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Ruptura con lo clásico: el nacimiento de la ingeniería moderna

LA INGENIERÍA MODERNA: la aparición del hierro

1. Hierro y nueva sociedad

1.1 Ruptura con lo clásico: el nacimiento de la ingeniería moderna

La tendencia creciente hacia la subjetividad que tuvo lugar al inicio de la Edad Moderna no fue únicamente un fenómeno de la historia de las ideas, sino que tuvo su equivalente sociológico en la evolución histórica de la burguesía. La subjetividad conforma el sustrato de su conciencia y voluntad de afirmación. Frente al privilegio “natural” de la aristocracia, el burgués sólo puede destacar individualmente gracias a sus propios esfuerzos para el reconocimiento social. Fin que condiciona su vida en basarla en convertirse en algo, de manera que invierte su esfuerzo en dinamizar la sociedad, cosa que el noble no hace ni necesita hacer. En consecuencia, el subjetivismo burgués provoca una lucha descomunal y unos resultados económicos e intelectuales aún mayores, conduce hacia descubrimientos e inventos de la más alta magnitud, hacia pensamientos nunca pensados y sueños nunca soñados. En síntesis, como ha afirmado Baltasar Bahamonde, el proyecto o el ideal de esta nueva clase pasaba por “establecer los cimientos de una sociedad basada en el mérito y la capacidad y no en el nacimiento y el privilegio”210

.

El nuevo modo de vida burgués marcado por la subjetividad ya no podía convivir con el sistema económico mercantilista del siglo XVII, que se basaba únicamente en la

perpetuación del poder del sistema absolutista, buscando el interés centralista del soberano por su país y su dinastía. En la segunda mitad del siglo XVIII, el burgués, reforzado económicamente, ya no se considera vinculado a su país ni a sus gobernantes como productor y comerciante que es, sino que se rige por sus propios intereses económicos, desmontando los controles comerciales estatales y haciendo negocios como más le place. El mercantilismo es sustituido por un laissez-faire liberal en el que el gran capital de la burguesía tiene oportunidades de desarrollarse.

El concepto sobre la mentalidad burguesa estimo que debe perfilarse como el nuevo humanismo que se despliega en el siglo ilustrado y se identifica en el siglo siguiente con el sector de la sociedad que acelera el ritmo dinámico de la

vida histórica con nuevos programas y nuevos estilos vitales211.

Esta burguesía en ascenso fue ganando cada vez más presencia en los asuntos económicos, bloqueando en algunos casos negocios que anteriormente estaban en manos de monarquías soberanas. Durante la edad moderna esta situación provocó serios problemas en la Hacienda, cuyos resultados se materializaron en transformaciones políticas y sociales de consideración. A ello se sumaban los constantes gastos dedicados a las guerras. Como ha indicado Josep Fontana, en España, entre los años de 1780 y 1830, los gastos militares consignados a Guerra y Marina “solían representar un 50 por ciento del total de los gastos en tiempos de paz”, llegándose incluso al 70 por ciento en momentos puntuales, como entre 1793 y 1797212.

Los individuos pertenecientes a estos nuevos grupos sociales serán los encargados de fomentar instituciones fisiocráticas con el fin de alcanzar uno de los objetivos fundamentales de su ideología liberal: asegurar el buen funcionamiento de la economía sin la intervención directa del Estado. En España fue el caso de las Sociedades Económicas de Amigos del País o de los Consulados del Mar, espacios de vanguardia intelectual desde donde se tenía mayor acceso a los nuevos conocimientos científicos

211 Corona, 1975, pp.77-78.

que circulaban en el resto de Europa, es decir, aquellas materias que se alejaban del tradicional sistema de enseñanza.

En Inglaterra, durante el siglo XVIII, se fundamentó económica y socialmente la Revolución Industrial con el paso del capitalismo manufacturero al capitalismo fabril. Este hecho conllevaba la incipiente aparición de industriales y burgueses que se presentaron como la clase antagónica a la nobleza feudal. Estos desconocidos grupos de adinerados asumirán el control de los nuevos medios de producción desplazando a la nobleza de este histórico lugar. Como consecuencia de ello aparecerá a lo largo del siglo XIX una nueva clase social explotada: el proletariado.

Esta nueva industria generó, obviamente, nuevos industriales quienes, considerados como clase inferior por las viejas familias ricas, eran excluidos de las Universidades creando ellos mismos sus propias Academias de no-conformistas, que se convertirán en instituciones muy avanzadas de la enseñanza del siglo XVIII213. En ellas, por ejemplo, se publicarán catálogos, guías e historias sobre los modernos medios de comunicación, como el ferrocarril, se atenderá a la literatura y la filosofía, e incluso se harán exposiciones de pintura214.

