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2.2. La estructura de la mente y la teoría generativista del lenguaje

2.2.3. La facultad del lenguaje y la gramática universal

Según este lingüista, los fenómenos cognoscitivos como el entendimiento humano y la facultad lingüística del ser humano son tan naturales que los estudiosos no ven la necesidad de explicarlos. Por lo tanto es Chomsky (1968) quien en su obra titulada

El lenguaje y el entendimiento, afirma:

El mayor defecto de la filosofía del entendimiento clásico, tanto la racionalista como la empirista, reside, en mi opinión, en el hecho de que en ambos casos se aceptó sin examen el supuesto de que las

propiedades y el contenido del entendimiento son accesibles a la introspección; es sorprendente observar cuán raras veces dicho supuesto se puso en duda, en lo que se refiere a la organización y la función de las facultades intelectuales, incluso después de la

revolución freudiana (pp. 52-53).

Para Nafría (2005) quien a su vez cita a Chomsky, según los postulados hipotéticos generales de los empiristas sobre cuál es el proceso específico que se debe llevar a cabo para adquirir el conocimiento, no logran exponer claramente otros rasgos peculiares del lenguaje como es el de la competencia lingüística; pero a pesar de esto y tal como lo asevera Chomsky (1968) «ciertos supuestos acerca de la

gramática particular y universal nos ofrecen hasta cierto punto la esperanza de que se llegue a explicar fenómenos con los que tenemos que enfrentarnos cuando

consideramos el conocimiento y el uso del lenguaje» (p. 109). Por lo tanto, tratar de desarrollar bajo otros aspectos y enfoques la concepción tradicional acerca del lenguaje y el entendimiento lograría dar nuevas luces a los estudios sobre el carácter natural del conocimiento en todo el ámbito de la palabra, el cual se engendra, suscita y produce teniendo como base a la experiencia que entrena y capacita al ser humano.

Chomsky censura y reprueba las investigaciones que se han ocupado del tema del lenguaje, las cuales en su mayoría han sido realizadas bajo el influjo de los ejes temáticos del racionalismo cartesiano, ya que en ellas no se le otorgó la atención adecuada a la configuración organizativa que se presenta en la mente del ser humano cuando se escucha o manifiesta una frase u oración; tampoco se consideró al aspecto complicado de las operaciones verbales o de las maniobras lingüísticas que

relacionan la estructura profunda con la estructura superficial del enunciado. Para él, el aspecto insatisfactorio o lo que se podría denominar como el talón de Aquiles de los estructuralistas y behavioristas acerca de los estudios del aprendizaje y la adquisición del lenguaje es su abierta acogida de las muchas explicaciones vanas e insustanciales que manifestaron al respecto, la seguridad de considerar que la organización del conocimiento era más fácil a comparación de la de los otros órganos físicos ya estudiados e incluso llegar a admitir que las funciones primitivas eran pertinentes para lograr interpretar los fenómenos observables (Nafría, 2005). Así, Chomsky (1968) acepta y afirma como verdad:

Que una lengua es una estructura de hábitos o una red de relaciones

asociativas, o que el conocimiento de una lengua es una cuestión meramente de aprendizaje, una habilidad expresable en términos de un sistema de disposiciones del comportamiento. De acuerdo con esto, se considera que el conocimiento de la lengua se adquiere en el curso de un lento proceso de repetición y adiestramiento, siendo su aparente complejidad el resultado de la proliferación de elementos muy simples, en vez de originarse en

principios de organización mental más profundos que tal vez sean tan inaccesibles a la introspección como los mecanismos de la digestión o del movimiento coordinado (p. 53).

Chomsky (1980) en su obra Reglas y representaciones, nos dice: «Me gustaría considerar la lingüística como aquella parte de la psicología que dirige su atención a un solo dominio cognoscitivo y una sola facultad mental: la del lenguaje» (p. 109). En consecuencia y según la opinión del experto, para lograr un progreso en la

observación y el análisis del lenguaje y de las demás capacidades cognoscitivas humanas tenemos que fomentar postulados teóricos que expongan claramente el procedimiento sistemático intrínseco de normas lingüísticas, las cuales son las que nos permiten comprender nuevas oraciones y pronunciarlas de forma correcta cuando sea necesario; y que descubran los principios que orientan y rigen dichos sistemas. Las diversas gramáticas son teorías explicativas que pretenden especificar cómo el hablante de una lengua creará, es decir, quien la usa, creará y decodificará frases u oraciones; pero las reglas que definen la forma general de la gramática es la que al final conforma la gramática universal, la cual es la que integra los factores del análisis de la naturaleza de las facultades intelectuales que todo ser humano posee de forma inherente. Así, es el mismo Chomsky (1968) quien en su obra El lenguaje y el entendimiento manifiesta:

Su objeto es la formulación de las condiciones necesarias y suficientes que debe satisfacer un sistema para que resulte idóneo en tanto que posible lengua humana, condiciones que no se cumplen por accidente en el caso de las lenguas humanas existentes, sino que, por el contrario, están enraizadas en la facultad del lenguaje del hombre y constituyen, por lo tanto, la organización innata que determina los rasgos relevantes de la experiencia lingüística y el conocimiento de la lengua que se origina a partir de dicha experiencia. La gramática universal constituye, por consiguiente, una teoría explicativa de un tipo mucho más profundo que una gramática particular, aunque la gramática particular de una lengua también puede ser considerada una teoría explicativa (p. 56).

