Un acto tan sencillo y divertido como es leer en voz alta a un niño, pierde cada día más terreno frente a la internet o la televisión, es frecuente escuchar que con el pasar del tiempo se lee menos y es que la cultura audiovisual resulta ser más cautivadora y atrae a los niños con facilidad, haciendo que se relegue el libro como uno de los primeros recursos que los acerca a la lectura de forma directa.
Leer en voz alta tiene una gran importancia en la dimensión socio afectiva, actitudinal y en el despertar del gusto por la lectura, es decir, el leer por placer, que se desarrolla a partir de las experiencias que se tienen y en las que los docentes tienen mucho que ver, al generar este tipo de prácticas, según Pérez & Roa (2010) “generalmente los niños que cuentan con este tipo de prácticas de lectura van construyendo la convencionalidad, por supuesto con la orientación y las reflexiones colectivas que se realizan en clase, guiadas por el docente” (p.40). A partir de la lectura en voz alta y con las conversaciones que se realizan en torno a un texto o a un cuento surgen nuevas experiencias y se construyen referentes para la vida que van a permitir dar significado y atribuir sentido a lo que se conoce o a lo desconocido. En este orden de ideas, leer en voz alta se constituye en una de las actividades que más se recomienda en el campo del desarrollo de la lectura por los múltiples beneficios que aporta, tanto al crecimiento cognitivo y emocional como al desarrollo personal. Esta conforma uno
de los pilares más fuertes en el aprendizaje de la lectura y la escritura, ya que permea diferentes aspectos como el hecho que los niños sean más participes de la actividad,
fortalece la confianza en este proceso, permite conectar el texto con las experiencias previas del niño, ayuda al desarrollo de la atención, la concentración y la dedicación en la ejecución de actividades dirigidas.
Además como lo menciona Rita Flórez (2007) “la lectura compartida o en voz alta facilita el crecimiento de capacidades de pensamiento… y promueve la adopción de reglas de interacción amable y amistosa entre los niños y con el adulto” (p.77). Todos estos factores no solo favorecen un mejor desempeño académico sino también fortalecen las relaciones interpersonales.
Los niños que escuchan a sus profesores valoran los libros y se ven estimulados a seguir leyendo en forma independiente, Felipe Garrido en la entrevista realizada por la televisión mexicana en su espacio Revista de la Universidad de México en enero de 2015, cuenta una experiencia que logró desarrollar el interés por la lectura de un grupo de niños y niñas pertenecientes a un programa futbolístico, donde los entrenadores leían a los niños en los descansos del entrenamiento y tenían acceso a diferentes textos, siendo este un proyecto exitoso al lograr la vinculación y promoción de la lectura en voz alta dentro de las familias. Para este autor “una de las principales formas de contagiar la lectura, es la lectura en voz alta”, de igual manera contar historias hace que no se pierda la vinculación entre la palabra hablada y la escrita pues la narración también contribuye a despertar la imaginación, la curiosidad, además que es inmediata convirtiéndose en un excelente camino para descubrir la literatura.
Así pues, al hacer un barrido por distintas investigaciones, se ha podido comprobar que al hacer uso de la lectura en voz alta, hay un incremento sustancial del vocabulario, la
comprensión de lo leído es de mayor calidad y por consiguiente hay un significativo avance en la apropiación de conocimiento. Flórez (2007) plantea:
Se ha encontrado que es la práctica más importante en la promoción del alfabetismo inicial y que acompañada de prácticas que promuevan a otros conocimientos claves para el alfabetismo como el conocimiento de las letras y de los sonidos que le
corresponden, se constituye en uno de los predictores más importantes del desempeño posterior en la comprensión de lectura (p. 92).
Al ser la lectura una de las tareas destacadas en el proceso de alfabetización, cabe mencionar lo que Garrido (1989) dice:
“El gusto por la lectura no se enseña, se contagia. Un lector es alguien que, además de leer por necesidad todo lo necesario para estudiar y trabajar y vivir en un mundo que ha sido construido sobre la palabra escrita, lee y escribe también por el puro placer de hacerlo” (p. 15).
Es aquí donde se evidencia la influencia que los adultos (padres, tutores, docentes) pueden ejercer en los procesos lectores de los más pequeños. Por lo tanto hay que leer en la casa con la familia, en la escuela, motivados por el docente, en la biblioteca, con los amigos, en cualquier lugar y con la gente que uno quiere. Para acercar a los pequeños a la lectura se hace indispensable que los adultos sean lectores activos, que deseen expresar su gusto por la lectura, dediquen tiempo a esta y que conozcan los gustos e intereses de ellos para saber que leerles.
La lectura en voz alta permite al lector apropiarse del texto y ajustarlo a las necesidades e intereses de su público, para lograr cada uno de los propósitos que se pretenden alcanzar con los comentarios e interrogantes que se pueden plantear antes, durante y después de la lectura. A lo cual Daniel Cassany (2009) aporta “leer pasa a ser una conversación entre tres: el cuento (autor), el lector adulto y el niño aprendiz” (p.137).
En los primeros años lo más importante es que los niños estén en contacto con los libros, Garrido (1989) pues “la repetición, la frecuentación de una actividad es lo que va formando un hábito, una afición” (p. 8), al permitir verdaderas experiencias con los libros, se abren distintos caminos al complejo proceso de leer, en donde el hábito se crea desde el gusto que se despierta con el ejercicio de lecturas entretenidas, dinámicas, participativas, que como ya se indicó en párrafos anteriores, lleven a nuevos aprendizajes o a la construcción de otros. Estas experiencias generan conexiones que se logran con la lectura en voz alta, Jim Trelase (2010) en su Manual de la lectura en voz alta dice:
Les leemos a los niños por las mismas razones que les hablamos: para
tranquilizarlos, entretenerlos, crear lazos; informarles o explicarles algo, despertar su curiosidad, para inspirarlos. Pero al leerles en voz alta también: los preparamos para que asocien lectura y placer, creamos las bases del conocimiento, construimos su vocabulario, les ofrecemos un modelo de lector (p. 38).
En consecuencia es muy importante que quien lea en voz alta tenga en cuenta varios aspectos para lograr capturar la atención de la audiencia y conseguir los propósitos planteados con la ejecución de esta práctica, como lo plantean Pérez & Roa (2010) en los referentes para didáctica del lenguaje “al leer en voz alta se transmite no solo el contenido lingüístico del texto, la voz de quien lee, transmite emoción, asombro y otros sentimientos que el texto genera, además de aspectos formales como leer en un buen tono de voz,
articular adecuadamente las palabras, tener un control visual del grupo y asumir una postura corporal adecuada”(P.40).
Por todo lo anterior la lectura en voz alta, debe estar presente de forma constante en las aulas de clase, para cumplir con la finalidad de formar buenos lectores, que lean por gusto, que entiendan lo leído, que se identifiquen con el texto, que imaginen, vivan las acciones y sientan las emociones que la lectura les evoca.