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Heretical Protestant Millionaires are pouring their Money into Colombia El Trato a las Minorías Religiosas 1948-1953

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PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

CARRERA DE HISTORIA

“…Heretical Protestant Millionaires are

pouring their Money into Colombia…”

El Trato a las Minorías Religiosas 1948-1953.

Trabajo de Grado para optar al Título de Historiador

Jesús David Quintero Aleans

Germán Rodrigo Mejía Pavony

Director

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“… y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios”.1

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Tabla de Contenido

Introducción ... 6

1. “El Problema” ... 16

2. Discursos ... 29

2.1 El Argumento Nacionalista ... 32

2.1.1 Nacionalismo y Anti-imperialismo ... 37

2.1.2 Nacionalismo y Lengua ... 40

2.2 Argumentos Morales ... 41

2.3 Argumentos Históricos ... 46

2.4 El proyecto Social de la Iglesia Católica Colombiana ... 51

2.5 Consideraciones Adicionales ... 56

3 Vías de Hecho ... 64

3.1 La “Persecución Religiosa” en Cifras ... 66

3.2 Formas de Violencia ... 76

3.2.1 Violencia Directa ... 79

3.2.2 Violencia Estructural ... 104

3.2.2.1La Convención sobre Misiones de 1953 ... 107

3.2.3 Violencia Cultural ... 116

3.2.3.1La Intransigencia Católica ... 116

3.2.3.2Manifestaciones Culturales de Violencia ... 122

3.3 Consideraciones Adicionales ... 125

Epílogo... 128

Bibliografía ... 131

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Introducción

El año 1946 marca el inicio de un nuevo periodo de hegemonía conservadora al frente del Gobierno Central después de 16 años de administraciones Liberales. Así mismo, el año 1948 señala el estallido del fenómeno social y político que en la historiografía tradicional ha pasado a denominarse como el periodo de “La Violencia”, es decir, aquel espacio temporal, que va hasta 1957, y que se caracterizó por la expansión endémica de dinámicas de violencia que, si bien se distinguían tanto por su particular brutalidad cómo por sus múltiples motivaciones -reivindicaciones económicas y sociales, lucha por la tierra, vendettas personales, etc.- no obstante todas ellas parecían tener un fuerte trasfondo político de índole partidista -Liberales vs. Conservadores.

Ahora bien, durante el periodo comprendido entre 1930 y 1946, es decir durante la llamada “República Liberal”, se hizo patente cómo la Iglesia Católica Colombiana, tanto en sus documentos oficiales como desde algunos medios de difusión afines a ésta, se dio a la tarea de identificar y satanizar a un peligroso enemigo que vendría a sumarse a los ya tradicionales comunistas, liberales y masones: ese enemigo era el protestantismo.

En sí misma, la identificación del Protestantismo como enemigo de la Iglesia Católica no reviste ninguna novedad ya que, desde los Concilios de Trento (1544-1563) y Vaticano I (1869-1870) el clero católico, representado en los Cardenales y Papas, había condenado a las llamadas “sectas protestantes” por su carácter “herético y cismático” y las había hecho responsables de la “hecatombe moral” que aquejaba al mundo moderno en vista de que, según la jerarquía eclesiástica, la descomposición social y espiritual de la civilización cristiana -propiciada por el auge de idearios tales como el liberalismo, el capitalismo, el racionalismo, el naturalismo, el ateísmo y el comunismo- había iniciado con el cisma del siglo XVI, como se pone de manifiesto en la llamada Constitución Dogmática sobre la Fe Católica, mejor conocida como Filius Dei, producida en el segundo concilio mencionado y que estuvo vigente hasta el concilio Vaticano II (1962-1965).2

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Ahora bien, para el caso colombiano, es importante tener en cuenta la importancia del reconocimiento de éste enemigo en la medida en que dicha identificación propició una campaña de denuncia y desprestigio de amplia envergadura que tendría como consecuencia la puesta en marcha de una violenta persecución religiosa, en el marco más general de “La Violencia” de mediados del siglo XX, todo lo cual da para pensar que, si bien el ejercicio represivo contra los grupos minoritarios cristianos no fue liderado oficialmente desde la institucionalidad católica, esta situación tuvo entre sus inspiradores, líderes y ejecutores, a elementos integrantes de la institución clerical, así como a abnegados feligreses católicos fuertemente influenciados por la empresa propagandista aludida situación que se expresa claramente en el titulo de esta disertación, tomado literalmente del texto de James Goff quien, a su vez, lo habría apropiado del sacerdote Florencio Álvarez S.J., párroco del barrio de la Perseverancia en Bogotá, quien protagonizó un incidente bastante llamativo que será trabajado más adelante.3

A pesar de lo anteriormente expuesto, aún no ha sido resuelto un interrogante básico y fundamental para la compresión del problema, a saber: ¿Por qué fueron perseguidos los protestantes?, es decir, ¿qué intereses podría tener la institucionalidad católica en la identificación y estigmatización de ese peligroso enemigo?, ¿acaso la inmensa mayoría de los ciudadanos colombianos de la primera mitad del siglo XX no se identificaban como “católicos”?; éstas preguntas cobran especial relevancia si adicionamos a lo antecedente el

magisterio divino de la Iglesia y dieron paso a que las preguntas religiosas fueran motivo de juicio de cada individuo, han gradualmente colapsado en una multiplicidad de sectas, ya sea en acuerdo o desacuerdo unas con otras; y de esta manera mucha gente ha tenido toda fe en Cristo como destruida. Ciertamente, incluso la Santa Biblia misma, la cual ellos clamaban al unísono ser la única fuente y criterio de la fe cristiana, no es más proclamada como divina sino que comienzan a asimilarla a las invenciones del mito. De esta manera nace y se difunde a lo largo y ancho del mundo aquella doctrina del racionalismo o naturalismo --radicalmente opuesta a la religión cristiana, ya que ésta es de origen sobrenatural--, la cual no ahorra esfuerzos en lograr que Cristo, quien es nuestro único Señor y salvador, sea excluido de las mentes de las personas así como de la vida moral de las naciones y se establezca así el reino de lo que ellos llaman la simple razón o naturaleza. El abandono y rechazo de la religión cristiana, así como la negación de Dios y su Cristo, ha sumergido la mente de muchos en el abismo del panteísmo, materialismo y ateísmo, de modo que están luchando por la negación de la naturaleza racional misma, de toda norma sobre lo correcto y justo, y por la ruina de los fundamentos mismos de la sociedad humana. Co ilio Vati a o I, Co stitu ió

Dogmática «Filius-Dei» “o e La Fe Católi a .

http://es.catholic.net/sacerdotes/222/2456/articulo.php?id=23281 (Consultado el 24 de Enero de 2012).