Por lo tanto y según Nafría (2005) cuando el lingüista elabora la gramática de una lengua específica, de forma indirecta también está confeccionando las reglas de la gramática universal, ya que toma como punto de partida a una serie de principios o reglas específicamente determinadas y que son supuestas. Con respecto a la

elaboración de una gramática particular, el lingüista nos expone las propiedades peculiares que el usuario de la lengua posee de la lengua que utiliza; es decir, la que produce y la que oye; mientras que en el rango de la gramática universal, lo que él trata de hacer es establecer algunos principios generales de la basta capacidad de razonamiento del ser humano.

En conclusión, según Chomsky (1968) «podemos desarrollar un sistema de principios generales de gramática universal y gramáticas particulares formadas e interpretadas de acuerdo con dichos principios» (p. 107). Así, para Nafría (2005) estas reglas generales y los principios particulares tratan de explicar la competencia lingüística del hablante-oyente normal, ya que brindan una representación simbólica restringida y limitada, esquema al que se ajustan todas las lenguas; además de unas situaciones muy puntuales referentes a cómo poner en uso la gramática de una lengua específica.

Es por este motivo de semejanzas entre la gramática particular de una lengua y la gramática universal que estas reglas, como principios lingüísticos establecidos dentro de la diversas gramáticas, difieren en escasos aspectos observables que hacen los hablantes en los usos de una misma lengua; esto teniendo en cuenta todas las posibles diferencias entre ambos, como puede ser el nivel de inteligencia y las diversas condiciones contextuales son hechos en los que se suscitó el aprendizaje o

la adquisición de esta lengua. Por lo tanto, las diferencias son diminutas; es más, según Nafría (2005) «dialectos ya ininteligibles entre sí participan de un vasto núcleo común, constituido por reglas y procesos comunes» (p. 61). Por ello, Chomsky (1968) cree que:

Debemos postular una estructura innata lo bastante rica como para que por medio de ella se pueda explicar la disparidad entre la experiencia y el conocimiento, o dicho de otra manera, el que se puedan edificar gramáticas generativas empíricamente justificadas dentro de

determinados límites de tiempo y a partir de un número reducido de datos (p. 136).

Por lo tanto, para Nafría (2005) la diferencia que percibimos entre la estructura profunda y la estructura superficial es un componente universal común a todas las lenguas, uno de los preceptos normativos de la gramática universal, es decir, que este rasgo lingüístico pertenece y se extiende a todas las gramáticas particulares sin excepción, a pesar de que estas contengan características propias; así, esos

componentes lingüísticos universales influyen, determinan y configuran la manera estructural de toda lengua humana. En consecuencia y según Chomsky (1980) en su obra Reglas y representaciones, quien asevera sobre la gramática universal que:

Como el programa genético, el esquematismo que permite la gama de posibles realizaciones que constituyen las posibles lenguas humanas. Cada una de estas realizaciones posibles es un posible estado final y estable: la gramática de una lengua específica. La gramática universal

es un sistema genéticamente determinado en el estado inicial que se especifica, se enfoca, se articula y se refina bajo condiciones impuestas por la experiencia, para producir las gramáticas particulares que se representan en los estados estables alcanzados (p. 244).

Teniendo como base todo lo afirmado anteriormente, hay claras muestras que nos dan el permiso para referirnos a una gramática universal, ya que únicamente no se ha percatado la semejanza entre la forma, la estructura y el orden de las gramáticas generativas de las diversas lenguas existentes, sino que al investigar y analizar una lengua en particular, para Nafría (2005) «se observa que distintos hablantes con diferentes experiencias o adiestramiento, adquieren similares gramáticas, pues se comunican fácilmente entre ellos» (p. 62). Como ya lo estudiamos, el niño con escasa experiencia de vida y limitado acceso a las diversas informaciones lingüísticas externas, desarrolla ampliamente su capacidad para entender, crear y elaborar frases de forma apropiada de acuerdo a las circunstancias contextuales; lo que definitivamente nos demuestra que la adquisición del lenguaje se relaciona con la gramática universal. Esta gran capacidad humana se debe a que poseemos ciertos atributos mentales innatos (que vienen con nosotros desde el nacimiento), los cuales nos permiten distinguir e identificar la forma de la lengua a la que nos enfrentamos; y, del mismo modo, utilizarla creativamente para poder expresar nuevos

pensamientos.

Finalmente, para Chomsky (1968) tenemos que atribuir de forma innata al organismo una estructura establecida que nos explique todo el proceso de cómo es que las reglas de la gramática se adquieren teniendo como base los cimientos de los

estados mentales que brindan el acceso o la entrada a las diversas informaciones que nos sirven como datos lingüísticos; así todos los principios de la gramática que el ser humano internaliza pueden considerarse como una teoría e hipótesis de su propia lengua. El niño con pocos datos ya puede construir una teoría del lenguaje, en tanto que su competencia lingüística final se manifiesta con mayor solvencia que la que adquirió en su propia experiencia o en contacto con su entorno.