LA INGENIERÍA MODERNA: la aparición del hierro
1. Hierro y nueva sociedad
1.2 Los viajes metalúrgicos o el nuevo Grand Tour minero Observaciones de viajeros y comisionados
1.2.1 La necesidad de apropiación del territorio
El valor que contenía el hierro causó tal espectación que se sucedieron oleadas de viajes hacia los lugares de extracción y distribución. Surgen los viajes de comisionados mineralógicos, pero también dejaron noticias viajeros particulares que no evitaron reflejar sus impresiones al respecto. En muchos casos fueron subvencionados por los Estados para liderar campañas de obtención de datos, importantes para ampliar los conocimientos y para futuras incorporaciones de ese saber a la industria nacional. Los destinos fueron, principalmente, Inglaterra y Centroeuropa, donde se desarrolló de manera más potente esta industria225.
225 “... les Anglois & les Allemands conservent une supériorité marquée dans la fabrication de l'acier & de
Desde el siglo XVIII fue común en los viajeros interesarse por el estado de la industria de los países visitados. Ello implicaba en ocasiones la comparación entre las naciones. En este punto, España solía quedar mal parada. Enrique Gil Carrasco en su Diario de
viaje de París a Berlín, fechado entre agosto y septiembre de 1844, manifestó la
sensación de adelanto y mayor civilización de los países visitados – Francia, Bélgica, Holanda y Centroeuropa – tras conocer de primera mano sus caminos de hierro, sistema de canales y estado de la industria: “las comparaciones de todas clases que con mi pobre España hago me sirven de poquisimo gusto”226.
No es exagerado hablar de un Grand Tour minero, una especie de renovado viaje de interés. Ahora los viajeros se interesarán por lugares antes ignorados, conjuntos olvidados capaces de suscitar reflexiones jamás planteadas. A partir de estos momentos, y en clara sintonía con las ideas ilustradas, el territorio, modelado por la mano del hombre, adquiere una atención especial: es el resumen de una nación. El paisaje revela sus fortalezas y debilidades. La acción del hombre sobre el territorio – o su inacción – motivaron juicios y opiniones que con el tiempo se fueron propagando hasta configurar una imagen arquetípica del lugar.
La necesidad de apropiarse científicamente del territorio hollado sugería al viajero acercarse a la comprensión del mismo mediante un análisis directo, valiéndose del examen de los objetos impuestos por la acción del hombre a lo largo de la historia. El reconocimiento de la supremacía del hombre sobre la naturaleza, su sometimiento y capacidad para extraer ulteriores rendimientos, fue apuntalándose también desde este tipo de literatura. Esta actitud revelaba un novedoso posicionamiento del viajero frente a lo dado, pues comenzó a valorar la capacidad que el individuo tenía para entender su entorno, modelarlo y sentirse protagonista en la constitución de una historia gobernada por él.
… de qualquier pais que hubiesen venido nuestros pobladores; una vez establecidos en nuestros montes, y en las márgenes de nuestros rios, es preciso que se hayan acomodado á las influencias de unos y otros, y que se hayan
contentado con los productos que les ofrecen, y que mejorados por el trabajo y
la industria les han hecho cada vez mas agradable su residencia …227
En gran parte de sus relatos encontramos esta inclinación o sometimiento del conocimiento en base al análisis del territorio presentado. Muchos de sus juicios son producto de una reflexión del terreno. Hasta el punto que hicieron de este factor un valor determinante a la hora de reconocer ciertos aspectos del país transitado. De Goethe a Dumas la evolución de esta idea ha sufrido constantes matices en los relatos de viaje, aunque sin perder ese halo original de información y aprehensión de lo visto228. De hecho fue el relato de Goethe uno de los más fieles al análisis científico del terreno, no en vano a sus grandes capacidades como filósofo y literato aunaba las propias del hombre de ciencias. En este sentido, no fue casual justificar un viaje por el estímulo producido por un tipo de obras de carácter más científico. Tal fue el caso de los realizados por John Talbot Dillon a España, cuyo contenido, en el fondo, era la adaptación de una obra del naturalista irlandés Willem Bowles, donde se mostraba un constante interés por la geología, las minas, la descripción de montañas, etc.229
Ya desde mediados del siglo XVIII se observan nuevas inquietudes en el viajero. Sus conocimientos son más heterogéneos, sus intereses abarcan mayores campos del saber y más especializados. El viajero, como si de un nuevo humanista se tratase, podía combinar infinidad de profesiones y aficiones. Por ello, no era extraño encontrar entre sus impresiones referencias tanto a la música como a la botánica, tratados por igual el arte y la mineralología, etc. Añadíanse nuevos elementos al tradicional paisaje clásico explorado. Aquellas parcelas del conocimiento que parecían estar más vinculadas a un ámbito meramente científico y experimental quedaron integradas noblemente en sus relaciones.
