Durante el siglo XV los constructores de iglesias de Italia se alejan paulatinamente de la planta latina tradicional en forma de cruz, compuesta por la nave mayor, el crucero y el coro. En su lugar, prefieren las iglesias de planta central, iglesias que siempre han sido consideradas como expresión culminante de la arquitectu- ra renacentista.
(...) ... el primer tratado arquitectónico del Rena- cimiento, De re aedificatoria de Alberti (escrito alrededor
21 de 1450), contiene el primer programa completo de la
iglesia ideal del Renacimiento. El libro VII de esta obra versa sobre la construcción y decoración de la arquitectura sagrada. Al reseñar las formas más apropiadas para los templos -tal como él llama a las iglesias-, Alberti comienza por el elogio del círculo. La naturaleza misma -expresa- prefiere la forma redonda a todas las demás, y así lo demuestran sus propias creaciones, tales como el globo terrestre, las estrellas, los árboles, los animales y sus nidos, y muchas otras cosas. Alberti recomienda en total nueve figuras geométricas básicas para las iglesias; apar- te del círculo, enumera el cuadrado, el hexágono, el octágono, el decágono y el dodecágono. Todas estas figuras están determinadas por el círculo, y Alberti explica cómo obtener las longitudes de sus lados a partir del radio del círculo en que se hallan inscriptos. Además de estas seis figuras, menciona tres desarrollos del cuadrado, a saber: el cuadrado más una mitad, el cuadrado más un tercio y el cuadrado doble.
Estas nueve formas básicas podían ser enrique- cidas mediante el agregado de capillas. Para las plantas derivadas del cuadrado, Alberti sugiere una capilla en el extremo más distante o, además de aquella, una capilla central a cada lado o un número impar de capillas a cada lado. Las plantas circulares se pueden dotar de seis u ocho capillas; las poligonales pueden tener una capilla por cada lado o bien cada dos lados. La forma de las capillas debe ser rectangular o semicircular, y pueden alternar ambos tipos. Es evidente que, agregando pequeñas unidades geométricas a las figuras básicas del círculo y del polígo- no, pueden obtenerse gran variedad de configuraciones geométricas compuestas, todas las cuales tienen un elemento en común, a saber, que los puntos correspon- dientes sobre la circunferencia guardan exactamente la misma relación con el punto focal del centro.
(...) Es bien sabido que Alberti, al igual que otros arquitectos posteriores, se inspiró para sus plantas centra- lizadas en las estructuras clásicas, aunque tal vez no en los templos clásicos. Sin embargo, entonces se creía que muchos de los restos circulares y poligonales de las tumbas romanas y de los edificios seculares habían sido templos en la Antigüedad.
(...) Alberti se muestra explícito en cuanto al carácter de la iglesia ideal. En consecuencia, encontra- mos en este autor una guía minuciosa sobre todas las proporciones de la iglesia ideal. Así Alberti analiza, por ejemplo, el tamaño de las capillas en relación con el espacio central del edificio y en relación con la superficie mural entre ellas, o la altura de la estructura en relación con el diámetro de la planta. Veamos un ejemplo concreto: la altura de la pared hasta la bóveda debe ser igual, en las iglesias circulares, a una mitad, dos tercios o tres cuartos del diámetro de la planta. Estas proporciones de 1 a 2, 2 a 3 y 3 a 4, responden a la omnipresente ley de la armonía, tal como Alberti lo demuestra en su libro IX.
Resulta evidente que estas relaciones matemá- ticas entre la planta y la sección no pueden ser captadas correctamente cuando uno camina por el interior de un edificio. Alberti lo sabía, naturalmente, tan bien como nosotros. Debemos inferir, por lo tanto, que la perfección armónica del esquema geométrico representa un valor absoluto, independiente de nuestra percepción subjetiva y transitoria. Y más adelante veremos que para Alberti - como para otros artistas del Renacimiento- tal armonía de
creación humana era el eco visible de una armonía celes- tial, universalmente válida.
(...) La figura geométrica más perfecta es el círculo, por lo cual se le asigna especial importancia. (...) La definición geométrica de Dios, mediante el símbolo del círculo, o de la esfera, tiene antecedentes ilustres que se remontan hasta los poetas órficos. Platón le dio nueva vida e hizo de ella, en el Timeo, la noción central de su mito cosmológico...
(...) La creencia en la correspondencia del microcosmos con el macrocosmos en la estructura armó- nica del universo, en la comprensión de Dios a través de los símbolos matemáticos de centro, círculo y esfera - todas estas ideas íntimamente relacionadas entre sí, que tenían sus raíces en la Antigüedad y figuraban entre los principios indiscutidos de la filosofía y la teología medieva- les- adquirieron nueva vida en el Renacimiento, y encon- traron su expresión visual en la iglesia renacentista. Las formas de creación humana del mundo corpóreo eran las materializaciones visibles de los símbolos matemáticos inteligibles, y la relación entre las formas puras de la matemática absoluta y las formas manifiestas de la mate- mática aplicada resultaba inmediata e intuitivamente per- ceptible. Para los hombres del Renacimiento esta arqui- tectura, con su geometría estricta, con el equilibrio de su orden armónico, con su serenidad formal y, sobre todo, con el esfera del domo, reflejaba y al mismo tiempo revelaba la perfección, omnipotencia, verdad y bondad de Dios.
De Rudolf Wittkower, La arquitectura en la edad del humanismo, Buenos Aires, Ed. Nueva Visión, 1968.
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De re aedificatoria
La belleza
... quién puede negar que nos es mucho más cómodo habitar en un edificio bien hecho y adornado que meterse dentro de unos muros feos y despreciables? O bien, qué se puede hacer con las artes de los hombres que sea tan estable, suficientemente protegido contra las injurias de otros hombres? Y la propia belleza implorará gracia a los injuriadores de modo que moderarán sus odios y soporta- rán no haber causado afrentas. Pero me voy a atrever a decir esto: una obra nunca estará más segura ante las injurias de los hombres que cuando sea digna y bella. Pero lo que es la belleza y lo que es el ornato en sí mismo, y qué diferencia hay entre ambas cosas, quizá lo entenderemos mejor con el ánimo, pues no me será fácil explicarlo con palabras. Pero para ser breves la definiremos de este modo y diremos que la belleza es un concierto (concinnitas) de todas las partes reunidas con proporción y razonamien- to en el conjunto en que se encuentren, de manera que no se pueda añadir, quitar, o cambiar ninguna cosa que no sea para empeorarlo.
De L.B. Alberti, De re aedificatoria, Florencia, 1485. Ver- sión castellana: Madrid, 1582. Ed. facsímil, Valencia, en Albatros Ed., 1977
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