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La legitimidad misma de que las formaciones ideo­

lógicas, en tanto prácticas materiales de los individuos con­ cretos, sean objeto de estudio científico de la psicología. Pasemos a examinar estos problemas, aun cuando sea en forma por lo demás general.

Mencionamos en primer término que la psicología, no sólo es determinada por las representaciones ideológicas, sino que en la medida en que constituye, como toda cien­ cia o proyecto de ella, un modo social de conocimiento, contribuye a la formación, modificación o consolidación de las representaciones ideológicas. La historia de la cien­ cia, muestra cómo ésta ha estado, en ciertas épocas, en conflicto abierto con las verdades sociales establecidas, verdades sociales que representan una concepción del mun­ do, de lo que existe y del papel del hombre y la sociedad en esa realidad. El conflicto entre ciencia y sociedad ha emergido cuando la ideología producida por la ciencia, en vez de consolidar las concepciones del mundo (o de par­ te de él) vigentes, ha cuestionado su legitimidad empírica, y ha amenazado, por consiguiente, con alterar las forma­ ciones ideológicas en vez de sustentarlas o consolidarlas. La ideología científica lo es en la medida en que consti­ tuye o contribuye a la formulación social de una repre­ sentación del mundo, y por ende, del papel del hombre en ese mundo. No hay pues una contraposición, para no­ sotros, entre ciencia e ideología, sino más bien en la na­ turaleza del sustento que da origen y mantiene a las for­ maciones ideológicas. No sólo la ciencia no es inmune a la ideología, sino que tampoco la ideología es independien­ te de la ciencia. Ambas se determinan e influyen recípro­ camente como modos sociales de conocimiento. Los episo­ dios protagonizados por Galileo, Darwin, Marx y otros, ilustran con toda nitidez la contradicción que emerge en­ tre ciencia e ideología en tanto ambas son factores comu­ nes de una misma formación social de conocimiento4.

4. El proceso de superación del conflicto en tre form aciones ideológicas sociales no se da necesariam en te con la superación

En el caso de la psicología, después de la incorporación ideológica del psicoanálisis, que nunca se desvinculó del dualismo oficial, el conductismo representa este momento de inicio de las contradicciones en las formaciones ideo­ lógicas sociales: la ciencia o su proyecto construye ideo­ logía que se aparta y opone a la ideología dominante. La contradicción se resuelve gradualmente de dos maneras posibles: o se anula la legitimidad del proyecto y se le rein­ corpora hispotasiado en la ideología vigente; o bien, esta nueva ideología transforma parcialmente a la ideología exis­ tente, hasta que al darse las condiciones sociales apropia­ das, se convierte a su vez en ideología «oficial». El si­ glo xx, y por consiguiente nosotros, somos testigos de este proceso ideológico sin conclusión todavía en la psicología. La psicología es conductista toda ella, o bien porque lo es en sentido estricto, o bien porque se le combate en forma ya sea directa o encubierta. El conductismo, y las varian­ tes que bajo su nombre han emergido, son el escenario del conflicto entre las formaciones sociales ideológicas respec­ to al papel y determinación de la actividad concreta de los hombres concretos en la naturaleza y la sociedad* 5.

Hay pocos escritos en relación al análisis de esta pro­ de las fo rm as e s tru c tu ra le s de la sociedad q u e les dio origen —el m odo de prod u cció n . Un ejem p lo ilu stra tiv o de e sto es la p e rm a ­ nencia de la ideología c ristia n a an te d iferen tes form as de e s tru c ­ tu r a social, y en contradicción con las ideologías científicas y no científicas generadas p o r estas form aciones sociales. La p lasticid ad ideológica del cristian ism o co n stitu y e sin lu g ar a dudas, com o ocu­ rre con to d a s las g randes religiones por ejem plo, no un sim ple pro b lem a de in te rp re ta c ió n tam b ién ideológica, sino un m otivo de e stu d io científico en lo colectivo y en lo individual.

5. C om en tario a p a rte m erecen aquellos "lissen k ian o s" d e la psicología y la ciencia social, q u e co nfunden la d eterm in ació n y existencia m a te ria l de la ideología con las form ulaciones econom i- cistas, h is to ric is ta s e incluso ¡geográficas! del p ro b lem a de la de­ term in ació n de la “su b je tiv id a d " del se r h u m an o P ara esto s p ro ­ fe ta s del nuevo dogm a, el c o n d u ctism o no d a o tro ho rizo n te con­ cep tu al m ás que el de ser un p ro d u c to ideológico del p rag m atism o filosófico del im p erialism o n o rteam erican o . ¡Marx se apiade de ellos!

blemática. Cabe aquí destacar el examen que realiza Samp- son (1981) sobre el significado ideológico de las aproxi­ maciones cognoscitivistas en psicología. Tomando como base cuatro problemas (la interacción sujeto-objeto, la ob­ jetividad de la realidad, la reificación psicológica, y el in­ terés técnico del conocimiento), Sampson demuestra el carácter esencialmente ideológico de diversas formulacio­ nes cognoscitivistas de la problemática psicológica, no en tanto los datos empíricos que las acompañan o fundamen­ ta sean en sí engañosos, sino en la medida en que las pre­ misas y conclusiones que los contextúan trascienden di­ chos datos. Resumiendo su análisis, dice que « específi­ camente, si los problemas observados yacen en las reduc­ ciones duales de individualismo y subjetivismo, el reme­ dio, en parte, requeriría la adopción de una psicología no reduccionista» (p. 739).