227
Cornide, 1803, pp.4-5.
228
Jovellanos, Ponz, Cruz Bahamonde o Latour pueden tomarse como claros exponentes de la permanente transformación de estas ideas (Crespo y Luján, en prensa).
229 Talbot, 1780. La obra de Bowles referida era An Account of the Spanish Locusts, publicada pocos años
En este sentido, llama poderosamente la atención el espacio concedido a asuntos como la minería, la industria del hierro o las manufacturas. Si el tradicional Grand Tour tenía por finalidad elevar el espíritu y perfeccionar el alma al contacto de las bellezas clásicas, los recorridos de los viajeros de finales del siglo XVIII y todo el XIX estuvieron también persuadidos por las novedades técnicas producidas en los ramos de las ciencias. Dentro de estos circuitos quedaron incluidas minas, fábricas, establecimientos siderúrgicos, etc., y todo aquello que estuviera relacionado con el progreso de las naciones. De hecho, en numerosas ocasiones fue valorado el nivel de adelanto de las mismas en tanto cantidad de producción y desarrollo de su industria manufacturera, que bien comprendía el trabajo de materias primas como el hierro.
El nuevo tour industrial y mineralológico quedó rápidamente definido, como se ha apuntado, en la visita a los países del Reino Unido y Centroeuropa. En defensa de la utilidad de los nuevos avances generados por la industria se sintieron atraídos por los gabinetes de máquinas, de historia natural y mineralología, las Academias de Ciencias, los establecimientos siderúrgicos y todo aquello cuanto desprendiese cierto aroma de innovación y tecnología.
Uno de los viajeros españoles que más frecuentó estos nuevos centros fue el marqués de Ureña. Durante su viaje por Europa sació su curiosidad en gabinetes de mineralología y máquinas, como los que se encontraban en el Seminario de Vergara, visitando la galería de modelos que Betancourt tenía en la capital francesa, o el propio Observatorio de París. Ya en Inglaterra, afirmó acercarse a Birmingham, Manchester y Liverpool “con la mira de reconocer el estado de la agricultura, manufacturas y minas”. Este interés le llevó a anotar ciertos detalles sobre la mecánica del movimiento de las máquinas, extraídos de sus visitas a diferentes fábricas. También dejó interesantes noticias sobre los primeros pasos de la organización del trabajo industrial en cadena. Se interesó en primer lugar por las manufacturas de hierro colado (fábrica de Mr. Coddington), de acero (fábrica de Mrs. Bottely & Amphlett), de latón (Mr. Armfield), de estañar tachuelas de hierro (Mr. Francis), etc. Elogió la ubicación de las fábricas inglesas, el carácter activo de sus directores y el interés que mostraban por las antigüedades. En Manchester siguió interesándose por las máquinas y sus propiedades, así como por
novedosos instrumentos que desconocía. También interesante es su descripción del célebre puente de hierro de Coalbrookdale – quizá una de las primeras que nos ha llegado por una pluma nacional – y las fundiciones aledañas, con claras referencias a la geología del terreno:
Sobre todo es hermosa y singular la parte del Saverna que pasa por la cañada llamada Coalbroock-Dale, entre dos montes sembrados de casitas y vestidos de árboles con considerable número de pequeñas goletas en el río, que cargan carbón y otros artículos. Es de considerar para un naturalista, que esta cañada proviene de haberse abierto el monte en dos partes en tiempo inmemorial por efecto de algún terremoto, pues se observa que las oquedades de la una parte corresponden a las prominencias de la opuesta, como si hubiesen estado unidas. En particular es muy notable el puente de hierro … Saliendo por el cerro opuesto, que es bien pendiente, son muy pintorescas las vistas. Allí hay una
población entera de piezas grandes de fundición de hierro230.
Continuando su viaje por los Países Bajos, en la La Haya fue invitado a conocer un prestigioso gabinete de historia natural, mostrándose especialmente fascinado por los asuntos de zoología y mineralología231.
