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La estructura social de la Montaña Libanesa

El elemento agrícola y la dificultad del terreno son dos factores que, en el caso

del Líbano, modulan la organización general de la sociedad en la época otomana.

Ambos factores reforzaron durante siglos, unas relaciones sociales de tipo directo, en

las que el referente inmediato era el familiar. Sobre este referente se sustentaba una

sociedad jerarquizada, donde los grupos y las familias dirigentes, rivales entre sí e

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RABBATH, E., La formation du Liban politique et constitutionnel, 1986, Beirut Publications de l'Université Libanaise, p.38.

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independientemente en principio de su confesión, mantenían en control real, en una

lucha permanente por el poder.

El Líbano posee por su geografía un doble carácter: montañoso y costero, que ha

hecho posible un asentamiento permanente desde la antigüedad. Aunque, será con la

expansión musulmana cuando se produzcan los cambios más significativos a este

respecto por su posterior transcendencia histórica, desencadenándose a partir de

entonces un proceso de poblamiento y colonización de la montaña por parte de ciertos

grupos de refugiados33, primero cristianos y luego musulamnes, que hicieron de él una

tierra de asilo.

Es esa idea del asilo, una de las principales que ha presidido el imaginario

creado y asumido sobre esta tierra, constituyéndose por sí misma en una de las señas de

identidad que más ha contribuido a formar el concepto de la libanidad34. Por otro lado,

serán estos grupos, los que identificándose desde un principio en razón de su

pertenencia religiosa, darán al espacio una dimensión religiosa esencial35; punto básico

de partida desde el que se elaborará una identidad comunitaria clave en el desarrollo

histórico de este país, al actuar como uno de sus determinantes más destacados. El

resultado es el mosaico confesional que constituye hoy en día la sociedad libanesa.

Ese mosaico está formado por diecisiete grupos confesionales, de los cuales

cuatro tuvieron un papel destacado en la formación del Líbano a lo largo de la historia.

El primer grupo es el de los cristianos maronitas, originarios de los bordes del Orontes

que se establecieron en el siglo VII, sobre todo, en el norte de la Montaña, alrededor del

Valle de la Qadisha. Los maronitas formaron una comunidad unida de carácter rural que

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PICAUDOU, N., (1989), La dechirure libanaise, Bruxelles, Edt. Complexe, pp.20-27.

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VAUMAS, ÉTIENNE de, La repartition de la population au Liban,,1955, cit por PLANHOL, XAVIER de, 1993, p.179.

huía, según las distintas fuentes, de las persecuciones cristiano-bizantinas o del avance

árabo-musulmán. Se unificaron pronto con las poblaciones autóctonas y en el siglo VIII

aparece ya entre ellos la primera organización eclesiástica, con la iglesia de Ehden

(749) y el traslado del patriarcado maronita a la Montaña en el 939. Este grupo es el que

más fuertemente ha desarrollado la idea de que ellos constituyen “la nación libanesa”36.

La industria principal de los montañeses maronitas era la crianza del gusano de

seda, lo que les proporcionó una situación acomodada y permitió un desarrollo de la

actividad social liderada por el clero, una de cuyas responsabilidades principales era la

de la educación de los jóvenes. El control del puerto de Beirut y su formación próxima a

lo francés consolidaron su proyección comercial, aunque siempre por detrás de las

comunidades ortodoxas y sunnies, que gozaban de un carácter esencialmente urbano.

Tras la comunidad maronita se establece en la Montaña la comunidad drusa.

Proceden básicamente de una excisión del chiísmo ismaelí ocurrida en el XI se

dispersaron después de la caída del califato fatimí de Egipto. Ocuparon el corazón de la

montaña, las regiones del Chuf y del Garb, al sur de las zonas ocupadas por los

maronitas, constituyendo un grupo de base rural y militar, del que salieron las dinastías

gobernantes de la Montaña, los emires Maan y Chehab. Su característica más destacada

es un complejo sincretismo filosófico-religioso con un fuerte sentido esotérico, que

cierra en el aspecto de las creencias al grupo sobre sí mismo, mientras que en el espacio

político muestra un gran pragmatísmo que les lleva a adoptar formas de adaptación

variadas según la situación histórica.

