3.2 Formas de Violencia
3.2.3 Violencia Cultural
3.2.3.1 La Intransigencia Católica
Teniendo en cuenta la definición de “violencia cultural” ofrecida al principio de este capítulo, es claro que la religión, como manifestación de la cultura, es uno de los múltiples medios por los cuales se puede ejercer el tipo de violencia que aquí nos atañe. Para el caso colombiano de mediados del siglo XX, la tendencia dogmática por medio del cual se legitimó el ejercicio de la violencia contra los protestantes, en sus facetas estructural y directa, fue la vertiente católica del Cristianismo. Sin embargo, al no poder asumir a la Religión Católica como un todo monolítico en donde no se presentan divergencias de ningún tipo, nos vemos abocados a reconocer la existencia, dentro de dicha tendencia religiosa, de múltiples corrientes y escuelas de pensamiento algunas de las cuales se caracterizan tanto por su ortodoxia y beligerancia como por su inflexibilidad e intolerancia al entrar en contacto con otras líneas de pensamiento y manifestaciones culturales. La tendencia discursiva imperante en la Iglesia Católica colombiana para el periodo en el que se enmarca esta investigación fue la denominada “intransigencia católica”, desarrollada
206 Mas ¿ ó o ep i i la? ¿“e pod á po e oto legal e te? E ot os té i os ¿se puede desde el punto
de vista jurídico coartar la propaganda protestante? Nosotros respondemos afirmativamente; y pasando adelante y parodiando el célebre silogismo de Escoto, decimos: SE PUEDE, ES CONVENIENTE, LUEGO SE
117
durante el siglo XIX en base a las líneas argumentativas trazadas por los papas Pio IX y León XIII, y cuya base teológica fue construida por el pensador neotomista Jaime Balmes;207 el ideario católico “intransigente” tuvo su razón de ser en el contexto social y político europeo decimonónico, caracterizado por la pérdida de espacio e influencia sufrida por la Iglesia Romana entre las sociedades seglares europeas, lo que parecía condenar a la institución clerical a observar impotente cómo su predominio entre los miembros de dichas comunidades se iba perdiendo conforme avanzaba la centuria. Esta situación se debió a varios fenómenos, todos ellos enmarcados dentro de la llamada Modernidad, rampante en aquel periodo, y que se hallaba representada en manifestaciones económicas, sociales e ideológicas tales como: el liberalismo económico y político que apelaba, entre otras cosas, por la completa separación entre la Iglesia y el Estado; el galicanismo, por medio del cual se abogaba por la institucionalización de “iglesias nacionales” independientes del Papa y de Roma; la creciente industrialización y la estratificación de los grupos humanos en “clases sociales”, lo que posibilitaba el fortalecimiento de las tendencias político-ideológicas “socialistas” que, por su parte, introducían visiones interpretativas del devenir de las sociedades en el tiempo tales como el denominado “materialismo histórico” y la noción adjunta de “lucha de clases”; y la expansión del positivismo, el darwinismo y demás corrientes de pensamiento cientificistas, que tendían a controvertir los postulados fundamentales de la fe católica. Todos estos “errores” de la Modernidad parecían tener entre sus efectos inmediatos el debilitamiento tanto del dogma eclesiástico como del influjo sacerdotal entre las sociedades europeas en vista de que “las cuestiones de fe” -al estar siendo separadas de los asuntos políticos, económicos y sociales- estaban viéndose “reducidas” a la esfera de lo privado, lo que, según los apologistas y miembros de la Iglesia Romana, implicaría la ruina del poder central de la Iglesia y la pérdida de trascendencia de la institución papal como fuente de autoridad y legitimidad social.208 Ante semejante panorama, los líderes y pensadores católicos adoptaron posturas ideológicas “intransigentes”, convencidos ellos mismos, y tratando de convencer a otros, de que en el
207Hel a He a do Figue oa “ala a a, T adi io alis o, Hispa is o Co po ati is o…, -64.