La ferviente actividad industrial desempeñada en la garganta de Coalbrookdale ha sido numerosas veces reseñada, como fue el caso de una joven Emilia Serrano de Wilson quien, a su paso por aquel lugar, no dudó en apuntar el trabajo de las fraguas, máquinas de vapor y otras diferentes fábricas232. Sobre la industria inglesa y sus beneficios dio cuenta Antonio Ponz durante su viaje por Inglaterra. Consideraba la profusión de la industria del hierro – y por extensión de las demás materias – uno de los factores clave de la riqueza de esa nación, cuyo ejemplo animaba cundiera en España. De haber ocurrido así, habiendo destinado nuestros caudales a potenciar este ramo desde la extensión de la monarquía por el nuevo mundo, hoy seríamos “la parte de Europa más
230 Ureña, 1992 [1787-1788], p.430. 231 Ibíd., p.543.
magnífica, la más abundante, frecuentada y acaso la más rica”233
. Otro viajero abordó este tema, alegando la gran potencialidad de España, sus numerosas riquezas por explotar, pero achacaba su atraso a la falta de un buen gobierno, pues durante años se habían visto expulsados o exiliados grandes hombres de la vida política y cultural, como Aranda, Olavide o Cabarrús234.
El asunto de las minas inglesas y el escaso uso que en España se hacía de las propias también fue citado por Leandro Fernández Moratín durante su viaje por aquella isla, en el año de 1793:
Hay minas abundantísimas de carbón de piedra en Inglaterra, y todo es menester para el inmenso uso que de él se hace. Es muy pesado; al irse encendiendo, despide gran porción de aire inflamado y humo sulfúreo; una parte de él se derrite y arde como pez, el fuego que produce es sumamente activo y durable; circunstancia que le hace preferible a cualquier otra, en particular para el uso de las fábricas, herrerías y fundiciones. En España hay también minas de ello; pero en España sólo se hace caso de las minas del Perú, origen funesto de nuestra
inacción y nuestra pobreza235.
Los altos niveles de polución producidos por la combustión del carbón mineral fue advertido tanto por Moratín como por el escritor Blanco White en la primera de sus conocidas Cartas de Inglaterra, durante su exilio en aquel país. En otro lugar un escritor anónimo también se hacía eco de esta incómoda propiedad del carbón de piedra, cuyo humo parecía envolver en densas nieblas la ciudad de Londres236.
233 Ponz, 2007 [1785], pp.458-459. Viaje realizado en 1783. 234 Bourgoing, 1803, pp.321-322.
235
Moratín, 1992 [1792-1793], pp.148-149.
236
“... las paredes tienen un color ó tinte oscuro, que no es obra del arte, pues se lo comunican en muy poco tiempo las continuas nieblas y el denso humo del carbon de piedra … aquella misma mugre que oscurece las paredes, se pega tambien á los letreros que indican los nombres de las calles, cubriéndolos de una capa impenetrable que las mas veces no permite leerlos” (Quince días, 1818, pp.84-85).
El propio Moratín fue otro que, como Ureña, se sintió atraído por la moda de los gabinetes de ciencia y curiosidades. Durante otro de sus viajes aprovechó para visitar las colecciones que el Barón de Hüpsch y el Vicario Mr. Hardy tenían en Colonia. En Padua tampoco olvidó pasar por el gabinete de máquinas del ilustre matemático Poleni. Junto a estas anotaciones no podían faltar las cada vez más comunes referencias a la industria minera. En Friburgo, ciudad pequeña, iba apuntando las minas, molinos y ferrerías que a su paso encontraba. De Milán comentaba lo buena ciudad que era debido, en gran parte, a la cantidad de industrias, fábricas y talleres que allí había. Frente a la imagen de ciudades ricas y comerciales como podían ser estas últimas por la fuerte presencia de la industria, estaban otras cuya vida en ellas consideraba poco interesante por la ausencia de estos establecimientos fabriles, como era el caso de Parma o Lucerna237.
La actividad que desprendía la industria en aquellos países fue comúnmente reflejada en los escritos de los viajeros. Ramón de la Sagra, que viajó durante años por Francia, Países Bajos y Alemania, se sorprendió del continuo ajetreo de sus ciudades, del ruido de las fábricas y de la cantidad de productos que en ellas se generaban. Entendió que se encontraba ante escenas típicas de los pueblos modernos. En general todas las obras de Sagra están bañadas de referencias a los adelantos industriales de Bélgica, Alemania y, en menor medida, de Francia238.