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hecho de que las llamadas “sectas protestantes” no representaban una amenaza real para la preeminencia ostentada por la Iglesia Católica Colombiana, por lo menos en términos de influencia (política y religiosa) y extensión (número de fieles) en el corto y mediano plazo. En ese orden de ideas, sostengo que la campaña de denuncia, o mejor, de difamación contra las minorías protestantes presentes en el territorio colombiano, y dirigida desde ciertos sectores de la Iglesia Católica -y que se traduciría en una violenta persecución religiosa efectuada por algunos sacerdotes y fieles- tuvo entre sus motivaciones el interés de la alta jerarquía eclesiástica por denunciar a un “invasor” que, por medio de su activo proselitismo religioso (evangelización) así como por sus iniciativas de beneficencia en materias tales como educación (fundación de colegios) y salud (brigadas de salud), estaba minando el monopolio confesional y social ostentado hasta ese momento por la institución clerical. Sumado a lo precedente, en esta investigación también quiero defender la idea de que la campaña de denuncia y difamación organizada desde algunos sectores de la alta jerarquía eclesiástica en contra de las mal llamadas “sectas” protestantes estaba enmarcada en la campaña más general de lucha frontal contra aquellos idearios y “errores” de la Modernidad occidental que se habían infiltrado en la sociedad colombiana por cuenta de la inserción “exitosa” de la economía local en el mercado capitalista internacional –durante las primeras décadas del siglo XX-4 ya que, al lograr articularse “eficazmente" a las dinámicas del mercado mundial, la comunidad y el Gobierno Nacional no solo se vieron expuestos a una nueva realidad económica por cuenta de la “industrialización”,5 sino que además se vieron enfrentados a “nuevos” idearios y formas de organización social y política que, en un país como Colombia –por aquel entonces reducto del catolicismo más ortodoxo- fueron asumidas por los sectores más tradicionalistas de la sociedad como “peligrosas” para “la nacionalidad” y para la moralidad católica de los ciudadanos. Así, los nuevos idearios y tendencias políticas de diversa índole que se hicieron presentes y/o se afianzaron en la sociedad colombiana durante la primera mitad del pasado siglo, entre los que se cuentan las diversas doctrinas de los grupos religiosos denominados genéricamente

4 Salomón Kalmanovitz Krauter, Economía y Nación: una breve historia de Colombia. (Bogotá: Siglo XXI

Editores, 1988), 185-227.

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como Protestantes, fueron objeto de condenación por parte del clero colombiano; sin embargo, quisiera enfatizar que, para el caso del Protestantismo, éste fue combatido un tanto más enérgicamente por cuanto era asumido como “la punta de lanza” del imperialismo estadounidense, además de propiciador del ateísmo y la inmoralidad, todas estas características sumamente condenables en un país en donde el episodio de Panamá aún estaba fresco en la memoria de muchos, y en donde se presentaba el caso en que el Gobierno Nacional había otorgado a la Iglesia Romana las prerrogativas legales necesarias para que esta asumiera el rol de formador de una “nacionalidad católica colombiana”. Quisiera agregar a lo ya expuesto que, con el advenimiento del triunfo electoral liberal en 1930 –coincidente con la intensificación del proselitismo de los grupos evangélicos- los representantes de la Iglesia Romana en Colombia se habrían sentido alarmados ante el avance de la despreciada Modernidad en el territorio colombiano, sentimiento en el que los clérigos se habrían ratificado ante las iniciativas reformistas de 1936 por medio de las cuales el Gobierno Liberal habría propugnado por una “modernización” del país en aspectos tales como la educación y las relaciones Iglesia-Estado, lo que sumado a la intensificación de fenómenos tales como las luchas sociales y la labor evangelizadora de los llamados “cismáticos”, habrían provocado entre determinados sectores eclesiásticos una reacción dogmática y discursiva que, en últimas, habría sido uno de los fundamentos sobre los cuales se apoyarían algunos sectores beligerantes durante “la Violencia” para justificar su proceder contra personas y comunidades enteras, percibidas por ellos como “corruptoras” y “enemigas de la patria”, como fue el caso de las minorías religiosas protestantes.

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zonas de Colombia, también se presentaron dislocaciones socioculturales en las comunidades receptoras de dichas agrupaciones, lo que potencializó la generación de lazos comunitarios de solidaridad y cooperación, así como fricciones con las estructuras tradicionales. La investigación contenida en éste libro nos presenta un estudio que tiende a valorar el papel jugado por las agrupaciones protestantes en las comunidades en donde operan, sin embargo, debo decir que éste texto reduce la mención de la persecución anti-protestante sucedida durante las décadas de 1940 y 1950 a un acontecimiento secundario.6 Por su parte, el autor Pablo Moreno trabaja el tema del surgimiento y desarrollo de lo que él llama Protestantismo Histórico en Colombia argumentando que, a pesar de tratarse de grupos religiosos minoritarios, las colectividades protestantes han ejercido un activo papel como actores sociales y políticos debido, entre otras razones, a sus esfuerzos proselitistas tendientes a romper con el monopolio católico sobre cuestiones relativas a la religión y a la educación.7

Respecto de la autora Suzanne Dailey, su texto tiene por tema las reacciones suscitadas en la prensa confesional y no confesional en los EE.UU en razón de la persecución de protestantes en Colombia durante “la Violencia”. Así, Dailey sostiene que la controversia evidenciada en los medios de comunicación norteamericanos respecto de la persecución religiosa en Colombia fue producto de la preocupación de los protestantes estadounidenses ante la creciente influencia del catolicismo a nivel local, lo que llevó a muchos líderes protestantes a valerse de la difícil situación de sus hermanos colombianos para iniciar una campaña de desprestigio contra su contraparte papista.8

En lo que concierne al autor David Hamblin, éste trata el tema de la historia de los movimientos protestantes en Colombia desde la década de 1930 hasta el año 2000. El autor defiende la hipótesis según la cual los movimientos protestantes en Colombia han experimentado un crecimiento y desarrollo constantes en un contexto general de tolerancia

6 Cornelia Butler Flora, Pentecostalism in Colombia: Baptism by Fire and Spirit (Cranbury, New Jersey:

Associated University Press, 1976).

7 Pa lo Mo e o, P otesta tis o Histó i o e Colo ia , en Historia del Cristianismo en Colombia:

Corrientes y Diversidad, dirigido por Ana María Bidegain (Bogotá: Editorial Taurus, 2004).

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Suzanne Dailey, United States Reactions to the Persecution of Protestants in Colombia During the 1950s

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por parte de la población local, planteando a su vez que la violencia ejercida contra los protestantes a mediados del siglo XX no tuvo nada de particular por cuanto hizo parte del ejercicio más extendido de la violencia política y social sufrida por gran cantidad de colombianos durante el mismo periodo.9

El libro del autor James Goff tiene por tema la persecución padecida por las minorías protestantes en Colombia durante “la Violencia”. Goff sostiene que, al contrario de lo que dirían los representantes y partidarios de la Iglesia Católica Colombiana, en éste país sí hubo una persecución contra los miembros de las congregaciones protestantes en razón de sus creencias religiosas. Para probar esto, el autor asume la iniciativa de investigar casos de violencia y maltrato contra protestantes a lo largo y ancho de la geografía colombiana. Esta fuente fue de vital importancia para la realización de mi investigación ya que, al tratarse de un ministro protestante que ejercía su labor misional en territorio colombiano durante la década de 1950 -sumado al hecho de que él fue uno de los abanderados en la fundación de la Confederación Evangélica de Colombia (CEDEC) y en la recopilación y documentación de testimonios de protestantes víctimas de la persecución religiosa- su tesis doctoral constituiría una fuente primaria y, hasta cierto punto oficial que da cuenta de la manera cómo los protestantes percibieron lo sucedido en Colombia durante aquel convulsionado periodo de mediados del siglo XX. Por supuesto, dicha tesis, si bien tiene pretensiones académicas, no por eso deja de estar permeada por una clara intencionalidad de denuncia por parte de su autor, lo que no le resta mérito a la investigación en la medida en que las afirmaciones en ella contenidas están debidamente sustentadas por documentación de diversa índole, así como por los testimonios archivados por la CEDEC.10

En lo relacionado con los autores Margarita Cano y Miguel Borja, su tesis de grado tiene por tema la incidencia de la campaña anti-protestante en lo sucedido durante el periodo de “la Violencia”. De esta forma, Quintero y Borja argumentan que el ideario católico

9 David Hamblin, A Social History of Protestantism in Colombia 1930-2000 (Ann Harbor, Michigan: UMI

Dissertation Services, 2005).