208Hel a He a do Figue oa “ala a a, I t a sige ia Católi a e Colo ia du a te los años t ei ta ,
118
dogma católico y en las autoridades eclesiásticas lideradas por la figura papal, se encontraba “la verdad”, lo que a su vez implicaba que todo aquel que no se amoldara a los presupuestos y dogmas eclesiásticos asumidos por el clero romano como “verdaderos”, incurría irremediablemente en “el error”. Lo precedente encontró sustento teológico e institucional en las disposiciones emanadas del Concilio Vaticano I, en las encíclicas papales Quanta Cura y Syllabus, ambas de autoría de Pio IX, y en la encíclica Rerum Novarum, cuyo autor fue León XIII.209 En resumen, podemos decir, en términos muy generales, que la llamada “intransigencia” fue la manera en que los apologetas del catolicismo romano procuraron responder a la Modernidad en un claro intento por defender el lugar de preeminencia tradicionalmente ocupado por la Iglesia como detentora y administradora de “la verdad divina”, apoyando postulados tales como la primacía de la “autoridad espiritual” (la Iglesia) sobre las autoridades terrenales (los Estados), o el papel del clero como administrador de la “verdad absoluta”, emanada de la mismísima Divinidad y que, por consiguiente, no podía ser controvertida con argumentos “racionalistas, materialistas, liberales y ateos”.210 En palabras del teólogo español Jaime Balmes:
“La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en el error. Conociendo que hay Dios conocemos la verdad,
porque realmente Dios existe”.211
Para el caso colombiano, la actitud “intransigente” del catolicismo fue asumida a partir de lo acaecido a mediados del siglo XIX, específicamente durante el periodo mejor conocido como “el Olimpo Radical”, en el que los dirigentes del Partido Liberal en el poder adoptaron posturas ideológicas “modernizantes” y aparentemente anti-clericales, que se manifestaron en la aplicación de medidas tales como la desamortización de bienes de manos muertas, la toma del control efectivo del aparato educativo por parte del Estado o la
209
Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, -67.
210 … la Iglesia es i tole a te de e se lo o t a las he ejías los e o es, pe o es tole a te y benigna
madre para con los errantes y extraviados, en lo que aventaja a los herejes, y más a los mismos protestantes cuya tolerancia es proverbial. En ocasiones, sin embargo, la intolerancia contra el error puede y debe extenderse contra los que yerran, es a saber, cuando porfían por extender sus errores y por contaminar a los
is os ie os de la Iglesia . Ca o Leó idas Peñuela, Libertad y Liberalismo (Bogotá: la Luz, 1912), 93.
Citado e José Da id Co tés Gue e o, ‘ege e a ió , I t a sige ia ‘égi e de C istia dad , .
211
Jaime Balmes, El Criterio, (Medellín: Bedout, 1973), 7. Citado por Helwar Hernando Figueroa Salamanca,
119
revocatoria del fuero eclesiástico; este tipo de iniciativas “modernas” fueron asumidas por la élite política adscrita al Liberalismo en un claro intento por imitar las tendencias laicizantes en boga en Europa durante el mismo periodo, por lo que no sería inconsecuente afirmar que, entre los objetivos de las políticas defendidas por el Liberalismo radical se encontraba el de disminuir la influencia del clero católico tanto en lo concerniente a la administración estatal como en su rol hegemónico sobre la comunidad (separación Iglesia- Estado). Las medidas instituidas por los representantes del Radicalismo de aquella época se tradujeron en graves perjuicios para la Iglesia Católica a nivel social, político y económico ya que, con su aplicación, el clero sufrió un importante detrimento debido a la confiscación y posterior venta de muchas de sus propiedades, además del hecho de que varios de los miembros de la curia que pretendieron participar en política tuvieron que afrontar problemas jurídicos que, en algunos casos, terminaron en el exilio.212
Con el fin del gobierno Radical y el advenimiento del periodo “Regenerador”, la Iglesia recuperó sus privilegios y fue indemnizada por el Estado Central por los perjuicios sufridos durante las administraciones Liberales; además de esto, la administración “regeneradora” no dudó en conferirle al clero las prerrogativas necesarias para que la institución eclesiástica se diera a la tarea de forjar una suerte de ciudadanía católica virtuosa;213 sin embargo, con el acaecimiento de la llamada “Guerra de los Mil Días” (1899-1902), el discurso intransigente cobró una gran fuerza debido a que los clérigos colombianos, inclinados de forma manifiesta en favor del Partido Conservador, asumieron el discurso “anti-moderno” y, sobre todo “anti-liberal”,214 construido y propugnado por la alta jerarquía Católica y sus adeptos europeos, cuyo pensamiento permeó sectores sacerdotales y del Conservatismo colombiano por medio de las encíclicas papales referidas en párrafos anteriores, así como por vía de libros venidos del “viejo continente”.215 A partir del
212 Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, -58. 213 Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, -62. 214Hel a He a do Figue oa “ala a a, T adi io alis o, Hispa is o Co po ati is o…, -75. 215 La tole a ia del Li e alis o o siste e da a plia l
ibertad al error y a las licencias de perdición para que se propaguen sin tropiezo e inficionen la sociedad con su pestilencia, no dando más importancia a lo bueno que a lo malo, a la verdad que al error, a lo justo que a lo inicuo, antes bien favoreciendo a lo
segu do so e lo p i e o… e edio de ta to ala dea tole a ia, se le iega a la Iglesia, la a usa a i i a , la t ata o todo el igo ap ieto ue puede le ehúsa el go e de su p opia li e tad .