Pero también hubo, propiamente, especialistas en minas, como Lorenzo Gómez Pardo, que disfrutaron de las innovaciones introducidas por el progreso. Durante sus viajes minero-metalúrgicos este ingeniero madrileño experimentó con deleite las bondades de la industria moderna. Su viaje por los países centroeuropeos fue concebido al modo de una peregrinación minera, admirando los avances de la industrialización. Su relato desprende energía y satisfacción. Los lugares visitados, donde se revelaba al máximo la potencia de las minas, batanes, ferrerías, altos hornos y molinos, se encontraban en
237 Moratín, 1991 [1793-1797], pp.146 y 180-181. 238 Sagra, 1844.
perpetuo dinamismo y armonía. La industria parecía estar conectada y reunida239. Antes de partir recibió una carta de Fausto de Elhuyar, por entonces Director General de Minas, donde ya quedaba matizado este marcado carácter:
… despues de visitado el Hartz, pasen V. á la Silesia, y luego, por las salinas de Wielietzka en Polonia, vayan á la baja Hungria, de donde por Viena, seguirán reconociendo los establecimientos de minas y fundiciones de la Styria, la Carinthia, el Tirol y Salisburgo, sin que sea otra la marcha que por ahora puede
señalarse240.
El químico artillero Francisco de Luxán tampoco desaprovechó la oportunidad de viajar por los establecimientos siderúrgicos y fábricas extranjeras, y entregar a España una obra útil que comprendiese todas las observaciones de interés de los ramos de la construcción e industria militar. Parecía claro que, de no importar dichos conocimientos, España apenas tendría lugar en el grupo de las naciones civilizadas. Por ello, afirmaba Luxán, tres factores motivaron su viaje: el hierro, la hornaguera y la aplicación del vapor a las máquinas. Hasta el punto de llegar a afirmar:
El primero es el alma, el principio vital de toda industria: forma por sí solo la base de las artes útiles, y sin el sería imposible el estado social y aun la civilizacion moderna; y de tal modo, que la estension y progresos de su trabajo metalúrgico marca y es la escala para medir el grado de cultura de las
naciones241.
Muchos fueron los ingenieros pensionados para estudiar la minería y estado de la industria de los países extranjeros. Tal fue el caso del geólogo y mineralogista gallego Joaquín Ezquerra del Bayo, también destinado a los estados alemanes por Fausto de Elhuyar, entre 1830 y 1834, como ampliación a sus estudios y cuyos conocimientos
239
“¡Qué español no envidia tanta prosperidad! ¡Quién no suspira por el momento en que veamos entre
nosotros esos resultados de una buena administracion y de los adelantos combinados de las ciencias, las artes y la agricultura!” (Gómez Pardo, 2009 [1829-1834], p.161).
240 Elhuyar, 1832.
adquiridos publicó años después en una obra de referencia en la materia242. El citado Ramón de la Sagra también expuso en dos de sus obras anotaciones relativas al estado de la industria en Bélgica y Alemania, donde prestó especial atención a las manufacturas del hierro, instituciones que influían en sus adelantos y las necesarias para mejorar su desarrollo243. En otros casos fueron informes extraídos de las exposiciones universales, donde se exhibían los flamantes productos de la industria. Valga como ejemplo el redactado por el ingeniero de montes Juan Navarro Reverter con motivo de la celebrada en Viena244.
Los ejemplos de Gómez Pardo, Luxán o Ezquerra del Bayo reflejan de manera paradigmática la serie de viajes científicos realizados durante la primera mitad el siglo XIX, práctica que se volvió muy común en todas las naciones y que ya tuvo sus antecedentes en las grandes expediciones del periodo ilustrado. Si la persona que viajaba por placer poco a poco acopló al discurso lineal de su obra aspectos relativos a la industria, sin producirse alteraciones o confrontación alguna con la tradicional exposición clásica, ahora el viajero especializado incidía con énfasis en todo aquello relacionado con el mundo industrial, exponiéndolo de manera taxonómica y prevaleciendo este contenido sobre otro de cualquier índole. Quedaba patente el peso que ya estaba tomando tan ineludible información.