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La pobreza como hilo conductor, un antecedente histórico

Posterior a la revolución de 1910, el Estado Mexicano transitó por un periodo de reconfiguración desde su base económica y política, trayendo consigo cambios en el ámbito social. El germen del cambio se había encargado de inocular la vida diaria.

Entre los sucesos que en pocos años cumplirán un siglo y nos fueron heredados con el advenimiento del pacto social celebrado entre las fuerzas revolucionarias, contamos con la Constitución Política de 1917 la cual en su esencia buscó entre otras cosas, el impulsar las condiciones políticas y económicas que dieran paso por fin a la reconfiguración social, pero sobre todo a la económica del campesinado.

La política seguida desde el Estado Mexicano a lo largo del siglo pasado fue caracterizada en sus primeros decenios por la intermitencia con que operó, ya que para el caso práctico del campesinado el Estado operó con un umbral de acción, pero sobre todo de ejecución por medio de políticas que aparentemente se desarrollaron como contradictorias, tal como ocurrió con el hecho de llevar la repartición agraria a un política eminentemente estatal, hasta convertirse el mismo Estado en el instrumento para consolidar cacicazgos con mayor preponderancia, sobretodo en el norte del país. Por lo tanto se afirma que la política posrevolucionaria, que aquí se ubica hasta 1940, ocurrió de manera variopinta, tanto con diversidad de colores como de acciones impulsadas dentro del propio Estado, el cual operaba íntimamente vinculado al jefe máximo o al caudillo erigido como Presidente durante los primeros decenios en donde prevaleció la tensión

entre el poder económico del terrateniente que sabía conservar sus canonjías políticas, y en consecuencia las económicas que la primera le generaba.

Durante el periodo del Maximato, el Estado funge como un catalizador que dio espacio a formas intrincadas de cohabitación sobre la tenencia de la tierra en el medio rural, reflejándose incluso éstas en el periodo que antecedió al sexenio cardenista, que es cuando se registra una pérdida de casi la quinta parte de las áreas de cultivo de las propiedades agrícolas privadas.70 Contrario a la consideración de que la Revolución había sido

prácticamente inservible71 hasta antes de Cárdenas. Es precisamente dentro

de la comprensión de las décadas que corrieron de 1910 a 1940 que se da cuenta de una serie de sucesos que no guardaron una lógica lineal en su devenir, o al menos no tuvieron una sola realidad que los presentara a la luz del análisis histórico, tal es caso de lo que da cuenta un actor de la época como Anita Brenner, quien relata el hecho de aquellos terratenientes quienes al ser despojados de varias de sus hectáreas, resultaron soliviantados del problema laboral que les acarreaban sus peones, y con dicha situación no tuvieron más camino, al parecer, que convertirse al comercio y a la manufactura, enriqueciéndose con ello enormemente,72 o bien a situación

presentada de la carente disponibilidad y docilidad de los peones.73 Si bien

diversos autores dan cuenta de lo dicho por Marx al referirse a la caracterización de los elementos de proletarización del campo, sin duda alguna uno de estos cobró vigencia, al momento en que para algunos peones el hecho de quedarse de la noche a la mañana sin el sustento que les brindaba la hacienda, y al no contar con tierras propias, algunos de ellos prefirieron regresar a la posición guardada antes de los hechos, a ubicarse en el caso contrario en lo que parecía la imposibilidad de reproducción de la

70 Meyer L. y Knight A. La revolución mexicana: ¿burguesa, nacionalista, o

simplemente “gran rebelión” ?, Cuadernos Políticos, no. 48, México D.F., Era, octubre -diciembre, 1986 p 19.

71 Córdova, Arnaldo (1974), Ibid. p. 22. 72 Ronfeldt, David (1973), Ibid. p. 27 73 Knight Op. cit 37

vida. Es así como antes de 1940, el campesinado resultaba anómalo e incierto para el proyecto capitalista; parafraseando al propio Knight, quien también se encarga de dar cuenta del proceso prevaleciente de explotación a través del anonimato del mercado, aún por encima de la coerción que representaba el monopolio74 de las haciendas. Evento que no guardó la

misma simetría para los años que pasado el final de la tercera década del siglo XIX transcurrieron, donde los cambios no acontecieron de la noche a la mañana, pero también fue claro que para algunas regiones la conversión de los campesinos sin tierra a una especie de proletariado agrícola75 se

presentaba como moneda de uso común.

“Lenin, también, llegó a la idea de que el capitalismo se desarrollaría más velozmente y con mayor seguridad sobre la base de la agricultura campesina, que sobre la base de grandes propiedades...”76

En el caso particular de México, la reforma agraria benefició, en última instancia, a la industria al acrecentar el mercado doméstico (esto ciertamente era verdad para los años treinta, sino es que antes), al trasladar el capital de la tierra a la industria, como se ha mencionado, y al hacer más eficiente la agricultura, y por tanto capaz de producir comida barata, exportaciones y una transferencia neta de recursos del campo a la ciudad.77

Resulta entonces que la historia parece haber llevado un movimiento pendular, donde las relaciones económicas que cimentaron en gran medida a las relaciones sociales oscilaron entre una serie de patrones de corte

74 Ibid. 41

75 Parafraseando casi el título del libro de Luisa Paré (1977) El proletariado agrícola

en México: ¿campesinos sin tierra o proletarios agrícolas?

76 Knight. Op. Cit. 41 77 Ibid

capitalista a su vez con la comercialización mercantil de los bienes producidos, pero bajo la permanencia de una remuneración no propiamente capitalista, sino en la más de las veces resultó para el peón en un pago hecho en especie. Situación que para el campesinado de igual manera lo ubicaba en desventaja para hacer frente a las condiciones de vida; evento que en algunas regiones del país representó tan solo un pequeño cambio en la estructura, manteniendo en cierto grado las precarias condiciones de vida del campesinado.

Con el anterior caudal de antecedentes históricos se busca un acercamiento a un extremo del hilo que a lo largo del siglo pasado ha conducido a esos acontecimientos que han delineado los canales de tránsito hacia condiciones de pobreza estructural que hoy en día continúan afectando al campo mexicano. Este subcapítulo no pretende ser un recorrido histórico de lo acontecido en los últimos cien años, por el contrario, busca ser el punto de inicio al análisis teórico versus el empirismo de los habitantes de la comunidad de Tepanyehual.

Hasta aquí como primera aproximación a la problemática de la comunidad de Tepanyehual, encontramos una continuidad marcada por el devenir de eventos de un encuadre no sólo local, sino regional y en la mayoría de los casos nacional. De ahí en entender que la sobrevivencia en Tepanyehual se recrea a partir de la consuetudinaria y ya cultural tarea de diversificar la búsqueda del trabajo dentro y fuera de la localidad.

Reproducción de la pobreza,