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imperante en la sociedad colombiana promovió la persecución contra los grupos religiosos cristianos minoritarios durante el periodo 1948-1958.11

Respecto de los aportes y debilidades de éste grupo de fuentes, debo decir que todos estos documentos constituyen investigaciones invaluables para la historiografía de “la Violencia” en Colombia por cuanto todas ellas se preocupan por visibilizar una faceta inadvertida en otros estudios que se han realizado sobre la temática en cuestión, teniendo en cuenta que las publicaciones sobre las dinámicas de violencia en Colombia siempre se han realizado haciendo énfasis en el análisis de los factores económicos y políticos. No obstante, no quisiera terminar este estado del arte sin consignar una fuente muy especial por cuanto, de alguna forma, constituye la versión oficial de la Iglesia Católica Colombiana respecto de la supuesta persecución religiosa que se presentó en el territorio nacional durante las décadas de 1940 y 1950, dicha fuente es el texto del Padre Eduardo Ospina S.J. quien, en su exposición, afirma que la llamada persecución religiosa no existió ya que la violencia sufrida por los protestantes en nuestro país no fue diferente de la violencia sufrida por las demás víctimas del conflicto armado y que, en el caso de los protestantes, si estos sufrieron algún tipo de violencia, fue por su evidente filiación con el bandolerismo liberal y por su campaña difamatoria en contra de la “Iglesia de Cristo”.12

En este punto, quisiera decir que, por medio de mi investigación, he querido aportar al estudio de la problemática que nos atañe una perspectiva “diferente” de las que ya se han trabajado, en el sentido en que, para mi, no se trata simplemente de “denunciar” o de “consignar” el trato dado a las minorías religiosas cristianas en Colombia a mediados del siglo XX, sino que se trata más bien de comprender por qué les dieron ese trato y en qué niveles se presentó el ejercicio violento, en otras palabras, no pretendo simplemente “narrar los acontecimientos tal y como ocurrieron”, lo que pretendo por medio de mi disertación es ofrecer un análisis de las posibles causas que propiciaron el fenómeno de persecución religiosa, ampliando la noción de “violencia” de tal manera que en el análisis se evidencie cómo “el acto violento” no se limitó tan solo a los hechos relativos a asesinatos o torturas,

11 Margarita Quintero Cano y Miguel Antonio Borja Alarcón, La Persecución de los Protestantes durante la

Violencia en Colombia (Tesis de Pregrado, Universidad Nacional de Colombia, 1987).

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Eduardo Ospina S.J., Las Sectas Protestantes en Colombia: breve reseña histórica con un estudio especial

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sino que trascendió a niveles más problemáticos que el “físico”, como por ejemplo la discriminación que se presentó a nivel del sistema educativo o por medio de la promulgación de leyes, e incluso a nivel cultural por medio de la apelación a la Religión Católica como la “verdadera religión” para discriminar, e incluso asesinar, a quienes no adscribían al dogma mayoritario.

Para cumplir con el objetivo antes trazado, me he valido de la categorización de Violencia construida por el politólogo noruego Johan Galtung, quien distingue tres niveles en el ejercicio violento, a saber: la Violencia Directa, la Violencia Estructural y la Violencia Cultural. Sumado a estas categorías, también me he valido del concepto de Hegemonía construido por el autor italiano Antonio Gramsci. Para facilitar la escritura de este documento, he considerado pertinente definir las categorías antes referidas en los capítulos en donde haré uso de ellas, por lo que la descripción de cada uno de los conceptos citados se hará más adelante conforme avance la exposición.

Al llegar a este punto, quisiera precisar que, para la realización de esta investigación, he optado por recopilar y analizar fuentes primarias cuyo contenido de cuenta del discurso católico oficial en lo concerniente a la presencia y labor proselitista efectuada por los miembros de las “sectas” protestantes durante la primera mitad del siglo XX. Desde esa perspectiva, he dado especial importancia a los artículos contenidos en la Revista Javeriana sobre dicha materia; esta revista fue consultada en el Archivo Histórico Javeriano Juan Manuel Pacheco, S.J., y constituye una fuente de carácter oficial por cuanto era el órgano de difusión de la Universidad Javeriana, institución de educación superior fundada y administrada por la Compañía de Jesús. Sumado a esto, también he procurado valerme de las cartas pastorales de Miguel Ángel Builes, Obispo de Santa Rosa de Osos, quien, por medio de las epístolas dirigidas a sus feligreses, nos muestra cuál podría haber sido la posición adoptada por los católicos más tradicionalistas e intransigentes respecto del accionar de las “sectas heréticas” en nuestro país;13 estas cartas pueden ser encontradas en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Entre las fuentes oficiales de la iglesia católica, también quisiera destacar el libro del Presbítero Arturo Rodríguez Castro quien, por medio de su

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narrativa a modo de diálogos, expone la “naturaleza” nociva que el protestantismo tiene para la sociedad católica colombiana;14 así mismo, son dignos de resaltar los textos del Arzobispo Primado de Colombia, Ismael Perdomo,15 y del Padre Eduardo Ospina S.J.,16 quienes lideraron la iniciativa católica tendiente a exponer cómo el protestantismo no solo estaba integrado por un conjunto de “grupúsculos caóticos” cuyas doctrinas divergentes unas de otras eran en su conjunto contrarias a la “verdad divina” revelada por Dios a la Iglesia, sino que además constituían un verdadero peligro para La Patria por cuanto amenazaban con disolver la unidad religiosa que caracterizaba al pueblo colombiano. Por último, no quisiera dejar de mencionar la tesis doctoral de Eugenio Restrepo quien, por medio de su investigación, propende por “conocer” al enemigo protestante, que cada día se expande a lo largo y ancho del territorio colombiano para, posteriormente, y en base a los datos recopilados, proponer “soluciones” al “problema” evidenciado en su disertación “académica”.17 De todo lo antes expuesto se desprende que las fuentes consultadas, ante su evidente origen institucional, nos permiten hacernos una idea, por demás bastante clara, sobre el ideario católico respecto de la supuesta “invasión” de las “herejías” protestantes al territorio colombiano y de lo destructivo que esto podría resultar para la “nación”.

Por supuesto, para poder evidenciar los casos de violencia ejecutados contra los protestantes no puedo limitarme a las fuentes católicas oficiales -si bien en estas se pone claramente de manifiesto la violencia discursiva y cultural como se verá más adelante-, por el contrario, para poder abordar mejor la problemática del ejercicio de la violencia en múltiples niveles, he tenido que buscar fuentes oficiales protestantes, o por lo menos no católicas, que me permitieran aproximarme a la problemática en cuestión desde otras perspectivas. Para tal fin, me he valido, en primer término, de la tesis de James Goff por los motivos que ya he expresado –a los que adicionaría la relación meticulosa que el autor realizó en lo concerniente a los múltiples casos de persecución contra protestantes, por lo

14 A. Rodríguez Castro, Co tra el Co tagio Protesta te… 15

Ismael Perdomo, Estudio Sobre la Campaña y Penetración Protestante en Colombia (Bogotá: Editorial Lumen Christi S.A., s. f.).

16 Eduardo Ospina S.J., El Protestantismo: su estado actual a la luz de la historia y su doctrina a la luz de la

Biblia (Medellín: Editorial Bedout, 1956).

