soviéticas y del ELPY, que venían sosteniendo violentas acciones combativas contra las tropas alemanas en los accesos del sudeste, aislaran y atenazaran al enemigo, para aniquilarlo después, abriendo el camino a la victoria.
La experiencia histórica reitera la efectividad de la lucha irregular en los accesos a las áreas urbanas, como en el caso anteriormente citado de las guerrillas soviéticas en las inmediaciones de Leningrado.
La importancia de la preparación práctica, desde tiempo de paz, de amplias capas de potenciales combatientes, tiene un contraejemplo en la Francia invadida por las tropas nazis.
La Resistencia francesa no tuvo la posibilidad de entrenarse antes de la guerra. Su adiestramiento se desarrolló en plena lucha armada contra los invasores, y esta realidad costó muchas bajas que la preparación previa pudo evitar.
Pero la capacidad potencial de la Resistencia se hizo palpable en el hecho de que en dos días de insurrección masiva, las milicias de la Resistencia controlaban las tres cuartas partes de París (agosto de 1944). Este es otro ejemplo de lo que pueden hacer las milicias en el combate en áreas urbanas. De hecho, los destacamentos de la Resistencia liberaron por sí solos a la capital francesa.
La Resistencia disponía, avanzado 1944, de medio millón de hombres, con el empleo de los cuales liberó muchas ciudades además de París, incluyendo Marsella, Lyon y otras de gran importancia. En realidad, casi la mitad de Francia fue liberada sin depender de las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña.
La defensa de las ciudades en la guerra desatada por la agresión fascista en 1939, se caracterizó por una peculiar combinación de métodos convencionales e irregulares de lucha. Para enfrentar a los tanques, se organizaron escuadras que emplearon granadas antitanque y cócteles Molotov (botellas incendiarias), las que actuaban en composición de unidades de infantería. El empleo de francotiradores fue un recurso cotidiano en los escenarios urbanos.
Hay ejemplos de eficacia al respecto: en Stalingrado, los francotiradores de una división de fusileros liquidaron a más de 3 000 soldados y oficiales hitlerianos en tres meses. No es por gusto que actualmente se reconozca el empleo de francotiradores como factor de importancia en la planificación y ejecución de las operaciones urbanas, por su efectividad tanto para las fuerzas atacantes como para las que defienden la ciudad.
«Un importante papel desempeñó el fuego de los francotiradores; por ejemplo, en Stalingrado, los francotiradores de la 284 División de Fusileros, en tres meses aniquilaron a 3116 soldados y oficiales alemanes.» (36, p.13).
En el contexto de una defensa firme, se mezclaban golpes súbitos, contraataques con pocas fuerzas pero impetuosos e inesperados, asaltos, emboscadas y acciones de mayor o menor envergadura en la retaguardia enemiga. Frecuentemente estas acciones eran realizadas con fuerzas reducidas y de gran movilidad, con el empleo de minas y cargas explosivas junto a medios de fuego ligeros.
Si en sentido general la preparación para el CDT lleva implícito el adiestramiento para actuar en condiciones de independencia táctica, esto último tiene una connotación muy particular en la defensa de las ciudades. La propia dinámica de las acciones, en el escenario cambiante de calles y edificios, conduce a combates y enfrentamientos que, de hecho, se hacen independientes en los niveles de escuadra o pelotón.
Por lo general, en la defensa de ciudades en la Segunda guerra mundial «El carácter accidentado y complejo del entorno urbano determinaba la necesidad de formar y emplear destacamentos y grupos de asalto para acciones independientes». (p.14). En estas condiciones tienen lugar múltiples combates, muy localizados, lo que determina que la descentralización del mando se traduzca, en efecto, en la independencia táctica de las P/U.
Aunque por lo diverso del armamento ligero y otros medios que pueden emplearse con gran efectividad, el carácter de estas acciones requiere una preparación práctica integral. Siempre es posible realizar con aparente realismo el conjunto de movimientos asociados a la acción, así como los desplazamientos de la P/U en un escenario apropiado. Los requisitos indispensables son la discusión y repetición de la dinámica según sea necesario, y el lugar con las características urbanas de la situación planteada.
Esto es consecuente con la idea del proceso único de preparación militar, mediante etapas que articulan con coherencia.
La perspectiva de acciones independientes exige la atención al adiestramiento de los jefes de P/U para ejercer el mando en estas condiciones, para las diferentes categorías de tropas involucradas en el CDT, y también para las formaciones que eventualmente pueden involucrarse de acuerdo con la concepción de la Guerra de Todo el Pueblo.
La preocupación permanente del Comandante Fidel Castro por la preparación rigurosa de los combatientes, según todos sus pronunciamientos a lo largo de muchos años, se hacen extensivas a todas las circunstancias y posibilidades. Obviamente, incluyen a la totalidad de los potenciales combatientes en el marco de la GTP, desde tiempos de paz.
La descomposición de acciones en lo que parece el tramado cambiante delineado por la urdimbre irregular del medio urbano, que
caracterizó la defensa de las ciudades en la Segunda guerra mundial, es una regla del combate en este contexto. «Debido a esta fragmentación inevitable, la efectividad combativa depende grandemente de la calidad del mando en los niveles más bajos, por ejemplo, de batallón e inferiores.» (p. 28).
Asimismo, «En el interior de la ciudad, las acciones constituían un conjunto de combates y encuentros aislados, lo que condicionaba la importancia de las acciones independientes de pequeñas unidades reducidas. En determinados momentos, las acciones independientes y la iniciativa de soldados y pequeñas unidades aisladas tenían una importancia decisiva». (p. 28).
Mantiene vigencia en muchos aspectos el estilo de las fuerzas de operaciones especiales del enemigo durante la Segunda Guerra Mundial, en interés de la conquista de las ciudades.
La posibilidad de desembarcos aéreos de estas fuerzas en los accesos a las áreas urbanas plantea una particular dinámica a la preparación de las fuerzas de cualquier tipo que defenderán los centros urbanos.
Otra perspectiva del adiestramiento desde tiempo de paz de las P/U de unidades de reserva y milicias para la siempre potencial contingencia de GTP