Las corrientes más progresistas del pensamiento ya no surgen en la metrópoli, sino en las provincias, donde se estaba remodelando en términos científicos la industria, la agricultura o la minería215. Aumenta la vida intelectual de la provincia por la influencia

213

Un claro ejemplo de ello podía ser la Lunar Society, sociedad donde prominentes industrialistas, técnicos y científicos ingleses despachaban sus asuntos. Tanto en esta como en otras sociedades similiares era común encontrar a personajes de la talla de Matthew Bolton, co-inventor de la máquina de vapor, el metalúrgico John Wilkinson o el científico Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin (Riera, 1992, p.7).

214 En el último tercio del siglo XVIII Escocia contaba con una actividad progresiva y un sistema

ejemplar de educación general con Universidades baratas que provocaron un clima de brillantez intelectual. Es la época de Adam Smith y John Millar, en Glasgow, de William Robertson y Adam Ferguson, en Edimburgo. Basaron su teoría de la evolución social en el estudio de las formas cambiantes de la producción.

215 La industrialización comienza con una etapa rural. Lo inminente y más cómodo era aprovechar la

fuerza motriz, situarse en las cercanías de las vías de comunicación y zonas de extracción de materias primas. Igualmente, para evadir los controles y limitaciones establecidos por los gremios y corporaciones.

de esta clase media industrial que, deseosa por participar del nuevo orden económico, hará despertar el interés por la ingeniería, la arquitectura o el paisajismo entre los grandes terratenientes. Los parámetros que definen este proceso, su evolución durante el siglo XIX y las transformaciones tecnológicas ocurridas en Inglaterra en la producción agrícola e industrial que dan como resultado el ambiente social y modos de vida propios de ese siglo han sido bien estudiados216.

El gradual proceso de industrialización, es decir, el cambio de escala cuantitativo de las mercancías producidas y de la estructura territorial del sistema de distribución y consumo, tuvo sus consecuencias en el plano constructivo217. La producción de elementos estructurales seriados, y el consiguiente descenso de las técnicas tradicionales artesanas, acabó con los esquemas tipológicos, simbólicos y espaciales del pasado. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, y, especialmente, durante todo el siglo XIX, se empleará hierro y vidrio a gran escala en la construcción de las nuevas tipologías de edificios promovidos por el capital privado.

Durante el siglo XIX la práctica de la arquitectura y la ingeniería occidental continuó su curso, fundamentalmente, a partir de tres niveles básicos de representación. Existe un primer nivel de prolongación de los códigos formales clásico e histórico que se clarifican en la mayoría de las viviendas privadas que el tradicional arquitecto realiza para la burguesía. Estos palacetes solían seguir una disposición poco novedosa, bien a la manera clásica a modo de palacios renacentistas ornamentados, o bien resultado de una amalgama de estilos tomados por deseo expreso del burgués, donde la característica falta de una unidad de estilo quedaba reflejada en la heterogeneidad material, formal, ornamental y espacial que desprendía el edificio.

216 Destaco el siguiente estudio: Segre, 1985. En especial el segundo capítulo de la primera parte.

217

Para Giedion, los efectos de la Revolución Industrial fueron mayores que los de la Revolución francesa: desequilibrio social, destrucción de la paz interior y la seguridad en el Hombre. Nada ni nadie pudo escapar a su influencia, de manera que la Revolución Industrial se apoderó por completo del Hombre y del Mundo.

En segundo lugar, la clase desfavorecida, el proletariado, vivía hacinada en los núcleos urbanos. Es el caso de las viviendas en bloque macizo de varias plantas desarrolladas en gran parte de las naciones europeas, según el ejemplo de las mietkasernen (casas- cuartel, casas-cárcel) berlinesas y las del París posthaussmann. La edificación de sus viviendas y sus normas de vida quedaban condicionadas al rigor de constructores y especuladores que aprovechaban para extraer el mayor rendimiento económico de los solares a costa de la sumisión y miseria de los inquilinos (en muchos de los casos sus propios obreros).