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que la fuente en cuestión se ha convertido en uno de los pilares de esta investigación. A dichas fuentes oficiales también agregaría el libro de Francisco Ordoñez,18 profesor del Instituto Bíblico Bethel, ubicado en la ciudad de Armenia, quien por medio de su texto no solo se propone narrar la historia del protestantismo colombiano, sino que además aprovecha para denunciar los malos tratos infligidos a los “cismáticos” por parte del clero romano; esta última fuente la he utilizado tan solo para precisar un par de conceptos y algunas estadísticas, pero no cabe duda de que este es uno de los textos más importantes sobre la historia general del protestantismo en Colombia escrito por un miembro de esa colectividad. Por último, quisiera referir los textos de Juana B. de Bucana19 y Edward Haddox20, ambos académicos cuyo principal interés consiste en realizar un acercamiento analítico al fenómeno religioso en Colombia, por lo que estas fuentes me han servido sobre todo para precisar las dimensiones que el “problema” protestante habría cobrado para mediados del pasado siglo, y así poder sopesar las opiniones de los sacerdotes católicos colombianos con algunos datos estadísticos menos idealizados y de mayor credibilidad. Para concluir, quisiera ofrecer una breve descripción de la estructuración de este documento con el ánimo de ofrecer al lector un pequeño anticipo de lo que encontrará en las siguientes páginas: en el primer capítulo, titulado “el problema”, hago un intento por evidenciar las dimensiones que el fenómeno religioso protestante cobró entre las décadas de 1930 y 1950; en el segundo capítulo, titulado “Discursos”, pretendo analizar los argumentos esbozados por los apologetas de la supremacía católica en Colombia respecto de la labor evangelizadora protestante y su influjo en la sociedad; en el tercer capítulo, titulado “Vías de Hecho”, procuro evidenciar cómo el ejercicio de la violencia contra los protestantes fue llevado a cabo en varios niveles y de múltiples formas, lo que le da al fenómeno de la persecución religiosa connotaciones que irían más allá del maltrato físico o la discriminación social.

18 Francisco Ordóñez, Historia del Cristianismo Evangélico en Colombia (Medellín: Tipografía Unión, 1956). 19 Juana B. de Bucana, La Iglesia Evangélica en Colombia, una Historia (Bogotá: Buena Semilla, 1995). 20

Edward Haddox, Sociedad y Religión en Colombia: Estudio de las Instituciones Religiosas Colombianas

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Capítulo 1: “El Problema”

“Aquí tenéis condensadas en pocas líneas las cosas más importantes que debéis saber acerca del Protestantismo… Fieles a

la consigna dada en el Congreso Protestante de Panamá, de descatolizar a la América Española, nuevos apóstoles recorren nuestras poblaciones procurando seduciros con su nefanda doctrina; pero vosotros no debéis darles oídos; ellos son lobos rapaces vestidos de mansos corderillos, que quieren robaros vuestra fe, la fe que os legaron vuestros mayores.” A. Rodríguez Castro.21

El presente aparte tiene por objeto definir qué se debe entender cuando se habla de grupos o sectas22 “protestantes” -también denominadas “evangélicas”- tratando de determinar el número de miembros con que contaban dichas agrupaciones religiosas presentes en el territorio colombiano durante los primeros años de “La Violencia”.

Los movimientos religiosos cristianos “herederos” de la Reforma Luterana del siglo XVI, agrupados bajo los calificativos “Protestantes” o “Evangélicos”, han estado activos en el territorio colombiano de manera formal –es decir, como una congregación que ejerce un culto organizado- desde fechas tan tempranas como 1856, cuando arribó a Bogotá el misionero presbiteriano estadounidense Henry Barrington Pratt, quien sentó las bases para la primera comunidad evangélica de carácter permanente en el país.23

Ahora bien, los sustantivos “Protestante” y “Evangélico”24 han sido utilizados indistintamente para poner en relación a toda una pluralidad de grupos confesionales

21 A. Rodríguez Castro, Co tra el Co tagio Protesta te…, 6.

22 El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice que, entre las múltiples acepciones del

té i o se ta se e ue t a la siguie te: Co ju to de creyentes de una doctrina particular o de fieles de

u a eligió ue el ha la te o side a falsa . E i opi ió , es o ésta i te io alidad pe o ati a ue, e

las fuentes procedentes de la Iglesia Católica, se utiliza la expresión aludida. Real Academia Española,

Di io a io de la Le gua Española, igési o segu da edi ió ,

http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=secta (consultado el 14 de Junio de 2011).

23 Por supuesto, la presencia del protestantismo en lo que hoy es Colombia puede ser rastreada desde el

siglo XVII, sin embargo, la anterior afirmación está fundamentada en la determinación de la Confederación Evangélica de Colombia (CEDEC) que, en su momento, tomó la decisión de celebrar el p i e e te a io de la o a e a géli a e Colo ia el día de ju io de , te ie do e ue ta ue e esa fe ha, pe o e el

año 1856, arribó a Bogotá Henry Pratt. Francisco Ordóñez, Historia del Cristianismo Eva géli o…, 9, 13-36.

24 Au ue ge e al e te estos dos té i os

protestantes y evangélicos) se usen indistintamente, el último

es efe ido a e udo po los is os g upos po i di a u a i o ás positi o… Éstos té i os se

emplean en éste estudio para designar a todos los cristianos que no son Católicos, aunque reconozcamos que uno o algunos de los grupos organizados podrían rechazar las denominaciones por considerarlas no

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minoritarios cuyos rasgos comunes más notorios son: el ser considerados los “herederos de la herejía del Siglo XVI”, y sus históricas desavenencias con el Catolicismo Romano.25 En ese orden de ideas, tenemos que los grupos o “sectas” protestantes presentes en Colombia durante las décadas de 1940 y 1950 difieren en sus fechas de arribo, concepciones teológicas, formas de organización comunitaria e incluso métodos de evangelización. A modo de ejemplo, quisiera hacer mención de la subdivisión que, dentro del protestantismo colombiano, los estudiosos del tema han hecho entre aquellas tendencias enmarcadas dentro del llamado “protestantismo histórico” y las tendencias evangélicas “menos ortodoxas” -entre quienes destacan los llamados Pentecostales. Respecto de la primera categoría, ésta hace referencia a aquellas agrupaciones evangélicas caracterizadas por su antigüedad -tanto en su conformación como opciones religiosas divergentes del Catolicismo a partir de la Reforma Luterana, como en lo concerniente a su arribo a Colombia entre mediados del siglo XIX y la década de 1930-,26 así como en lo relativo a la ortodoxia doctrinal respecto de la primacía de las Sagradas Escrituras como fuente primigenia de la Revelación Divina.27 Lo antecedente contrasta con aquellas tendencias protestantes menos tradicionales, como es el caso de los Pentecostales, quienes arribaron al país a mediados del siglo pasado y se caracterizan por el especial énfasis que hacen en las manifestaciones del Espíritu Santo (taumaturgia, profecías, glosolalia) que darían cuenta de

41. Éste autor destaca el término evangélico como un denominador común de las Iglesias herederas de la tradición de la Reforma Protestante a través del movimiento misionero del siglo XIX; subrayando que la mayor parte de los misioneros que vinieron a América Latina pertenecían a un sector del Protestantismo europeo o norteamericano que en inglés se describe como evangelical y que en Europa se suele describir con el término pietista . Pa lo Mo e o, P otesta tis o Histó i o e Colo ia , .

25 Antes de continuar con mi exposición quisiera hacer la siguiente salvedad: en el transcurso de mi

dise ta ió e plea é, pa a efe i e a las ag upa io es p otesta tes o e a géli as , té i os o o is áti os , paga os , p opagado es dele o , he esia as , i aso es , o upto es , e ti osos , e e igos de la eligió de la pat ia , e t e ot os adjeti os la a e te despe ti os; así is o, utiliza é e p esio es tales o o i filt a ió p otesta te e i fe ió p otesta te , pa a caracterizar la empresa evangelizadora protestante en Colombia. Lo precedente con el propósito de favorecer mí escrito tanto en términos de la redacción del mismo, como en aras de dar cuenta de la forma cómo los autores católicos consultados para este trabajo se referían a los cristianos que no se regían por los designios del Obispo de Roma y, en cambio, adscribirán a alguno de los dog as su gidos a pa ti del cis a del siglo XVI , lo que pondría en evidencia el fuerte componente violento presente en el discurso oficial eclesiástico.

