4. Marco Teórico
4.5 La música andina tradicional suramericana
En Suramérica existen diversas manifestaciones musicales que se han desarrollado a lo largo de la historia. Una de estas manifestaciones corresponde a la música andina, que con el paso del tiempo y debido a la influencia que ha tenido de diversos contextos, hace parte de la música tradicional suramericana. Cuando se habla de MATS se hace referencia a la música de los andes, es decir, música interpretada en regiones de Suramérica que son recorridas por la cordillera de los andes. Esta música surge como tal en los países denominados andinos: Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, parte de Argentina y Colombia (Béhague, 1985). Sin embargo, hay otras concepciones que se deben tener en cuenta en la definición de la MATS:
Lo andino es un vocablo polisémico que no alude exclusivamente la zona geográfica atravesada por Los Andes. En lo territorial es un amplio espacio multinacional que incluye, además de los Andes, la Costa Occidental y la Amazonía de Sudamérica, a sociedades multiétnicas y pluriculturales, donde se conjugan y complementan, la unidad y la diversidad. Lo andino es un proyecto de identidad e integración y un proceso cultural dinámico. La música andina es la música de estos pueblos, de estas culturas, producidas a través del tiempo, por indios, criollos, mestizos, negros, por una sociedad históricamente jerarquizada; es una música vigente y en constante innovación. (Godoy, 2007, pág. 97)
Raúl Romero plantea que para interpretar y comprender claramente la MATS hay que observar sus características desde dos contextos diferentes. Uno, desde la perspectiva de la música andina suramericana indígena y otro desde la perspectiva de la música andina suramericana mestiza. Además, existen tres niveles de actividad musical que pueden distinguirse dentro de la MATS. El primero corresponde a las manifestaciones musicales que son recreaciones indígenas de tradiciones regionales desarrolladas dinámicamente en diferentes tipos de fiestas y rituales; el segundo corresponde a las expresiones musicales que pueden ser vistas como música andina suramericana influenciada por modelos prehispánicos y coloniales, y el tercero corresponde a los nuevos estilos musicales que se han desarrollado de los dos niveles anteriores y que tienen como lugar de producción las ciudades capitales de los países andinos (Romero, 1985).
Adicionalmente, Romero (1985) también menciona que la MATS es una expresión comunitaria, festiva, funcional y ritual que identifica a una determinada región cultural andina; su origen se remonta a la época precolonial e incaica; la música autóctona andina suramericana se practica en actividades y fiestas agrícolas, ganaderas, sociales y religiosas; se encuentra fuertemente arraigada en contextos rurales, que pertenecen a las comunidades de origen quechua, inca y aymara. Como características musicales relevantes, Romero (1985) afirma que la MATS en sus orígenes se caracterizó por tener melodías que estaban regidas bajo el sistema de escala pentatónica; la música indígena suramericana pura se ha caracterizado por el uso de esta escala, ausencia de armonía, muy pocos procedimientos armónicos de modulación y por el uso fundamental e integral de ornamentos; las melodías han sido interpretadas con instrumentos andinos tradicionales suramericanos como sikus o zampoñas, quenas, tarkas, pinkillos, moceños, y a la vez, han sido acompañadas de manera percusiva por bombos denominados wankara.
Por último, Romero (1985) afirma que la MATS ha experimentado transformaciones que han surgido como resultado de los propios cambios ocurridos en la población de origen andino como consecuencia del proceso de mestizaje cultural, y de las migraciones a los
grandes centros urbanos. De esta manera, en los procesos de mestizaje, la MATS se ha visto influenciada por la cultura musical española dejando como principal legado la incorporación de la armonía e instrumentos armónicos como el charango, la guitarra y la mandolina, los cuales son descendientes organológicos de la vihuela.
El autor Gerard Béhague (1985) plantea otras ideas complementarias sobre la MATS. En la actualidad, la mayoría de pueblos andinos interpretan música tradicional con elementos propios de la cultura musical indígena quechua, inca o aymara; existe un uso difundido de instrumentos ancestrales como el siku o zampoña, la quena y el charango. Los elementos musicales de origen indígena están muy relacionados e influenciados por la tradición musical europea: La aculturación iniciada por los misioneros católicos produjo en la MATS la apropiación de melodías de estilo europeo mezcladas con escalas pentatónicas. La moderna introducción de escalas diatónicas ha exigido ajustes en la construcción de instrumentos tradicionales, estos ajustes se ven reflejados en instrumentos como la quena la cual en época precolonial solo tenía 4 orificios y en la actualidad tiene 6 orificios adelante y uno atrás.
