Elaboración y proyección del Relevamiento de Tareferos (cosechadores de la yerba mate)
3. Estudio cualitativo de casos
3.2 La iniciación y la permanencia como tareferos
Los informantes consultados coinciden en mencionar que el inicio en el oficio de tarefero ocurre a una edad temprana, como miembro del propio grupo familiar. Entre los 11 y los 14 años son las edades mencionadas como momento de iniciación en la actividad laboral. Respecto a la edad de iniciación cabe interrogarse si quienes manifiestan haber comenzado a trabajar en edad más tardía (14 años) toman como referencia el momento en que empezaron efectivamente a participar de las tareas, o cuando comenzaron a percibir ingresos, omitiendo labores y aprendizajes en el oficio realizados con anterioridad. El oficio se aprende haciéndolo, desde niños, colaborando con los padres y/o hermanos mayores, que a su vez lo aprendieron del mismo modo.
“…Uno aprende, se hace de la habilidad, haciendo, mirando como hacen los otros. Yo aprendí de mi papá, el me enseño como se elige la rama y eso”124
En las entrevistas no aparecen otras instancias de capacitación en el oficio. Según los testimonios recogidos, ni los contratistas, ni los organismos públicos llevan a cabo actividades de calificación de los trabajadores.
Se trata de una actividad que con gran frecuencia moviliza a todo el grupo familiar al campamento, lo cual implica entre otras cosas la no concurrencia a clases de los hijos empleados como fuerza de trabajo, o la discontinuidad de la asistencia incluso de los hijos más chicos que también son trasladados, aun cuando no realicen tareas específicas. En algunos casos alguien del grupo familiar (abuela, hermana de más edad) asume el rol de cuidar a los más chicos junto con aquellos familiares que presentan algún tipo de discapacidad.
“...y yo desde lo 7, 8 años salí con ello (refiriéndose a los padres) lo que pasa que había mucha chancleta en casa, era, tres varones y tres mujeres. Yo iba a la escuela y salía y llevaba la comida y ya quedaba, y ahí aprendí a trabaja, y de todo un poco”125
En general los testimoniantes valoran positivamente que los niños concurran a clases, han comentado el esfuerzo que realizaron para que sus hijos pudieran completar la escuela primaria, sin embargo solo uno de los entrevistados comentó que los hijos accedieron al nivel medio de educación. En este caso el entrevistado señaló este hecho como una oportunidad para que los hijos pudieran lograr otro tipo de empleo (el hijo varón en una fuerza de seguridad y la hija mujer en el magisterio).
“Gracia a Dios hasta el día de hoy pude, la gurisada mía, estudio. Yo causa de eso, llegue a queda con poca ropa y todo, porque tenía, el mayor y la guaina en la comercio y el varón hasta fue a punta Alta, ejercito, y otros más estudiando también. Todos estudiando y yo laburando, cuando tenía vacación le llevaba conmigo. Llegue a queda con un pantalón de vesti, una camisa, dos short y dos musculosa. Y gracias a Dios, salí adelante. Para mi es un orgullo que ellos hayan salido adelante, por que nosotro no pudimos alcanza eso estudio. Ante había que trabaja noma”126
Pero es más frecuente que asuman como “inevitable” la deserción escolar de sus hijos. Incluso los propios jóvenes de las familias ven como inevitable el hecho de incorporarse a la tarefa. Esto se refleja claramente en la entrevista.
“hice hasta 3º grado nomá y después a la tarefa.
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Ent Tarefero Jose – Jardín América – Dic 2010
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Ent Tarefero Carlos – Jardín América – Dic 2010
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(E: ¿y por qué no fuiste mas a la escuela?)
y no … por el asunto de mi viejo que había que ir a laburar y no podía quedar solo, iban todo, no quería ir, pero no podía quedar solo, no quedaba otra”127.