26Pa lo Mo e o, P otesta tis o Histó i o e Colo ia , -426.

27Willia Belt á , El E a geli alís o el Mo i ie to Pe te ostal e Colo ia e el siglo XX , en Historia

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la conversión y renacer espiritual del creyente, lo que aparentemente favorecería la primacía de la oralidad, por medio del llamado “don de Lenguas”, como forma de manifestación fundamental de la espiritualidad -en detrimento de las Escrituras.28

De ésta forma, tenemos que las categorías “protestante” y “evangélico”, si bien aluden a un conjunto de comunidades con atributos comunes, también hacen referencia a grupos religiosos con marcadas diferencias.

En éste punto, y en aras de ayudar a la comprensión de la diversidad de las minorías protestantes, quisiera exponer, de manera muy concreta, algunas características particulares de las denominaciones evangélicas más importantes que hacían presencia en territorio colombiano entre las décadas de 1940 y 1950.29

Respecto de Los Presbiterianos, el autor Eugenio Restrepo nos dice que su tendencia teológica es fundamentalmente calvinista, su modelo administrativo está basado en “el presbiterio” y carecen de un ritual homogéneo en sus cultos.30 Entre los presbiterianos debemos tener en cuenta al grupo conocido como Iglesia Presbiteriana Cumberland cuyos miembros, viéndose envueltos en fricciones con el Movimiento Presbiteriano de los EE.UU., optaron por separarse de sus correligionarios.31

En lo que concierne a Los Adventistas, Restrepo los caracteriza como los más proselitistas entre los grupos protestantes por cuanto sus miembros creen en la inminente venida de Jesucristo. Respecto de su organización administrativa, dicho autor menciona que, si bien muchas agrupaciones adventistas se rigen por el modelo administrativo congregacional, no

28Willia Belt á , El E a geli alís o el Mo i ie to Pe te ostal… , .

29 Para tal fin, he considerado pertinente utilizar la tesis doctoral de Eugenio Restrepo Uribe quien, en dicho

escrito, nos ofrece una detallada investigación de las denominaciones protestantes presentes en Colombia a mediados de la década de 1940, dando cuenta del número de sus adeptos, su ubicación geográfica, sus particularidades teológicas y administrativas, todo lo cual tiene como fin último, mejorar la comprensión que se tiene de dichas sectas para, posteriormente, posibilitar el diseño de políticas que le permitan a los

je a as fieles atóli os o ati ta i desea le i filt a ió . Euge io ‘est epo U i e, El Protestantismo..., 15.

30 “e de o i a p es ite io a la ju ta ad i ist ati a o puesta po los p es íte os a ia os de u a

Iglesia. Según Restrepo, el modelo administrativo presbiteriano se haya en un punto medio entre el modelo administrativo Episcopal -en donde la iglesia es regida por un obispo- y el modelo administrativo congregacional -en el que son directamente los fieles quienes ejercen el gobierno. Eugenio Restrepo Uribe,

El Protestantismo…, .

(19)

19

es así para la vertiente de esa agrupación mejor conocida como Adventistas del Séptimo Día, quienes se rigen por el sistema presbiteriano de gobierno.32

Con relación a los protestantes de tendencia Bautista, Restrepo sostiene que, como su nombre lo indica, defienden la importancia del Bautismo en Agua como uno de los dos sacramentos fundamentales -el otro es la cena-, sin embargo, los bautistas sostienen que dicho sacramento (el bautismo) solo debe administrarse a los creyentes que estén en capacidad de decidir autónomamente si quieren participar de él o no, por lo que no se permite que los niños sean bautizados. Ahora bien, los Bautistas son calvinistas, aunque niegan su adhesión a cualquier corriente teológica debido a que, entre sus tendencias confesionales, destacan el papel que tiene la lectura e interpretación individual de la Sagrada Biblia. En lo que concierne a su modelo administrativo, los Bautistas son congregacionalistas.33

Adicional a los grupos o “sectas” antes expuestos, Restrepo también nos ofrece en su tipología del protestantismo en Colombia, una descripción de la agrupación mejor conocida como los Pentecostales, de quienes afirma que, si bien comparten muchas de las creencias fundamentales de otras denominaciones “heréticas”, no obstante se diferencian en el especial énfasis que hacen en la experiencia trascendental del creyente, cuyo espíritu es vivificado por el Espíritu Santo quien, a su vez, permite al prosélito experimentar aquello que los apóstoles de Cristo vivieron en el día de Pentecostés. Administrativamente, los Pentecostales se caracterizan por combinar los sistemas presbiteriano y congregacionalista y sus cultos llaman la atención por su espectacularidad.34

A continuación, Restrepo establece una diferenciación entre lo que él llama “Sociedades Independientes” y las denominaciones antes registradas. Así, el autor agrupa en la categoría de Sociedades Independientes a la “Alianza Cristiana y Misionera” (fundada por presbiterianos), la “Unión Misionera Evangélica”, la “Alianza Misionera Escandinava” (de tendencia luterana) y la “Cruzada Mundial”.35

32

Eugenio Restrepo Uribe, El Protestantismo…, .

33 Eugenio Restrepo Uribe, El Protestantismo…, -65. 34 Eugenio Restrepo Uribe, El Protestantismo…, -68. 35

Cabe anotar que algunas, si no todas las sociedades antes referidas pueden ser de carácter

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20

[image:20.612.76.535.248.656.2]

La pequeña descripción ofrecida en párrafos anteriores no pretende desconocer en manera alguna el hecho de que otras agrupaciones protestantes también hacían presencia en el territorio nacional durante el periodo aquí estudiado, o que su actividad proselitista y/o misionera era tan activa como la de sus correligionarios, por tal razón, y en aras de hacer justicia a esas agrupaciones evangélicas, me permito reproducir un cuadro elaborado por Juana B. de Bucana, en el que la autora da cuenta de las diversas Agencias e Iglesias protestantes que ingresaron a Colombia entre 1930 y 1948:

TABLA N°1

AGENCIAS E IGLESIAS QUE ENTRARON ENTRE 1930 Y 1948

AÑO AGENCIA PROCEDENCIA* REGIONES DE TRABAJO

1930 Bautistas

Independientes** Brasil Puerto Leticia

1930 Misionera

Independiente La Cumbre, cerca de Cali

1932 Asambleas de Dios Venezuela Sogamoso

1933 Hermanos Unidos Nariño

1933 Pro-Cruzada Mundial Gran Bretaña Cundinamarca y Meta

1934 Misión Indígena de Sur

América Estados Unidos La Guajira

1936 Misión Luterana

Evangélica Estados Unidos Boyacá

1937 Esposos Askey Montería

1937 Esposos Clark Inglaterra Indígenas Motilones

1937 Misión

Latinoamericana Costa Rica Bolívar

1937 Misión Santidad del

Calvario Gran Bretaña Magdalena

1938 Pentecostales

Independientes Bogotá y Cundinamarca

1939 Misión de los Andes Estados Unidos Boyacá

1941 Misión Bautista del Sur Estados Unidos Atlántico y Bolívar

1942 Iglesia Cuadrangular Bolívar Santander del Sur

1942 Iglesia Metodista

Wesleyana Estados Unidos Antioquia

1942 Unión Evangélica de

América del Sur Estados Unidos Magdalena, Indígenas Motilones

1943 Sociedad Misionera

Inter-Americana Estados Unidos Medellín y Antioquia

e a geliza a los o e e tes , si i po ta las a a te ísti as pa ti ula es de la ag upa ió a la ue

originalmente haya pertenecido el misionero (tal es el caso de la Cruzada Mundial). Francisco Ordóñez,

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21

1945 Hermanos Menonitas Estados Unidos Valle y Chocó

1945 Iglesia Evangélica

Menonita Estados Unidos Cundinamarca

Al hablar de procedencia se apunta el lugar de donde vinieron los primeros misioneros aunque en algunos casos no fue su país de procedencia original.

