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Es claro que la llegada de los españoles a América se asocia con la llegada del cristianismo, y con él, de la verdadera civilización, puesto que a la religión católica jamás se la nombra como una religión particular sino como la única verdadera y portadora de riquezas universales. Estos conceptos son subrayados toda vez que se explicita que se conmemoran cuatro siglos “que la América fue descubierta por Colón, liberada de la oscuridad de la idolatría y principió a convertirse a la religión del verdadero Dios nuestro Salvador” (AH, II: 6).81 Un tópico recurrente son las referencias a la situación de los indios, los “otros” descalificados (en especial por la fiereza de sus costumbres), en contraste con los “suaves y dulces” efectos civilizadores de la fe cristiana:

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Solicitud de la Coronación a León XIII, firmada por el Obispo Toro y otras autoridades eclesiásticas y civiles.

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“Era indispensable suavizar la natural fiereza de los indios con las dulzuras de la fe y los consuelos de la religión del Crucificado, única que en el imponente signo de la Cruz le ofrece al hombre el ejemplo de las virtudes todas” (AH, I: 42).82

Si merece celebrarse “el cuarto centenario del día en que una nación católica principiaba la obra de convertir a sus habitantes salvajes e idólatras a la religión de Jesucristo, la verdadera fe y la única civilización de nombre y de hecho”, los elogios a Colón adquieren relevancia en los discursos:

“Cristóbal Colón descubrió la tierra de América, trayendo consigo la luz del Evangelio, plantando en este nuevo mundo la cruz, inclinando todas sus obras a favor de la religión y abriendo para millones de hombres el camino hacia una nueva patria, una vida más fácil, dulcificando el carácter de sus habitantes, suavizando sus costumbres, con todos los demás beneficios propios de la civilización cristiana, que desde entonces comenzó a lucir en este continente” (AH, II: 133).83

La labor civilizadora del cristianismo produjo cambios decisivos en América, ya que ésta fue rescatada de las tinieblas:

“Habían transcurrido más de catorce siglos de catolicismo en el seno del antiguo mundo: es decir, más de catorce centurias de civilización. (…) Y mientras habíanse sucedido aquellos siglos, allá, ignotas y lejanas tierras, yacía sentada en las sombras del error y de la muerte, una gran parte de la familia humana” (AH, II: 332-333).84

“… descubierto el Nuevo Mundo, y plantada en su suelo la Cruz, (…) la fe y la cristiana civilización empezaron desde aquel grandioso día a irradiar sobre América sus luces y esplendores soberanos, sus divinas influencias y sus enseñanzas inmortales” (AH, II: 346).85 Se afirma, incluso, que la conquista responde a los designios salvadores de Dios:

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Elogios al Obispo Victoria, extractados de escritos del padre Pedro Posimo.

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Carta Pastoral del Obispo Toro dada el 8 de septiembre de 1892.

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Sermón “Dos Centenarios” de Eleuterio Mercado.

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“Y en los designios del Señor estaba que el sol hermoso del Catolicismo brillara en aquellos horizontes” (AH, II: 333).86

“… parecía hallarse en los designios de Aquel que inspirara el descubrimiento y la Conquista de América (…) que la Cruz y la imagen de María –juxta crucem María- tomasen posesión, solemne y extraordinaria, de aquel mundo, que les pertenecía por derecho de conquista y redención” (AH, II: 349).87

Estos conceptos responden al espíritu del tiempo y están en clara conexión con la carta encíclica de León XIII sobre los cuatrocientos años del descubrimiento de América. El Porvenir publicó íntegramente el documento el 21 de agosto de 1892: “…cientos de miles de mortales fueron restituidos del olvido y las tinieblas a la comunidad del género humano, fueron trasladados de un culto salvaje a la mansedumbre y a la humanidad, y lo que es muchísimo más, fueron llamados nuevamente de la muerte a la vida eterna por la participación en los bienes que nos trajo Jesucristo”. “… no se puede poner en duda la gran importancia de la fe católica en el inicio y realización de este evento, al punto que también por esto es no poco lo que debe a la Iglesia el género humano. (…) Triste es vivir un culto agreste y costumbres salvajes; más triste es carecer de noticia de mayores realidades, y permanecer en la ignorancia del único Dios verdadero” (León XIII, 1892).

En este cuadro puede visualizarse cómo los discursos antes expuestos construyen el sentido de la América evangelizada, apelando a expresiones que plantean continuos contrastes desde la percepción del otro como aquel que habita la lejanía (porque se habla desde el lugar propio como el único legítimo) y que está sumido en la oscuridad del error, en casi la inexistencia en el tiempo de la historia por carecer de fe cristiana, y por ende, de civilización:

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Sermón “Dos Centenarios” de Eleuterio Mercado.

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América y sus indios La España católica

Lo cultural

Natural fiereza de costumbres, salvajes costumbres,

(SALVAJISMO) (FIEREZA)

Da la civilización, única de

nombre y de hecho.

