6. MARCO TEÓRICO 1 EL TEATRO COMO ACTO COMUNICATIVO
6.2 LA PRÁCTICA EDUCATIVA COMO PRÁCTICA SOCIAL
La práctica educativa se constituye en una práctica social en tanto no se aprende de manera aislada, sino que se forma en la interacción con otros profesionales como con las tradiciones de pensamiento y de otras prácticas educativas que se han desarrollado en el ambiente en el cual el docente se desenvuelve. Por esto dice Carr que las prácticas educativas tienen historia, que son prácticas sociales heredadas en las cuales los profesionales se sumergen (citado en Meza Luis, 2008). Así, dentro de esta dinámica lo educativo se convierte en un encuentro con lo político, lo cultural, lo social, lo simbólico y, educarse es una posibilidad de encontrar la manera de relacionarse con el mundo (Vega, 2010).
A continuación realizaremos un acercamiento al concepto de práctica educativa y a todos los elementos que en ella actúan. En principio, para hablar de prácticas educativas es necesario remitirnos al concepto mismo de lo que es educación. Ésta definida como toda aquella actividad que tiene como objetivo fomentar el aprendizaje y que se desarrolla dentro de un entorno social que delimita en cierta medida la comprensión que tenemos del mundo. A partir de la comprensión del contexto social, en donde nos encontramos y de su historia particular, es desde donde nos enfrentamos al mundo y damos sentido a todas nuestras experiencias de vida y a nuestra realidad.
Aquí es donde la educación interviene con el compromiso de ayudar a esta búsqueda, tratando de establecer conexiones entre dos mundos: el social (que nos determina desde la historia y desde el contexto) y el personal del alumno (que está definido por las búsquedas personales acerca de su propia identidad). En el aula el docente es el intermediario entre los conocimientos sociales y contextuales que el alumno tiene, las búsquedas personales del mismo y esa nueva información del mundo.
Otro punto importante en la definición de educación es que ésta está ligada directamente al concepto de aprendizaje, es decir, no se puede concebir una actividad educativa donde no se dé un aprendizaje, en donde todas sus actividades no se encuentren orientadas a promoverlo; sin embargo, no todo aprendizaje es educativo, Dewey en Pring: “estableció una clara distinción entre las actividades educativas y deseducativas, y señaló que las primeras facilitan el progresivo crecimiento del ser humano, mientras las actividades o experiencias deseducativas son aquellas que bloquean ese desarrollo” (Pring, 2003, pág. 29). En la medida en que el aprendizaje es educativo está ayudando al desarrollo de la persona y por ende transformando su vida. Se podría entonces decir que después de una experiencia educativa ya no somos los mismos, porque nuestra manera de ver y valorar las cosas cambia y por ende cambiará la forma en cómo damos sentido a la realidad, cómo identificamos y resolvemos los problemas que son fundamentales gracias a ese nuevo abanico, a esas nuevas ventanas al mundo que la educación abre.
Estas ventanas definidas como nuevos horizontes de significado profundizan sobre la pregunta de la identidad, la cual va ligada a la pregunta sobre el ser ¿Quién soy? Ésta no se puede responder simplemente dando un nombre o una profesión, más bien ella asume formas distintas y marca la relación entre esos dos mundos, los relaciona y crea nuevos universos que permiten a los estudiantes entablar una reflexión profunda con ellos mismos y con los demás al reconocerlos como personas miembros de ese mundo social al cual se pertenece. Es en ese reconocimiento que surge para la educación una responsabilidad social, con la vida que se tiene que desarrollar a nivel tanto social como individual, lo cual es la formación de “personas” y no de cualquier tipo de personas sino de personas educadas.