** Los misioneros independientes generalmente se unieron con otra agencia trabajando en Colombia.

Fuente: Juana B. de Bucana, La Iglesia Evangélica en Colombia: Una Historia (Bogotá: Buena Semilla, 1995), pp. 106-107.

Al llegar a este punto, quisiera hacer referencia a las cifras de fieles protestantes presentes en el territorio colombiano manejadas por algunos autores, entre ellos Eugenio Restrepo quien, en su tesis doctoral sobre El Protestantismo En Colombia, nos ofrece una serie de tablas por medio de las cuales procura dar cuenta del estado de la cuestión en las diferentes arquidiócesis, diócesis, vicariatos y prefecturas apostólicas en relación con la presencia de los Protestantes en dichas divisiones administrativas eclesiásticas, así como de la extensión del culto evangélico en jurisdicción católica.36 A pesar de lo anterior, no quisiera excluir la posibilidad de referir otros datos obtenidos de fuentes diferentes al texto de Restrepo ya que, a mi parecer, las cifras contenidas en fuentes distintas a la tesis doctoral del autor católico también podrían ser de utilidad para hacernos una idea más completa de la verdadera dimensión del “problema protestante” a mediados del siglo XX. En primera instancia, me permito presentar el cuadro estadístico global que Eugenio Restrepo presenta en su libro y por medio del cual pretende dar cifras concretas respecto de la presencia de protestantes en territorio nacional entre 1930 y 1943:

36

(22)
[image:22.612.76.536.88.533.2]

22

TABLA N°2

CUADRO ESTADÍSTICO GLOBAL SOBRE LA PRESENCIA DE PROTESTANTES EN COLOMBIA DESDE 1930 HASTA 1943

Departamentos 24 Alude a depa ta e tos, i te de ias, o isa ías , es decir, la división política interna de la República de Colombia para el periodo.

Denominaciones 12 Indica las diversas denominaciones he éti as p ese te e el te ito io nacional.

Parroquias 215 Indica las parroquias (centros como Bogotá o Medellín en donde hay más de una parroquia son contados como una solo parroquia)

Centros 147 Alude a los lugares confesionales protestantes organizados en los que hay cultos periódicos dirigidos por algún minist o, pasto o o ke .

Capillas 36

Escuelas 55 Se refiere a las escuelas, colegios o cualquier centro educativo incluidos los Institutos Bíblicos.

Alumnos 2532 Se refiere a alumnos de dichos centros educativos

Ministros 57 Alude a los Ministros, es decir, los individuos que dirigen el culto en los centros de reunión

Prosélitos 9442 Es decir, la feligresía.

Debo precisar que las cifras contenidas en ésta tabla son, por demás, muy incompletas ya que, teniendo en cuenta que en ella se registran 215 parroquias (católicas), los 147 centros protestantes registrados corresponden a tan solo a 82 de las 215 parroquias; las 36 capillas a tan solo 33 parroquias; las 55 escuelas corresponden solamente a 42 parroquias; los 2532 alumnos se encuentran solamente en 25 parroquias; los 57 ministros corresponden a 38 parroquias (el autor afirma haber recibido información de que en el territorio colombiano hacían presencia unos 300 ministros extranjeros); los 9442 prosélitos (o afiliados) se encuentran únicamente en 60 parroquias, faltando los datos de centros tan importantes como Bogotá, Cali o Bucaramanga.

(23)

23

[image:23.612.78.535.250.330.2]

Sumado a lo antecedente, también quisiera presentar los datos ofrecidos por el sociólogo Benjamín Edward Haddox y por la historiadora Juana B. de Bucana quienes, en sus estudios titulados Sociedad y Religión en Colombia y La Iglesia Evangélica en Colombia respectivamente, hacen mención de las cifras publicadas por la Confederación Evangélica de Colombia (CEDEC) con las cuales se pretende dar cuenta de la cantidad de miembros y de iglesias (lugares de reunión específicamente) evidenciados en el territorio colombiano entre los años 1948 y 1953, y que reproduzco en la siguiente tabla:

TABLA N°3

TAZA DE CRECIMIENTO DE FELIGRESÍA PROTESTANTE EN COLOMBIA ENTRE 1948 Y 1953

1948 1953 Aumento Porcentaje

Número de

Miembros 7908 11958 4050 51%

Número de Iglesias 213 202 -11 -5%

Para el aso de ésta ta la, he optado po o iti los datos elati os a Iglesias o st uidas e Iglesias dest uidas , a os p ese tes e la ta la o igi al e puesta e el te to de la p ofeso a Bu a a, a ue o

pude encontrar una explicación satisfactoria que diera cuenta de las cifras allí consignadas.

Fuentes: Edward Haddox, Sociedad y Religión en Colombia: Estudio de las Instituciones Religiosas Colombianas (Bogotá: Editorial Tercer Mundo, 1965), 44-45.

Juana B. de Bucana, La Iglesia Evangélica en Colombia: Una Historia (Bogotá: Buena Semilla, 1995), pp. 156.

Así mismo, quisiera relacionar otras cifras manejadas por Juana B. de Bucana, quien también hace mención de los datos presentados por diversidad de autores, entre los que quisiera destacar a Donald C. Palmer y Francisco Ordoñez. Respecto de los datos presentados por Palmer, éste afirma que, en términos globales, el número de fieles evangélicos en Colombia aumentó 319% entre finales de la década de 1940 y principios de la década de 1960 ya que, según ese autor, en 1948 había en Colombia 7908 evangélicos y en 1960 esa cifra aumento hasta 33156.37 En lo concerniente a los datos consignados por Francisco Ordoñez, el escritor presenta unas cifras que evidenciarían el aumento en la recepción de ofrendas entregadas por las Iglesias Evangélicas del país a las Sociedades Bíblicas de Colombia; dichos datos fueron sistematizados por Juana de Bucana de la siguiente manera:

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[image:24.612.76.538.92.178.2]

24

TABLA N°4

AUMENTO DE LAS OFRENDAS DE LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS A LA OBRA DE LAS SOCIEDADES BÍBLICAS EN COLOMBIA

1947 1952 1954 % aumento 1947 a

1954

Cantidad $1.701,95 $4.455,09 $6.410,25 %27738

Fuente: Juana B. de Bucana, La Iglesia Evangélica en Colombia: Una Historia (Bogotá: Buena Semilla, 1995), pp. 157-158.

De esta suerte, y a partir de las cifras presentadas en éste aparte, se puede deducir que el crecimiento de la feligresía protestante en el territorio colombiano entre finales de la década de 1930 y principios de la década de 1950 fue muy pequeño aunque constante por lo que, en principio, se podría afirmar que el “enemigo protestante” identificado por la jerarquía eclesiástica durante ese periodo en realidad era “inexistente” por cuanto esos grupos religiosos minoritarios no representaban una amenaza real para la Iglesia tradicional y su “monopolio de las almas”, por lo menos en el corto plazo. Sin embargo, si tenemos en cuenta los datos consignados en el escrito de Haddox, quien expone un cuadro estadístico elaborado por una Orden Misionera de EE.UU. según el cual, en 1938 el 99.4% del total de la población adscribía a la vertiente católica del cristianismo mientras que, para 1956, esa cifra se reducía a un 98.9%, se hace patente un crecimiento exponencial del Protestantismo colombiano, por lo que también se podría concluir que, si bien las agrupaciones cristianas no católicas no representaban un rival serio para la hegemonía eclesiástica en el futuro inmediato, sí podrían serlo en el mediano y largo plazo, por lo que el peligro percibido por la alta jerarquía del Catolicismo no sería en ninguna forma ilusorio.39 Esa conclusión se vería reforzada si asumimos como fidedignos los datos aportados por la Tabla N°3, en la que se pone de manifiesto un aumento significativo en el número de feligreses protestantes en relación con una disminución sensible en el número de sitios de reunión, lo que implicaría una concentración de la población evangélica ya que, como se deduce de lo anterior, estamos hablando de un número mayor de creyentes que se congregan en un

38 Francisco Ordóñez, Historia del Cristia is o Eva géli o…, 352-353. Juana B. de Bucana, La Iglesia

Eva géli a…, 157-158.