Béhague también afirma que la influencia europea introdujo nuevos instrumentos a la organología andina suramericana como el violín, la guitarra y el arpa y también introdujo patrones armónicos europeos a la música que era fundamentalmente monódica. Las melodías andinas suramericanas tienen un sabor modal, una tendencia prevalentemente descendente, intervalos grandes y pocas modulaciones; rítmicamente prevalece el sonido percusivo de tambores ya que tienen un protagonismo importante; lo más frecuente son las unidades métricas dobles con divisiones binarias y ternarias, particularmente una fórmula rítmica repetitiva para acompañamiento de percusión con bombos wankara. Como otras características subyacentes, Béhague (1985) menciona que son muy comunes los versos melódicos sincopados en ritmos tradicionales como el huayno, la métrica predominante en la MATS es 2/4 3/4 y 6/8.
4.5.1 Las formas musicales de la MATS ancestral y ritual
La MATS corresponde a manifestaciones musicales que recrean tradiciones indígenas de diversas regiones que han sido desarrolladas dinámicamente durante mucho tiempo. Con relación a lo anterior, José Diaz Gainza, menciona aspectos importantes que caracterizan la música de funcionalidad ritual, ceremonial y festiva, que han interpretado las culturas ancestrales andinas incas, quechuas y aymaras desde tiempos pre-coloniales. El autor menciona que en estas culturas, la MATS siempre tuvo una connotación ritual y que sus primeras prácticas se hacían con instrumentos tradicionales como el pututu (trompetas de cuerno), la concha de caracol y tambores. La sonoridad de esta música se basaba en la ejecución de sonidos largos en las trompetas y golpes repetitivos sencillos en los tambores. (Diaz J. G., 1962)
Diaz (1962) también menciona que cuando inició el periodo del imperio incaico, (a mediados del siglo XII), los Incas establecieron su hegemonía en parte del territorio ecuatoriano, en todo el Perú y parte del territorio Boliviano, imponiendo su ordenamiento político, social y cultural. El antiguo imperio Inca, creía en el origen divino de la música y le atribuyeron poderes mágicos, tanto para curar diversas enfermedades, atrayendo las bondades del espíritu, como para todos los actos de la vida rudimentaria, entre ellos el pastoril, el agrícola y el guerrero. Con los mitos y leyendas, desarrollados a través del tiempo, existieron formas literarias primitivas, con las que nacieron también los cantos y danzas. (Diaz J. G., 1962)
En cuanto a las características, José Diaz menciona que la música era de carácter monódico, es decir, canto a una sola voz con sonidos en los que el sentido de una misma sílaba variaba, según la entonación con la que se le pronunciaba. Este canto al unísono o a la octava, estuvo basado en el ritmo principalmente y en melodías primitivas acompañadas de instrumentos rústicos de percusión, de los cuales quedan con algunas modificaciones los tambores y bombos en el área andina actualmente. En principio, las melodías incaicas se
caracterizaron por estar regidas por el sistema bitónico de dos sonidos, el tritónico de tres sonidos y el tetratónico, de cuatro sonidos. Estos sistemas sirvieron como forma de expresión espiritual de los indígenas primitivos, reflejando la experiencia y los sentimientos anímicos de esos pueblos. (Diaz J. G., 1962)
Diaz (1962) también menciona que después de los sistemas mencionados anteriormente, aparece en la historia de la cultura indígena el sistema pentamodal, conocido como incasico. Este sistema consta de cinco sonidos y cinco modos de organización según la base tonal (cada sonido puede ser considerado como tónica de un modo diferente). De esta manera, se generan cinco modos distintos ya que cada uno de ellos sirve de partida para una nueva sucesión. Los sonidos de esta escala correspondían al orden de: la, sol, mi, re, do e inicialmente era interpretada solo de manera descendente. Con esta escala se formaban lo que se conoció con el nombre de melodías incaicas, las cuales correspondían a frases musicales que se dividían en períodos regulares e irregulares breves. Dichas melodías se utilizaban como música agrícola, ritual y poética. (Diaz J. G., 1962)
Por último, hay que resaltar que el autor citado anteriormente menciona que los incas no usaron un sistema de notación. Su principal instrumental estaba constituido por instrumentos aerófonos (quena, zampoña), membranófonos (tambor o bombo) e ideófonos (sonajeros). Las melodías incas se caracterizaron por tener una rítmica binaria, que empezaban en el tiempo fuerte con algunas variantes rítmicas sencillas, siendo muy frecuentes los pasajes sincopados. (Diaz J. G., 1962)