El tercero es el de la presencia de códigos formales inéditos realizados por la nueva figura del ingeniero civil. Elevado casi a la categoría de héroe por su dominio de los nuevos materiales y técnicas de construcción, el ingeniero fue la figura que hizo posible la consecución de unos logros constructivos inimaginables. De manera gradual, la ingeniería conseguía distanciarse técnica y visualmente de la arquitectura, aunque sin obviar las teorías de ésta, surgidas a mediados del siglo XVIII, desde las que se preconizaba una racionalización de la función y de sus procesos constructivos al aparecer una variedad temática de nuevos edificios (mercados, cárceles, barrios residenciales, grandes fábricas, puentes de amplias luces, estaciones de ferrocarril, etc.)218.

A partir de la Edad Media se identificó fácilmente la figura del constructor con la del antiguo arquitecto romano. Ello se debió en gran medida a la numerosa producción teórica y práctica que aportaron los proyectistas italianos del Renacimiento, movidos tras el descubrimiento del célebre tratado De Architectura de Vitruvio, en 1414. Aún así, se siguieron empleando de manera invariable palabras como artista, diseñador, arquitecto o ingeniero para denominar a la persona que poseía los conocimientos necesarios para poder solucionar y satisfacer las necesidades artísticas encargadas por el

218 Los códigos formales de la construcción también debieron trasformarse para adecuarse a los nuevos

parámetros (Milizia, Laugier, Schinkel), resumidos por J. N. L. Durand en sus clases impartidas en la École Polytechnique de París, escuela técnica para ingenieros civiles, en 1809. Su conocido Precis se convertirá en la base de la enseñanza del diseño para futuras escuelas de arquitectura e ingeniería. Sobre la evolución de los códigos formales arquitectónicos entre los siglos XVIII y XIX, ver, entre otros: Collins, 1970.

patrono. La arquitectura pasó a formar parte de las “bellas artes”, ligándose su materia de estudio a las propias de la pintura y la escultura.

Durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII Francia se erigió como la abanderada de la ingeniería moderna, en tanto que ésta fue promocionada con fines públicos, especialmente durante el gobierno de Colbert. Se impulsó la creación de Academias Nacionales dirigidas a estimular y perfeccionar los estudios relativos a numerosos campos del conocimiento “no clásico”, como pudo ser la Academia de Ciencias (1666). La consolidación de estas operaciones gubernamentales se inició en 1716 con la fundación del Corp des ponts et Chaussées y concluyó tres décadas después al crearse la École royale des Ponts et Chaussées (1747), una formación específica de ingenieros al servicio del Estado, bautizada posteriormente con el nombre de École des Ponts et

Chaussées (1775).

Los ingenieros miembros de ese original Cuerpo también lo fueron de otras Academias, como las de Ciencia o Arquitectura, quedando poco definidos los principios de acción de sus integrantes desde el comienzo. Fue a lo largo del siglo XVIII cuando ciertos ingenieros franceses comenzaron a advertir el interés por dedicarse a estudios “más científicos”, que tuvieran más que ver con las ciencias exactas, como las matemáticas o la astronomía, y aplicarlas en favor de las aún insuficientes nociones de hidráulica o mecánica, por caso. De Gautier a Chèzy se consiguió perfeccionar el arte de las diferentes disciplinas científicas, acrecentándose la distancia entre los intereses profesionales de los arquitectos, todavía anclados en juicios teóricos tradicionales, e ingenieros, profesionales atraídos por la incipiente investigación científica219.

El modelo inglés fue diferente. En el siglo XVII, las revoluciones políticas y los problemas generados por la guerra civil llevaron a una reflexión en torno al potencial del territorio como recurso fundamental de desarrollo humano y fuente de renovación nacional. Por tal motivo, durante el siglo siguiente la construcción adquirió una notable importancia para la consolidación de un espacio comercial articulado en base a sistemas de comunicación interior – canales, carreteras, etc. El desarrollo industrial británico se

apoyó directamente en estas obras, pues permitían agilizar el transporte y comercio de los productos.

Que Inglaterra estuviera provista de abundantes recursos de carbón y hierro facilitó su desarrollo industrial y técnico por delante de otros países europeos, como Francia. A las mejoras introducidas en obras lineales y transportes se sumaron las aplicadas en minas y establecimientos siderúrgicos para los procesos de extracción y trabajo del hierro. Esta especialización de los lugares dedicados a la industria del hierro provocó el perfeccionamiento de sus técnicos trabajadores, siendo ellos mismos los primeros profesionales en tomar contacto con las innovaciones tecnológicas que habrían de cambiar el mundo. Sin duda, el concepto tradicional del ‘construir’ estaba siendo alterado, o, al menos, el hierro proponía una nueva definición:

It may be said that a recognized division between military engineering and architecture – including civil engineering – took place in France in the 1670’s. The division between architecture and civil engineering began in 1715, and was practically complete soon after the middle of the eighteenth century. In England there had long been men carrying out works of drainage and river-improvement who would not have claimed to be architects in any sense, but not until 1771 did they band together as members of a common calling. Although after that time bridges and other works of an engineering character were sometimes constructed by men calling themselves architects, the practice was

obsolescent220.

