2. El sujeto masculino
2.3 La masculinidad como una forma de ideología
Como se puede observar en lo anteriormente discutido, la construcción de la masculinidad no es estable ni única, es decir, el concepto de masculinidad no deviene de una sola persona o grupo. Un modo de entender esto es pensar en la masculinidad como una forma de ideología; es decir, ―una serie de creencias de un grupo de personas que las aceptan como ciertas y que influencian la forma en que viven‖ (Reeser 20)31
. Cuando Teresa de Lauretis inicia su contribución a los estudios de género en los años 80, se refiere al género como una construcción performativa y no como algo natural que el individuo trae desde su nacimiento. En su artículo ―La tecnología del género‖ (1987) de Lauretis sostiene que el género es un conjunto de efectos producidos por distintas tecnologías tales como el cine, la familia, la escuela y otras instituciones. A través de estas ―tecnologías‖ se da un proceso de representación y autorepresentación de modelos
31 ―a series of beliefs that a group of people buy into and influences how they go about their lives‖
jerarquizados masculinos y femeninos. En el mencionado artículo propone la sustitución de género por ideología siguiendo la línea de pensamiento de Althusser32 para ejemplificar la estrecha relación que se da entre género e ideología y cómo el género es el resultado de una ideología. Veinte años más tarde Todd W. Reeser se refiere a la masculinidad como una forma de ideología y, de alguna manera, retoma los conceptos de género propuestos por de Lauretis cuando se refiere al rol que juega el poder y las instituciones en la construcción de la masculinidad, así como al carácter natural que se le asigna a la masculinidad en contextos culturales e históricos determinados.
Mike Leach también concibe la masculinidad como una ideología. En el artículo ―The Politics of Masculinity: An Overview of Contemporary Theory‖ (1994) examina las políticas de la masculinidad y el rol de las relaciones de poder en la construcción de la masculinidad. Leach afirma que al igual que la feminidad la masculinidad opera políticamente en diferentes niveles:
32 De acuerdo a Althusser toda ideología tiene la función de constituir individuos concretos como sujetos
(―Ideology Interpellates Individuales as Subjects‖ 31). A partir de esta definición, de Lauretis propone sustituir ideología por género para explicar cómo el género tiene por función constituir individuos concretos como varones o mujeres (―Las tecnologías del género‖ 12). También resalta la importancia de la formulación de Althusser acerca de la función subjetiva de la ideología y sostiene que la teoría de Althusser funciona en sí misma como una tecnología del género porque la representación social del género afecta a su construcción subjetiva. Si bien concuerda con Althusser en lo que respecta al rol del género en cuanto constitutivo de la subjetividad, objeta la noción de que la ideología no deja nada fuera, ya que para de Lauretis el sujeto siempre está dentro y fuera de una ideología de género y es consciente de eso.
En un nivel es una forma de identidad, una forma de autoconocimiento que estructura actitudes personales y conductas. En otro nivel, diferente pero relacionado la masculinidad puede ser vista como una forma de ideología,
puesto que presenta un conjunto de ideales culturales que definen roles apropiados, valores y expectativas para y de los hombres. (36)33
Como una forma de identidad, la masculinidad no es natural sino que se concibe, como ya se mencionó anteriormente, como ―una identidad de género que se construye social, histórica y políticamente‖ (36)34
. Esta masculinidad está cruzada por distintos estilos de lo que se significa ser masculino y por cambios en las definiciones dominantes de masculinidad a lo largo de la historia. Ahora, como una forma de ideología, la masculinidad se entiende como algo natural en un contexto cultural específico y, por lo tanto, incuestionable. Leach sostiene que el estudio de la masculinidad como ideología debe explorar el rol del poder y los intereses que subyacen las construcciones de la masculinidad puesto que existen estructuras de poder que mantienen formas de dominación masculina. Agrega, además, que se pueden percibir relaciones de poder en las formas individuales y colectivas de construcción de la masculinidad que reflejan una ideología de dominación. Reeser también afirma que distintas formas sociales crean y propagan ideologías: las imágenes, los mitos, los discursos y las prácticas, y sostiene que ―[E]n virtud de su repetición constante e
33 At one level, it is a form of identity, a means of self-understanding that structures personal attitudes and
behaviours. At another, distinct but related level, masculinity can be seen as a form of ideology, in that it presents a set of cultural ideals that define appropriate roles, values and expectations for and of men. (36)
inevitable a través de la cultura, estas herramientas de ideología eventualmente se vuelven naturales y por lo tanto no se cuestionan ni se interrogan, y cada una tiene su propia función específica en el proceso de construir la masculinidad como una ideología‖ (21)35
. Por ejemplo, la televisión, las películas y los carteles transmiten el mensaje que cierto tipo de masculinidades es más válido que otro y de ese modo pueden otorgar poder a un cierto modelo de masculinidad sobre otro. En segundo lugar, Reeser argumenta que de manera similar a las imágenes, los mitos también contribuyen a perpetuar la construcción de ciertas formas de masculinidad en el tiempo. Los mitos conducen a sostener patrones de masculinidad que no están abiertas al cambio y universalizan un modelo de masculinidad (22). Más aún, las imágenes de masculinidad pueden convertirse en mitos cuando se propagan de manera tal que la cultura los asume como narrativas universales de masculinidad. En tercer lugar, se refiere a la importancia del lenguaje en la construcción de la masculinidad porque es a través del lenguaje que la masculinidad se define lingüísticamente (24) y se organiza. Dentro del discurso de la masculinidad se puede hablar de diferentes discursos que a veces se contraponen y a los que el hombre se puede resistir, lo que pone en evidencia la inestabilidad de los discursos de masculinidad. Por último, Reeser hace referencia a cómo las prácticas también construyen una determinada clase de masculinidad. Los hombres realizan algunas acciones de manera recurrente que pueden interpretarse como una forma de
35 ―By virtue of their constant and unavoidable repetition throughout culture, these tools of ideology are
eventually made to seem natural and thus to keep themselves from being questioned or interrogated, and they each have their own specific function in the large scale process of constructing masculinity as ideology‖ (21).
ideología; estas pueden incluir los deportes, los juegos y la vestimenta, prácticas inscriptas en la vida diaria y que trascienden el lenguaje y los signos. Todas estas formas de propagación de ideologías se superponen una con la otra, es por eso que las prácticas no pueden ser separadas de las imágenes, de los mitos o de los discursos; la representación de la masculinidad existe en una relación de ida y vuelta con la cultura.
Los conceptos discutidos en esta sección resultan fundamentales para abordar la construcción del sujeto masculino. El sujeto construye su subjetividad de una forma dinámica. La construcción del sujeto y su subjetividad es un proceso provisional, fluido y, por ende, inestable. Por tal razón, resulta indispensable explorar los diversos factores que entran en juego en la construcción del sujeto masculino: el rol del discurso en el proceso de subjetivación, la relación que se establece con el otro que interpela al sujeto, las variables de raza, etnia, religión, como así también los aparatos ideológicos que construyen identidades masculinas. Además, es importante deconstruir los binarismos hombre/mujer, masculino/femenino, hombre blanco/ hombre de color, masculino/afeminado, entre otros binarismos, que atan al sujeto a representaciones estancas y homogeneizantes.
CAPÍTULO 3