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LA EVANGELIZACIÓN PARA UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA AUTÉNTICA

Para empezar es pertinente retomar el sentido y esencia de la evangelización, y su relación con la religiosidad popular:

La evangelización aparece como un proceso de anuncio y testimonio vivo de la persona y el mensaje de Jesús, que transforma las personas, la sociedad, la cultura y todas las realidades. Uno de los campos a evangelizar es también la religiosidad popular, utilizando la pedagogía de la evangelización. En esta pedagogía se incluye una empatía, estudio, confrontación con el Evangelio, catequesis, predicación asidua y completar la visión de fe de las personas religioso-populares.81

Se observa el énfasis que se plantea hacia la pedagogía que, como se señalaba anteriormente, es importante para enseñar a las personas el por qué y el cómo de las prácticas de la religión que adopta la Iglesia y se desarrolla en la comunidad., de manera que no se dé lugar a interpretaciones equivocadas que son las que auspician la anexión de aspectos esotéricos que desvirtúan el auténtico sentido de lo religioso.

En términos prácticos, se debe partir de la esencia de aquello que trata la evangelización para que se comprenda el camino que lleva al seguimiento del camino de Dios. En tal sentido, se puede señalar que:

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Evangelizar significa, literalmente, anunciar una buena noticia, y se refiere al ofrecimiento libre de la buena noticia de Jesús a un medio –una clase social, un barrio, un país, un sector de población- cuyas gentes, o bien no han recibido aún el mensaje evangélico, o bien lo han recibido de manera insuficiente, puesto que apenas han captado la significación que tiene ese mensaje para su propia vida. 82

La Evangelización tiene un importante significado, pues enseña cómo, con su manifestación en una vida plenamente humana, Jesús mostró el sentido que tiene y la finalidad que cuenta la existencia humana. Además, ella señala cómo mediante su vida como ser plenamente humano, Jesús enseño el carácter que debe tener la relación con Dios, su naturaleza y el camino que lleva a Él. Todo esto lo hizo como ser humano, con lo que demostró que está en las capacidades humanas llegar a Dios. En tal sentido, la Evangelización debe transmitir la manera de vivir de Jesús como testimonio de humanidad en Él, en los siguientes aspectos:83

1) Hay una historia: la historia de la salvación humana que tiene su centro en la historia de la vida, muerte y resurrección de Jesús. La historia de Jesús fluye de la historia del pueblo judío, el Antiguo Testamento, y de los Hechos

de los Apóstoles queinicia la historia de los seguidores de Jesús después

que Él fue delante de ellos. Ciertos elementos claves de la historia han sido elegidos y formulados en creencias básicas que constituyen un Credo. Algunas creencias incluidas en los credos y catecismos se consideran implícitas en la historia y en las Escrituras.

2) El cristianismo ofrece no sólo una lista de creencias sino también un conjunto de valores. Los cristianos viven de acuerdo con ciertos principios morales, tanto en sus vidas personales y familiares como en su trabajo, sus grupos sociales, políticos y religiosos. Debieran promover la justicia, la paz

82 González-Carvajal, Luis. Evangelizar en un mundo postcristiano. Bilbao: Editorial Sal Terrae. 1993. 115. 83 Dorr, Donal. La misión como evangelización. Dublín. 2000. 5. Consultado en noviembre 10 de 2013, disponible en: http://www.cisoc.cl/html/junio02.htm

y la reconciliación en la sociedad y en el mundo entero y preocuparse de la naturaleza y de la tierra misma.

3) Existe un gran cuerpo de símbolos y rituales utilizados por los cristianos, en la oración pública y privada, para dar expresión a sus creencias y actitudes. Entre ellos, los sacramentos, el agua bendita, estatuas, medallas, etc. Arrodillarse, doblar las rodillas, inclinar o juntar las manos para orar son sólo unos pocos ejemplos de ritos comunes. Para los cristianos, hay una multitud de imágenes que enriquecen y alimentan la fe, siendo la cruz la imagen central.

4) Finalmente, existe una variedad de instituciones, estructuras y funciones que determinan cómo se organiza la comunidad cristiana y como se ejerce la autoridad dentro de ella. Por ejemplo, los obispos, sacerdotes, diáconos, lectores, ministros de la Eucaristía, etc. tienen sus papeles particulares en el servicio a la comunidad.84

Todo esto muestra que la Evangelización es el fundamento para transmitir lo que es y lo que no es, así como lo que debe ser y lo que no debe ser en cuanto a la vivencia de la religión cristiana. Por ello se puede decir que la Evangelización debe buscar ―oponerse al proceso de secularización de la sociedad, para que la Iglesia recupere la influencia cultural y la relevancia social que tuvo en el pasado‖85

. Esto es coherente con el planteamiento señalado acerca de que se ha presentado en los últimos tiempos un alto impacto de la cultura en la religión, lo que ha sido fuente de la injerencia de fenómenos como los del esoterismo especialmente en el marco de la religiosidad popular.