34 CORM, G., 2001, p.414. 35 CHEVALLIER, D., 1982, p.3. 36

AZAR, FABIOLA, Construction identitaire et appartenence confessionnelle au Liban, 1999, Paris, L’ Harmattan, pp.48-51.

Las dos comunidades, asentadas en la alta montaña, consiguieron acondicionar

la zona en respuesta a sus necesidades, recreando un sistema de explotación de la tierra,

“sistema de bancales”, en el que la estrecha vinculación de unas parcelas a otras hacía

necesario el trabajo colectivo y una fuerte organización comunitaria; y esto fue posible

gracias a la acentuada cohesión social existente en ambas sectas, agrupadas en pueblos

grandes, disciplinados y gobernados por su clero o sus príncipes37.

Entre ambos grupos se produjo una convivencia competitiva por el dominio del

territorio y el control político, que no impidió materializar alianzas en momentos

determinados, alianzas que ofrecieron mutuos beneficios frente a otros grupos presentes

en la zona, pero también violentos enfrentamientos como los de 1840-1860.

El inicial dinamismo de estas dos comunidades continuó durante la época

contemporánea en su apertura al exterior. Pero de ambos serán los maronitas los que

jugarán el papel más activo, cuando en el tiempo de la decadencia otomana sea este

grupo el más activo en la toma de conciencia de su identidad, de sus particularidades, de

sus metas y posibilidades; contribuyendo decisivamente a crear un movimiento de ideas

que sentará las pautas de la autonomía y posterior independencia del país38, movimiento

en el que participarán también los drusos y los greco-ortodoxos39.

Este predominio maronita se debe a una diferencia esencial a nivel estructural y

organizativo; ya que si bien, ambas comunidades poseen un modelo similar de reparto

de la autoridad basado en un sistema aristocrático, con una jerarquía social firmemente

consolidada a través de las grandes familias dirigentes y de las fidelidades clánicas que

recorren todo el grupo. En el caso de los drusos dichas familias son a menudo rivales

entre sí, lo que aumenta la división interna y disminuye la cohesión. Por el contrario, la

37

PLANHOL, XAVIER de, 1993, pp.182.

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comunidad maronita cuenta con un factor clave de unidad, su clero, donde el patriarca o

jefe religioso se encuentra en lo más alto de la jerarquía y permite el mantenimiento de

al misma.

Esa mayor coherencia interna, donde se confunde el ámbito religioso y el

político, y la consecuente mayor jerarquización se unen, en el caso de los maronitas, a

una evidente superioridad numérica y una actitud mucho más proclive a la apertura a

Occidente (Occidente ha sido siempre un punto de referencia clave en la construcción

del discurso maronita, tratando en todo momento de reafirmar los lazos doctrinales e

institucionales que los vincula a la Iglesia de Roma y que los insertaría, desde su

perspectiva en la historia de ese mismo Occidente40, lo que indica a su vez la

dependencia de esta comunidad con la realidad occidental). Esta actitud favoreció y fue

favorecida, a nivel económico, por su acceso al sector comercial y a la villa portuaria de

Beirut41, hecho que repercute en la creciente colaboración con las economías europeas,

sobre todo la francesa.

El desequilibrio creciente a favor de los maronitas provocará, a partir del siglo

XIX, el desplazamiento en el poder de los drusos, los cuales habían formado el régimen

político tradicional de la Montaña.

El chiismo es otra de las confesiones asentadas en la Alí que tuvieron que huir

ante la represión del islam “ortodoxo”, estableciéndose en la mayor parte de la montaña

y de sus inmediaciones. Bajo la dinastía fatimí de Egipto las chía llegó a conocer un

periodo de cierto esplendor; es entonces cuando los chiíes del Líbano montañés se

extienden a otras zonas del actual Líbano; Chuf y Wadi at-Taym. Y en tiempo de las

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En la obra de Farouk Mardam-Bey se recogen las semblazas de algunos de los pensadores más importantes del Líbano y en ella se puede apreciar su participación en la elaboración de un pensamiento moderno libanés. MARDAM-BEY, FAROUK, Liban, figures contemporaines, 1999, Paris, IMA.

Cruzadas se consideraba que constituían una mayoría numérica, lo que significa que el

islam libanés fue, en su inicio, predominantemente chií. A finales del siglo XII, la

región de Kesruan (centro del Monte Líbano), estaba poblada por una mayoría de esta

confesión.

