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I.3. LA CUESTIÓN DE LA COMUNICACIÓN, UNA REALIDAD COMPLEJA

I.3.5. LA MIRADA INSTRUMENTAL-EFICIENTISTA DEL MUNDO

Creemos, como Javier Erro, que existe una estrecha relación entre el modelo de comunicación que usamos y el modo de ver el mundo y la sociedad que nos rodea (2002: 80). En este trabajo vamos profundizando en la transversalidad, es decir, en esa estrecha relación entre nuestra manera de entender y manifestar la discapacidad, la forma de organizarnos, la idea de desarrollo que manejamos y la comunicación que mantengamos, como herramienta de cambio social (transversalidad entendida como coherencia).

Javier Erro califica de «lastre» (2002: 80) ese estilo instrumental que tenemos de ver el mundo, los seres humanos y la sociedad a la hora de establecer comunicaciones fluidas y ágiles. Es verdad que los lazos comunicativos que existen dentro de una institución, y entre ésta y otras realidades, son un entramado de lazos complejo. Sin embargo, todos tienen en común una misma mirada instrumental del mundo. Por tanto, si hay buena o mala comunicación no es responsabilidad exclusiva de los medios sino también de las instituciones que tienen esa misma visión utilitarista. Es lo que Erro llama «corresponsabilidad comunicacional» (2002: 83).

Daniel Prieto lo explica desde lo que califica de «trampa del clientelismo» (1990: 3). Es decir, siempre se «necesita», se «utiliza» al otro para llevar a cabo unos fines concretos. Por un lado, porque se trabaja a través de proyectos que necesitan una financiación o que necesitan de alguien que los lleve a cabo. Y, por otro lado, porque se suele tender a decir, a comunicar, aquello que al otro le interesa escuchar.

Debemos ser conscientes de que nos movemos dentro de una lógica en la que se quieren medir tangiblemente los resultados para que estos existan. Algo que parece tan esquemático, simple y claro, se puede convertir en un esquema rígido que no dé paso a otra manera de afrontar los problemas, es decir, a otra cultura menos lineal y cuantitativa, menos científica y objetiva.

Esto nos remite de nuevo al esquema eficientista en el que la comunicación se basa en la elaboración de unos «buenos mensajes» para lograr unos resultados y que se puedan prever con antelación o corregir automáticamente si el mensaje no es captado con la intensidad que se pretende. Se plantea por tanto, si lo que queremos es una comunicación que controla «el producto» que llevamos entre manos y sin tener en cuenta a las personas que intervienen en el proceso o, por el contrario, queremos una comunicación capaz de ser sencillamente punto de encuentro.

En este trabajo pretendemos hacer notar la necesidad de profundizar en los mecanismos de la comunicación en relación con la cultura organizacional y el cambio social del fenómeno de la discapacidad. Por ello no nos podemos centrar exclusivamente en la «maldad» de los medios de comunicación, como se percibe desde la mayoría de colectivos sociales, sino sobre todo en el mismo quehacer de cada día y en las instituciones y personas que entran en el campo de acción. Sean del sector que sean, de la comunicación y la administración pública, la sociedad civil o las asociaciones.

De todas formas, creemos además que hay otro factor importante y es el de que todos participamos de una cultura que «es maestra en crear insatisfacción y llenar de frustración el corazón humano. Eleva el goce, la apariencia y el tener a niveles máximos y predica que sólo en ellos existe la realización personal. Estos modelos conllevan vivir desde la indiferencia hacia los demás: “yo soy mi único universo”» (Frater, 2001).

Hay, por tanto, unas causas propias del tipo de sociedad en el que vivimos que posee una cultura propia. Además de ser una sociedad que promueve el individualismo, se basa en el mercantilismo y está vitalmente acelerada. Es lo que Sánchez Noriega (1995: 45-52) califica como sociedad con unos medios de comunicación que reflejan esa misma cultura y que analiza profundamente en los siguientes puntos:

El humor como mecanismo desproblematizador

- . Casi todo está impregnado por lo cómico,

tal vez porque así no se hace el esfuerzo de llegar hasta lo más profundo de las cuestiones y porque puede que sea la mejor forma de «llegar» al público. El mundo que presenta la publicidad, por ejemplo, es irreal, totalmente ajeno a los problemas y dificultades de las personas.

Apoteosis del espectáculo

- . Los contenidos que se quieren transmitir quedan supeditados

a los formatos que proporcionen la sensación de novedad absoluta. El abuso total de esta práctica de espectacularizar las emisiones es el simulacro de imágenes informativas cuando se carece de ellas, lo que equivale a convertir en noticia sólo aquello de lo que se tiene testimonio filmado. En definitiva es la espectacularización de todo cuanto aparece. De ahí que se hable de los siguientes efectos del espectáculo televisivo: «deterioro de las redes de comunicación intrafamiliares; supresión de la intimidad y de todo espacio codificado como sagrado; empobrecimiento de la relación perceptiva con el mundo; construcción de un espectáculo permanente, cotidianizado y universal; desaparición de todo espacio social para el ejercicio ciudadano de una práxis real; reducción del ciudadano a consumidor; vaciado de toda dimensión simbólica y de toda ideología activa; o desaparición de todo valor cultural autónomo» (González, 1988: 161). Es el puro exhibicionismo o la promesa de lo prohibido lo que alimenta el negocio y, por lo tanto, lo más valorado.