Las biografías nos muestran diversas trayectorias laborales. En algunos casos pasaron de trabajos en la chacra, al trabajo en la tarefa, aunque otros también tuvieron otras experiencias (como albañiles, por ejemplo):
En la interpretación que realizan de su situación socio laboral los entrevistados reconocen estar encerrados dentro de un círculo que limita sus alternativas u opciones de vida cuando plantean que el trabajo que realizan es “sacrificado”, “mal pago”; “queremos conseguir otro empleo” y reconocen a la vez que por no haber estudiado es casi imposible el acceso a trabajos de mayor valoración.
Otros consultados señalan que las familias se han mantenido por generaciones trabajando como tareferos.
“yo aprendí de papá, mi hermano, va toda la familia tarefeo siempre. Mi papá ya murió, pero a trave de él aprendí todo, carpida, macheteada, lo que venga noma, yo me crié así”128
“…hace 40 años que soy tarefero, mi papá fue tarefero, yo soy de Delicia y hace años que estoy acá”129
Por las propias características de este trabajo, entre las cuales se destaca el carácter familiar que asume en muchos casos; la educación, que es valorada como una condición para el cambio de situación de vida, no constituye una alternativa efectiva frente a la opción de sumar brazos al trabajo o bien ante la imposibilidad de dejar a los niños en el hogar.
De este modo se reproduce generación tras generación la formación de un numeroso contingente de trabajadores de baja calificación profesional, con un campo acotado de alternativas de trabajo, todas ellas precarias, temporarias y de bajos ingresos que, por el hecho de reiterarse a través del tiempo está altamente naturalizado, o “aceptado” como el único modo de subsistencia posible para familias pobres que habitan en el área yerbatera. Si bien algunos de los consultados manifiestan que prefieren trabajar solos, dejando a su familia en el hogar y que en algunas ocasiones incluso expresan la voluntad de hacer el esfuerzo de apoyar la asistencia a clases de sus hijos (“privarse de esa fuerza de trabajo” y asumir los costos que implica la asistencia a clases de los niños); es habitual la incorporación de trabajo infantil como parte de la labor que el grupo familiar realiza. Habida cuenta de que el pago se realiza no por tiempo de trabajo, sino a destajo, es decir por
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Ent Tarefero Jose – Jardín América – Dic 2010
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Ent Tarefera Claudia – Jardín América – Dic 2010
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cantidad de kilos de hojas de yerba tarefeadas, el aporte de todos los miembros suma a la paga obtenida, es decir explotando la fuerza de trabajo de todo el grupo.
“…nosotros (el grupo familiar) todos juntos nos da 4 lineos de 100 metros por ahí…” En este sentido la mano de obra realizada por los hijos menores y otros integrantes del grupo familiar suma fuerza de trabajo al jefe o jefa del grupo, quién a su vez puede estar o no registrado. Parcialmente esto da cuenta, junto con la contratación en negro, del desfasaje que se observa entre las cantidades cosechadas anualmente, el promedio de productividad diaria de un tarefero y el número de tareferos que figuran en los registros de las contratistas. Ya sea en tareas concretas de corte o cosecha, raído o embolsado de las hojas cosechadas y carga de los raídos al transporte, o bien de asistencia a quienes efectúan la tarefa, como preparación de alimentos, acarreo de agua o cuidado de los más chicos en el campamento, el trabajo infantil y de otros miembros de la familia ocultos en los registros tiene un valor que es difícil cuantificar pero que forma parte de una manera “naturalizada” de hacer. “Tradicionalmente” se hizo así desde los comienzos de la explotación yerbatera e ideológicamente es habitual que se lo justifique apelando a “motivos culturales” o bien en las “condiciones propias de la actividad”, llevada a cabo por trabajadores contratados temporariamente, con poca tecnología y en chacras de colonos que operan con márgenes muy acotados o nulos de ganancia sin capacidad para invertir en infraestructura o para abonar mejores salarios.