Pero las cosas cambiarán radicalmente con la presencia del poder otomano. Éste

ejercerá una política represiva sobre las minorías musulmanas no sunníes -chii y drusa

en el caso del Líbano-, a las que coloca en la disyuntiva de convertirse al sunnismo,

doctrina oficial, o desaparecer; muchos se convertirán a la modalidad del islam sunní y

otros al cristianismo maronita, pero la mayoría emigrará hacia el Líbano Sur, y la

Bekaa; de esta forma en 1305 las regiones de Kesruan, y el Metn ya habían pasado, en

su práctica totalidad, a manos maronitas.

Durante los siglos posteriores el chiismo libanés protagonizó diversos

levantamientos que fueron reprimidos por los respectivos emires; entre 1766-1777, bajo

el emirato druso de Yusef Chehab, tiempo en el que se materializa la alianza druso-

maronita, los chiies, que constituían un sector poblacional arraigado son definitivamente

expulsados hacia la Bekaa y el Yebel Amil al sur. Su establecimiento en estas áreas les

libera de la tutela de los emires de la montaña, tomando el poder local otras grandes

familias del momento. Sin embargo, y a pesar de que este grupo ha mantenido, también

en el Líbano, su característica esencial de movimiento de oposición al poder oficial, no

supo, como en otras áreas, desarrollar una estructura interna cohesionada tanto a nivel

social como político, y fue incapaz de establecer una organización grupal lo

suficientemente fuerte como para poder enfrentarse a las políticas represivas. Su

estrategia fue buscar alianzas con otros poderes extranjeros, los chiies libaneses, en

época otomana, recurrieron frecuentemente a Persia, la gran potencia musulmana chii.

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Decisión que provocaría la desconfianza del poder central imperial, que no dudó en

utilizar a los drusos contra esta comunidad, cuando las circunstancias lo precisaron42.

Fue en 1861, con el Reglamento orgánico que daba al Monte Líbano una

autonomía administrativa bajo soberanía otomana, cuando se produce el primer

reconocimiento de la personalidad jurídica de la comunidad chií, hasta entonces,

simplemente musulmanes, confundidos para Estambul con la mayoría sunní. Y será con

la creación del “Gran Líbano” cuando esta comunidad alcance un destacado peso

demográfico dentro del equilibrio poblacional libanés43.

Los tres grupos han convivido, o quizá cohabitado bajo el dominio otomano con

los grupos inscritos al islam oficial, el sunní, establecido en estas tierras desde la inicial

formación del imperio musulmán, por lo que entre éstos ha estado siempre presenta la

idea de la unidad de la umma, de ahí que se vieran como legítima la represión contra los

otros grupos: chiíes, drusos y maronitas. La comunidad sunní fue la beneficiaria directa

del Estado durante el imperio Otomano aun cuando las demás comunidades fueron

adquiriendo prerrogativas propias, pero con la creación del Estado libanés perdió estos

privilegios y comenzó su negativa a aceptar una nación creada en beneficio de la

comunidad maronita, por lo que comenzaron, también, sus reivindicaciones.

Junto a estas cuatro poblaciones, encontramos un amplio número de grupos

cristianos 44. Los ortodoxos u orientales son los más antiguos de los cristianos del

41 AZAR, F., 1999, pp.48-50. 42 AZAR, F., 1999, pp.43-45 43

CHABRY, L., CHABRY, A., 1984, pp.134-136.

44

En RABBATH, E., 1986, pp 85-93, se distinguen las siguientes comunidades religiosas: Las comunidades cristianas orientales son además de los católicos romanos:

-la comunidad greco-ortodoxa, su jefe es el patriarca de Antioquía .Se agrupan por todo el Líbano, en Beirut, Tripoli, en varios centros de la Montaña en Metn y Kura sobre todo.

-la comunidad siriaco-ortodoxa, responden a un patriarca de que lleva el título de patriarca de Antioquía y de todo el Oriente. Su número es relativamente pequeño, pero forman un grupo fuertemente articulado y muy atado a su historia y tradiciones. Se localizan esencialmente en Beirut, donde se refugiaron después de las masacres de Turquía durante la I Guerra Mundial.

