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La identidad personal desde el conductismo social

2. LA IDENTIDAD PERSONAL COMO CONSTRUCCIÓN: DOS PROPUESTAS TEÓRICAS

2.1 El conductismo social de G Mead

2.1.3 La identidad personal desde el conductismo social

El apartado anterior muestra la articulación de los conceptos de self persona (yo y mi) con la identidad personal. La forma como la persona self accede a la experiencia de sí (y a una creación de un relato sobre sí mismo) está también involucrados lo social y la comunicación. La siguiente cita muestra esta perspectiva:

“Por lo general, la psicología social ha encarado varias fases de la experiencia social desde el punto de vista psicológico de la experiencia individual. La forma de enfoque que yo sugiero es la de tratar la experiencia desde el punto de vista de la sociedad, por lo menos desde el punto de vista de la comunicación en cuanto esencial para el orden social.” 131

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Mead G., op. cit., p., 226. 131 Mead G., op. cit., p. 193.

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La propuesta teórica de Mead sirve de fundamento para pensar el fenómeno de la identidad personal. Como lo menciona Morris,132 uno de los aportes de Mead consiste en haber sustentado a través de su propuesta teórica, que la persona emerge en un contexto social. Desde esta lógica de pensamiento, se pude considerar que la respuesta a la pregunta por quien soy es de origen social y no meramente individual. Uno de los pilares de la obra de Mead es considerar que la persona, entendido en términos de persona autoconsciente, únicamente se hace posible sobre la base de su inscripción a una sociedad.133 En este sentido, la persona no posee per se una identidad, pero sí llega a tenerla a través de la interacción que establece con otros, en esa medida la persona llega a ser persona. Quien la persona cree ser, quien dice ser según su discurso acerca de sí, no es quien ella dice ser si se lo piensa como una respuesta absolutamente libre y espontánea de una persona. Esta respuesta de la persona se configura en un marco de referencia que posibilita pero a su vez limita sus posibilidades de ser; este marco de referencia es la sociedad. La identidad personal puede ser entendida como un acto individual, pero este acto individual, que refleja la particularidad de la persona, su forma de intentar establecer una comprensión coherente de sí mismo a través del tiempo, debe ser visto como un acto necesariamente social. La psicología y la sociología se enlazan a partir de una base social. El medio social es: “…una serie o pauta organizada de relaciones e interacciones sociales.”134

La identidad personal, entonces, se elabora sobre este medio social, es decir, la identidad así vista se aleja de las “teorías individualistas” que suponen la existencia de la persona antes de la sociedad. No se puede pensar a la persona antes de la sociedad, la sociedad es previa a la persona pues en ella emerge.

La identidad personal es un proceso que se considera refleja la individualidad de la persona y que, además, se organiza en la comunicación con los otros. Para Mead, esta individualidad que caracteriza a la persona se elabora: “…a través de la sucesiva adopción de los papeles de las diferentes personas que rodean al niño, hasta la total internalización del sistema o subsistema de relaciones sociales que por la ubicación que le ha tocado dentro de la sociedad total le corresponden.”135 Esta interiorización de papeles puede repercutir en la construcción de una identidad personal que dé sentido a la vida de la persona o por el contrario se constituya en una fuente de malestar. Por ejemplo, una madre puede considerar que es una buena madre pues piensa sobre sí misma que cumple a cabalidad el papel que ella cree que su contexto social particular le atribuye a las buenas madres. Pero, y de forma similar, la imagen de madre que haya construido una mujer puede no coincidir con las expectativas que los otros fijan en ella en tanto madre. La relación a través de la cual se forma la identidad personal se caracteriza por el conflicto y la negociación continua de significados. El otro devuelve a la persona una imagen especular de sí, el otro es un espejo que no siempre refleja lo que la persona desea refleje de ella. De esta forma se puede decir que la experiencia de sí no es del orden de lo individual ni de lo social en forma separada, sino de la interacción de estos dos factores que no se pueden considerar por separado el uno del otro.

132 Morris Ch, “Prefacio” en: Mead G., Espíritu, persona y sociedad desde el punto de vista del conductismo

social, Buenos. Aires, Paidós, 1972, p., 16. 133 Germani G., op. cit., p., 15.

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Mead G., op. cit., p., 245. 135 Germani G., op. cit., p., 16.

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En resumen, la identidad personal puede entenderse como un indicador de la posición que la persona ha logrado organizar sobre sí en medio de la densa y tensa interacción social: el otro permite que la persona se conozca, reafirme quien cree ser, pero también puede generar una sensación de desconocimiento de sí. El discurso que una persona tiene sobre sí está siempre inscrito desde una colectividad (el otro generalizado) que la precede. El vínculo que se establece con ese otro, con la colectividad (identificaciones, elección de modelos, ideales, interiorizaciones de normas, etc.) puede ser de carácter precario, inestable, contradictorio. De allí surge la necesidad de contarnos una historia coherente de quienes somos, que queremos ser, que hemos sido que integre e intente resolver hasta donde sea posible las contradicciones con las historias que los otros narran sobre nosotros. Nuestra compleja y personal historia (que se elabora desde diferentes roles como padre, esposo, trabajador, ciudadano, etc.) se inscribe desde otras historias (leyendas, mitos, el deber ser, etc.) que le brindan un norte de sentido a seguir. La identidad personal es una construcción social donde media la interacción con otros a través del lenguaje. La identidad personal es siempre dinámica, relacional y dependiente del otro, en consecuencia, la identidad personal no puede ser entendida como una esencia, como algo fijo o cerrado al contacto con otros y la transformación.