120
convulsionado contexto político de la segunda mitad del siglo XIX y de los primeros años del siglo XX, no debería extrañarnos que, desde los sectores más intransigentes de la curia, se profirieran sentencias tales cómo “el liberalismo es pecado”,216 o peor aún “matar liberales no es pecado”,217 tal y como lo hicieran en su momento quienes fueran los mayores exponentes de la tendencia intransigente dentro del catolicismo colombiano, a saber: Cayo Leónidas Peñuela y Ezequiel Moreno, respectivamente.218 De ese tipo de frases incendiarias, así como de otros escritos de estos “siervos de Cristo”, se desprende que, en lo que a los “intransigentes” concernía, su intransigencia (valga la redundancia) no era entendida como un defecto, como lo haríamos hoy en día, sino como una virtud propia de los buenos católicos que los llevaba a exigir de todos aquellos que incurrían en doctrinas consideradas como “erróneas” –no solo a los Liberales, sino a todos los que no se sometieran a los dictámenes establecidos por el catolicismo institucionalista y ortodoxo, es decir, todos los que defendieran cualquier tipo de ideología moderna- que renegaran de sus idearios y creencias -“materialistas”, “ateas” y “herejes”- y que adoptaran las líneas de pensamiento que los intransigentes consideraban como acordes con “la verdad”; de no transigir en estas exigencias, los adeptos del “error” deberían estar preparados para asumir las consecuencias de su empecinamiento ya que, para los “intransigentes”, la posibilidad de cualquier tipo de diálogo o de entendimiento con los apologistas del “error” era prácticamente inexistente ya que si ellos (los “intransigentes”) asumieran actitudes tolerantes, esto sería tanto como admitir que no eran detentores de la “verdad absoluta”, lo cual sería improcedente desde todo punto de vista; lo previamente expresado implicaba que
Nicolás Casas, Enseñanzas de la Iglesia sobre el Liberalismo (Bogotá: Escuela Tipográfica Saleciana, 1901),
. Citado e José Da id Co tés Gue e o, ‘ege e a ió , I t a sige ia ‘égi e de C istia dad , .
216 Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, 5. 217 Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, .
218218 La Iglesia ja ás i po e la fe po la fue za, po ue su edio ese ial de p opaga da es la p edi a ió ,
es decir, la palabra; pero cuando se ve acometida por la violencia, permite que sus hijos la defiendan con las armas; su actitud habitual es la mansedumbre y la paciencia, pero en ocasiones esa actitud cambia en una
ode ada legíti a defe sa ue o iola i gú de e ho . Ca o Leó idas Peñuela, El Do to Ge eral Próspero Pinzón (Bogotá: Centro, 1941), 302. Citado por Helwar Hernando Figueroa Salamanca,
121
la posibilidad de paz entre los “buenos católicos” y los “adeptos al error” era prácticamente inexistente.219
Esta tendencia intransigente del pensamiento católico, en bogada a finales del siglo XIX y principios del siglo XX entre los miembros de la curia en Colombia, entró en cierto periodo de letargo hasta la década de 1930, cuando las comunidades protestantes iniciaron su “ofensiva evangelista” en territorio de la República suramericana220 lo que, añadido a la victoria del Partido Liberal en las elecciones presidenciales de principios del decenio y a las tentativas de reforma constitucional y concordataria defendidas por los miembros de esa colectividad política -en un aparente intento por “modernizar” al Estado y la sociedad colombiana-,221 no solo reavivaron los fantasmas del “Olimpo Radical”, sino que también alertaron al clero romano sobre la entrada en la patria colombiana de todos aquellos “errores” modernos condenados por el papado y sus partidarios. Todo esto, sumado al contexto político internacional del periodo – el surgimiento de la corriente de pensamiento Hispanista después del desastre español de 1898 y reasumida por los Generales españoles
