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La otra mirada

In document cartas de arquitectura (página 50-53)

L

a experiencia de la

arquitectura no es una cuestión de mera visualidad, de expresión del leguaje de nuestro tiempo a través de la apariencia epitelial. La experiencia de la arquitectura sucede dentro. Solo allí, con uno mismo o con los demás gozaremos en plenitud del suceso arquitectónico.

La vida no es una performance, pues sucede todos los días, y gracias a los pequeños placeres que el espacio arquitectónico le habilita, cada día puede ser diferente.

En la experiencia vital del disfrute y goce existencial del espacio acomodado para el hombre encuentra sentido la arquitectura. En una experiencia completa, aliñada con todos los sentidos despiertos desde el inconsciente, subconsciente. Aquel que se deja llevar por el suprematismo de la vista sobre el resto de los sentidos, se aleja de la arquitectura en su verdadera dimensión.

Saber ver la arquitectura supone mirar con el alma, con todos los sentidos atentos. Si la vista asombra a los demás, (Valdepenas, Ciudad Real,

España, 1964) doctor arquitecto titulado por la ETSAM en 1988, Premio Extraordinario de Tesis de la Universidad Politécnica de Madrid en 2004. Profesor del Departamento de Construcción de la ETSAM (1998-2000), en UPM (2006-2011) y en ETSAB de la UIC (2009- 2013). En la actualidad es Profesor de la Escuela de Arquitectura de Toledo, Universidad de Castilla La Mancha. Profesor invitado en el Máster de Arquitectura y Medio Ambiente de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, y colaborador activo con las Cátedras de Cerámica de Madrid, Valencia y Barcelona.

Ha participado con su obra en diversos Congresos de Arquitectura de España, e impartido conferencias en distintas Universidades y Colegios de Arquitectos de España. Su obra se encuentra expuesta, entre otras, en la I Bienal de Arquitectura Medioambiental Española, en la VIII Bienal de Arquitectura Española, Exposición Internacional JAE, 35+ años de Arquitectura Social en España, y ha sido reconocida con distinciones y premios en el ámbito Nacional e Internacional.

la experiencia puede ser plástica, pictórica, escultórica, o fotográfica… pero queda huérfana. Cuando estamos dentro, y la experiencia es plena, detectamos que sucede algo especial. No se qué, porque quizá no nos agrade nada en particular. Quizá nada esté bien en especial... Incluso puede ser que haya cosas que estén mal... Pero en la imperfección de las partes habita la armonía del conjunto.

Cuando algo nos resulta perfecto, lo más probable es que nada lo sea. Paradógicamente, todo resulta perfecto cuando nada lo es... Y allí se está bien; el espacio nos invita a quedarnos, a permanecer en él, a sonreir en amable complicidad, nunca de envidia. Y entonces la vista se ausenta..., y distraída, deja que podamos percibir su tactilidad, sonoridad y aromas, disfrutando de las frugales y sutiles sensaciones que la luz o la penumbra infieren a nuestro ritmo vital. Todo normal, para aquel que no vive anormalmente esclavizado por lo que el ojo ve, pero no siente. Si aprendiéramos a mirar con toda la profundidad sensitiva y emocional que exige la experiencia de la arquitectura, quizá esta, derivaría por otros caminos. Seguro que no sería tan visual, cautivadora y esplendorosa en su apariencia externa, y dejaría de asombrarnos todos los días. Descansaríamos, y nuestro espíritu encontraría aliento.

Estoy cansado de las arquitecturas parlantes, exultantes, fotogénicas… manifiestos banales de expresiones conceptuales, construidas a cualquier precio. Estoy cansado de la arquitectura simplificada, que busca reconocerse y entenderse a través de un plano y una fotografía, en el afán de comunicar y trascender.

La arquitectura no es eso... Es una experiencia completa, alejada de prejuicios visuales, mucho más compleja, tan compleja, que cuando sucede de verdad le resulta difícil expresarse a través de la fotografía, pues ninguna lente puede captar esa experiencia llena de instantes, momentos y sorpresas, que la distancia corta de la secuencia del recorrido, permite descubrir.

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moda. No está sujeta a un estilo ni a un color. No es blanca, ni negra. Responde a materiales físicos y culturales que están allí, en el sitio, esperándonos siempre para que les demos otra oportunidad, con la técnica por venir y el oficio olvidado.

Encuentra en el tiempo su mejor aliado, pues no le pertenece. No se siente sierva de rémoras del pasado, ni vive condicionada por el juicio crítico de hoy, y los anhelos por trascender, reinventándose todos los días.

Su tiempo no tiene tiempo. Responde al tiempo presente, ausentándose de él, sin temor, porque su único juez será el tiempo futuro.

Su apariencia externa, no obedece a pautas compositivas guiadas por el ojo bien educado. No atiende a rémoras estilísticas ni a gestos formales caprichosos, que abducen la mirada anestesiando el resto de los sentidos.

Lo que importa está dentro..., y solo cuando se experimenta, se recorre, se siente, se vive..., en plenitud, rememorando los sucesos que el espacio arquitectónico abriga, aparece ese indescifrable, extraño y complejo orden trasversal tan difícil de explicar.

Porque es un orden que obedece al lugar, a sus accidentes, a su memoria, a sus materiales..., al sol y al viento, a la idiosincrasia del pueblo y a los medios que allí existen... Un orden, también atento al subconsciente, y a reflejos atávicos envueltos de poesía.

Es un orden subyacente, legible a muy bajas frecuencias, tan sutil que apenas se percibe..., pero que está ahí, hilvanando todo con espontánea naturalidad.

Un orden que siempre acompañó al hombre desde que salió de la cueva, detuvo su carro, y acotó un trozo de naturaleza para convertirlo en paraíso. Un orden natural que habita entre nosotros en silencio, en todos los lugares, culturas y épocas, sin apenas suscitar nuestra reflexión. No nos interesa... Seguimos sin saber verlo... El mundo hoy, es confuso y artificial.

Casa para una y

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