II. La obra de Osvaldo Soriano según la temática.
1.1 Triste, solitario y final
1.1.4 La influencia de la novela policial estadounidense
Para el personaje del detective, Osvaldo Soriano toma como punto de partida, Playback, la última novela de Chandler, tal como explicaba en la entrevista con Cristina Mucci: “Tomaría a Philip Marlowe a partir del final de Playback, la última novela de Chandler, e imaginaría su vida de allí en adelante”108. En Playback, Marlowe se promete con Linda Loring, a la que había conocido en la anterior novela de Chandler, El largo adiós.
Chandler comenzó a escribir una nueva novela con Marlowe de protagonista,
The Poodle Springs Story, que dejó inconclusa a su muerte, en 1959. Fue finalizada treinta
años después por su discípulo Robert S. Parker, siendo publicada en 1989. En ella, Marlowe mantiene una complicada relación con su millonaria esposa. En una carta a Maurice Guiness, un escritor de relatos policíacos, fechada el 10 de febrero de 1958, Chandler le aclaraba que la acción de la novela se desarrollaría en Palm Springs, que él llamó Poodle Springs, “porque uno de cada tres elegantes que viven allí tiene un perro de lanas”109. Sin embargo, poco antes de su muerte, Chandler pensaba que se había equivocado con su nueva novela110.
La primera vez que Philip Marlowe aparece en Triste, solitario y final, es cuando Stan Laurel contrata sus servicios. Estamos en 1965, poco antes de la muerte del actor inglés. Soriano nos relata cómo ha sido la vida de Marlowe desde que se separó de su esposa, con la que convivió durante seis meses:
“Después de separarse de su mujer, anduvo varios meses
vagabundeando, borracho, por los suburbios de la ciudad. Recibió un par de palizas y durmió cuatro noches en la cárcel. Entonces decidió
108 MUCCI, Cristina: Entrevista con Osvaldo Soriano, en op. cit., p. 201.
109 CHANDLER; Raymond: Chandler por sí mismo, Madrid, Editorial Debate, 1990, p. 255.
110 En una carta fechada en 1959, decía Chandler: “...un tipo como Marlowe no debería casarse, porque es un
hombre solitario, pobre, peligroso y, a pesar de todo eso, simpático, y parece que nada de esto pega con el matrimonio. Creo que siempre tendrá una oficina bastante mugrienta, una casa solitaria, bastantes amoríos pero ninguna relación permanente. Creo que siempre le despertará a horas intempestivas alguna persona intempestiva para encargarle algún trabajo intempestivo. Me parece que ése es su destino (...). Tal vez no sea el mejor destino del mundo, pero a él le cuadra. Nadie le derrotará jamás, porque es invencible por naturaleza. Nadie conseguirá hacerle rico, porque está destinado a ser pobre... Lo veo para siempre en una calle solitaria, en habitaciones solitarias, desconcertado, pero nunca derrotado del todo...” Ibid, p. 257.
alquilar nuevamente su antigua oficina. Cada vez estaba más cansado y sus ahorros -mil doscientos dólares- volaron enseguida. Tuvo que vender el auto para alquilar una casa de dos habitaciones en un barrio de clase media, en las colinas bajas” (p. 18).
La caracterización que Soriano hace de Marlowe coincide con la que Chandler hacía de su personaje:
“Marlowe era un hombre de unos cincuenta años, un metro ochenta de alto, cabello castaño oscuro, aunque las canas lo habían blanqueado demasiado. Sus ojos, también castaños, tenían una mirada dura pero melancólica. Vestía un traje gris claro al que le hacía falta planchar” (p. 16).