(25)

25

número menor de espacios de reunión, lo que le conferiría mayor fuerza a los grupos protestantes, tanto en términos logísticos (mejor organización y centralización del mando), cómo en términos de capacidad de acción como grupo social (mayor capacidad de movilización). A esto podemos sumarle el hecho de que, si bien el número de protestantes (colombianos y extranjeros) era irrisorio en comparación con el número de fieles a la Iglesia Romana, no podemos desconocer que muchos católicos (feligreses y clérigos) percibieron en el fenómeno protestante una amenaza real por cuanto el accionar proselitista de los misioneros “herejes”40

se intensificó en nuestro país a partir de la década de 1930, lo que marcó un claro contraste con épocas anteriores en que el protestantismo era percibido como “una cuestión de extranjeros” quienes no parecían tener ningún interés en evangelizar a la población local;41 esta percepción de peligro por la aparente “invasión” protestante se habría visto reforzada, a su vez, por el dinamismo que los misioneros “heréticos” le imprimieron a su iniciativa evangelizadora a partir de la década de 1930, lo que fue expresado por un par de autores católicos en los siguientes términos:

“Mientras en general puede apuntarse un gran fracaso para el protestantismo en Colombia en los 70 años anteriores a 1930, y de ello se quejaron amargamente en el congreso de Montevideo (1925), de entonces para acá el éxito alcanzado puede decirse que ha batido todos los records en los anales protestantes de Ibero-América. Colombia, como puede verse en el mapa adjunto, está ya tomada, y ante el progreso incontenible e inesperado, se apresuran a la cita nuevas sectas”.42

40 E éste te to e he to ado la li e tad de ha e uso de los té i os p otesta te he eje

indistintamente para referirme a los grupos humanos adscritos a tendencias religiosas y dogmáticas cristianas de carácter minoritario surgidas después del Siglo XVI. En línea con lo antes expuesto, me atendré

a la defi i ió de he eje of e ida po u a de las fue tes atóli as o sultadas la ual di e lo siguiente: -¿Luego los protestantes son herejes de veras? -Herejes, Don Prudencio, y sin ninguna duda. <<Herejía es palabra griega, y quiere decir partido, secta, hoy día se toma para significar un error voluntario y pertinaz contra alguna verdad de fe. Se llama heresiarca al autor de alguna herejía y hereje al que sigue una opinión contraria a la creencia católica>>. Luego son herejes, y sin forma de dudarlo señor Don Prudencio. Herejes

e toda la lí ea . A. ‘od íguez Cast o, Co t a el Co tagio P otesta te…, .

41 Ni es ue sea de a e esa p opaga da. E istía a de tie po at ás e Colo ia, o o e las de ás

repúblicas latino-americanas, pero a la sordina, y sin asumir caracteres tan alarmantes: Antes era solo el proselitismo vergonzante; ahora es la invasión descarada. Antes solo se dejaba sentir como una tara aneja a la inmigración extranjera, de que no es posible desentenderse; mas ahora es ya la plaga molesta e insufrible, comparable a las de las ranas de Egipto, que aparecían a los súbditos del Faraó e todas pa tes . Ulda i o U utia “.J., Los p otesta tes a te la o stitu ió . ‘e ista Ja e ia a V. , o. fe e o : .

42 Euge io ‘est epo U i e Jua Ál a ez “.J., Diez años de p otesta tis o e Colo ia

(26)

26

(27)

27

El mapa arriba citado, datado en 1943, presenta un fuerte contraste con el mapa que consignaré abajo, que fue registrado en el mismo artículo de la Revista Javeriana y para cuya lectura se debe hacer uso de la misma tabla de convenciones anotada en el plano de 1943. De esta forma, en el segundo mapa los autores pretenden representar cual era el estado del protestantismo colombiano a principios de la década de 1930, así:

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28

(29)

29

Capítulo 2: Discursos

“Lo que hacen ahora las sectas protestantes, a pesar de estar

discordes y detestarse entre sí, es mancomunarse fingiendo a cual más historias y embustes para ridiculizar, calumniar y perseguir a los católicos, común y principal blanco de sus odios y venenosos tiros. Tal es la indigna táctica con que se proponen hacer prosélitos y propagar así sus infernales doctrinas en detrimento de la religión católica y de la sociedad”. A. Rodríguez Castro.43

El párrafo arriba referenciado expresa claramente una de las más hondas preocupaciones que aquejó a algunos de los máximos jerarcas y miembros de la Iglesia Católica Colombiana desde las primeras décadas del siglo XX; dicha preocupación tenía que ver con la “infiltración protestante” en el suelo patrio colombiano con el “macabro” objetivo de hacer prosélitos para su causa y credo, “descatolizando” a la nación colombiana como parte del proyecto más general de “arrebatar de los corazones” de la totalidad de los habitantes del subcontinente latinoamericano la augusta fe romana heredada a éstos por sus antepasados.44

Como consecuencia de lo antes mencionado, algunos de los miembros y representantes de la Iglesia Romana en Colombia pusieron manos a la obra en la labor de denunciar dicha infiltración, según ellos sumamente peligrosa para la sociedad colombiana, valiéndose para tal efecto de una rica argumentación de diversa índole (política, moral, histórica y teológica).45 Es así como, apelando a sentimientos, “valores” y “verdades” tales como el

43

A. Rodríguez Castro, Co tra el Co tagio Protesta te…, 52.

44Lo a te ede te fue e p esado po el papa Pio XII e los siguie tes té i os: El “ag ado Co azó de Jesús

es depósito pu ísi o e i agota le de e dad… Po eso le pedi os ue o se e í teg o e i alte a le el

sagrado depósito de vuestra fe, sin permitir que la contaminen aquellas propagandas tan audaces como arteras que querrían convertir ahora en país de misión a un pueblo que cuenta en su gloriosa historia con

uat o siglos de i ta ha le istia is o. Ju a os – dijeron un día los próceres de vuestra patria, y vosotros no podéis echarlo en olvido – juramos derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra

sag ada eligió atóli a, apostóli a, o a a . “.“. Pio XII, O ie ta io es: Me saje de “.“. Pio XII a Colo ia

con ocasión de la clausura del congreso de Cristo rey, tenido en Bogotá en conmemoración del Centenario del Apostolado de la Oració , del al de septie e de . ‘e ista Ja e ia a V. , o. o tu e

1945), 194.