Durante el siglo XVIII Francia obtuvo notables progresos técnicos, sin embargo, fue en Gran Bretaña donde se alcanzaron las mayores cotas de innovación y creatividad, especialmente en campos como la metalurgia y la mecánica cuya rápida evolución estimuló inmediatos hitos en la construcción y el transporte. Al contrario de lo que ocurría en Francia, los vínculos entre ingeniería y arquitectura no tenían que estar tan

definidos, pues los ingenieros ingleses fueron considerados en numerosas ocasiones como técnicos-mecánicos por su experiencia221. Como se ha afirmado:

Los técnicos que iban a responder al desafío de la nueva Era Industrial eran, en general, hombres de humilde procedencia, planificadores y constructores dotados de una instrucción práctica […] Casi invariablemente, el ingeniero británico había comenzado su carrera en algún taller donde se construían

molinos de agua y de viento, que eran las máquinas de la era pre-industrial222.

Alejados de los centros clásicos de enseñanza, los técnicos ingleses se formaron en las minas, junto a las herrerías y altos hornos, al servicio de industriales realizando molinos o inventando objetos mecánicos que serían aplicados con posterioridad en bombas hidráulicas. En una nación donde estaba muy asentada la herencia empírica, el dominio de estas “otras artes” se reveló capacidad indiscutible en el Hombre para lograr una reputación como ingeniero. No era de extrañar, por tanto, que estos primeros profesionales – en ocasiones autodidactas – creasen sus propias sociedades independientes, al margen del oficial cuerpo de ingenieros militares. Así, se formó la

Society of Civil Engineers (1771), renombrada The Smeatonian Society a la muerte de

su fundador, John Smeaton, germen del Institute of Civil Engineers (1818), verdadero cuerpo independiente de ingenieros civiles.

España siguió, en mayor medida, el modelo evolutivo francés. Salvo en lugares y casos concretos, como se expondrá más adelante, el potencial minero español fue vagamente aprovechado y estuvo condenado si no al fracaso sí a un recorrido muy limitado por seguir la estela de la tradición y carecer del interés necesario por la tecnología. Además, los vaivenes en la política y su repercusión en la administración truncaron un correcto desarrollo de los ramos de la industria y la ingeniería durante la primera mitad del siglo

221 Algunos autores han identificado la existencia de dos modelos en la enseñanza técnica. Por un lado, el

de naciones como Francia, Prusia o España, llamado modelo continental, cuyas administraciónes se nutrían de ingenieros con una formación académica estructurada; de otro, el modelo británico, donde prevalecía la formación práctica, desempeñada en fábricas y talleres, y comprendía tanto la obra civil como la minería. (Riera, 1992; Vicente, 2008).

XIX. Tras la creación por parte de Agustín de Betancourt de un Cuerpo de Ingenieros de Caminos, en 1799, no es hasta 1835 la fecha en que definitivamente se consolide un Cuerpo de Ingenieros al servicio del Estado, dividido en dos inspecciones: Caminos, Canales y Puertos, y Minas, cada una con su correspondiente Escuela. Por otro lado, España no tuvo su propia legislación en materia de minería hasta 1825 con la aprobación de la Ley de Minas, elaborada por Fausto de Elhuyar.

Si la actividad de la ingeniería francesa tardó en desligarse de la impronta marcial y ceremonial característica de las construcciones de la época de Luis XIV, las obras realizadas por los ingleses parecían manifestar con descaro las gestas de la industrialización del país. Y es que, al margen de las continuas guerras que llenaron este período, fueron los trabajadores siderúrgicos, nuevos promotores industriales e ingenieros técnicos vinculados a la producción del hierro los auténticos dinamizadores de la sociedad, y verdaderos artífices del paisaje moderno. Como ha afirmado Peter Rice:

… en lo relativo a materiales, los mejores logros se obtienen cuando se les utiliza por primera vez, cuando quien los concibe no se siente inhibido por ningún precedente […] Cada estructura manifiesta una honradez y una sencillez que va directamente al corazón de las características físicas del material y las

expresa sin inhibición alguna223.

1.2 Los viajes metalúrgicos o el nuevo Grand Tour minero. Observaciones de