Contrastados los textos ficcionales y la biografía del autor, creemos que Soriano utilizó, para la caracterización del personaje de Marlowe, algunos aspectos de los últimos años de Raymond Chandler, quien, a raíz de la desaparición de su esposa Cissy, en 1954, inició un declive físico y mental que le llevó a la muerte en 1959. El personaje de Marlowe, al igual que Chandler es incapaz de dormir más de dos o tres horas al día, y pasa las noches melancólico. Su oficina se encuentra en un edificio tan vetusto como el propio Marlowe. La fachada gris muestra la suciedad de los años, el pasillo del sexto piso donde está la oficina del detective, está mohoso, y la puerta de madera del despacho está deteriorada.
El narrador realiza una hábil contraposición entre el lujo en el que vive John Wayne y la pobreza de Philip Marlowe, respectivamente, en la escena en la que Hardy va a ver al actor para pedirle trabajo y espera en la sala de estar, y en la escena en la que Laurel entra en la oficina de Marlowe y hace lo propio. La realidad entra en la ficción y viceversa. Se incluyen personajes que tienen un anclaje con personas reales, entremezclados con personajes de ficción literaria. El cine, la literatura y la vida se entremezclan en el espacio de la novela. Wayne tiene secretaria, Marlowe, no. La sala de estar de Wayne tiene un piso brillante, muebles, y en sus paredes hay cuadros, dos pistolas formando una equis, y una bandera de los Estados Unidos “cuelga inmaculada, como si alguien se tomara el trabajo de lavarla de vez en cuando, de cuidar sus pliegues imperfectos” (p. 33). La sala de Marlowe, en cambio, tiene dos sillones y una mesa muy baja, con algunas revistas, y las paredes están “absolutamente despojadas y no habían sido limpiadas en los últimos años, aunque alguien se encargara de pasar, de vez en cuando, un plumero que nunca había alcanzado el techo” (p. 15).
Marlowe vive en un viejo chalet, cuyo jardín está cubierto de yuyos, es decir de malas hierbas. Los yuyos aparecen en otras novelas de Osvaldo Soriano, como en Cuarteles
de invierno y El ojo de la patria, como señal de abandono y decadencia. El detective pasa sus
ratos libres jugando partidas de ajedrez en solitario, soñando que las disputa con el ajedrecista Capablanca. También se dedica a matar polillas, a las que aplasta contra el techo y a las que pone nombres: Rosie, Mary y Joanne. Ni siquiera tiene amigos. Cuando Stan Laurel le pregunta en cierta ocasión si alguna vez los había tenido, el detective le responde que sí, uno: su nombre era Terry Lennox111, personaje que aparece en El largo adiós: “Era inglés, como
usted” -le dice- “Estaba deshecho y terminó montando una comedia para escapar de la realidad. No volví a verlo. Estoy tan solo como es posible estarlo en este país” (p. 21).
Marlowe tiene un discípulo, Lew Archer, el detective creado por Ross MacDonald: “Viene a visitarme para tomar whisky. Me consulta sus casos, me da la mano y se va. Lew es un gran muchacho, preocupado por el psicoanálisis, pero debe creer que los viejos viven del aire” (p. 29).
En la segunda parte de la novela, el detective vive acompañado por un gato negro. Según le explica el detective a Soriano:
“Llegó hace dos años. Estaba en la ventana, mirando hacia el interior. Abrí el postigo, pero en lugar de escapar se quedó mirándome. Estaba flaco y sarnoso, tenía mugre y una mirada triste que no me sacaba de encima. (...) Ese día no fui a la oficina. Le puse alcohol en la sarna y le di de comer. Nunca llora ni me agradece nada. Salta por la claraboya y se va de paseo. Cuando estoy muy deprimido se acuesta a dormir. Un día descubrí que era él quien estaba deprimido y me fui a la cama, pero no pude dormir porque sus ojos brillaban demasiado en la oscuridad” (p. 55).