45E t e los p i ipales a ti istas defe so es de la hege o ía atóli a so e la so iedad olo ia a, se

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30

nacionalismo, la moral cristiana y/o la sacrosanta teología e historia de la Iglesia Católica -siempre en contraposición con la “sospechosa”, o mejor “nociva”, “corruptora” y, por ende “condenable” moralidad, historia, teología e intencionalidad política de la contraparte protestante- los miembros del clero romano se dieron a la tarea de llevar a cabo una intensiva y, en la medida de lo posible, extensiva campaña de denuncia de la “invasión” protestante a territorio colombiano.46

En consonancia con las ideas antes planteadas, en este aparte expondremos los principales argumentos puestos de manifiesto por la jerarquía católica en su discurso apologético de la tradición e influencia de la Iglesia de Roma en la sociedad colombiana, haciendo especial énfasis en las razones históricas, políticas y morales47 por las cuales el clero se sintió tanto con el derecho como en la obligación de defender su “monopolio sobre las almas” colombianas, a quienes pretendió convencer por medio de sus razonamientos, a la vez que condenaba, por medio de la exhibición de aparentes “evidencias irrefutables”, las iniciativas “heréticas” tendientes a ganarse las simpatías de las gentes de éste país.48

trabajo, la inmensa mayoría fueron tomadas de artículos contenidos en la publicación de la Universidad Jesuita antes referida, así como de los trabajos de los dos autores antes mencionados. Así mismo, y con el ánimo de ofrecer algún tipo de respaldo para las afirmaciones antes consignadas, quisiera hacer notar que James Goff, autor de una tesis doctoral sobre la persecución contra los protestantes colombianos entre 1948 y 1958, dedica un apartado importante de su disertación al papel jugado por la Compañía de Jesús en la construcción del discurso anti-protestante durante las décadas de 1930 y 1940 y que, posteriormente servirá como base ideológica fundamental sobre la que se justificarán los actos de violencia directa y estructural llevados a cabo contra los colectivos religiosos minoritarios evangélicos. James E. Goff, The

Perse utio of Protesta t Christia s i Colo ia…, 329-353.

46 De e p i o dial de la Po tifi ia Fa ultad Teológi a Ja e ia a es ela po la o se a ió del pat i o io

religioso colombiano, patrimonio que constituye la más preciada herencia de nuestros mayores y el vínculo más esencial de unidad nacional. Esa herencia sacrosanta se ve hoy furiosamente amenazada por la intensa campaña protestante, que en los últimos años, revestida muchas veces de caracteres virulentos se ha

e te dido e fo a ala a te e te p og esi a hasta los ás e otos o fi es de la epú li a . Las anteriores son las palabras con las que Juan M. Restrepo Jaramillo S.J., Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, introduce la Tesis Doctoral del Padre Restrepo Uribe. Eugenio Restrepo Uribe, El Protestantismo en Colo ia…, 9.

47 Quisiera hacer la salvedad de que los argumentos expuestos por los apologetas católicos en su

justificación del monopolio religioso romano en Colombia han sido clasificados y separados con el único propósito de facilitar la exposición de los mismos, lo que de ninguna manera implica que alguno de los tipos argumentativos distinguidos en éste aparte pueda ser tomado como un todo aparte de los demás.

48 Haré caso omiso, de manera deliberada, de las razones teológicas empleadas en el discurso católico en

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31

Sin embargo, no quisiera entrar de lleno en el análisis discursivo sin antes precisar que, para efectos del examen de las fuentes, he procurado valerme del concepto de Hegemonía construido por Antonio Gramsci quien, en sus “Cuadernos de la Cárcel”, presenta dicho concepto como de carácter histórico-político que implica la dirección o el liderazgo en el orden económico, social, cultural e intelectual que un grupo o alianza de grupos llamados “fundamentales” ejercen sobre otros grupos sociales subordinados (en calidad de aliados o de “adversarios sometidos”). En consecuencia, la Hegemonía permite al grupo fundamental maximizar la expansión de su poder y prestigio en todos los ámbitos de la sociedad sin que ello implique que dicha propagación llegue al punto del “egoísmo económico-corporativo” ya que, según lo expresado por el autor italiano, ante la pretensión del hegemón de que su dominio adquiera connotaciones “universales”, este debe hacer algunas concesiones a los agrupamientos subordinados bajo su mando en aras de lograr cierto “equilibrio inestable” entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subalternos, lo cual no implica que el beneficio del agrupamiento directivo se vea afectado, ya que este tiende a prevalecer. De manera consecuente con lo anteriormente expresado, la Hegemonía también implica que el grupo fundamental está en capacidad de, y tiende a, imponer en el devenir histórico un principio hegemónico sobre otro(s) principio(s) defendido(s) por los agrupamientos subordinados, lo que a su vez implica la introducción de un nuevo “terreno ideológico” que determina las conciencias y los métodos del conocimiento del grupo social. Sumado a esto, Gramsci también afirma que toda relación hegemónica es, al mismo tiempo, una relación pedagógica en la que los subalternos aprenden del hegemón y viceversa. En este punto es pertinente tener en cuenta que la Hegemonía suele ser ejercida a través del Estado por medio del prestigio del grupo social fundamental y de las leyes creadas por este, o por medio de la coerción violenta.49

Dicho lo antecedente, en este aparte me he dado a la tarea de evidenciar cómo los representantes de la Iglesia Católica colombiana, en su calidad de colectivo hegemónico de

demandaría una sólida formación en dichas líneas de pensamiento (formación que, en éste momento no poseo).

49 Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, 6 Vols. (México: Ediciones Era, 1984 impresión de 1999). Vol.1,

(32)

32

“intelectuales”50 y por medio de su discurso “anti-protestante”, asumieron el rol de “agrupamiento fundamental” que, por medio de la “administración” de “verdades” de carácter político, cultural y de fe, pretendieron, y lograron, persuadir a múltiples grupos subalternos respecto de la “naturaleza” nociva, lesiva, ofensiva, avasallante y, en resumen, absolutamente contraproducente de la presencia y obra evangelizadora de los llamados “herejes” protestantes quienes, según los autores fieles a la Iglesia de Roma, tendían a perjudicar, o mejor a destruir las bases culturales, religiosas, lingüísticas y, en general de “ordenamiento social” de la “comunidad nacional colombiana”. De esta forma, los autores católicos construyeron su argumentación, claramente hegemónica, procurando convencer a un importante número de feligreses colombianos respecto de la conveniencia y pertinencia del ejercicio de “la defensa” de los intereses eclesiásticos en lo referente al “monopolio de las almas”, lo cual era de suma importancia para la curia en la medida en que ese “monopolio” sobre la administración del dogma implicaba un importante poder político, económico y cultural.

2.1 El Argumento Nacionalista

Lo primero que quisiera anotar respecto de lo que yo llamo el argumento católico-nacionalista tiene que ver con el (evidente) proyecto de construcción de una “nacionalidad colombiana” a partir de la Religión Católica como fuente ideológica de carácter dogmático y moralizante, forjadora de esa “comunidad nacional” que integra a “todos los colombianos”.51

50 Pe o el o opolio de las supe est u tu as po pa te de los e lesiásti os de ahí a ió la a ep ió ge e al

de i tele tual –o de espe ialista - de la pala a lé igo , e u has le guas de o ige eolati o o i fluidas fue te e te, a t a és del latí e lesiásti o, po las le guas eolati as, o su o elati o de lai o

en el sentido de profano – o espe ialista . A to io G amsci, Cuadernos de la Cárcel, V.4., 354.

51 ‘espe to del a io alis o o o atego ía de a álisis, he p o u ado ale e de la o st u ió

conceptual de carácter instrumental-funcionalista e históricamente determinada elaborada por el autor Hans König, quien define dicho término como una herramienta comunicativa cuyo fin es generar solidaridad política y provocar la movilización de todos aquellos actores sociales incluidos dentro de la concepción, erigida la mayoría de las veces por las élites, de lo que es la a ió . Esta solida idad o iliza ió esta ía o ie tada a o ati a e azas de ual uie tipo e e igos i te os e te os a ue puede se

Figure

Tabla de Contenido
TABLA N°1 AGENCIAS E IGLESIAS QUE ENTRARON ENTRE 1930 Y 1948
TABLA N°2 CUADRO ESTADÍSTICO GLOBAL SOBRE LA PRESENCIA DE PROTESTANTES EN COLOMBIA DESDE 1930
TABLA N°3 TAZA DE CRECIMIENTO DE FELIGRESÍA PROTESTANTE EN COLOMBIA ENTRE 1948 Y 1953
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