Dramas de armonía social

- . Los mensajes desproblematizados acaban difundiendo

conformismo social, la armonía de un mundo donde todo tiene su lugar y los conflictos acaban solucionándose. Ese mundo en armonía posee una dimensión mitológica que se fomenta con el relieve que cobran los personajes públicos de los medios. En realidad, cualquier presencia en los medios de masas ya es una presencia mitificada.

Cultura fascicular

- . Se trata del coleccionismo como afán de poseer la cultura, no de ser culto

pensamiento o el acercamiento inteligente a las cosas; y la clasificación ordenada que evita las dudas, la complejidad y hasta la pasión intelectual de investigar. Es, en definitiva, todo aquello que fomenta una comunicación «subdesarrollada» que hemos visto anteriormente.

Simulacros de participación

- . La voracidad de los medios exige respuesta de la audiencia. Al

mismo tiempo que se pide una pasividad y un consentimiento en lo fundamental, se solicita la participación basada en el juego o en preguntas simples que no tienen posibilidad de cuestionar la propia pregunta. Para hacernos olvidar su carácter de mecanismos mediadores, los medios masivos necesitan público para hacerlos más accesibles y cercanos.

Las necesidades satisfechas y el hedonismo como felicidad.

- Esto se ve claramente en el

contenido de la publicidad que refleja un individuo satisfecho, un hombre realizado plenamente e inmóvil ante la sociedad, sin motivación para la intervención social.

Humanitarismo de mala conciencia.

- Se hace tanto por mala conciencia como por tocar la

«fibra sensible» de la audiencia, fibra que también tiene su rentabilidad mediática. Usan el morbo como gancho para la audiencia. Este punto es clave para entender la mirada instrumental que se hace tanto sobre las personas con discapacidad o enfermas como sobre personas pobres pertenecientes a otras culturas. Es lo que Vicente Benet (2003: 12-13) dice cuando habla de «constituirse en puente o en voz para las otras culturas, para el otro, silenciado no sólo por los discursos occidentales sino también por la comunicación de las ONGD». Pensemos en documentales que se realizan con un aparente rigor informador pero que no van más allá de estimular la sensibilidad de los espectadores. Otro ejemplo claro está en los telemaratones que en determinadas épocas del año redimen la mala conciencia general de no llegar a todos los problemas que nuestra misma cultura genera.

Homogeneización del gusto y la conducta

- . Llegar a más espectadores significa «limar» reflexiones que exigen esfuerzo intelectual o imágenes que requieren una sensibilidad hacia el arte por encima de lo común; silenciar cuestiones que sólo interesan a los sectores más concienciados de la sociedad –y que las mayorías desprecian- y evitar pronunciarse sobre cualquier tema que no tenga un consenso sólido, esto es, sobre lo que no esté constituido en un lugar común.

Fragmentación de la audiencia

- . Que potencia la desmembración social, aumentando la desigualdad de oportunidades para un diálogo público por la vía de forzar la diferenciación sociocultural. De hecho la fragmentación no conlleva la segmentación cualificada.

Magnificación del presente y de lo novedoso

- . Se trata de un presente ahistórico,

descontextualizado, donde la realidad viene a confundirse con la actualidad.

A estos puntos añadimos la afirmación que desde sus Materiales de Formación hace Frater:

La propuesta estética de los Medios de Comunicación y la Cultura actual, imponiendo unos cánones de belleza y una .estética imposibles de conseguir fuera de la pasarela o el anuncio televisivo. Si el afán de asemejarse a estos ídolos conduce a muchas adolescentes a enfermedades tan devastadoras como la anorexia y la bulimia, es fácilmente comprensible el sentimiento de frustración existencial y social que puede apoderarse de nosotros [personas con discapacidad], «antimodelos de la superficialidad», a poco que queramos «competir» en este universo de vanidades. Existe una verdadera obsesión por lo «perfecto», lo bello y lo sensual sutilmente propuesto por el mercado del consumo (Frater, 2001).

En la línea de la corresponsabilidad comunicacional, existen también unas causas dadas por las propias asociaciones de personas con discapacidad y colectivos minoritarios que fomentan una visión instrumental del mundo. Así veremos cómo la discapacidad y la diversidad en general producen, por ejemplo, fenómenos complejos que son difíciles de sintetizar y hacer comprender para que se difundan fielmente en los medios. La discapacidad y los que están afectados por ella son un colectivo que necesita de muchos recursos que, en ocasiones, no se disponen o hacen que el mayor esfuerzo se realice en este campo de la integración.

Por último, las mismas asociaciones, bien sea por su estructura, bien por las personas que las forman, o bien por el rechazo o asimilación automática de la comunicación mercadeada, se constituyen en la principal causa de concebir la sociedad o el mundo en general como un instrumento en función de los propios intereses.

Desde la misma Frater, en el Material de Formación al que hemos hecho referencia, se dice:

Lamentablemente, desde organizaciones que deberían servir a los intereses del colectivo de discapacitados, se dan situaciones donde personas discapacitadas «son colocadas» en puestos de responsabilidad careciendo de una formación mínima y con grandes sueldos. Estas personas suelen «caer en picado» en sus valores humanos y sociales embriagados por el dinero fácil y el poder, lo primero que les pasa es una amnesia total sobre las necesidades que sufre el conjunto de las personas con discapacidad, especialmente entre sus miembros más pobres y marginados.

[...] Hoy podemos observar cómo proliferan infinidad de asociaciones que lejos de sostener la batalla común para favorecer a todo el colectivo, sólo buscan privilegios para su «grupo de amiguetes» o favorecer sus particulares «batallitas» (Frater, 2001).

I.4. RELACIÓN ENTRE CAMBIO SOCIAL, COMUNICACIÓN