219 Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, -75. 220 Helwar Hernando Figueroa Salamanca, Tradicionalismo, Hispanismo y Corporativismo…, -102. 221Digo apa e te po ue, si ie di has efo as p ope día po ie ta
laicización, esto no implicaba en
i gu a a e a la adop ió del idea io ode o po pa te de la so iedad el Estado olo ia os a ue
estos, lejos de propugnar por la búsqueda de una comunidad regida por valores incluyentes, pluralistas, tolerantes y verdaderamente democráticos –tanto en los referente al sistema político como en lo concerniente a la repartición de la riqueza- por el contrario, se afianzarían en sus posturas excluyentes, intolerantes, segregacionistas y violentas, todo lo cual se pondría de manifiesto en fechas posteriores a la implantación de dichas reformas. Ante este fenómeno, quisiera defender la tesis según la cual, las reformas constitucionales implantadas en Colombia durante la década de 1930 obedecieron tan solo a cierta pretensión del Libealis o olo ia o po i pla ta u tipo de ode is o e el país. Po edio del uso del té i o ode is o , e ez de sus si ila es ode o o ode iza te , p ete do aludi al si etis o ue se e ide ió e t e u a e talidad a ti- ode a - es de i o se ado a , políti a e te
autoritaria y romántica (nostálgica de un pasado idealizado)- y cierta racionalidad de medios que implicaba
la i teg a ió de los a a es te ológi os p odu idos po la ode idad ; e ot as pala as, te e os ue,
para el caso de las élites colombianas sin distinción de partido político, se habría presentado una especie de
simbiosise t e u as est u tu as e tales ue se ega a a asu i los idea ios de la ode idad , al
tiempo que se adoptaba el interés por la moderniza ió te ológi a. Esta teo ía del ode is o fue
desarrollada por Jeffrey Herf para explicar el fenómeno particular del Nacionalsocialismo alemán de mediados del siglo XX – fe ó e o de o i ado po el auto o o ode is o ea io a io -, sin embargo, creo que esta categoría de análisis también sería válida para el caso de las reformas liberales del decenio de 1930 por cuanto estas, lejos de buscar la implementación de cambios profundos en las mentalidades y formas de relacionarse propias de los sectores sociales de la República, por lo que propugnaba era por cierta racionalización de la sociedad que facilitara la inversión y la implementación de nuevas tecnologías, pero sin comprometer el orden social imperante. Helwar Hernando Figueroa Salamanca,
122
Primo de Rivera y Francisco Franco; la catastrófica “Gran Guerra” que puso en evidencia la “naturaleza errónea” del liberalismo económico y político; la “revolución materialista y atea” en Rusia; la complicada situación política en España; la crisis económica de 1929- coadyuvó a que ciertos sectores de la jerarquía católica procuraran revitalizar el sentimiento intransigente entre sus subalternos y feligreses en aras de combatir eficazmente a todos aquellos “peligros” y “errores” que amenazaban con destruir la sociedad de ciudadanos católicos virtuosos que la curia se había esmerado en construir desde hacía poco más de tres décadas, por lo que la retórica agresiva, intolerante y despreciativa de todo aquello que no encajaba con la idea romanista de “lo verdadero”, recobró el vigor que alguna vez había tenido entre los sacerdotes y fieles colombianos.222
Creo que esta explicación sobre la línea argumentativa “intransigente” pone claramente de manifiesto una de las posibles razones por las que el protestantismo colombiano fue una de las múltiples víctimas de un catolicismo profundamente imbuido en la intolerancia “romanizada” y “ultramontanista”223, que no contento con adjudicarse el monopolio de la “verdad divina”, se dio a la tarea de condenar y combatir, por todos los medios posibles, a todas aquellas personas y grupos que adherían a tendencias ideológicas y de pensamiento considerados por la ortodoxia clerical como “erróneos”, “heréticos” y “corruptores”, lo que se hace patente al superponer esta exposición con los discursos católicos analizados en el capítulo anterior.