Próximo Oriente y han vivido en simbiosis con los sunníes, ambos grupos estuvieron

durante una época políticamente muy próximos al proyecto de la nación árabe,

compartían también desconfianza hacia los intereses de las potencias europeas, esta

desconfianza y su confesión religiosa fue la que les acercó a Rusia, la cual, desde

mediados del XIX, se convirtió por un tiempo en su protectora. Su actividad laboral se

ha centrado en el comercio, al igual que los sunníes, y han hecho de las ciudades

(Trípoli, Beirut y Sidón,) su principal lugar de asentamiento. Fueron también activos

participantes en la Nahda (Renacimiento árabe), contribuyendo a la elaboración

ideológica del nacionalismo árabe laico. Cuando este nacionalismo entra en

competencia con las tendencias confesionales, de diversos origenes entre ellos las

islamistas, esta comunidad basculará hacia la defensa del establecimiento de un Líbano

independiente.

-la comunidad armenio-gregoriana, reconocen la jurisdicción de los católicos, localizados en la pequeña- Armenia. Esta sede fue fijada en 1920 después del éxodo de los supervivientes armenios de Turquía. Es una comunidad con un profundo sentimiento de la nacionalidad armenia. Estas concentrados en los barrios del este de Beirut.

-la comunidad nestoriana, más conocida como los asirio-caldeos, son católicos que residían antes de 1933 en Iraq, la comunidad que reside mayoritariamente en los Estados Unidos se encuentra representada en el Líbano mediante un delegado aceptado por las autoridades locales.

-la comunidad evangélica, instalada en la segunda mitad del XIX, es la más joven de las comunidades cristianas en Oriente. Agrupa a protestantes del Líbano y de Siria, a los árabes y armenios conversos en eñ siglo XX. Un pastor reside en Beirut.

Entre las comunidades católicas destacan :

-la comunidad maronita con el nombre oficial de siriaco-maronita. Su jefe es el patriarca de Antioquía y de todo el Oriente que reside en Bkerké, en las proximidades de Beirut

-la comunidad greco-católica o melkita, a su cabeza un patriarca de Antioquía y de todo el Oriente para los greco-melkitas. Por su número ocupan el segundo lugar entre las comunidades “occidentales” después de los maronitas, y juegan en la economía libanesa un papel de primer plano.

-la comunidad armenio-católica su jefe lleva el título de patriarca armenio-católico, su sede actualmente está en Beirut, hasta 1914 estaba en Estambul. Es una comunidad muy ligada a su lengua y a la historia de la nación armenia.

-la comunidad siriaco-católica su jefe es el patriarca de Antioquía para los siriaco-católicos, después de 1914 su sede pasó de Mardine a Beirut. Como los siriaco-ortodoxos ,a los que se sienten muy próximos, por su fe católica y su sumisión al Soberano pontífice, su número es escaso y se agrupan en Beirut, Zahlé y Trípoli.

-la comunidad caldea sumisa a la Santa Sede, su fracción libanesa responde al patriarca de Babilonia que reside en Bagdad y está representado por un obispo, aceptado por los poderes públicos. Su número es pequeño.

Los católicos proceden esencialmente de una escisión comunitaria producida en

el seno de la iglesia ortodoxa de Antioquía, se establecerán en el Líbano junto a los

chiíes en el sur y la Bekaa, y junto a los maronitas en el Chuf y Yezin, siendo los

últimos en llegar a Beirut y su periferia, donde se convirtieron en un grupo importante.

La comunidad ha ido creciendo al unirse a ella otros grupos de católicos procedentes de

Siria, Egipto o Israel. Como comunidad se encuentra, según Rabbath, menos

sensibilizada ante el devenir del Próximo Oriente que los ortodoxos45.

En la mayoría de los casos, estas comunidades cristianas proceden sobre todo de

elementos desgajados de sus comunidades-madre, históricamente más antiguas, que con

el tiempo fueron consideradas por el poder mandatario francés como “comunidades

históricas”. La estrategia política francesa iba formalmente dirigida a sustraer a estas

comunidades de su pertenencia al estado islámico oficialmente sunní del Imperio

Otomano46.

Por último, se encuentra en el Líbano la comunidad judía, la cual pertenece, en

su mayoría, a la rama sefardí y constituye una comunidad que posee el mismo grado de

igualdad a nivel jurídico que las otras, si bien su número ha descendido

considerablemente por los movimientos migratorios hacia Israel después de las guerras

árabes-israelíes.

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