Dichos aspectos inherentes a la secularización han propiciado cambios culturales como: ―agnosticismo en los medios intelectuales (…) una cierta concepción de la vida o un cierto humanismo sin Dios; graves problemas en el ambiente familiar,

84 Ibíd., 122.

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(…) un aflojamiento de la conciencia moral, con la consiguiente relajación de las costumbres; una búsqueda del bienestar a cualquier precio, etc.‖86

. Todo ello, de diferentes formas, ha implicado que la incorporación del Evangelio en la vida de las personas haya auspiciado la pérdida de parte del sentido religioso y su vivencia en lo que se puede denominar una experiencia religiosa auténtica.

Sin embargo, es necesario hacer algunas precisiones sobre este tipo de experiencia, pues muchas personas:

(…) consideran que la experiencia religiosa es de naturaleza afectiva, y precisamente por ello desconfían de ella. La formación intelectual del hombre moderno le ha enseñado a criticar la afectividad y la subjetividad. Pero lo que aquí llamamos experiencia religiosa no tiene nada que ver con sentimentalismo. Consiste en descubrir que, cuando leemos la Escritura o un libro de teología, no nos enfrentamos a algo incontrolable y que solamente pueda ser aceptado ciegamente, sino a algo en lo que nos reconocemos nosotros mismos. Cualquiera puede decir que comprende lo que significan palabras como amor, paciencia, libertad, etc. Pero debemos afirmar que sólo las comprende de verdad aquel que, al orlas, re-conoce en ellas experiencias de su vida.87

De allí que hay una serie de características que permiten definir la experiencia religiosa auténtica para diferenciarla de otros tipos de experiencias que se desarrollan bajo otras formas. Se parte de que en la experiencia religiosa el hombre se capta íntegramente en relación con Dios; incluyendo un componente intelectual como es la verdad sobre Dios, un componente afectivo en cuanto la entrega a Dios se relaciona profundamente en el ser, un componente de la voluntad puesto que se trata de un acto libre, un componente activo porque se produce un compromiso real, y un componente comunitario, pues frente a Dios la

86 Ibíd., 123.

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persona hace parte de una comunidad88. Así mismo, es importante destacar que la experiencia religiosa abarca todas las dimensiones del hombre, incluyendo su relación con la naturaleza, con la historia, con la cultura, etc.89 Por todo ello, es importante resaltar que resulta equivocado limitar la religiosidad de la experiencia al insistir unilateralmente en la dimensión afectiva, olvidando o pasando por alto las otras dimensiones, como muchas personas lo hacen.

Todo lo anterior manifiesta que la fe en que se fundamenta tal experiencia no es una simple creencia, como generalmente se le considera, sino que se trata de una forma específica de creencia, que implica un modo de vivenciar y una vía de conocimiento de unos contenidos especiales, que sin fe o son inaccesibles o carecen de especificidad.90 ―Efectivamente, la verdadera experiencia religiosa, si es experiencia de Dios que está presente y que actúa en mí, substancialmente es fe, esperanza y caridad‖91

, pues se parte de que la fe determina la experiencia religiosa

Al respecto, Otto92 plantea que en la religión cristiana, la experiencia religiosa es esencial para que la divinidad sea captada y designada con clara precisión por predicados como espíritu, razón, voluntad, omnipotencia, autoconciencia, y otras semejantes. Cuando la religión cristiana afirma y reconoce predicados racionales, esto la hace una religión racional; y sólo por ellos es posible la fe como una convicción sobre conceptos claros, en oposición al mero sentimiento; y estos son aspectos esenciales que caracterizan la experiencia religiosa auténtica en ella.

88 Cultrera, Francesco. Hacia una religiosidad de la experiencia. Madrid: Centro Editorial Dehodiano. 1994.131.

89 Ibíd., 232.

90Cencilio, Luis. Psicología de la fe. Salamanca: Sígueme.1997. 9-11.

91 Cultrera, Francesco. Hacia una religiosidad de la experiencia. Madrid: Centro Editorial Dehodiano. 1994. 210.

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Otra característica que identifica la experiencia religiosa es que ella ―va más allá del conocer para convertirse auténtica y plenamente en amor‖93

, por ello se considera que el amor es el núcleo de toda experiencia religiosa e igualmente, en ello radica la originalidad de esta experiencia frente a cualquiera otra, pues se trata de una experiencia de unión amorosa entre el hombre y Dios.

