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LA PERSPECTIVA DE LOS GERENTES DE PLANTAS PROCESADORAS

Los responsables de las plantas encuestadas identificaron una serie de problemas y necesidades asociados a la cadena productiva de jaiba, desde el desconocimiento de la dinámica biológica y pesquera básica del recurso, la falta de un programa de manejo pesquero y de normas de regulación de la actividad pesquera, hasta los retos de comercialización en el mercado internacional por competencia con productos asiáticos de baja calidad y bajo precio.

Los responsables de plantas entrevistados indicaron que en su opinión los problemas anteriormente descritos podrían subsanarse desarrollando las siguientes líneas de acción:

1) Es necesario contar con un conocimiento detallado sobre la dinámica reproductiva de la jaiba en cada sistema lagunar, de forma que el periodo de veda coincida realmente con el periodo reproductivo. También indicaron la necesidad de determinar la influencia del ambiente en el ciclo de vida del organismo, pues indicaron que las fluctuaciones interanuales que se observan en las capturas afectan directamente en la planificación de sus procesos de producción y mantenimiento, creando incertidumbre en el mercado del producto y en el mercado laboral. Por ello consideran que deben realizarse estudios orientados a determinar los mecanismos que generan dicha variabilidad. Se interesaron también en que se amplíe el conocimiento sobre tecnología de capturas ya que les interesa ampliar el rango de operaciones de pesca, ya que en la actualidad sólo se lleva a cabo en zonas muy someras.

2) Proponen la creación de normatividad que regule tanto la pesquería como la comercialización de los productos de la jaiba, pues perciben irregularidades sobre la facturación del producto que los pescadores venden a las plantas. Así como una mayor vigilancia en las operaciones de captura, pues pescadores sin permiso de pesca regularizan su captura vendiéndola a alguien con permiso, de forma tal que pueda facturarla. Especulamos que ésta podría ser una de las motivaciones por las cuales las plantas compran permisos de pesca.

3) Regular la actividad durante periodos como Semana Santa, pues la demanda de producto es tal que los compradores nacionales compran y reciben cualquier tipo de producto, incluyendo jaiba juvenil y hembras maduras y/o enhuevadas que no cumplen los requisitos establecidos en la Carta Nacional Pesquera.

4) Realizar un análisis integral de la pesquería de jaiba que incluya tanto los aspectos de la captura, almacenamiento, transporte, procesado y comercialización, orientado hacia la implementación de un sistema de cadena productiva de la jaiba que permita mejorar la calidad de la materia prima que reciben en planta y estabilizar los volúmenes de materia prima, con el objeto de optimizar los rendimientos de planta respecto a la producción biológica y poder competir exitosamente en los mercados internacionales.

5) Realizar estudios de mercado para determinar las expectativas de los consumidores en los mercados internacionales. También identifican la necesidad de asesorías en mercadotecnia para alcanzar a esos consumidores, particularmente en mercados, como Japón, Canada y Europa. Perciben como necesario el dar a conocer al consumidor extranjero las bondades del producto mexicano. Los industriales creen que pueden competir con éxito ofreciendo un producto mexicano de alta calidad que llene las expectativas de los consumidores internacionales, de forma tal que más que competir con alto volumen y bajo precio como hacen ahora, compitan con buena presentación y alta calidad.

6) Identifican la necesidad de contar con asesoría legal especializada en operaciones comerciales internacionales, pues se han enfrentado con problemas de liquidez originados por morosidad en el pago del producto exportado a Estados Unidos.

La información obtenida sobre capturas en Sonora y Sinaloa nos muestra a una pesquería que ha alcanzado, y posiblemente sobrepasado, su óptimo desarrollo. En Sinaloa después de alcanzar un máximo de 7,760 toneladas en 1996 las capturas han decaído a menos de la mitad de ese máximo, oscilando alrededor de 3,700 toneladas. En Sonora se han mantenido oscilando alrededor de las 3,600 toneladas desde 1996 a la fecha, aunque alcanzaron un máximo en el año 2000 cuando se capturaron 6,200 toneladas. Las oscilaciones tienen una frecuencia de aproximadamente 6 años y no se ha propuesto hipótesis alguna para explicar este comportamiento más allá de considerar que es un evento probablemente de origen ambiental y de cobertura al menos regional. El valor de la frecuencia sugiere que condiciones cálido/frío asociadas a eventos como El Niño/La Niña pueden ser el origen de las fluctuaciones, pero como ya se indicó, no existe propuesta alguna sobre la manera en como estos eventos puedan generar dichas fluctuaciones interanuales.

Las fluctuaciones interanuales tienen un impacto directo tanto en los pescadores de jaiba como en las plantas procesadoras, pues ambos han manifestado que la incertidumbre asociada a ellas deriva en problemas de planificación tanto en las actividades como en la infraestructura pues no es posible prever planes de trabajo con antelación para el caso de las plantas, como en los precios de mercado para los pescadores pues se percibe que dichas fluctuaciones en la captura redundan en desajustes en precios.

La búsqueda de información realizada para establecer la sustentabilidad de la pesquería ha puesto de manifiesto una serie de deficiencias en la información y en los sistemas gubernamentales de captación de información. No existe un mecanismo para establecer el esfuerzo de captura real aplicado por año y con ello se dificulta sobremanera el realizar en forma rutinaria estimaciones sobre costos totales de operación y de rendimiento económico. Tampoco existe información disponible que pueda ser usada para llevar a cabo estimaciones de dinámica poblacional con métodos actuales, los cuales son capaces de cuantificar la incertidumbre asociada a las estimaciones y de calcular

los riesgos que se incurren en proponer estrategias de manejo alternativas (ejemplo: Walters y Ludwig, 1994; Francis y Shotton, 1997; Hilborn et al., 1993).

Por otro lado, los análisis realizados con la información obtenida y usando uno de los modelos más simples y con menos requerimientos de información muestran que sólo es posible establecer un rango amplio de valores posibles para la tasa intrínseca de crecimiento y la biomasa máxima del stock en ambos estados. Nuestros resultados muestran que las series de captura de Sonora y Sinaloa igualmente pueden corresponder a stocks pequeños pero muy productivos que a stocks grandes pero improductivos. Estos dos casos extremos fueron usados como hipótesis de trabajo y con base en ellas estimamos los valores de captura máxima sustentable para ambos estados, obteniendo un intervalo de 3,180 a 4,995 toneladas para Sinaloa y de 3,240 a 3,960 toneladas para Sonora. Los dos estados han excedido estas cantidades y en ambos casos la biomasa poblacional ha decaído por ello. Para Sinaloa, las estimaciones de biomasa poblacional bajo ambas hipótesis muestran resultados ambiguos para los últimos 6 años, ya que la hipótesis de población pequeña y productiva predice un incremento en el tamaño poblacional, mientras que la hipótesis de población grande y poco productiva predice una caída. Para Sonora ambas hipótesis predicen un descenso continuo en la biomasa poblacional desde 1999.

La situación de la pesquería en Sonora y Sinaloa no será fácilmente reversible bajo el sistema de administración imperante pues después de 25 años de operaciones comerciales aún no existe una legislación que regule de manera oficial esta pesquería.

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