111 En El largo adiós, Marlowe se reúne de vez en cuando con Lennox para tomar una copa. “Lennox está casado
con la hija de un multimillonario, Harlan Potter, a quien describe como ‘un perverso hijo de perra. Todo dignidad victoriana en el exterior e interiormente despiadado como un matón de la Gestapo’. Terry llama a su esposa Sylvia una ramera, pero admite que él es menos que satisfactorio en la cama. (...) Cuando nadie está dispuesto a ayudar a Lennox, Marlowe le ayuda. En una ocasión le acompaña a su casa después de que Sylvia le abandone en un club nocturno; y otra vez le lleva a su casa para evitar que sea arrestado por vagancia. (...) Sylvia Lennox aparece asesinada, y bajo presión del padre y un soborno, Terry accede a cargar con la culpa del asesinato. Desaparece en México y es dado por muerto. El caso se cierra oficialmente, y el nombre de Potter queda incólume”. Al final, Lennox se hace la cirugía estética en México. En MACSHANE, Frank: La vida de
Tanto Soriano como Chandler en la vida real, amaban profundamente a los gatos. El escritor estadounidense afirmó en una ocasión que no le gustaban las personas a las que no les gustaban los gatos, pues había descubierto en su actitud un elemento de profundo egoísmo, lo cual era compartido por Soriano112.
Anteriormente hemos comentado que Soriano utilizó algunas características del Chandler de los últimos años para definir a su personaje del detective. Lo mismo ocurre en el caso de su gato113.
En la novela de Soriano encontramos algo parecido: el gato deambula libremente por la casa, pues, como decía el propio Chandler, un gato que no pueda andar suelto por la casa carece de interés. Como la gata de Chandler, también el gato del detective es reacio a dejarse acariciar por los desconocidos. Cuando en cierta ocasión, el periodista coge al gato y le acaricia el cogote, el felino lanza un gruñido amenazador. Soriano le dice al detective que le gustan mucho los gatos y recuerda la muerte de uno que tuvo en su adolescencia:
“Estaba echado y su cara flaca aguantaba el dolor en silencio. Se iba apagando de a poco. Cuando sintió que iba a tener una convulsión se paró y se alejó unos pasos, como para que él no participara en su tragedia. Luego cayó, se retorció dos minutos, y se quedó quieto” (p. 132).
Este recuerdo de Soriano precede la muerte del gato de Marlowe, tal como se describe al final de la novela:
“Soriano entró en la habitación y vio a su compañero que estaba sentado y tenía la cara entre las manos. La vela estaba en el suelo, como si alguien la hubiera abandonado. El argentino levantó su luz y sintió que el silencio de su amigo era una carga muy pesada para esa casa oscura, que la tragedia lo había abrazado por fin y para siempre
112 Chandler llamaba a su gata, su secretaria, pues “...por lo general (estaba) encima del papel que yo quería
utilizar o del manuscrito que quería revisar, a veces apoyada en la máquina de escribir, y otras veces mirando tranquilamente por la ventana desde una esquina del escritorio, como diciendo ‘lo que escribes es una pérdida de tiempo, colega’”, en CHANDLER, Raymond: Chandler por sí mismo, op. cit., p. 179. Es indudable que Osvaldo Soriano seguía a rajatabla este sistema de Chandler.
113 Chandler y su esposa, Cissy, tenían una gata persa llamada Taki, nombre que proviene del japonés Take, que
significa bambú. Era, como el gato del detective en la novela de Soriano, de color negro, y vivió 19 años. En diciembre de 1950, la gata enfermó gravemente y Marlowe y su esposa decidieron que le hicieran la eutanasia. En cartas a sus amigos y conocidos, Chandler afirmaba que la muerte de su gata había sido un palo muy fuerte para su esposa y para él.
desde ese cuerpo pequeño, suave, ahora rígido, que el detective había dejado caer sobre sus piernas. La cabeza del gato colgaba fuera de las rodillas de Marlowe y los ojos estaban abiertos, aunque no tenían color. La cola era como el contrapeso de un barrilete abandonado” (p. 183).