Adicionalmente, cabe destacar que la actividad corriente o mundana, la experiencia cotidiana, no debe ser ajena a lo religioso y, por el contrario, es allí en donde el hombre puede encontrar a Dios cuando trabajar por los demás y se esfuerza en pro de la vida bajo su Palabra94. ―El obrar de cada día queda valorado hasta el más alto grado, por ser lugar de la experiencia profunda de Dios, es decir, de aquella en que el hombre responsa afirmativa o negativamente al Dios que le ofrece la salvación‖95

. Por lo tanto no se puede considerar la experiencia religiosa como una vivencia esporádica o aislada.

Otro aspecto que es fundamental es la dirección y centro de la experiencia, pues no debe olvidarse que:

La experiencia religiosa cristiana está determinada en su credo y en su obrar por la persona de Jesús. Efectivamente, en la perspectiva bíblica neotestamentaria, la experiencia del Espíritu ha aparecido centrada en Cristo, en su señorío. La verdad de Jesús, de su persona y de su obrar, ha surgido como el paradigma de toda experiencia auténtica del Espíritu (…) Es función de la Iglesia la transmisión de la experiencia primitiva y original que los discípulos tuvieron de Cristo (…) También la mediación de la Iglesia tiene una dimensión experiencial.96

93 Cultrera, Francesco. Hacia una religiosidad de la experiencia. Madrid: Centro Editorial Dehodiano. 1994. 149.

94 Ibíd., 145. 95 Ibíd., 209. 96

Esta mediación de la Iglesia es un componente fundamental para comprender el contexto de la experiencia religiosa, pues de allí se deriva la autenticidad de tal vivencia, y por ello es que la Iglesia a través de las celebraciones litúrgicas formula dirección y guía a la religiosidad popular. De esta manera es como se puede garantizar que, con base en la mediación de la Iglesia, se desarrolle la auténtica experiencia religiosa, sin los vicios o carencias que implican aditamentos como los aspectos esotéricos que frecuentemente se puede vincular a la religiosidad popular.

Cabe resaltar también que ―la fe nos la trasmite sin duda alguna la Iglesia. Pero la realidad que vivimos no es la de discípulos pasivos‖97

. Esto significa que la fe, como fundamento de la experiencia religiosa, se renueva en la propia vivencia cotidiana de la gente así como en la presencia y participación de los actos litúrgicos, en donde se hacen dinámicos tanto el rol evangelizador de la Iglesia como la actividad de las personas, como experimentadoras de la fe.

Otro elemento constitutivo de la experiencia cristiana es la gratuidad, en tanto se recibe sin contraprestación, pues el compromiso que conlleva es adoptado voluntariamente y ―se concreta en la participación en la vida de Dios por medio de Cristo en el Espíritu, participación que tiene lugar en la fe, en la esperanza y en la caridad, y por tanto en la adhesión de todo el ser a Dios que se revela, que promete la vida eterna, que nos envuelve con su amor‖.98

En este mismo sentido, hay que señalar que dicha experiencia se va fortaleciendo con su ejercicio, con el cual se hace más fluido el contacto con la expresión divina.

La experiencia religiosa tiende a ir haciéndose cada vez más sencilla y al mismo tiempo más profunda. Más sencilla, porque llegan a faltar las reflexiones, las fantasías, las imágenes, los conceptos, hasta llegar a una pasividad, en la que

97 Ibíd., 228.

98 Cultrera, Francesco. Hacia una religiosidad de la experiencia. Madrid: Centro Editorial Dehodiano. 1994. 237.

insisten mucho los místicos: el hombre no se detiene en pensamientos ni en actos de amor, sino que se deja llevar por Dios, se hace plenamente disponible a su acción.99

Cabe resaltar que, en ese marco de simplicidad que va forjándose mientras aumenta la profundidad de la relación con Dios, se evidencia la presencia de elementos subjetivos y elementos objetivos en la religiosidad:

Los elementos subjetivos se refieren directamente al sujeto que vive su aventura religiosa; la sensibilidad religiosa reacciona frente a la experiencia de Dios. Se atiende particularmente a la dimensión personal de la religiosidad que es significativa para el sujeto. Los elementos objetivos se refieren al ámbito de actuación del hombre, en donde se muestra su tarea cultura, como pueden ser algunos movimientos como el feminismo, la ecología, la lucha contra el hombre, la lucha por la calidad de vida, por la paz, por los derechos humanos.100

En estos aspectos es donde más se revela que una experiencia religiosa auténtica, por el hecho de abordar las diversas dimensiones del hombre como ser integral, no se queda sólo como una experiencia de afectos o sentimientos subjetivos, sino que le impele para ser un sujeto activo , positivo y transformador para su comunidad y su sociedad. Esto manifiesta cómo se diferencia la persona que vive la experiencia religiosa auténtica, frente a quienes viven una experiencia pseudoreligiosa viciada por otras connotaciones, en donde suele primar el egoísmo y la búsqueda de beneficios o resultados inmediatos, sin dar lugar a la búsqueda de la trascendencia en el contacto con Dios.

99 Ibíd., 247.

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