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De esta manera, entonces y partir de lo expuesto anteriormente podemos ver que la esperanza “constituye el fundamento y el resorte del pensar teológico en

general, e introducir la perspectiva escatológica en los enunciados de la teología que hablan de la revelación de Dios, la resurrección de Cristo, la misión de la fe, y la historia”99

. La esperanza entonces, se manifiesta en la humanidad impulsando al hombre y a la mujer para encaminarse hacia la construcción de una nueva sociedad; haciendo una relectura del mundo y ver que es posible hablar, pensar, proponer y transformar. Rompiendo ataduras en las que se encuentran aprisionados100, de esta manera pasar de un sobrevivir en el mundo a un vivir en el mundo, como lo diría Freire.

Es verdad, que en muchas ocasiones se considera a la esperanza como algo utópico, fantasioso, incierto, y hasta inexistente; siendo un reto para la teología, porque se puede correr el riesgo que la esperanza esté fundamentada únicamente en la razón humana, y no podemos confiarnos en esa esperanza, pues ella puede fallar y equivocarse, llevándonos así a la desesperanza, por ello a la esperanza que debemos esperar es aquella que está basada en la fe y la confianza en Dios,

“aunque en nuestra realidad no es fácil creer en Dios o, no es fácil entender lo que implica creer en Dios”101; relacionamos a Dios con aquellos que sufren, pues

98 Idem, op., cit. 237-244. 99

cf. MOLTMAN, Jürgen. Teología de la esperanza. Salamanca Sígueme, 1965

100

Cf. FREIRE, Paulo. Pedagogía de la Esperanza. Editorial, Siglo XXI, México D.F., 1993. Pág. 169

64 muchas veces se considera que es cosa de Dios que la humanidad sufra, pero igualmente al abrirnos y así comprenderlo, entendemos que Dios sufre con los que sufren, que Dios está presente y se manifiesta en ese sufrimiento.

Definitivamente un riesgo que corre la humanidad es el confiarse en su propio esperar, es decir, confiar en sí mismo, sino que debe esperar, con confianza, en su Dios, que es el único que puede hacer su libertad capaz de amar;102 la esperanza fundamentalmente debe estar enraizada en la fe y en la confianza, para extenderse hacia el futuro y levantar su dinamismo de toda la vida del creyente. Por consiguiente, encontramos a Dios haciendo parte de ese sufrimiento, de las injusticias, la opresión, social, la discriminación; así nos lo demostró Jesús a partir de su crucifixión, nos deja ver cómo Dios está presente en su vida, pues no es la muerte su última palabra, sino que a través de su resurrección muestra que es el principio de su soberanía, soberanía que nos da conocer por medio de su gran amor y compasión por la humanidad; experiencia pospascual vivida para alimentar toda esperanza, posibilitando nuevas alternativas y opciones que conduzcan al hombre a un mejor vivir.

De esta manera entonces, hablar de esperanza es hablar de una esperanza “que

aun cuando no haya signos visibles de esperanza. Reconocemos la oscuridad y la aparente desesperanza de la situación actual y ponemos toda nuestra confianza en Dios”103

vemos como Dios se hace presente por medio de su infinita misericordia llevándonos nuevamente en comunión con su ser trascendental. Esto será posible si realmente creemos que Dios actúa en nuestra vida y en nuestro mundo, cuando comprendemos y estamos en apertura para que Dios acontezca en nosotros y así estar siempre en actitud de esperanza.

102

Cf. LEON-Dufor, Xavier. Vocabulario de teología Bíblica. Editorial Herder, Barcelona, 1990. Pág. 291

65 Si la esperanza es puesta en Dios no hay campo para que“la persona se sumerge

en sí misma perdiendo toda esperanza sus ganas de luchar se ven mermadas o desaparecen”104 Por tal razón, si la persona está sumergida en el “cansancio

existencial” sin lugar a dudas que perderá toda esperanza; Dios no solo nos pide que tengamos esperanza, sino que actuemos con esperanza en virtud de nuestra fe, con esperanza, y en ser de este modo un estímulo para quienes han perdido toda esperanza.

66 CONCLUSION

La educación como lugar teológico es entendida como el encuentro de Dios en la humanidad, en un espacio y tiempo concretos, que busca proporcionar nuevas alternativas de liberación frente al mundo que se está viviendo; un mundo que al parecer a olvidado la esencia de ese hombre y de esa mujer que Dios creo a su imagen y semejanza, los creo para que gobernaran sobre todo lo creado, manteniendo siempre el orden de las cosas; pero al parecer todo se ha invertido, pues no se gobierna únicamente sino que se está abusando y explotando de todo aquello que Dios confió al hombre y a la mujer, convirtiendo todo en simples objetos que se utiliza para satisfacer todas sus ambiciones humanas, sin importar las consecuencias que ello atrae, por eso la misma humanidad es objeto y esclava de su ambición, desconociendo totalmente su razón de ser y de existir.