Lo biográfico incursiona nuevamente en la novela, mediante la incorporación del propio Raymond Chandler, que lleva a su gata Taki, en brazos:
“Amaneció sin apuro. Un hombre de sobretodo pasó caminando junto al mar; metía sus botas en la espuma y fumaba en pipa. Tenía grandes anteojos y llevaba un gato negro en sus brazos. Se detuvo, miró a los personajes y se alejó con paso lento, como quien ya no puede ver el mundo” (p. 121).
Néstor Ponce114 considera que en este apego de los personajes a los gatos,
podemos encontrar un regreso a la infancia, que se reflejaría también en el recuerdo paterno que hace Laurel en la primera parte de la novela. Afirma, también, la existencia de una actitud marcadamente infantil en el comportamiento tanto de Soriano como en el de Marlowe, en
Triste, solitario y final, opinión que, a nuestro juicio es acertada.
Marlowe malvive con su labor como detective privado, por lo que acepta, después de algunas dudas, el encargo que le hace Stan Laurel de investigar las causas por las cuales ningún productor de Hollywood quiere darle trabajo. Esto ocurre después de que el detective haya visto en el cine algunos cortos de cine mudo estadounidense. Marlowe vuelve a su casa y se siente solo, por lo que decide llamar por teléfono a Laurel. El detective afirma que hacía por lo menos diez años que no veía una película del gordo y el flaco. Encontramos una parodia dentro de la parodia, repetición de procedimientos de construcción del relato, copia y plagio deliberado.
Frank MacShane, autor de una biografía de Raymond Chandler, comenta que, en algunas novelas como El largo adiós, Marlowe no vacila en entablar relaciones con otros personajes, pues es el medio del que se sirve Chandler para llevar la novela policíaca hacia los derroteros de la novela tradicional.
114 PONCE, Néstor: “Género, parodia y tipología de los personajes en Triste, solitario y final y El ojo de la
Del mismo modo, Soriano extrae otros aspectos de la personalidad de Marlowe, tomados de la de dicha novela de Chandler, pues allí el escritor norteamericano hace referencia al pasado del detective: su nacimiento en California, el empleo en la oficina del fiscal de distrito del condado de Los Angeles, así como el eterno rechazo de Marlowe hacia la policía.
Cuando Marlowe le pregunta a Laurel por qué no realiza él la investigación, Laurel le responde: “Si tratara de averiguarlo por mi cuenta arriesgaría mi prestigio. Hay muchos veteranos trabajando en el cine y en la televisión. Yo podría actuar, o dirigir, o escribir guiones, pero nadie me ofrece nada desde hace muchos años. Oliver consiguió trabajo una vez, en una película de John Wayne, pero fue un fracaso. Tuvo que ir a pedirlo. Yo nunca quise hacer eso” (p. 28).
Las razones que aduce Laurel para que el detective realice la investigación, no ocurrieron en la realidad, pero le sirven de argumento a Osvaldo Soriano para la elaboración de la trama de su novela, parodia, reconstrucción ficcional y homenaje a la novela policíaca estadounidense en general, y a Raymond Chandler en particular.
Laurel y Hardy realizaron varias giras por Europa, y tuvieron propuestas para hacer televisión, pero la mala salud de Hardy y el escaso entusiasmo de Laurel por el medio truncaron el proyecto. Por otro lado, Jerry Lewis comenta en sus memorias que le ofreció a Laurel un puesto en su empresa como asesor técnico, con un sueldo de 15.000 dólares al año, propuesta que Laurel declinó. Lewis recuerda también que el flaco le dijo que quería que el público le recordase como era antes, joven y ágil. Por eso, en su novela, Soriano pone en boca de Marlowe el siguiente comentario: “Es posible que ya no se reconociera en ellas (en las películas que había hecho con Hardy)”. Como también hemos señalado, parece ser que fue Laurel quien animó a Hardy a que fuese a ver a Wayne para pedirle trabajo.