Ahora bien, una persona educada entonces es aquella que desarrolla una mente que indaga y no se conforma, que presta atención y es crítica sobre lo que
se dice y hace en el área específica sobre la cual está aprendiendo. Esto sucede siempre y cuando lo aprendido sea valioso, contribuya al desarrollo personal, a ser sujetos plenos. Pring (2003) hace una definición muy interesante con respecto a lo que es valioso aprender, él dice que “Lo que vale la pena aprender, lo que es educativo, está en función del grado en que contribuye al desarrollo de alguien como persona. Aprendemos muchas cosas, incluso cosas útiles, que no tienen ninguna repercusión en nuestros sentimientos más íntimos o nuestra comprensión y evaluación de la realidad” (pág. 32)
Con todo lo anterior en mente podemos hacer un bosquejo de lo complejo que es un proceso de aprendizaje, el cual abarca diversas cosas como formas de ser, hábitos, hechos y conceptos que enriquecen la educación y que ayudan a cumplir el fin último de esta “que no es otra cosa que la de humanizar al hombre, en la acción consciente, que éste debe hacer, para transformar el mundo” (Freire, 1998, pág. 9)
De la misma manera en que no se puede pensar la educación sin pensar el concepto de aprendizaje, ésta tampoco se puede pensar sin su contraparte, la enseñanza, que junto con el discurso educativo forman parte de un todo que nombraremos práctica pedagógica. La enseñanza se enfoca en favorecer el proceso de aprendizaje en un esfuerzo por crear puentes entre quien aprende y la materia u objeto de estudio. Esta tiene en cuenta diversos factores como el estado cognitivo de quien aprende, el contexto donde se desarrolla la enseñanza y la manera en la que se enseña, esto es los medios por los cuales se enseña. En este sentido Pring argumenta que…
…la enseñanza es necesaria para mediar entre el conocimiento público, - las
tradiciones de pensamiento de una cultura-, y los
interrogantes personales de los jóvenesque tratan de incorporarse al tejido social. Si no fuera así, la experiencia transformadora de la educación
se vería tremendamente limitada. Y lejos de desarrollarse y crecer en cuanto a persona, cada uno quedaría aprisionado en su mundo privado. (Pring, 2003, pág. 33)
Dependiendo de la visión de enseñanza que se tenga se definirá una determinada visión de lo que significa ser una persona educada. En este sentido, Fenstermanher nos plantea tres maneras diferentes de abordar el proceso de enseñanza en la práctica educativa que dependerán directamente del concepto que se tenga tanto de educación como de persona educada.
La primera corresponde a una visión ejecutiva de la educación, la cual hace énfasis en el contenido de lo que se enseña, llevando el ejercicio docente a un trabajo de planificación, ejecución, evaluación y una posterior revisión para empezar de nuevo el ciclo. Se creería que en este sistema se busca una adaptación al sistema económico actual donde los resultados son lo más importante y donde todo es susceptible de ser medido y valorado por medio de unos estándares comunes a todas las personas.
La segunda manera de abordar la práctica está enfocada más en “hacer que el estudiante sea un humano auténtico, capaz de asumir responsabilidad por lo que es y por lo que tiene que ser” (Fenstermacher & Soltis, 2007, pág. 59), esto haciendo honor a Goodman cuando afirma que “nada puede aprenderse eficientemente, o más aún, nada en absoluto puede aprenderse… salvo aquello que satisface una necesidad, un deseo, una curiosidad o una fantasía” (Goodman en Fenstermacher & Soltis, 2007, pág. 66) Desde esta perspectiva el énfasis está en el estudiante y todo lo que lo constituye como persona.
La tercera y última manera de abordar el tema de práctica pedagógica “busca liberar al estudiante fuera de la experiencia cotidiana de la inercia y la trivialidad de la convención y el estereotipo” (Fenstermacher & Soltis, 2007, pág. 82) en donde los alumnos desarrollen una comportamiento crítico y cuestionador
sobre el mundo que los rodea y lo que en él acontece. Se hace un énfasis en la calidad del contenido que se enseña y no tanto, el cuanto se enseña, y pone en el docente una carga al adjudicarle la responsabilidad de ser coherente con lo que se enseña y la manera12 en que se enseña.
Dependiendo del enfoque que se tiene de enseñanza, las repercusiones sociales cambian y el tipo de personas que se pretende educar para la sociedad también. Esto en tanto que las prácticas se constituyen en un sistema de fines y valores, en un evento social en el que los individuos participan y en el cual configuran pero al mismo tiempo se ven configurados, semejante a la idea de Bourdieu de la estructura estructurante que estructura. Adicionalmente, hay que entender que estos actos sociales están conformados por una serie de eventos que se entrelazan entre sí y que no pueden ser vistos de manera separada aunque por cuestiones metodológicas se miren de tal forma.
Al analizar los datos que se ofrecen para este estudio, es claro que esa relación de lo social con la educación aparece en categorías como: equilibrio y poder, disciplina, libertad, espacio habitado y otras que comparten sentido con este y otros conceptos. Además, a pesar que se existen tres maneras diferentes de ver la educación, según lo que se busque de ella, ninguna de ellas prodomina sobre las otras, más bien son coexistentes y complementárias.