Por esta razón, se ha llegado a que unos pocos se apoderen de lo que a todos pertenece, llevándonos así a guerras que únicamente han dejado muerte, pobreza, desplazamiento, marginación y destrucción; ante esto se hace necesario ser partícipes de todas estas realidades para dar una nueva propuesta de vida, siendo así gestores de una nueva sociedad, una sociedad que camine en comunidad, pues el fin de la educación como lugar teológico debe tener como sentido fundamental la relación con el Otro, que dicho de otro modo, es una relación que libera y salva tanto a nivel personal como comunitario.

En este punto la educación como lugar teológico debe buscar por hacer una verdadera Teología, es decir, su actuar según la propuesta salvífica de Dios, que su horizonte es el sentido y concreción en la acción, según sea su contexto, cultural o sociedad. Así entonces, se puede concluir, que antes de relacionarse con el mundo, el sujeto para su realización plena parte desde la relaciona con el otro. Relación que está caracterizada por la inmediatez, es decir, el otro (a) que está inmediatamente presente; de este modo, en el encuentro con el otro, el sujeto

67 se convierte auténticamente en yo y el otro también auténticamente se convierte en tú105. De ahí que este encuentro con el otro tiene como fin, el reconocimiento y valoración por el otro buscando de esta manera nuevas alternativas de vida para la realización como seres humanos, no como objetos; estar encaminados según la propuesta salvífica de Dios y revelada a través de su Hijo Jesús, presente por medio del Espíritu Santo.

Dios a través de su encarnación es el misterio del amor y la solidaridad con los excluidos de la tierra y con todos los agobiados por el peso de la opresión. La educación en el seguimiento de Jesús y a ejemplo suyo, es un hecho y un acto de solidaridad, de inserción en el mundo de los empobrecidos, de relación con los otros, especialmente con los abandonados y esclavizados; de esta manera se podrá pensar superar las condiciones de deshumanización presente en el mundo, ser partícipe de las búsquedas y luchas cotidianas por cambiar esa sobrevivencia y la construcción de un vivir digno para todos y todas.

Por eso, no podemos olvidar, que ser con los demás y para los demás se da sentido al existir humano; es decir la relación con los demás sujetos construye y forma parte de lo que es realmente el ser humano. De esta manera su existir está siempre orientado hacia los demás, que a su vez está vinculada con los demás, en comunión con los demás y con Dios. En este sentido, la existencia está ligada a la incorporación del otro que quiere ser parte de mí, o que me invita a ser alguien ante él, amándonos y construyendo un mundo más humano y más justo106.

Es así como la educación como lugar teológico debe a partir del reconocimiento del otro, superar por una parte, lo anquilosado que no cuestiona el objeto del conocimiento, ni los procesos de aprendizaje, propio de una tendencia pedagógica conservadora y restrictiva que acentúa la sumisión, asumiendo así una actitud del

105

Cf. Gevaert, El problema del hombre, pág. 38

68 silencio característicos de la educación bancaria y tradicionalista y por otra parte, una educación en la cual el sujeto educativo fundamenta su aprendizaje en el uso reflexivo de la pregunta, siendo constructor y gestor de sus propios conocimientos en interacción con los demás para que se sienten igualmente afectadas sin ser propuesta a los problemas que el mundo de hoy exige soluciones que dignifiquen a la persona humana según la propuesta salvadora y liberadora de Dios.

Reafirmando el compromiso que la educación tiene frente a la formación de la sociedad, se hace necesario a través de la educación tanto hombres y mujeres se forman para ser autocríticos y críticos frente a una sociedad que simplemente se está dejando llevar por el factor lucrativo, en el cual no hay espacio sino para el sometimiento e injusticia desconociendo de esta manera la esencia propia de cada persona, así se aporta cada día más que los pobres pasen a de ser pobres a ser miserables y sometidos a un sistema que únicamente busca su bienestar propio, sin importar la suerte de quien es explotado.

Entendiendo la educación como lugar teológico, en perspectiva de la pedagogía teológica y la pedagogía de la esperanza de Paulo Freire, alimentamos la esperanza de una práctica pedagógica que verdaderamente libere al hombre, lo incluya, lo posesione ante la vida, ante la sociedad y ante toda estructura, que lo valore y lo reconozca como miembro fundamental en la historia en la construcción de una nueva sociedad.

A manera conclusiva, digamos, que la teología como punto de partida en la educación como lugar teológico para proponer nuevas alternativas de vida, donde sea el otro parte vital y existencial de su práctica y por lo cual, Dios a través de Jesucristo, nos revela cómo es posible a través de sus enseñanzas fluidas por su propia experiencia de vida el encuentro hacia una sociedad que este fundamentada en la justicia, en la libertad, en la igualdad, en la esperanza.

69 De esta manera la revelación de Dios al ser humano, a través de la educación como lugar teológico debe contener carácter tanto revelatorio como liberador, lo cual significa que la educación como hecho social, será principalmente un lugar de esperanza, transformación y liberación, especialmente con aquellos que son excluidos, esclavizados, discriminados y abandonados en la sociedad. En este sentido la teología, como pedagogía será aquella que mediante su praxis, ante todo tendrá un carácter revelador y profético, siendo el otro (a) su razón de ser, buscando así la dignificación y armonía con todas las formas de vida sobre la tierra, en comunión consigo mismo con la comunidad, y por supuesto la comunión con Dios Padre.

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