Néstor Ponce, en el artículo antes citado, afirma que, aunque Osvaldo Soriano utiliza como modelo la novela policíaca estadounidense para la estructuración de su relato, en
realidad, no hay en ella ninguna de sus características115. Así, por ejemplo, no existe una verdadera investigación por parte de Marlowe, por la sencilla razón de que no hay nada que investigar. Los personajes, Marlowe y Soriano, son personajes solitarios y no se adaptan a la idea que tenemos de los detectives, por lo general hombres duros. Ponce destaca que Soriano es gordo, poco ágil y no sabe utilizar las armas de fuego. A su juicio, se trataría de uno de los recursos que emplea el escritor argentino para construir una parodia de la novela policíaca estadounidense. Tiene elementos de la novela de enigma116 –por ejemplo, la estrecha relación entre Marlowe y Soriano-, pero tampoco se corresponde propiamente con este modelo. A nuestro juicio, Triste, solitario y final es una novela policíaca parcialmente, por lo menos contiene algunas partes que sí lo son.
Si la vida de Marlowe es bastante solitaria, recibiendo apenas la visita de su discípulo Lew Archer, la de Laurel también lo es, pues únicamente se relaciona con “Algunos viejos, a los que no veo hace tiempo, y dos muchachos que vienen a verme de vez en cuando para charlar sobre la comicidad: Jerry Lewis y Dick van Dyke” (p. 28). En la segunda parte de
Triste, solitario y final, Soriano y Marlowe están hablando de Laurel y de la visita que éste le
hizo al detective. Soriano comenta que Laurel vivía en una pensión, el detective le corrige y le dice que era “un pequeño hotel”, pero el periodista, obcecado, le contesta: “Bueno, es lo mismo”. Aunque Laurel tenía una familia (esposa e hija, concretamente), no por ello era más feliz, y añade el detective: “...uno puede estar solo mientras alguien lo acaricia”, en posible alusión a su relación con Linda Loring.
115 En su tesina, Néstor Ponce habla de la existencia de tres tipos de novela policial: “la novela de enigma, en la
que son conocidos los ejemplos de narrador personaje, generalmente un acompañante del detective que merece la total confianza de éste último, como Watson y Sherlock Holmes o Sanclair y Rouletabille. Estas relaciones precisamente son puestas en duda por Agatha Christie en una de sus novelas más conocidas, La muerte de Roger
Ackroyd, donde el narrador, que parece secundar al detective Hércule Poirot, termina por ser el culpable del
asesinato”. El segundo tipo de novela policial es el de la novela negra en la que con “...el desplazamiento consecuente de la primera historia en la segunda, el rol del narrador varió sustancialmente. Al perder jerarquía el misterio, el detective pudo transformarse en narrador, sin que por ello la historia perdiera interés. Este tipo de novela, que apareció por vez primera en las páginas de la revista norteamericana “Black Mask”, creó nuevos personajes detectivescos, como Philip Marlowe y Sam Spade”. El tercer tipo de novela policial es la novela de suspenso, “...que permite el empleo de las dos técnicas anteriores, agregó una perspectiva hasta entonces practicamente ausente: la de la víctima, es decir, el relato a cargo de quien intenta eludir un (posible) asesinato. La psicología ocupa un lugar central. El principal cultor de este tipo de obra es Patricia Highsmith (cf. el ciclo de Tom Ripley)”, en Ponce, Néstor: Mito y contamito en ‘Triste, solitario y final’ de Osvaldo Soriano, Paris III, UFR d’Etudes Ibériques, 1982, pp. 63-64.
116 Todorov define así la novela con enigma: “ La novela policial con enigmas, en la que se trata de descubrir la
identidad del culpable, está construida de la siguiente manera: por una parte, se proponen varias soluciones fáciles, a primera vista tentadoras, que sin embargo, resultan falsas; por otra parte, hay una solución