El análisis crítico esbozado por Sampson de la llama­ da psicología cognoscitiva, podría extenderse a otras for­ mas conceptualización dualista con resultados semejantes, vbgr., las teorías de rasgos, las teorías basadas en mode­ los analógicos de procesamiento de información, las teo­ rías psicobiológicas de la conducta, y otras más. En to­ das ellas, siempre trasluce una determinación del compor­ tamiento que radica en el interior del propio sujeto u or­ ganismo y que es relativamente fija e inmune a las carac­ terísticas del ambiente exterior. Las relaciones con dicho medio se objetalizan como procesos nerviosos o menta­ les supuestos que, a la vez que se infieren del comporta­ miento en interacción con el ambiente, se consideran su causa primordial.

Un segundo punto de suma importancia en lo que toca a la relación entre la psicología como productora de ideo­ logía y las formaciones sociales ideológicas vigentes es ¿en qué medida pueden desvincularse dichas formaciones ideológicas de las prácticas concretas de los individuos en sociedad?

Hasta la fecha, el examen sistemático de la ideología se ha limitado a la ciencia social (politología, sociología, historia, antropología), en la medida en que la ideología se ha concebido como la articulación de una serie de re­ laciones sociales en la estructura básica provista por un modo de producción particular (Gramsci, 1967; Luporini y Serení, 1973). No obstante, es necesario señalar que di­ chas formaciones sociales, descritas como relaciones ideo­ lógicas, constituyen conceptos que señalan un nivel de abs­ tracción que trasciende el comportamiento de los indivi­ duos envueltos en dichas relaciones. Las relaciones abs­ traídas toman como objeto concreto de análisis a la so­ ciedad en su conjunto, en cuanto campo interdependiente de determinaciones en lo histórico y lo sistemático. Este análisis, no excluye, sin embargo, la posibilidad, la nece­ sidad, subrayaríamos, de un examen cuidadoso de cómo esas formaciones sociales se manifiestan y expresan en las prácticas sociales de los individuos concretos. La ciencia social, aun cuando reconoce la problemática del indivi­ duo, no puede abordarla por su misma naturaleza y obje­ to. El individuo concreto, para la ciencia social, no cons­ tituye más que una abstracción de una de las bases ma­ teriales sobre las que se edifican las relaciones sociales.

Luporini (1973), al tratar esta cuestión, señala que «...los “hombres” de Marx (en cambio), se encuentran siem­ pre dentro de las “relaciones sociales”, aunque éstas sean creadas por ellos (por su trabajo: el hombre hace su pro­ pia historia, etc.). Los individuos están inicialmente con­ dicionados y determinados por tales relaciones antes de poderlas modificar, eventualmente y dentro de ciertas con­

diciones. En otras palabras, nunca encontramos a los hombres sueltos. Sin embargo, esto no significa que el in­ dividuo sea disuelto en sus “relaciones sociales”. Todo lo contrario: esto significa que el problema del individuo humano no es simple y puede ser planteado correctamen­ te sólo a partir de la situación indicada... (los individuos

humanos) ...se trata evidentemente de una abstracción, pero de una abstracción necesaria, científica, que es legi­ timada por el hecho de que de cualquier manera los “in­ dividuos humanos vivientes” existen efectivamente. Con las palabras “individuos desnudos” quiero significar la abs­ tracción más general correspondiente a esa realidad, vale decir, el hecho de que todo hombre, en cualquier relación en que se encuentre, debe ser al menos o también conta­ bilizado prácticamente como uno... Es por tanto una no­ ción muy simple y evidente... la noción es potentísima con respecto a las “ciencias humanas”, respecto a las cuales, es tan funcional como respecto a las ciencias biológicas...» (p. 42).

De esta cita puede desprenderse la complementariedad, e incluso la necesidad, del análisis de la práctica social individual respecto del examen de las características ge­ nerales de las relaciones que definen a una formación so­ cial particular. Partiendo de la base de que las prácticas individuales concretas no pueden aislarse ni genética ni contextualmente del sistema de relaciones sociales en que se dan, debe subrayarse que el estudio científico de dichas prácticas individuales, en lo que toca a los procesos de su transmisión y reproducción, cae, fundamentalmente bajo la cobertura de la psicología.

Consideramos que sólo de una aproximación conduc- tista, que haga hincapié en el estudio objetivo de la in­ teracción construida del individuo con su medio social, puede esperarse la posibilidad de aprehender el proceso de esta construcción individual de la práctica social. La subjetividad se reduce al proceso idiosincrático de indi­ viduación de esta práctica, y no a un supuesto reflejo o reproducción espiritual de las formaciones ideológicas so­ ciales y su sustento estructura en un modo de producción particular. De otro modo, la ideología se mantendrá, en lo que toca a las prácticas sociales de los hombres concre­ tos, en el nivel de la pura abstracción ,o como ha venido

ocurriendo a la fecha, como la reificación de una subjeti­ vidad que, constituida en reflejo mecánico de lo social, se erige en causa hipostasiada de esa práctica.

REFERENCIAS

Al t h u sse r, Louis: Curso de Filosofía Marxista para Cien­ tíficos. México: Diez, 1975.

Gramsci, Antonio: La Formación de los Intelectuales. Mé­ xico: Grijalbo, 1967.

Lu po r in i, C.: Dialéctica Marxista e Historicismo. En C. Luporini y E. Serení (Dirs.), El Concepto de Formación Económico Social. México: Grijalbo, 1973.

— y Serení, E.: El Concepto de Formación Económico So­ cial. México: Grijalbo, 1973.

Ryle, Gilbert: The Concept of Mind. Nueva York: Bar- nes & Noble, 1949.

Sampson, Edward E.: Cognitive Psychology as Ideology. American Psychologist, 1981, 36, 730-743.

3. TOPICOS Y CONCEPTOS EN LA TEORIA