Dulcificación del carácter, suavización de sus costumbres, mansedumbre, humanidad, vida más fácil, dulzuras, consuelos, virtudes. La única capaz de otorgarlos es la religión católica. Se los rescata del olvido para integrarlos en la comunidad del género humano. La humanidad toda debe agradecer esta gesta (CIVILIZACIÓN)

(SUAVIDAD) Lo

religioso

Están en las sombras del error y de la muerte, en la oscuridad de la idolatría. Culto salvaje y agreste.

Ignorancia del único Dios

verdadero, carencia de noticias de mayores realidades.

(TINIEBLAS - MUERTE)

Divinas influencias, enseñanzas inmortales, luces y esplendores soberanos, luz del Evangelio, verdadera religión, sol hermoso del Catolicismo que da vida eterna.

(LUZ-VIDA ETERNA) Lo

espacio- temporal

Allá, ignotas y lejanas tierras, aquellos horizontes, aquel mundo, se halla tras el mar tenebroso (“AQUELLOS” )

En el olvido, es el “nuevo mundo” (mientras no se lo percibe, no existe)

(HISTORIA CARENTE DE CIVILIZACIÓN)

La fe cristiana ofrece una “nueva patria”, se tiene derecho a poseer aquel mundo

(“NOSOTROS”)

Catorce siglos de civilización (los únicos reales):

(LA VERDADERA HISTORIA TRANSCURRIDA)

La religión católica, tesoro que portan los españoles, es constantemente universalizada y erigida como principio legitimador de la conquista y parámetro desde el cual lo que no es ella no es bueno: la religión católica es sinónimo de

civilización, la única (no hay otras) que ofrece todas las virtudes, y la que rinde culto al Dios verdadero. Al considerarse que estos valores se hallan de modo puro en España, el alocentrismo cultural configura en gran medida los discursos:

“…la NACIÓN ESPAÑOLA ha sido no sólo la que conquistara estos territorios y los abriera a la civilización, sino que nos ha legado su idioma, ha informado nuestra legislación y nos ha transmitido como herencia preciosa, de generación en generación, su fe y sus creencias” (EP, 1892, 4 de septiembre: 1).88

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Carta de la Comisión organizadora al Presidente del Centro Español. Las mayúsculas son del texto original.

“De (España), grande todavía hoy en medio de sus infortunios, desciende directamente el que nos cuenta entre sus hijos y de esa época datan las glorias más puras y las preciadas tradiciones de la noble raza a que pertenecemos por el espíritu y por la sangre” (Río, 1967: 384-385).89

Es tan marcado el énfasis que se hace de la valiosa herencia del cristianismo proveniente de la España conquistadora, que se llega a hacer una interpretación de las gestas independistas americanas, no como derecho propio de los pueblos, sino como resultado de la falta de fe de los sucesores de Colón:

“…el pueblo conquistador (…) se había distraído un tanto de su propio objeto, halagado por los bienes temporales y por vanos honores, más que por la justicia y la fe divina.

(…) ese envanecimiento y orgullo mal fundado, fue, sin duda alguna, la causa principal que provocó en el nuevo continente la general sublevación, que estalló sin que ninguna fuerza fuese suficiente para contenerla, y menos para interrumpirla o por completo sofocarla” (AH, I: 237-238).

El programa pasional está claramente delineado. Si en los discursos expuestos se extrae la idea central de que la fe católica en América trajo la luz, la vida y la verdadera civilización, se desprende que los sentimientos y actitudes que deben generar esos recuerdos son el de agradecimiento filial a la maternidad ejercida por la España católica, el orgullo de provenir de esa fuente, con la valoración y conservación de las tradiciones heredadas que eso implica.

Por otra parte, si la grandeza de España radicó fundamentalmente en su fe católica (la que garantizó su apogeo), el llamado a encender la fe, renovarla e intensificar su defensa es el mejor modo de celebrar la gesta civilizadora española. Recapitulando, podría decirse que los tópicos hegemónicos que atravesaron la conmemoración de los 400 años del descubrimiento de América fueron los siguientes:

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“El pueblo de Córdoba y la fe”. Discurso pronunciado por Manuel E. Río el 7 de junio de 1892 en el teatro Rivera Indarte, a beneficio de las fiestas de la Coronación.

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- Debe celebrarse la llegada del catolicismo a América (es decir, de la verdadera religión y civilización) de mano de la cultura española, acontecimiento que ha de considerarse parte del designio divino.

- Recordar la fiereza de las costumbres y la oscuridad cultural en la que se hallaban los salvajes americanos, permite valorar la gesta civilizadora española.

- Esta conmemoración ha de despertar en los fieles los sentimientos de orgullo, gratitud y defensa de la fe recibida.

A la luz de esta herencia, reconocida como precioso legado, en lo que más se insiste es en la esencia que caracteriza a Córdoba, “la ciudad católica por excelencia” (AH, II: 98).